SÍ, con «m» y en mayúsculas. Me refiero con este titular a que cuando las personas comparten una buena causa, ya sea para darse un abrazo o contemplar la puesta de sol, nos invade una energía colectiva que nos hace sentir bien.Pensaba en esto el pasado jueves, en Ourense, mientras presentaba mi última novela y veía la librería llena y los rostros de todas aquellas personas que dedicaron su valioso tiempo a acompañarme en esa tarde literaria. El estado de felicidad aún me dura hoy y el agradecimiento jamás lo olvidaré.En actos así las personas te saludan, te cuentan sus cosas y tú haces lo mismo mientras les dedicas el libro; automáticamente, se conectan sentimientos y da igual la edad, lo mucho o poco que os conozcáis o si les atraen los misterios de Mozart —como era el caso—. Lo importante es ser y estar. Y compartir juntos un momento emotivo. En ese instante, yo los miraba y sabía que no bastaba con darles las «gracias», pero creí que era suficiente porque se lo dije poniendo el corazón en la palabra.Algo parecido le ocurrió a Víctor Glover, el piloto de la misión Artemis II, mientras contemplaba la Tierra desde la nave espacial. Comentó que el planeta es nuestro hogar y destacó la importancia de que la Humanidad permanezca unida en medio del inmenso vacío del espacio.Si estamos juntos, no estamos solos. En la galaxia y en cualquier lugar donde convivamos siempre hay alguien a nuestro lado. Y, entonces, yo me pregunto: ¿Por qué no pensar en esto cuando nos invade el egoísmo, la codicia o el poder desmedido?Nadie va a venir a arreglarnos lo que no podamos adecentar dentro.Por eso, cada vez que veo a personas reunidas entorno a una buena causa, pienso que todavía es posible. Aún podemos conseguirlo. En la vida no hay buenos ni malos, solo gente que elige una opción entre los «extras» que nos ofrece la existencia. La culpa no la tiene la esencia humana. Así lo creo yo, sobre todo estos días. SÍ, con «m» y en mayúsculas. Me refiero con este titular a que cuando las personas comparten una buena causa, ya sea para darse un abrazo o contemplar la puesta de sol, nos invade una energía colectiva que nos hace sentir bien.Pensaba en esto el pasado jueves, en Ourense, mientras presentaba mi última novela y veía la librería llena y los rostros de todas aquellas personas que dedicaron su valioso tiempo a acompañarme en esa tarde literaria. El estado de felicidad aún me dura hoy y el agradecimiento jamás lo olvidaré.En actos así las personas te saludan, te cuentan sus cosas y tú haces lo mismo mientras les dedicas el libro; automáticamente, se conectan sentimientos y da igual la edad, lo mucho o poco que os conozcáis o si les atraen los misterios de Mozart —como era el caso—. Lo importante es ser y estar. Y compartir juntos un momento emotivo. En ese instante, yo los miraba y sabía que no bastaba con darles las «gracias», pero creí que era suficiente porque se lo dije poniendo el corazón en la palabra.Algo parecido le ocurrió a Víctor Glover, el piloto de la misión Artemis II, mientras contemplaba la Tierra desde la nave espacial. Comentó que el planeta es nuestro hogar y destacó la importancia de que la Humanidad permanezca unida en medio del inmenso vacío del espacio.Si estamos juntos, no estamos solos. En la galaxia y en cualquier lugar donde convivamos siempre hay alguien a nuestro lado. Y, entonces, yo me pregunto: ¿Por qué no pensar en esto cuando nos invade el egoísmo, la codicia o el poder desmedido?Nadie va a venir a arreglarnos lo que no podamos adecentar dentro.Por eso, cada vez que veo a personas reunidas entorno a una buena causa, pienso que todavía es posible. Aún podemos conseguirlo. En la vida no hay buenos ni malos, solo gente que elige una opción entre los «extras» que nos ofrece la existencia. La culpa no la tiene la esencia humana. Así lo creo yo, sobre todo estos días. SÍ, con «m» y en mayúsculas. Me refiero con este titular a que cuando las personas comparten una buena causa, ya sea para darse un abrazo o contemplar la puesta de sol, nos invade una energía colectiva que nos hace sentir bien.Pensaba en esto el pasado jueves, en Ourense, mientras presentaba mi última novela y veía la librería llena y los rostros de todas aquellas personas que dedicaron su valioso tiempo a acompañarme en esa tarde literaria. El estado de felicidad aún me dura hoy y el agradecimiento jamás lo olvidaré.En actos así las personas te saludan, te cuentan sus cosas y tú haces lo mismo mientras les dedicas el libro; automáticamente, se conectan sentimientos y da igual la edad, lo mucho o poco que os conozcáis o si les atraen los misterios de Mozart —como era el caso—. Lo importante es ser y estar. Y compartir juntos un momento emotivo. En ese instante, yo los miraba y sabía que no bastaba con darles las «gracias», pero creí que era suficiente porque se lo dije poniendo el corazón en la palabra.Algo parecido le ocurrió a Víctor Glover, el piloto de la misión Artemis II, mientras contemplaba la Tierra desde la nave espacial. Comentó que el planeta es nuestro hogar y destacó la importancia de que la Humanidad permanezca unida en medio del inmenso vacío del espacio.Si estamos juntos, no estamos solos. En la galaxia y en cualquier lugar donde convivamos siempre hay alguien a nuestro lado. Y, entonces, yo me pregunto: ¿Por qué no pensar en esto cuando nos invade el egoísmo, la codicia o el poder desmedido?Nadie va a venir a arreglarnos lo que no podamos adecentar dentro.Por eso, cada vez que veo a personas reunidas entorno a una buena causa, pienso que todavía es posible. Aún podemos conseguirlo. En la vida no hay buenos ni malos, solo gente que elige una opción entre los «extras» que nos ofrece la existencia. La culpa no la tiene la esencia humana. Así lo creo yo, sobre todo estos días. RSS de noticias de espana
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abril 12, 2026
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