El cierre del estrecho de Ormuz ha sido durante décadas una pesadilla sin materializar para la industria energética: el embudo de 34 kilómetros por el que pasa una quinta parte del petróleo que se consume en la Tierra, gran parte de los fertilizantes e hidrocarburos refinados y también en torno al 20% del gas licuado. Materializado este bloqueo tras el devastador ataque de Estados Unidos hace una semana, los precios de las materias primas energéticas se han disparado, desde el 28% del petróleo hasta el 69% de los productos con mercados más rígidos, como algunos combustibles refinados o el gas natural. Las Bolsas europeas han vivido las peores sesiones desde la guerra arancelaria (la peor semana en cuatro años para el Ibex) y los economistas han recalculado las previsiones de inflación y tipos de interés. Los ciudadanos ya lo notan en el bolsillo, y eso que ha pasado tan solo una semana.
La velocidad extrema de los acontecimientos y el lenguaje telúrico de Donald Trump son una invitación al catastrofismo, a veces infundado
El cierre del estrecho de Ormuz ha sido durante décadas una pesadilla sin materializar para la industria energética: el embudo de 34 kilómetros por el que pasa una quinta parte del petróleo que se consume en la Tierra, gran parte de los fertilizantes e hidrocarburos refinados y también en torno al 20% del gas licuado. Materializado este bloqueo tras el devastador ataque de Estados Unidos hace una semana, los precios de las materias primas energéticas se han disparado, desde el 28% del petróleo hasta el 69% de los productos con mercados más rígidos, como algunos combustibles refinados o el gas natural. Las Bolsas europeas han vivido las peores sesiones desde la guerra arancelaria (la peor semana en cuatro años para el Ibex) y los economistas han recalculado las previsiones de inflación y tipos de interés. Los ciudadanos ya lo notan en el bolsillo, y eso que ha pasado tan solo una semana.
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