Tras casi catorce años de felipismo, con un último periodo marcado por una corrupción indecente cuyo recuerdo se ha diluido con el paso del tiempo, y con la actual corrupción sanchista, José María Aznar llegó a la presidencia del Gobierno en 1996 con el propósito de regenerar la democracia, una agenda reformista y la voluntad de modernizar el centroderecha español. Esa nueva derecha que quería Aznar pasaba también por construir una nueva relación con la burguesía barcelonesa y el catalanismo conservador que resolviera el llamado «problema catalán».
El dirigente del PP sabe que, pensando en Moncloa, le es imprescindible tejer vías de diálogo y entendimiento con la sociedad civil catalana
Tras casi catorce años de felipismo, con un último periodo marcado por una corrupción indecente cuyo recuerdo se ha diluido con el paso del tiempo, y con la actual corrupción sanchista, José María Aznar llegó a la presidencia del Gobierno en 1996 con el propósito de regenerar la democracia, una agenda reformista y la voluntad de modernizar el centroderecha español. Esa nueva derecha que quería Aznar pasaba también por construir una nueva relación con la burguesía barcelonesa y el catalanismo conservador que resolviera el llamado «problema catalán».
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