Inmersos en otro de los grandes meses marianos del año, cada una de las procesiones de gloria que regala septiembre tiene un sello propio. La arrolladora presencia de la Divina Pastora de Capuchinos en su paso no dejó indiferente por la exuberancia en torno a su risco, un florecer que saltó también a las calles ricamente engalanadas para honrarla y al público que acudió.La devoción se abrió camino a media tarde en la plaza de Capuchinos como cada tercer sábado de septiembre y esta vez el verano se sintió más fuerte que en citas anteriores, con pocos tintes otoñales aún en el horizonte. Cinco años transcurrieron, y parece que fue ayer mismo, desde que esta imagen reabrió el ciclo de las procesiones en Córdoba tras la pandemia. Supuso la vuelta a la normalidad en las cofradías y todavía es justo recordarlo.Pero este sábado de 2026 era el rabioso presente de un curso recién iniciado, con mucha juventud en las calles el que bullía por cada esquina. La Divina Pastora de Capuchinos irrumpió poco después de la siete de la atarde ataviada con un vistoso manto azul pavo real, saya rosa y estrenando el fajín a la hebrea con terciopelos, damascos y brocados antiguos. Tocada con pamela y ricamente enjoyada, fue Reina en un paraíso de flores variadas de color fucsia y morado, entre las que resaltaron grandes rosas y paniculata. El frondoso árbol que cobijó a la Madre del Buen Pastor rememoró las sendas tranquilas a las que conducen Ella y su Hijo, entre pajarillos, un friso de flores fucsias en el paso y fragantes nardos. El recorrido de la procesión varió sustancialmente de lo que suele ser cada año su itinerario por causa de unas obras en un extenso tramo en la calle Conde de Torres Cabrera.Por eso el cortejo tuvo que buscar la plaza de los Carrillos pasando junto al Jardín de Fray Ricardo, en la plaza de las Doblas, un momento en el que la banda de música de María Santísima de la Esperanza interpretó la marcha ‘El Cielo de Capuchinos’, de Espinosa de los Monteros, en memoria del recordado fraile capuchino.Poco antes, cuando la Virgen pisaba ya la plaza de Capuchinos los músicos tocaron ‘Gloria Cisterciense’, la segunda marcha que José de la Vega compuso para la hermandad del Císter. Fue éste un sentido gesto del Redil Eucarístico al 50 aniversario de la fundación de la cofradía del Císter. ‘Refugio’ y ‘Pastora de Cantillana’ en las proximidades de la parroquia de San Miguel fueron otras obras del repertorio.En Ramírez de las Casas Deza fueron muchas las colgaduras y banderolas en granate, y las guirnaldas de flores blancas de papel que honraron a la Divina Pastora con frases como ‘Más que Tú solo Dios’, ‘Pastora, puerta del cielo’ y ‘Orgullo y tesoro de tu barrio’. Esta procesión fue todo color y alegría, cada año más, contemplando la serenidad de la Divina Pastora de Capuchinos que sostiene con firmeza el cayado, y muy cerca al Divino Pastorcillo.Entrañable fue una levantá del paso que guio David Arce dedicada los donantes de órganos, en presencia del director gerente del Hospital Reina Sofía, Francisco Triviño , que se produjo en la plaza de los Carrillos. Se detuvo también el paso en la calle Osario en la puerta del colegio que lleva su nombre.Júbilo y petalásMás adelante, en la calle Cruz Conde, la banda cesó de tocar temporalmente para que las personas con sensibilidad auditiva y del espectro del autismo disfrutasen en el llamado ‘tramo azul’. Es una iniciativa que ha ido a más en los últimos años entre las hermandades de penitencia y la Pastora de Capuchinos se sumó a ella esta jornada.Al júbilo que envolvió esta procesión pastoreña contribuyó mucho el nutrido grupo de niños ataviados de pastorcillos que fueron en cabeza, algunos con la pamela a la espalda, unos con zurrón o cestas, mientras repartieron estampas de su querida Virgen al mucho público que llenó las calles. Varias lluvias de pétalos desde el comienzo y las ofrendas musicales hicieron de la procesión una tranquila y bella pradera. Inmersos en otro de los grandes meses marianos del año, cada una de las procesiones de gloria que regala septiembre tiene un sello propio. La arrolladora presencia de la Divina Pastora de Capuchinos en su paso no dejó indiferente por la exuberancia en torno a su risco, un florecer que saltó también a las calles ricamente engalanadas para honrarla y al público que acudió.La devoción se abrió camino a media tarde en la plaza de Capuchinos como cada tercer sábado de septiembre y esta vez el verano se sintió más fuerte que en citas anteriores, con pocos tintes otoñales aún en el horizonte. Cinco años transcurrieron, y parece que fue ayer mismo, desde que esta imagen reabrió el ciclo de las procesiones en Córdoba tras la pandemia. Supuso la vuelta a la normalidad en las cofradías y todavía es justo recordarlo.Pero este sábado de 2026 era el rabioso presente de un curso recién iniciado, con mucha juventud en las calles el que bullía por cada esquina. La Divina Pastora de Capuchinos irrumpió poco después de la siete de la atarde ataviada con un vistoso manto azul pavo real, saya rosa y estrenando el fajín a la hebrea con terciopelos, damascos y brocados antiguos. Tocada con pamela y ricamente enjoyada, fue Reina en un paraíso de flores variadas de color fucsia y morado, entre las que resaltaron grandes rosas y paniculata. El frondoso árbol que cobijó a la Madre del Buen Pastor rememoró las sendas tranquilas a las que conducen Ella y su Hijo, entre pajarillos, un friso de flores fucsias en el paso y fragantes nardos. El recorrido de la procesión varió sustancialmente de lo que suele ser cada año su itinerario por causa de unas obras en un extenso tramo en la calle Conde de Torres Cabrera.Por eso el cortejo tuvo que buscar la plaza de los Carrillos pasando junto al Jardín de Fray Ricardo, en la plaza de las Doblas, un momento en el que la banda de música de María Santísima de la Esperanza interpretó la marcha ‘El Cielo de Capuchinos’, de Espinosa de los Monteros, en memoria del recordado fraile capuchino.Poco antes, cuando la Virgen pisaba ya la plaza de Capuchinos los músicos tocaron ‘Gloria Cisterciense’, la segunda marcha que José de la Vega compuso para la hermandad del Císter. Fue éste un sentido gesto del Redil Eucarístico al 50 aniversario de la fundación de la cofradía del Císter. ‘Refugio’ y ‘Pastora de Cantillana’ en las proximidades de la parroquia de San Miguel fueron otras obras del repertorio.En Ramírez de las Casas Deza fueron muchas las colgaduras y banderolas en granate, y las guirnaldas de flores blancas de papel que honraron a la Divina Pastora con frases como ‘Más que Tú solo Dios’, ‘Pastora, puerta del cielo’ y ‘Orgullo y tesoro de tu barrio’. Esta procesión fue todo color y alegría, cada año más, contemplando la serenidad de la Divina Pastora de Capuchinos que sostiene con firmeza el cayado, y muy cerca al Divino Pastorcillo.Entrañable fue una levantá del paso que guio David Arce dedicada los donantes de órganos, en presencia del director gerente del Hospital Reina Sofía, Francisco Triviño , que se produjo en la plaza de los Carrillos. Se detuvo también el paso en la calle Osario en la puerta del colegio que lleva su nombre.Júbilo y petalásMás adelante, en la calle Cruz Conde, la banda cesó de tocar temporalmente para que las personas con sensibilidad auditiva y del espectro del autismo disfrutasen en el llamado ‘tramo azul’. Es una iniciativa que ha ido a más en los últimos años entre las hermandades de penitencia y la Pastora de Capuchinos se sumó a ella esta jornada.Al júbilo que envolvió esta procesión pastoreña contribuyó mucho el nutrido grupo de niños ataviados de pastorcillos que fueron en cabeza, algunos con la pamela a la espalda, unos con zurrón o cestas, mientras repartieron estampas de su querida Virgen al mucho público que llenó las calles. Varias lluvias de pétalos desde el comienzo y las ofrendas musicales hicieron de la procesión una tranquila y bella pradera. Inmersos en otro de los grandes meses marianos del año, cada una de las procesiones de gloria que regala septiembre tiene un sello propio. La arrolladora presencia de la Divina Pastora de Capuchinos en su paso no dejó indiferente por la exuberancia en torno a su risco, un florecer que saltó también a las calles ricamente engalanadas para honrarla y al público que acudió.La devoción se abrió camino a media tarde en la plaza de Capuchinos como cada tercer sábado de septiembre y esta vez el verano se sintió más fuerte que en citas anteriores, con pocos tintes otoñales aún en el horizonte. Cinco años transcurrieron, y parece que fue ayer mismo, desde que esta imagen reabrió el ciclo de las procesiones en Córdoba tras la pandemia. Supuso la vuelta a la normalidad en las cofradías y todavía es justo recordarlo.Pero este sábado de 2026 era el rabioso presente de un curso recién iniciado, con mucha juventud en las calles el que bullía por cada esquina. La Divina Pastora de Capuchinos irrumpió poco después de la siete de la atarde ataviada con un vistoso manto azul pavo real, saya rosa y estrenando el fajín a la hebrea con terciopelos, damascos y brocados antiguos. Tocada con pamela y ricamente enjoyada, fue Reina en un paraíso de flores variadas de color fucsia y morado, entre las que resaltaron grandes rosas y paniculata. El frondoso árbol que cobijó a la Madre del Buen Pastor rememoró las sendas tranquilas a las que conducen Ella y su Hijo, entre pajarillos, un friso de flores fucsias en el paso y fragantes nardos. El recorrido de la procesión varió sustancialmente de lo que suele ser cada año su itinerario por causa de unas obras en un extenso tramo en la calle Conde de Torres Cabrera.Por eso el cortejo tuvo que buscar la plaza de los Carrillos pasando junto al Jardín de Fray Ricardo, en la plaza de las Doblas, un momento en el que la banda de música de María Santísima de la Esperanza interpretó la marcha ‘El Cielo de Capuchinos’, de Espinosa de los Monteros, en memoria del recordado fraile capuchino.Poco antes, cuando la Virgen pisaba ya la plaza de Capuchinos los músicos tocaron ‘Gloria Cisterciense’, la segunda marcha que José de la Vega compuso para la hermandad del Císter. Fue éste un sentido gesto del Redil Eucarístico al 50 aniversario de la fundación de la cofradía del Císter. ‘Refugio’ y ‘Pastora de Cantillana’ en las proximidades de la parroquia de San Miguel fueron otras obras del repertorio.En Ramírez de las Casas Deza fueron muchas las colgaduras y banderolas en granate, y las guirnaldas de flores blancas de papel que honraron a la Divina Pastora con frases como ‘Más que Tú solo Dios’, ‘Pastora, puerta del cielo’ y ‘Orgullo y tesoro de tu barrio’. Esta procesión fue todo color y alegría, cada año más, contemplando la serenidad de la Divina Pastora de Capuchinos que sostiene con firmeza el cayado, y muy cerca al Divino Pastorcillo.Entrañable fue una levantá del paso que guio David Arce dedicada los donantes de órganos, en presencia del director gerente del Hospital Reina Sofía, Francisco Triviño , que se produjo en la plaza de los Carrillos. Se detuvo también el paso en la calle Osario en la puerta del colegio que lleva su nombre.Júbilo y petalásMás adelante, en la calle Cruz Conde, la banda cesó de tocar temporalmente para que las personas con sensibilidad auditiva y del espectro del autismo disfrutasen en el llamado ‘tramo azul’. Es una iniciativa que ha ido a más en los últimos años entre las hermandades de penitencia y la Pastora de Capuchinos se sumó a ella esta jornada.Al júbilo que envolvió esta procesión pastoreña contribuyó mucho el nutrido grupo de niños ataviados de pastorcillos que fueron en cabeza, algunos con la pamela a la espalda, unos con zurrón o cestas, mientras repartieron estampas de su querida Virgen al mucho público que llenó las calles. Varias lluvias de pétalos desde el comienzo y las ofrendas musicales hicieron de la procesión una tranquila y bella pradera. RSS de noticias de espana/andalucia
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