Las horas previas a la final del Mundial dejaron una imagen poco habitual en Madrid. Decenas de argentinos se reunieron en distintos puntos de la capital para vivir juntos la espera del encuentro, compartir los nervios de la gran cita y convertir la ciudad, por unas horas, en un lugar de reunión para una comunidad que soñaba con volver a conquistar el mundo.Uno de esos puntos fue el Bar El Caminito, un pequeño establecimiento situado en el número 27 de la calle Salitre. El local apenas tenía capacidad para unas decenas de personas, pero el ambiente era el de una auténtica previa mundialista. Camisetas albicelestes, banderas y conversaciones sobre la final llenaban cada rincón. Sin embargo, la pasión también dejó una imagen controvertida. Los responsables del establecimiento no permitían la entrada a españoles y rechazaban a quienes intentaban acceder, una decisión que sorprendió a varios curiosos que se acercaron con la intención de vivir el ambiente de la final.A pocos kilómetros, la escena era muy distinta. La discoteca Icon abrió sus puertas desde las seis de la tarde para recibir a cientos de aficionados en una celebración que comenzó mucho antes del pitido inicial. Las cumbias sonaban sin descanso, las bebidas se sucedían y los cánticos aparecían de forma espontánea entre abrazos y banderas. Allí, a diferencia de lo ocurrido en el pequeño bar de Lavapiés, el ambiente era completamente abierto y españoles y argentinos compartieron una misma previa marcada por la convivencia y la ilusión.Las conversaciones giraban alrededor de la alineación, de las supersticiones que acompañan siempre a una final y de la confianza en que la selección volviera a hacer historia. Algunos no se separaban de la bandera, otros repasaban una y otra vez las posibles claves del partido y muchos simplemente intentaban contener unos nervios que aumentaban conforme se acercaba la hora del encuentro.Mucho antes de que el árbitro señalara el inicio del partido, la final ya se había empezado a jugar en Madrid. Entre cánticos, cumbias y camisetas albicelestes, la comunidad argentina vivió una espera cargada de emoción, mientras la capital ofrecía dos caras muy distintas de una misma pasión por el fútbol. Las horas previas a la final del Mundial dejaron una imagen poco habitual en Madrid. Decenas de argentinos se reunieron en distintos puntos de la capital para vivir juntos la espera del encuentro, compartir los nervios de la gran cita y convertir la ciudad, por unas horas, en un lugar de reunión para una comunidad que soñaba con volver a conquistar el mundo.Uno de esos puntos fue el Bar El Caminito, un pequeño establecimiento situado en el número 27 de la calle Salitre. El local apenas tenía capacidad para unas decenas de personas, pero el ambiente era el de una auténtica previa mundialista. Camisetas albicelestes, banderas y conversaciones sobre la final llenaban cada rincón. Sin embargo, la pasión también dejó una imagen controvertida. Los responsables del establecimiento no permitían la entrada a españoles y rechazaban a quienes intentaban acceder, una decisión que sorprendió a varios curiosos que se acercaron con la intención de vivir el ambiente de la final.A pocos kilómetros, la escena era muy distinta. La discoteca Icon abrió sus puertas desde las seis de la tarde para recibir a cientos de aficionados en una celebración que comenzó mucho antes del pitido inicial. Las cumbias sonaban sin descanso, las bebidas se sucedían y los cánticos aparecían de forma espontánea entre abrazos y banderas. Allí, a diferencia de lo ocurrido en el pequeño bar de Lavapiés, el ambiente era completamente abierto y españoles y argentinos compartieron una misma previa marcada por la convivencia y la ilusión.Las conversaciones giraban alrededor de la alineación, de las supersticiones que acompañan siempre a una final y de la confianza en que la selección volviera a hacer historia. Algunos no se separaban de la bandera, otros repasaban una y otra vez las posibles claves del partido y muchos simplemente intentaban contener unos nervios que aumentaban conforme se acercaba la hora del encuentro.Mucho antes de que el árbitro señalara el inicio del partido, la final ya se había empezado a jugar en Madrid. Entre cánticos, cumbias y camisetas albicelestes, la comunidad argentina vivió una espera cargada de emoción, mientras la capital ofrecía dos caras muy distintas de una misma pasión por el fútbol. Las horas previas a la final del Mundial dejaron una imagen poco habitual en Madrid. Decenas de argentinos se reunieron en distintos puntos de la capital para vivir juntos la espera del encuentro, compartir los nervios de la gran cita y convertir la ciudad, por unas horas, en un lugar de reunión para una comunidad que soñaba con volver a conquistar el mundo.Uno de esos puntos fue el Bar El Caminito, un pequeño establecimiento situado en el número 27 de la calle Salitre. El local apenas tenía capacidad para unas decenas de personas, pero el ambiente era el de una auténtica previa mundialista. Camisetas albicelestes, banderas y conversaciones sobre la final llenaban cada rincón. Sin embargo, la pasión también dejó una imagen controvertida. Los responsables del establecimiento no permitían la entrada a españoles y rechazaban a quienes intentaban acceder, una decisión que sorprendió a varios curiosos que se acercaron con la intención de vivir el ambiente de la final.A pocos kilómetros, la escena era muy distinta. La discoteca Icon abrió sus puertas desde las seis de la tarde para recibir a cientos de aficionados en una celebración que comenzó mucho antes del pitido inicial. Las cumbias sonaban sin descanso, las bebidas se sucedían y los cánticos aparecían de forma espontánea entre abrazos y banderas. Allí, a diferencia de lo ocurrido en el pequeño bar de Lavapiés, el ambiente era completamente abierto y españoles y argentinos compartieron una misma previa marcada por la convivencia y la ilusión.Las conversaciones giraban alrededor de la alineación, de las supersticiones que acompañan siempre a una final y de la confianza en que la selección volviera a hacer historia. Algunos no se separaban de la bandera, otros repasaban una y otra vez las posibles claves del partido y muchos simplemente intentaban contener unos nervios que aumentaban conforme se acercaba la hora del encuentro.Mucho antes de que el árbitro señalara el inicio del partido, la final ya se había empezado a jugar en Madrid. Entre cánticos, cumbias y camisetas albicelestes, la comunidad argentina vivió una espera cargada de emoción, mientras la capital ofrecía dos caras muy distintas de una misma pasión por el fútbol. RSS de noticias de deportes
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