José Mesa mira de vez en cuando el vídeo de su hija, Lía Valentina, de tres años. Se lo hicieron sus abuelos unos minutos antes del doble terremoto del Día de San Juan, con toda la boca manchada de chocolate, tan feliz, rebosante de alegría. Después el mundo se vino abajo.
El edificio El Jurel, en Playa Grande, aguantó las embestidas de la naturaleza pero lo hizo a duras penas, retorciéndose de forma siniestra. Hoy parece como si un gigante se hubiera sentado encima
José Mesa mira de vez en cuando el vídeo de su hija, Lía Valentina, de tres años. Se lo hicieron sus abuelos unos minutos antes del doble terremoto del Día de San Juan, con toda la boca manchada de chocolate, tan feliz, rebosante de alegría. Después el mundo se vino abajo.
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