La génesis de la candidatura del PSOE por Córdoba a las próximas elecciones andaluzas del 17 de mayo da el calibre exacto del estado de la cuestión en esas filas ahora mismo. Una secretaria general autopostulándose como número uno a dos pasos de la guillotina e intentando sobrevivir a la ciénaga madrileña. Una sigilosa aspirante a todo y culpable de nada, desbancada y defenestrada para los restos, tras su fiasco como alcaldesa de Córdoba. Una deuda pendiente pagada con sueldo parlamentario y algunas caras nuevas (y con otros objetivos) para testificar el nuevo (y viejo) momento María Jesús Montero en un extraño cambalache que no deja contento a nadie ni enfadados a todos. Susanistas, sanchistas de los primeros capítulos, neopedristas, ambrosianos, crespines, duranistas y oportunistas (o viceversa). «Fuenteovejuna, ¡todos a una!». Unidad contra el comendador y las encuestas con una alcaldesa ‘insurgente’ que viene a batirse el cobre con sus adversarios sin agua de La Colada , luz para las empresas del Guadiato ni autovía en la N-432 por culpa del gobierno que acaba de dejar… María Jesús Montero. Todo un oxímoron. O un recurso más propio de Lope de Vega. El PSOE llegó a serlo todo en la provincia de Córdoba. A lo ancho y en lo alto de todo organismo público que se terciara. Ahora vive la oscuridad de las catacumbas y el temor a que el saldo de esta cita electoral aún deje un maloliente reguero de chamusquina. De momento lega una presunta secretaria general deslegitimada y desautorizada y un grupo de ‘viejas glorias’ recomponiendo el posicionamiento tras fallar el tiro. O mucho confía Montero en una advenediza candidata a la que probablemente le cueste colocar a Palenciana o Albendín en el mapa de su circunscripción, o la exvicepresidenta amortiza de antemano las pocas flores que la Ley D’Hont podría darle el segundo domingo de Patios. En un año llegan las elecciones municipales -si no hay sorpresas de última hora- y los alcaldes ya leen a Lope de Vega. La génesis de la candidatura del PSOE por Córdoba a las próximas elecciones andaluzas del 17 de mayo da el calibre exacto del estado de la cuestión en esas filas ahora mismo. Una secretaria general autopostulándose como número uno a dos pasos de la guillotina e intentando sobrevivir a la ciénaga madrileña. Una sigilosa aspirante a todo y culpable de nada, desbancada y defenestrada para los restos, tras su fiasco como alcaldesa de Córdoba. Una deuda pendiente pagada con sueldo parlamentario y algunas caras nuevas (y con otros objetivos) para testificar el nuevo (y viejo) momento María Jesús Montero en un extraño cambalache que no deja contento a nadie ni enfadados a todos. Susanistas, sanchistas de los primeros capítulos, neopedristas, ambrosianos, crespines, duranistas y oportunistas (o viceversa). «Fuenteovejuna, ¡todos a una!». Unidad contra el comendador y las encuestas con una alcaldesa ‘insurgente’ que viene a batirse el cobre con sus adversarios sin agua de La Colada , luz para las empresas del Guadiato ni autovía en la N-432 por culpa del gobierno que acaba de dejar… María Jesús Montero. Todo un oxímoron. O un recurso más propio de Lope de Vega. El PSOE llegó a serlo todo en la provincia de Córdoba. A lo ancho y en lo alto de todo organismo público que se terciara. Ahora vive la oscuridad de las catacumbas y el temor a que el saldo de esta cita electoral aún deje un maloliente reguero de chamusquina. De momento lega una presunta secretaria general deslegitimada y desautorizada y un grupo de ‘viejas glorias’ recomponiendo el posicionamiento tras fallar el tiro. O mucho confía Montero en una advenediza candidata a la que probablemente le cueste colocar a Palenciana o Albendín en el mapa de su circunscripción, o la exvicepresidenta amortiza de antemano las pocas flores que la Ley D’Hont podría darle el segundo domingo de Patios. En un año llegan las elecciones municipales -si no hay sorpresas de última hora- y los alcaldes ya leen a Lope de Vega. La génesis de la candidatura del PSOE por Córdoba a las próximas elecciones andaluzas del 17 de mayo da el calibre exacto del estado de la cuestión en esas filas ahora mismo. Una secretaria general autopostulándose como número uno a dos pasos de la guillotina e intentando sobrevivir a la ciénaga madrileña. Una sigilosa aspirante a todo y culpable de nada, desbancada y defenestrada para los restos, tras su fiasco como alcaldesa de Córdoba. Una deuda pendiente pagada con sueldo parlamentario y algunas caras nuevas (y con otros objetivos) para testificar el nuevo (y viejo) momento María Jesús Montero en un extraño cambalache que no deja contento a nadie ni enfadados a todos. Susanistas, sanchistas de los primeros capítulos, neopedristas, ambrosianos, crespines, duranistas y oportunistas (o viceversa). «Fuenteovejuna, ¡todos a una!». Unidad contra el comendador y las encuestas con una alcaldesa ‘insurgente’ que viene a batirse el cobre con sus adversarios sin agua de La Colada , luz para las empresas del Guadiato ni autovía en la N-432 por culpa del gobierno que acaba de dejar… María Jesús Montero. Todo un oxímoron. O un recurso más propio de Lope de Vega. El PSOE llegó a serlo todo en la provincia de Córdoba. A lo ancho y en lo alto de todo organismo público que se terciara. Ahora vive la oscuridad de las catacumbas y el temor a que el saldo de esta cita electoral aún deje un maloliente reguero de chamusquina. De momento lega una presunta secretaria general deslegitimada y desautorizada y un grupo de ‘viejas glorias’ recomponiendo el posicionamiento tras fallar el tiro. O mucho confía Montero en una advenediza candidata a la que probablemente le cueste colocar a Palenciana o Albendín en el mapa de su circunscripción, o la exvicepresidenta amortiza de antemano las pocas flores que la Ley D’Hont podría darle el segundo domingo de Patios. En un año llegan las elecciones municipales -si no hay sorpresas de última hora- y los alcaldes ya leen a Lope de Vega. RSS de noticias de espana/andalucia
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