Las «fites» (plural de fita) significa en catalán hitos, mojones, linderos o señales de piedra que las personas también identificamos como metas, objetivos y puntos de inflexión en nuestros caminos vitales. Así lo ha reconocido Núria G. Caldés en la presentación de su tercer libro en catalán «Fites d’infinit» (Editorial Cal·lígraf), una nueva recopilación de narraciones que exploran la vida , en ocasiones secreta, de unos personajes a los que el lector accede a su intimidad. Con la participación del pianista Michael Cheung, la presentación del libro, este viernes en el auditorio de la Biblioteca Central Tecla Sala de l’Hospitalet, ciudad natal de la autora, se convirtió en una conmovedora combinación de literatura y música que casi provoca el síndrome de Stendhal al público asistente, sobre todo durante la interpretación de Etudes núm. 6, de Philip Glass, y el colofón de la lectura del poema «Beneiré les mans» a cargo de la autora:Beneiré les mans / que m’han cercat, / les mans que m’han palpat / i dibuixat / i retornat / beneiré les mans / que m’han fet enrere / protegint-me / tant com les altres, / les que m’han llançat / endavant / arriscant-me. / Beneiré les mans. (Bendeciré las manos / que me han buscado, / las manos que me han palpado / y dibujado / y devuelto / bendeciré las manos / que me han echado atrás / protegiéndome / tanto como las demás, / las que me han lanzado / adelante / arriesgándome. / Bendeciré las manos.)Mojón que señala el infinitoNúria G. Caldés realizó lecturas de pasajes de su obra intercaladas por el piano de Cheung, que interpretó piezas de Max Richter, Erik Satie, Frederic Mompou, Nino Rota, Franz Schubert, Bach i Philip Glass. En el coloquio con los asistentes, la autora recordó que el título del libro se le antojó al descubrir cerca de su actual casa ampurdanesa un mojón de piedra hueco que había perdido la marca o inscripción kilométrica , como si hubiera disipado en el puro infinito su función delimitadora del camino.La autora confiesa ser «cronista de lo que le pasa. Esta mirada subjetiva atraviesa todo el libro y también su trayectoria creativa, marcada por diversas disciplinas plásticas. «Todo lo que he hecho me ha traído hasta aquí» , afirma. «Desde la pintura y el diseño gráfico hasta la cerámica, todas forman parte de una misma necesidad creativa». En el nuevo libro construye un universo de presencias, como las de gigantes, recuerdos y ausencias que funcionan como puntos de referencia de vida. «Los puntos de partida siempre son difíciles de establecer», explica. En su caso, el libro no nace solo de una idea única, sino que se trata de un «tejido que va recogiendo hilos de muy diversas procedencias» y entiende el concepto de infinito como la vida misma: «una vida primordial que va más allá de cualquier individuo».… y el infinito a través de experienciasEl concepto de infinito también se construye a través de experiencias concretas. Caldés recuerdó un momento de juventud en L’Hospitalet, cuando con sus compañeros de Bachillerato del instituto Torres i Bages de Can Serra en l’Hospitalet , muchos de ellos presentes en la sala, plantaron un árbol en el curso 1973-1974. Lo hicieron como elemento simbólico vinculado a la idea de infinito porque el árbol recibió el nombre de ápeiron, que en griego significa ilimitado, indefinido, y que es el «arché» (principio fundamental) propuesto por el filósofo Anaximandro de Mileto en el siglo VI a.C. Ápeiron se definía así el pensador presocrático como una materia eterna, inmutable e indeterminada de la cual surgen todas las cosas y a la cual retornan materia eterna. En ese nombre del árbol tuvo una influencia directa las clases del profesor de Filosofía Francesc Boldú, también presente en la sala. Recientemente, los compañeros del instituto de Caldés visitaron 50 años después ese patio y comprobaron cómo de enorme está «su» árbol. Ápeiron y el mojón de piedra que había perdido su función se convirtieron en la imagen e hilo conductor del libro «Fites d’infinit».Como eje principal de «Fites d’Infinit» también pivota la idea del límite entre dos conceptos. «Lo que no se ve no significa que no exista», reflexiona Caldés. El libro se mueve constantemente entre presencia y ausencia, recuerdo y futuro. Conceptos que parecen opuestos y se combinan jugando con su límite. Esto se puede apreciar en relatos como ‘En la foto’, parcialmente leído en la presentación , donde la imagen se convierte en un espacio ambiguo: «la fotografía no solo atrapa una imagen, también muestra lo que se ha escapado». Pero también aborda elementos aparentemente fantásticos, como los gigantes y la relación de tres mujeres con ellos en uno de los relatos. O los monstruos. «Todos los hemos vivido cuando éramos pequeños debajo de nuestras camas; físicamente no los hemos visto, pero existen».El lenguaje como límite del mundo«Fites d’Infinit» también dialoga con el resto de las obras de Caldés, como «La vida mana» o «Jo també soc de fang» que escribió tras vivir en Japón en una aldea aprendiendo el ancestral arte nipón del barro. «Si alguien lee los libros uno tras otro, verá que hay el mismo recorrido, unas ganas de luz y de vivir mejor», asegura. Y respecto a la idea de infinito, cabe recordar que procede del latín finis, de la que hemos heredado fin. Y del fin hemos derivado final y otras palabras transcendentes, como finado. Del francés nos llega finanza, que parte de la idea de que un trabajo se paga a su fin. Igual que la derivada finiquito, que se usaba en el siglo XVI, fin y quito, que significaba la carta de libertad. En Caldés se aprecia que contra lo que tiene fin está lo infinito, porque los fines eran los límites. Por eso lo que no tiene límites (fites) es infinito. Y también lo afín es lo limítrofe, lo emparentado, y los confines las cosas contiguas . Por aquello de trazar el límite a un concepto, llegamos al uso que, desgraciadamente, tuvimos que realizar durante la pandemia del término confinar, que es desterrar a alguien o recluirlo dentro de unos límites. Pero la lengua no tiene confines y bien lo sabe Garcés.Como dijo el filósofo austríaco Ludwig Wittgenstein, «los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo» . La lengua condiciona en el sentido que nuestros pensamientos se materializan verbalmente, pero no limitan nuestra capacidad cognitiva. Los lenguajes son instrumentos muy poderosos con los que explicamos y nos explicamos ante el mundo y nos ofrecen categorías de pensamiento. La lengua catalana y la de la música han permitido representar el mundo de Garcés y de Michael Cheung hasta provocar una reacción psicosomática ante la contemplación de una sobredosis de belleza artística. Las «fites» (plural de fita) significa en catalán hitos, mojones, linderos o señales de piedra que las personas también identificamos como metas, objetivos y puntos de inflexión en nuestros caminos vitales. Así lo ha reconocido Núria G. Caldés en la presentación de su tercer libro en catalán «Fites d’infinit» (Editorial Cal·lígraf), una nueva recopilación de narraciones que exploran la vida , en ocasiones secreta, de unos personajes a los que el lector accede a su intimidad. Con la participación del pianista Michael Cheung, la presentación del libro, este viernes en el auditorio de la Biblioteca Central Tecla Sala de l’Hospitalet, ciudad natal de la autora, se convirtió en una conmovedora combinación de literatura y música que casi provoca el síndrome de Stendhal al público asistente, sobre todo durante la interpretación de Etudes núm. 6, de Philip Glass, y el colofón de la lectura del poema «Beneiré les mans» a cargo de la autora:Beneiré les mans / que m’han cercat, / les mans que m’han palpat / i dibuixat / i retornat / beneiré les mans / que m’han fet enrere / protegint-me / tant com les altres, / les que m’han llançat / endavant / arriscant-me. / Beneiré les mans. (Bendeciré las manos / que me han buscado, / las manos que me han palpado / y dibujado / y devuelto / bendeciré las manos / que me han echado atrás / protegiéndome / tanto como las demás, / las que me han lanzado / adelante / arriesgándome. / Bendeciré las manos.)Mojón que señala el infinitoNúria G. Caldés realizó lecturas de pasajes de su obra intercaladas por el piano de Cheung, que interpretó piezas de Max Richter, Erik Satie, Frederic Mompou, Nino Rota, Franz Schubert, Bach i Philip Glass. En el coloquio con los asistentes, la autora recordó que el título del libro se le antojó al descubrir cerca de su actual casa ampurdanesa un mojón de piedra hueco que había perdido la marca o inscripción kilométrica , como si hubiera disipado en el puro infinito su función delimitadora del camino.La autora confiesa ser «cronista de lo que le pasa. Esta mirada subjetiva atraviesa todo el libro y también su trayectoria creativa, marcada por diversas disciplinas plásticas. «Todo lo que he hecho me ha traído hasta aquí» , afirma. «Desde la pintura y el diseño gráfico hasta la cerámica, todas forman parte de una misma necesidad creativa». En el nuevo libro construye un universo de presencias, como las de gigantes, recuerdos y ausencias que funcionan como puntos de referencia de vida. «Los puntos de partida siempre son difíciles de establecer», explica. En su caso, el libro no nace solo de una idea única, sino que se trata de un «tejido que va recogiendo hilos de muy diversas procedencias» y entiende el concepto de infinito como la vida misma: «una vida primordial que va más allá de cualquier individuo».… y el infinito a través de experienciasEl concepto de infinito también se construye a través de experiencias concretas. Caldés recuerdó un momento de juventud en L’Hospitalet, cuando con sus compañeros de Bachillerato del instituto Torres i Bages de Can Serra en l’Hospitalet , muchos de ellos presentes en la sala, plantaron un árbol en el curso 1973-1974. Lo hicieron como elemento simbólico vinculado a la idea de infinito porque el árbol recibió el nombre de ápeiron, que en griego significa ilimitado, indefinido, y que es el «arché» (principio fundamental) propuesto por el filósofo Anaximandro de Mileto en el siglo VI a.C. Ápeiron se definía así el pensador presocrático como una materia eterna, inmutable e indeterminada de la cual surgen todas las cosas y a la cual retornan materia eterna. En ese nombre del árbol tuvo una influencia directa las clases del profesor de Filosofía Francesc Boldú, también presente en la sala. Recientemente, los compañeros del instituto de Caldés visitaron 50 años después ese patio y comprobaron cómo de enorme está «su» árbol. Ápeiron y el mojón de piedra que había perdido su función se convirtieron en la imagen e hilo conductor del libro «Fites d’infinit».Como eje principal de «Fites d’Infinit» también pivota la idea del límite entre dos conceptos. «Lo que no se ve no significa que no exista», reflexiona Caldés. El libro se mueve constantemente entre presencia y ausencia, recuerdo y futuro. Conceptos que parecen opuestos y se combinan jugando con su límite. Esto se puede apreciar en relatos como ‘En la foto’, parcialmente leído en la presentación , donde la imagen se convierte en un espacio ambiguo: «la fotografía no solo atrapa una imagen, también muestra lo que se ha escapado». Pero también aborda elementos aparentemente fantásticos, como los gigantes y la relación de tres mujeres con ellos en uno de los relatos. O los monstruos. «Todos los hemos vivido cuando éramos pequeños debajo de nuestras camas; físicamente no los hemos visto, pero existen».El lenguaje como límite del mundo«Fites d’Infinit» también dialoga con el resto de las obras de Caldés, como «La vida mana» o «Jo també soc de fang» que escribió tras vivir en Japón en una aldea aprendiendo el ancestral arte nipón del barro. «Si alguien lee los libros uno tras otro, verá que hay el mismo recorrido, unas ganas de luz y de vivir mejor», asegura. Y respecto a la idea de infinito, cabe recordar que procede del latín finis, de la que hemos heredado fin. Y del fin hemos derivado final y otras palabras transcendentes, como finado. Del francés nos llega finanza, que parte de la idea de que un trabajo se paga a su fin. Igual que la derivada finiquito, que se usaba en el siglo XVI, fin y quito, que significaba la carta de libertad. En Caldés se aprecia que contra lo que tiene fin está lo infinito, porque los fines eran los límites. Por eso lo que no tiene límites (fites) es infinito. Y también lo afín es lo limítrofe, lo emparentado, y los confines las cosas contiguas . Por aquello de trazar el límite a un concepto, llegamos al uso que, desgraciadamente, tuvimos que realizar durante la pandemia del término confinar, que es desterrar a alguien o recluirlo dentro de unos límites. Pero la lengua no tiene confines y bien lo sabe Garcés.Como dijo el filósofo austríaco Ludwig Wittgenstein, «los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo» . La lengua condiciona en el sentido que nuestros pensamientos se materializan verbalmente, pero no limitan nuestra capacidad cognitiva. Los lenguajes son instrumentos muy poderosos con los que explicamos y nos explicamos ante el mundo y nos ofrecen categorías de pensamiento. La lengua catalana y la de la música han permitido representar el mundo de Garcés y de Michael Cheung hasta provocar una reacción psicosomática ante la contemplación de una sobredosis de belleza artística. Las «fites» (plural de fita) significa en catalán hitos, mojones, linderos o señales de piedra que las personas también identificamos como metas, objetivos y puntos de inflexión en nuestros caminos vitales. Así lo ha reconocido Núria G. Caldés en la presentación de su tercer libro en catalán «Fites d’infinit» (Editorial Cal·lígraf), una nueva recopilación de narraciones que exploran la vida , en ocasiones secreta, de unos personajes a los que el lector accede a su intimidad. Con la participación del pianista Michael Cheung, la presentación del libro, este viernes en el auditorio de la Biblioteca Central Tecla Sala de l’Hospitalet, ciudad natal de la autora, se convirtió en una conmovedora combinación de literatura y música que casi provoca el síndrome de Stendhal al público asistente, sobre todo durante la interpretación de Etudes núm. 6, de Philip Glass, y el colofón de la lectura del poema «Beneiré les mans» a cargo de la autora:Beneiré les mans / que m’han cercat, / les mans que m’han palpat / i dibuixat / i retornat / beneiré les mans / que m’han fet enrere / protegint-me / tant com les altres, / les que m’han llançat / endavant / arriscant-me. / Beneiré les mans. (Bendeciré las manos / que me han buscado, / las manos que me han palpado / y dibujado / y devuelto / bendeciré las manos / que me han echado atrás / protegiéndome / tanto como las demás, / las que me han lanzado / adelante / arriesgándome. / Bendeciré las manos.)Mojón que señala el infinitoNúria G. Caldés realizó lecturas de pasajes de su obra intercaladas por el piano de Cheung, que interpretó piezas de Max Richter, Erik Satie, Frederic Mompou, Nino Rota, Franz Schubert, Bach i Philip Glass. En el coloquio con los asistentes, la autora recordó que el título del libro se le antojó al descubrir cerca de su actual casa ampurdanesa un mojón de piedra hueco que había perdido la marca o inscripción kilométrica , como si hubiera disipado en el puro infinito su función delimitadora del camino.La autora confiesa ser «cronista de lo que le pasa. Esta mirada subjetiva atraviesa todo el libro y también su trayectoria creativa, marcada por diversas disciplinas plásticas. «Todo lo que he hecho me ha traído hasta aquí» , afirma. «Desde la pintura y el diseño gráfico hasta la cerámica, todas forman parte de una misma necesidad creativa». En el nuevo libro construye un universo de presencias, como las de gigantes, recuerdos y ausencias que funcionan como puntos de referencia de vida. «Los puntos de partida siempre son difíciles de establecer», explica. En su caso, el libro no nace solo de una idea única, sino que se trata de un «tejido que va recogiendo hilos de muy diversas procedencias» y entiende el concepto de infinito como la vida misma: «una vida primordial que va más allá de cualquier individuo».… y el infinito a través de experienciasEl concepto de infinito también se construye a través de experiencias concretas. Caldés recuerdó un momento de juventud en L’Hospitalet, cuando con sus compañeros de Bachillerato del instituto Torres i Bages de Can Serra en l’Hospitalet , muchos de ellos presentes en la sala, plantaron un árbol en el curso 1973-1974. Lo hicieron como elemento simbólico vinculado a la idea de infinito porque el árbol recibió el nombre de ápeiron, que en griego significa ilimitado, indefinido, y que es el «arché» (principio fundamental) propuesto por el filósofo Anaximandro de Mileto en el siglo VI a.C. Ápeiron se definía así el pensador presocrático como una materia eterna, inmutable e indeterminada de la cual surgen todas las cosas y a la cual retornan materia eterna. En ese nombre del árbol tuvo una influencia directa las clases del profesor de Filosofía Francesc Boldú, también presente en la sala. Recientemente, los compañeros del instituto de Caldés visitaron 50 años después ese patio y comprobaron cómo de enorme está «su» árbol. Ápeiron y el mojón de piedra que había perdido su función se convirtieron en la imagen e hilo conductor del libro «Fites d’infinit».Como eje principal de «Fites d’Infinit» también pivota la idea del límite entre dos conceptos. «Lo que no se ve no significa que no exista», reflexiona Caldés. El libro se mueve constantemente entre presencia y ausencia, recuerdo y futuro. Conceptos que parecen opuestos y se combinan jugando con su límite. Esto se puede apreciar en relatos como ‘En la foto’, parcialmente leído en la presentación , donde la imagen se convierte en un espacio ambiguo: «la fotografía no solo atrapa una imagen, también muestra lo que se ha escapado». Pero también aborda elementos aparentemente fantásticos, como los gigantes y la relación de tres mujeres con ellos en uno de los relatos. O los monstruos. «Todos los hemos vivido cuando éramos pequeños debajo de nuestras camas; físicamente no los hemos visto, pero existen».El lenguaje como límite del mundo«Fites d’Infinit» también dialoga con el resto de las obras de Caldés, como «La vida mana» o «Jo també soc de fang» que escribió tras vivir en Japón en una aldea aprendiendo el ancestral arte nipón del barro. «Si alguien lee los libros uno tras otro, verá que hay el mismo recorrido, unas ganas de luz y de vivir mejor», asegura. Y respecto a la idea de infinito, cabe recordar que procede del latín finis, de la que hemos heredado fin. Y del fin hemos derivado final y otras palabras transcendentes, como finado. Del francés nos llega finanza, que parte de la idea de que un trabajo se paga a su fin. Igual que la derivada finiquito, que se usaba en el siglo XVI, fin y quito, que significaba la carta de libertad. En Caldés se aprecia que contra lo que tiene fin está lo infinito, porque los fines eran los límites. Por eso lo que no tiene límites (fites) es infinito. Y también lo afín es lo limítrofe, lo emparentado, y los confines las cosas contiguas . Por aquello de trazar el límite a un concepto, llegamos al uso que, desgraciadamente, tuvimos que realizar durante la pandemia del término confinar, que es desterrar a alguien o recluirlo dentro de unos límites. Pero la lengua no tiene confines y bien lo sabe Garcés.Como dijo el filósofo austríaco Ludwig Wittgenstein, «los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo» . La lengua condiciona en el sentido que nuestros pensamientos se materializan verbalmente, pero no limitan nuestra capacidad cognitiva. Los lenguajes son instrumentos muy poderosos con los que explicamos y nos explicamos ante el mundo y nos ofrecen categorías de pensamiento. La lengua catalana y la de la música han permitido representar el mundo de Garcés y de Michael Cheung hasta provocar una reacción psicosomática ante la contemplación de una sobredosis de belleza artística. RSS de noticias de espana
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