Al ajetreado calendario literario del mes de abril, con Sant Jordi y la entrega del premio Cervantes, se suma este año una sonada convocatoria, no exenta de polémica. El próximo 8 de abril se conocerá en una gala en Barcelona el fallo del premio Aena de Narrativa Hispanoamericana, un nuevo galardón literario que viene a sumarse a los más de 1.200 que se otorgan cada año en España. A diferencia de muchos de ellos no viene impulsado por una editorial, sino por la empresa líder en la gestión de aeropuertos, participada en un 51% por el Estado. Tampoco se otorga a una obra inédita, como muchos de los galardones existentes, sino que se propone distinguir el mejor libro publicado en español en 2025 —escrito en esa lengua o traducido de las lenguas cooficiales— emulando a los prestigiosos premios Booker en lengua inglesa o al Goncourt en Francia. Pero además, y a diferencia de los premios en los que se inspira, cuenta con una remuneración millonaria. De hecho, será el mejor dotado de cuantos se conceden en España: el ganador se llevará un millón de euros (la misma cantidad que concede el premio Planeta a una obra inédita, galardón cuya dotación sirvió como “punto de referencia”, según explicaron los organizadores), y los otros cuatro finalistas 30.000 euros. Asimismo, Aena tiene previsto invertir otro millón en la compra de estos libros (entre 5.000 y 10.000 ejemplares de cada uno de los cinco títulos que llegan a la ronda final) que repartirá a sus empleados y donará a las administraciones de las ciudades donde tiene aeropuertos para que lleguen a bibliotecas y centros educativos. No está claro aún si el pliego de condiciones que impone la contratación pública, a la que está sujeta la compañía, implicará que esta compra se haga directamente a las editoriales. Y mientras se ultiman los detalles y se especula sobre cuál de los libros nominados será el elegido, ha surgido un debate que va mucho más allá de las páginas escritas por Héctor Abad Faciolince (Ahora y en la hora), Nona Fernández (Marciano), Marcos Giralt Torrente (Los ilusionistas), Samanta Schweblin (El buen mal) y Enrique Vila-Matas (Canon de cámara oscura). ¿Realmente esta iniciativa fomenta la lectura? ¿Tiene sentido un premio de un millón de euros?
Editores, libreros y escritores abordan la polémica que rodea al nuevo galardón, financiado por Aena, que se fallará el 8 de abril. Nadie critica a los finalistas; pero sí la dotación
Al ajetreado calendario literario del mes de abril, con Sant Jordi y la entrega del premio Cervantes, se suma este año una sonada convocatoria, no exenta de polémica. El próximo 8 de abril se conocerá en una gala en Barcelona el fallo del premio Aena de Narrativa Hispanoamericana, un nuevo galardón literario que viene a sumarse a los más de 1.200 que se otorgan cada año en España. A diferencia de muchos de ellos no viene impulsado por una editorial, sino por la empresa líder en la gestión de aeropuertos, participada en un 51% por el Estado. Tampoco se otorga a una obra inédita, como muchos de los galardones existentes, sino que se propone distinguir el mejor libro publicado en español en 2025 —escrito en esa lengua o traducido de las lenguas cooficiales— emulando a los prestigiosos premios Booker en lengua inglesa o al Goncourt en Francia. Pero además, y a diferencia de los premios en los que se inspira, cuenta con una remuneración millonaria. De hecho, será el mejor dotado de cuantos se conceden en España: el ganador se llevará un millón de euros (la misma cantidad que concede el premio Planeta a una obra inédita, galardón cuya dotación sirvió como “punto de referencia”, según explicaron los organizadores), y los otros cuatro finalistas 30.000 euros. Asimismo, Aena tiene previsto invertir otro millón en la compra de estos libros (entre 5.000 y 10.000 ejemplares de cada uno de los cinco títulos que llegan a la ronda final) que repartirá a sus empleados y donará a las administraciones de las ciudades donde tiene aeropuertos para que lleguen a bibliotecas y centros educativos. No está claro aún si el pliego de condiciones que impone la contratación pública, a la que está sujeta la compañía, implicará que esta compra se haga directamente a las editoriales. Y mientras se ultiman los detalles y se especula sobre cuál de los libros nominados será el elegido, ha surgido un debate que va mucho más allá de las páginas escritas por Héctor Abad Faciolince (Ahora y en la hora), Nona Fernández (Marciano), Marcos Giralt Torrente (Los ilusionistas), Samanta Schweblin (El buen mal) y Enrique Vila-Matas (Canon de cámara oscura). ¿Realmente esta iniciativa fomenta la lectura? ¿Tiene sentido un premio de un millón de euros?
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