El acuerdo para la devolución del archipiélago de Chagos a Mauricio, presentado en octubre de 2024 como un paso decisivo en la resolución de una de las disputas coloniales más prolongadas del Reino Unido, se encuentra ahora bloqueado por factores geopolíticos y estratégicos que van más allá del marco bilateral.Lo que en febrero se describía en términos políticos como una pausa , y que el propio Gobierno británico evitaba reconocer formalmente, ha adquirido ahora un carácter inequívoco. El Ejecutivo de Keir Starmer ha optado por archivar ‘de facto’ la iniciativa legislativa tras constatar que no cuenta con el apoyo de Estados Unidos ni con margen en el Parlamento para aprobarla a tiempo.Según informa la BBC, el Gobierno ha decidido «dejar en suspenso el acuerdo sobre las islas Chagos en medio del deterioro de las relaciones con Donald Trump, después de que Estados Unidos no haya confirmado formalmente su aprobación».Noticia relacionada general No No Trump insulta a sus socios de la OTAN por no ayudar en Ormuz: «Cobardes, nos acordaremos» Javier AnsorenaLa decisión responde a una combinación de factores que ya eran visibles en febrero, pero que ahora se han materializado en términos operativos. Por un lado, Estados Unidos no ha formalizado el intercambio de notas diplomáticas necesario para actualizar el tratado bilateral de 1966 que regula el uso de las islas. Dicho requisito es un paso jurídico imprescindible para garantizar la continuidad de la base militar y permitir la entrada en vigor del acuerdo entre Londres y Mauricio. Por otro, el calendario parlamentario británico ha cerrado la ventana de oportunidad para aprobar la legislación correspondiente. Fuentes gubernamentales admiten que «se ha agotado el tiempo para aprobar la ley antes de que el Parlamento sea prorrogado en las próximas semanas», mientras que ya se da por hecho que el proyecto no figurará en el discurso del Rey previsto para mayo.En el acuerdo, el Reino Unido se comprometía a transferir la soberanía del territorio, conocido oficialmente como British Indian Ocean Territory (Territorio Británico del Océano Índico) a Mauricio. Al mismo tiempo, garantizaría la continuidad de la base militar conjunta con Estados Unidos en la isla de Diego García mediante un contrato de arrendamiento a largo plazo, con un coste estimado de unos 101 millones de libras (116 millones de euros) al año. Sin embargo, la viabilidad política de ese diseño ha quedado comprometida por la posición estadounidense.Donald Trump, que en fases anteriores había respaldado el planteamiento británico, ha pasado a criticarlo abiertamente. En enero lo calificó como un «acto de debilidad total» y, en febrero, instó públicamente a Starmer a no «entregar Diego García». Como reconoció un portavoz del Gobierno, «siempre hemos dicho que solo seguiremos adelante con el acuerdo si cuenta con el apoyo de Estados Unidos».Un enclave estratégicoLa base de Diego García es central en el acuerdo. Utilizada de forma conjunta por el Reino Unido y Estados Unidos, constituye un enclave estratégico en el océano Índico, clave para operaciones militares y de inteligencia. «Diego García es un activo militar estratégico clave tanto para el Reino Unido como para Estados Unidos. Garantizar su seguridad operativa a largo plazo es, y seguirá siendo, nuestra prioridad; esa es precisamente la razón de ser del acuerdo», señaló el mismo portavoz.La dimensión geopolítica se ha intensificado en paralelo al deterioro de las relaciones entre Londres y Washington , derivadas de la guerra con Irán y del uso de bases británicas por parte de Estados Unidos.Lord Simon McDonald, exsecretario permanente del Ministerio de Exteriores británico, afirmó en declaraciones a la prensa que «el Reino Unido tenía dos objetivos: uno era cumplir con el derecho internacional y el segundo reforzar la relación con Estados Unidos». Pero, «cuando el presidente de Estados Unidos se muestra abiertamente hostil, el Gobierno tiene que replantearse la situación, por lo que este acuerdo, este tratado, quedará en el congelador por el momento». El acuerdo para la devolución del archipiélago de Chagos a Mauricio, presentado en octubre de 2024 como un paso decisivo en la resolución de una de las disputas coloniales más prolongadas del Reino Unido, se encuentra ahora bloqueado por factores geopolíticos y estratégicos que van más allá del marco bilateral.Lo que en febrero se describía en términos políticos como una pausa , y que el propio Gobierno británico evitaba reconocer formalmente, ha adquirido ahora un carácter inequívoco. El Ejecutivo de Keir Starmer ha optado por archivar ‘de facto’ la iniciativa legislativa tras constatar que no cuenta con el apoyo de Estados Unidos ni con margen en el Parlamento para aprobarla a tiempo.Según informa la BBC, el Gobierno ha decidido «dejar en suspenso el acuerdo sobre las islas Chagos en medio del deterioro de las relaciones con Donald Trump, después de que Estados Unidos no haya confirmado formalmente su aprobación».Noticia relacionada general No No Trump insulta a sus socios de la OTAN por no ayudar en Ormuz: «Cobardes, nos acordaremos» Javier AnsorenaLa decisión responde a una combinación de factores que ya eran visibles en febrero, pero que ahora se han materializado en términos operativos. Por un lado, Estados Unidos no ha formalizado el intercambio de notas diplomáticas necesario para actualizar el tratado bilateral de 1966 que regula el uso de las islas. Dicho requisito es un paso jurídico imprescindible para garantizar la continuidad de la base militar y permitir la entrada en vigor del acuerdo entre Londres y Mauricio. Por otro, el calendario parlamentario británico ha cerrado la ventana de oportunidad para aprobar la legislación correspondiente. Fuentes gubernamentales admiten que «se ha agotado el tiempo para aprobar la ley antes de que el Parlamento sea prorrogado en las próximas semanas», mientras que ya se da por hecho que el proyecto no figurará en el discurso del Rey previsto para mayo.En el acuerdo, el Reino Unido se comprometía a transferir la soberanía del territorio, conocido oficialmente como British Indian Ocean Territory (Territorio Británico del Océano Índico) a Mauricio. Al mismo tiempo, garantizaría la continuidad de la base militar conjunta con Estados Unidos en la isla de Diego García mediante un contrato de arrendamiento a largo plazo, con un coste estimado de unos 101 millones de libras (116 millones de euros) al año. Sin embargo, la viabilidad política de ese diseño ha quedado comprometida por la posición estadounidense.Donald Trump, que en fases anteriores había respaldado el planteamiento británico, ha pasado a criticarlo abiertamente. En enero lo calificó como un «acto de debilidad total» y, en febrero, instó públicamente a Starmer a no «entregar Diego García». Como reconoció un portavoz del Gobierno, «siempre hemos dicho que solo seguiremos adelante con el acuerdo si cuenta con el apoyo de Estados Unidos».Un enclave estratégicoLa base de Diego García es central en el acuerdo. Utilizada de forma conjunta por el Reino Unido y Estados Unidos, constituye un enclave estratégico en el océano Índico, clave para operaciones militares y de inteligencia. «Diego García es un activo militar estratégico clave tanto para el Reino Unido como para Estados Unidos. Garantizar su seguridad operativa a largo plazo es, y seguirá siendo, nuestra prioridad; esa es precisamente la razón de ser del acuerdo», señaló el mismo portavoz.La dimensión geopolítica se ha intensificado en paralelo al deterioro de las relaciones entre Londres y Washington , derivadas de la guerra con Irán y del uso de bases británicas por parte de Estados Unidos.Lord Simon McDonald, exsecretario permanente del Ministerio de Exteriores británico, afirmó en declaraciones a la prensa que «el Reino Unido tenía dos objetivos: uno era cumplir con el derecho internacional y el segundo reforzar la relación con Estados Unidos». Pero, «cuando el presidente de Estados Unidos se muestra abiertamente hostil, el Gobierno tiene que replantearse la situación, por lo que este acuerdo, este tratado, quedará en el congelador por el momento». El acuerdo para la devolución del archipiélago de Chagos a Mauricio, presentado en octubre de 2024 como un paso decisivo en la resolución de una de las disputas coloniales más prolongadas del Reino Unido, se encuentra ahora bloqueado por factores geopolíticos y estratégicos que van más allá del marco bilateral.Lo que en febrero se describía en términos políticos como una pausa , y que el propio Gobierno británico evitaba reconocer formalmente, ha adquirido ahora un carácter inequívoco. El Ejecutivo de Keir Starmer ha optado por archivar ‘de facto’ la iniciativa legislativa tras constatar que no cuenta con el apoyo de Estados Unidos ni con margen en el Parlamento para aprobarla a tiempo.Según informa la BBC, el Gobierno ha decidido «dejar en suspenso el acuerdo sobre las islas Chagos en medio del deterioro de las relaciones con Donald Trump, después de que Estados Unidos no haya confirmado formalmente su aprobación».Noticia relacionada general No No Trump insulta a sus socios de la OTAN por no ayudar en Ormuz: «Cobardes, nos acordaremos» Javier AnsorenaLa decisión responde a una combinación de factores que ya eran visibles en febrero, pero que ahora se han materializado en términos operativos. Por un lado, Estados Unidos no ha formalizado el intercambio de notas diplomáticas necesario para actualizar el tratado bilateral de 1966 que regula el uso de las islas. Dicho requisito es un paso jurídico imprescindible para garantizar la continuidad de la base militar y permitir la entrada en vigor del acuerdo entre Londres y Mauricio. Por otro, el calendario parlamentario británico ha cerrado la ventana de oportunidad para aprobar la legislación correspondiente. Fuentes gubernamentales admiten que «se ha agotado el tiempo para aprobar la ley antes de que el Parlamento sea prorrogado en las próximas semanas», mientras que ya se da por hecho que el proyecto no figurará en el discurso del Rey previsto para mayo.En el acuerdo, el Reino Unido se comprometía a transferir la soberanía del territorio, conocido oficialmente como British Indian Ocean Territory (Territorio Británico del Océano Índico) a Mauricio. Al mismo tiempo, garantizaría la continuidad de la base militar conjunta con Estados Unidos en la isla de Diego García mediante un contrato de arrendamiento a largo plazo, con un coste estimado de unos 101 millones de libras (116 millones de euros) al año. Sin embargo, la viabilidad política de ese diseño ha quedado comprometida por la posición estadounidense.Donald Trump, que en fases anteriores había respaldado el planteamiento británico, ha pasado a criticarlo abiertamente. En enero lo calificó como un «acto de debilidad total» y, en febrero, instó públicamente a Starmer a no «entregar Diego García». Como reconoció un portavoz del Gobierno, «siempre hemos dicho que solo seguiremos adelante con el acuerdo si cuenta con el apoyo de Estados Unidos».Un enclave estratégicoLa base de Diego García es central en el acuerdo. Utilizada de forma conjunta por el Reino Unido y Estados Unidos, constituye un enclave estratégico en el océano Índico, clave para operaciones militares y de inteligencia. «Diego García es un activo militar estratégico clave tanto para el Reino Unido como para Estados Unidos. Garantizar su seguridad operativa a largo plazo es, y seguirá siendo, nuestra prioridad; esa es precisamente la razón de ser del acuerdo», señaló el mismo portavoz.La dimensión geopolítica se ha intensificado en paralelo al deterioro de las relaciones entre Londres y Washington , derivadas de la guerra con Irán y del uso de bases británicas por parte de Estados Unidos.Lord Simon McDonald, exsecretario permanente del Ministerio de Exteriores británico, afirmó en declaraciones a la prensa que «el Reino Unido tenía dos objetivos: uno era cumplir con el derecho internacional y el segundo reforzar la relación con Estados Unidos». Pero, «cuando el presidente de Estados Unidos se muestra abiertamente hostil, el Gobierno tiene que replantearse la situación, por lo que este acuerdo, este tratado, quedará en el congelador por el momento». RSS de noticias de internacional
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