La desaparición de la Verja no sólo ha cambiado la forma de cruzar entre Gibraltar y La Línea. También empieza a modificar la relación cotidiana entre ambos territorios. Un mes después de la apertura de la frontera, el movimiento de personas se percibe en las calles, los bares y los comercios de la localidad gaditana, donde algunos vecinos empiezan a notar una mayor presencia de visitantes procedentes del Peñón.Juan Franco, alcalde de La Línea de la Concepción, considera que el balance de este primer mes es positivo y destaca especialmente la normalización de la movilidad. El fin de las largas esperas facilita que trabajadores, familias y visitantes crucen con mayor frecuencia y, con ello, abre nuevas oportunidades para la actividad económica de la ciudad.Ese cambio también se percibe a pie de calle. Vecinos de La Línea señalan un aumento del movimiento de personas que cruzan para tomar algo en un bar, hacer compras o pasar unas horas en la ciudad . Una dinámica que contrasta con una época en la que buena parte de los desplazamientos desde Gibraltar estaban vinculados a compras muy concretas y al aprovechamiento de las diferencias de precios.Durante años, el imaginario de la frontera estuvo asociado a productos como el tabaco o el azúcar . Eran compras que formaban parte de una economía fronteriza muy particular, marcada por los precios, las restricciones y, en algunos casos, por la reventa al otro lado de la frontera. La relación comercial existía, pero estaba condicionada por la propia existencia de la Verja y por los controles que convertían cada cruce en una operación que requería tiempo y paciencia.Ahora el escenario es diferente. Hay muchos gibraltareños que se acercan a localidades del Campo de Gibraltar para comer, tomar un café, hacer compras, ir a la playa, pasear o simplemente pasar parte del día. Y ese cambio de comportamiento es precisamente el que puede tener mayor recorrido para la economía de la comarca, que puede encontrar en el turismo una inesperada vía de nuevos ingresos.Para el alcalde, esta nueva movilidad constituye una de las principales oportunidades que abre el acuerdo. La Línea deja de ser únicamente el lugar por el que miles de trabajadores atraviesan cada día para llegar a Gibraltar y puede recuperar también su condición de ciudad de destino para quienes viven o trabajan en el Peñón.Y viceversa. Han aumentado los españoles que han decidido visitar el Peñón al destensarse las relaciones entre ambos países, poniendo fin a las largas colas de espera en la puerta tanto para entrar como para salir a causa de los registros. Restauración, comercio y servicios empiezan a beneficiarse de ello, creciendo la facturación.Y hasta puede tener su repercusión en la vivienda, con gibraltareños que decidan comprar o alquilar casa en localidades cercanas, donde el precio es mucho más asequible. La desaparición de la Verja no sólo ha cambiado la forma de cruzar entre Gibraltar y La Línea. También empieza a modificar la relación cotidiana entre ambos territorios. Un mes después de la apertura de la frontera, el movimiento de personas se percibe en las calles, los bares y los comercios de la localidad gaditana, donde algunos vecinos empiezan a notar una mayor presencia de visitantes procedentes del Peñón.Juan Franco, alcalde de La Línea de la Concepción, considera que el balance de este primer mes es positivo y destaca especialmente la normalización de la movilidad. El fin de las largas esperas facilita que trabajadores, familias y visitantes crucen con mayor frecuencia y, con ello, abre nuevas oportunidades para la actividad económica de la ciudad.Ese cambio también se percibe a pie de calle. Vecinos de La Línea señalan un aumento del movimiento de personas que cruzan para tomar algo en un bar, hacer compras o pasar unas horas en la ciudad . Una dinámica que contrasta con una época en la que buena parte de los desplazamientos desde Gibraltar estaban vinculados a compras muy concretas y al aprovechamiento de las diferencias de precios.Durante años, el imaginario de la frontera estuvo asociado a productos como el tabaco o el azúcar . Eran compras que formaban parte de una economía fronteriza muy particular, marcada por los precios, las restricciones y, en algunos casos, por la reventa al otro lado de la frontera. La relación comercial existía, pero estaba condicionada por la propia existencia de la Verja y por los controles que convertían cada cruce en una operación que requería tiempo y paciencia.Ahora el escenario es diferente. Hay muchos gibraltareños que se acercan a localidades del Campo de Gibraltar para comer, tomar un café, hacer compras, ir a la playa, pasear o simplemente pasar parte del día. Y ese cambio de comportamiento es precisamente el que puede tener mayor recorrido para la economía de la comarca, que puede encontrar en el turismo una inesperada vía de nuevos ingresos.Para el alcalde, esta nueva movilidad constituye una de las principales oportunidades que abre el acuerdo. La Línea deja de ser únicamente el lugar por el que miles de trabajadores atraviesan cada día para llegar a Gibraltar y puede recuperar también su condición de ciudad de destino para quienes viven o trabajan en el Peñón.Y viceversa. Han aumentado los españoles que han decidido visitar el Peñón al destensarse las relaciones entre ambos países, poniendo fin a las largas colas de espera en la puerta tanto para entrar como para salir a causa de los registros. Restauración, comercio y servicios empiezan a beneficiarse de ello, creciendo la facturación.Y hasta puede tener su repercusión en la vivienda, con gibraltareños que decidan comprar o alquilar casa en localidades cercanas, donde el precio es mucho más asequible. La desaparición de la Verja no sólo ha cambiado la forma de cruzar entre Gibraltar y La Línea. También empieza a modificar la relación cotidiana entre ambos territorios. Un mes después de la apertura de la frontera, el movimiento de personas se percibe en las calles, los bares y los comercios de la localidad gaditana, donde algunos vecinos empiezan a notar una mayor presencia de visitantes procedentes del Peñón.Juan Franco, alcalde de La Línea de la Concepción, considera que el balance de este primer mes es positivo y destaca especialmente la normalización de la movilidad. El fin de las largas esperas facilita que trabajadores, familias y visitantes crucen con mayor frecuencia y, con ello, abre nuevas oportunidades para la actividad económica de la ciudad.Ese cambio también se percibe a pie de calle. Vecinos de La Línea señalan un aumento del movimiento de personas que cruzan para tomar algo en un bar, hacer compras o pasar unas horas en la ciudad . Una dinámica que contrasta con una época en la que buena parte de los desplazamientos desde Gibraltar estaban vinculados a compras muy concretas y al aprovechamiento de las diferencias de precios.Durante años, el imaginario de la frontera estuvo asociado a productos como el tabaco o el azúcar . Eran compras que formaban parte de una economía fronteriza muy particular, marcada por los precios, las restricciones y, en algunos casos, por la reventa al otro lado de la frontera. La relación comercial existía, pero estaba condicionada por la propia existencia de la Verja y por los controles que convertían cada cruce en una operación que requería tiempo y paciencia.Ahora el escenario es diferente. Hay muchos gibraltareños que se acercan a localidades del Campo de Gibraltar para comer, tomar un café, hacer compras, ir a la playa, pasear o simplemente pasar parte del día. Y ese cambio de comportamiento es precisamente el que puede tener mayor recorrido para la economía de la comarca, que puede encontrar en el turismo una inesperada vía de nuevos ingresos.Para el alcalde, esta nueva movilidad constituye una de las principales oportunidades que abre el acuerdo. La Línea deja de ser únicamente el lugar por el que miles de trabajadores atraviesan cada día para llegar a Gibraltar y puede recuperar también su condición de ciudad de destino para quienes viven o trabajan en el Peñón.Y viceversa. Han aumentado los españoles que han decidido visitar el Peñón al destensarse las relaciones entre ambos países, poniendo fin a las largas colas de espera en la puerta tanto para entrar como para salir a causa de los registros. Restauración, comercio y servicios empiezan a beneficiarse de ello, creciendo la facturación.Y hasta puede tener su repercusión en la vivienda, con gibraltareños que decidan comprar o alquilar casa en localidades cercanas, donde el precio es mucho más asequible. RSS de noticias de espana/andalucia
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