Un negocio que cierra, otro que abre, otro más que se traspasa y una hilera de locales vacíos casi en cada calle esperando su oportunidad. La realidad comercial de El Cañaveral, el primero de los nuevos desarrollos del este con una población que ronda ya los 25.000 habitantes, es tan compleja como lo fue en su día la de Las Tablas, Valdebebas o el Ensanche de Vallecas. Distintos PAU, pero la misma tormenta perfecta: un mapa urbanístico que dificulta la puesta en marcha de ejes comerciales, una actividad entre diario muy reducida, un elevado número de establecimientos en bruto y una acuciante falta de servicios públicos. «No hay más que ver como están las calles, esto es un barrio dormitorio», coinciden en el enclave.Para entender la situación de esta isla urbana, cercada por dos autopistas y atravesada por anchas avenidas, hay que remontarse a 2016, cuando hace ahora una década los primeros moradores comenzaron a llegar. Desde entonces, el vertiginoso crecimiento ha sido tan desigual que los supermercados, estancos o gimnasios no llegaron hasta años después de aquel desembarco. Aunque los primeros negocios vieron la oportunidad en una zona libre de competencia, no todos han logrado llevar a la práctica su objetivo. «El problema de abrir un comercio en un lugar en desarrollo son los costes, ya que tienes que alquilar o comprar el local en bruto y hacer la reforma completa», explica a ABC un joven emprendedor llegado al Cañaveral tres años atrás.De media, esta circunstancia supone un 30 por ciento más de inversión inicial, lo que ralentiza alcanzar resultados positivos. «Si a eso le sumas que no todos tienen una buena idea de negocio, es lógico que algunos acaben cerrando», añade, convencido de que lo primero que buscan los residentes es cubrir sus necesidades básicas. No es de extrañar, por tanto, que los principales portales inmobiliarios renueven su oferta de manera constante: ‘Traspaso de local de hostelería con licencia de bar restaurante’, ‘se traspasa cafetería-heladería totalmente reformada y lista para continuar la actividad, ubicada una de las zonas con mayor proyección y crecimiento de Madrid’ o ‘se traspasa local de eventos en funcionamiento en El Cañaveral’ son tres de los anuncios que se pueden encontrar en una simple búsqueda.Otro de los establecimientos que actualmente se traspasa José Ramón LadraAdemás del dinero desembolsado, la singularidad del trazado es otra de las controversias que juegan en contra de los comerciantes. «Aquí tienes que coger el coche para prácticamente cualquier cosa», resume una vecina, quien apunta a la amplitud de las calles, algunas de ellas con hasta cuatro carriles por sentido, como principal obstáculo para hacer vida de barrio. «Si vas a la carnicería, y luego para ir a por el pan tienes que andar 20 minutos, al final acabas cogiendo todo en el centro comercial», incide. La falta de un eje de compras, similar al que pueden encontrar en las calles de San Cipriano (Vicálvaro), Boltaña (Canillejas) o el barrio de Ciudad 70 (Coslada), por citar algunos de los puntos más cercanos, evidencian el déficit al que deben hacer frente cada día.De hecho, son los mismos comerciantes los que remarcan la imposibilidad de levantar hoy en día algo similar. «¿Tú has visto la gente que hay? Hasta bien entrada la tarde no ves a casi nadie por la calle», recalca la mayoría, conscientes de que son muchas las familias jóvenes que salen de casa por la mañana y no vuelven hasta el final del día; con el añadido, además, de que la población mayor es prácticamente nula. «A la hora de montar este tipo de negocios, se puede llegar a confundir la parte más estratégica y no pensar en la consolidación o madurez comercial de la zona donde vas a abrir. Podemos tener barrios con muchísimas viviendas, pero que no tengan ese hábito de consumo local porque todavía no se han desarrollado», señala el profesor especializado en conducta del consumidor de ESIC University, Paco Lorente.Respecto a los hábitos y horarios de los potenciales clientes, el experto pone el foco en la apertura de negocios con un modelo muy presencial. «No tienen en cuenta que buena parte de los vecinos de un PAU suelen comprar online o piden mucho ‘delivery’, por lo que es conveniente pensar en modelos híbridos», aclara, con la posibilidad de implementar repartos a domicilio o unas taquillas tipo ‘locker’ para facilitar la recogida de los pedidos. Llegados a este punto, la diferenciación resulta clave para la supervivencia de unos y el fracaso de otros: «No vale con abrir algo que esté bien o sea correcto en cuanto a precios, sino que hay que competir por otras variables, como crear comunidad y experiencia e ir poco a poco haciendo identidad de barrio. Esto último no va suponer beneficios a corto plazo, pero al final te puede dar más posibilidades de sobrevivir».Un restaurante venezolano abierto en 2025 José Ramón Ladra Auge de negocios venezolanos por la creciente llegada de compatriotas «Están abriendo restaurantes y tiendas de alimentación venezolanos porque últimamente están llegando muchas personas a vivir de ese país». La explicación, con mayor o menor literalidad, es siempre la misma al ser interpelado cualquier vecino o comerciante de El Cañaveral. El atractivo de este desarrollo, formado por urbanizaciones con buenas salidas a las autopistas y unos precios no tan desorbitados como en otros lugares similares, provoca que muchas familias latinoamericanas vuelquen su interés más allá de la M-45, con el consecuente cambio de tercio de algunos comercios. Sin embargo, no todo son buenas noticias: al calor de este crecimiento, también han desembarcado grupos delincuenciales como el famoso Tren de Aragua, cuyos cabecillas establecieron aquí su primera célula. Por suerte para todos, la Policía Nacional logró su desarticulación.Para más inri, El Cañaveral se ha convertido en uno de los escaparates favoritos de los ladrones , los cuales aprovechan la distancia física con la comisaría de Policía Nacional que atiende en su barrio (la de San Blas, ubicada a diez kilómetros), y la comisaría integral del distrito de Vicálvaro de la Policía Municipal (a cinco), para hacer de las suyas en tiendas y garajes. Ello ha llevado a algunas farmacias y al único estanco que sirve a todo el vecindario a tomar una medida de seguridad extrema: los clientes deben llamar al timbre y esperar en la calle a que les abran la puerta. En palabras de los residentes, la solución a este reguero de controversias pasa por la necesidad de implementar nuevos equipamientos, que doten al enclave de las condiciones adecuadas para impulsar la vida en sus calles. Nuevos vecinosMientras la centrifugadora de negocios sigue su curso, el alcalde José Luis Martínez-Almeida entregó esta semana las llaves a los beneficiarios de los 116 pisos en alquiler asequible, por lo que la Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo ya ha sorteado y adjudicado casi 900 viviendas en El Cañaveral. Los nuevos inquilinos, cuyos ingresos no deben superar el límite de 3,5 veces el IPREM (una pareja con dos hijos puede tener como máximo unos ingresos brutos anuales en torno a los 44.000 euros), pagarán una renta media de 590 euros mensuales.La EMVS construirá en total 1.212 casas de alquiler asequible, repartidas en trece promociones de viviendas. El 80 por ciento, más de 1.000, irán destinados a jóvenes y a familias con hijos menores. Además del certificado de eficiencia energética A, estas viviendas disponen de aerotermia, un sistema de climatización que mediante el intercambio de calor obtiene energía del aire para convertirla en calefacción, refrigeración o agua caliente sanitaria. Comodidades, todas, que en según qué establecimientos se pueden sacar de contexto. «Si pones un desayuno con una tostada y un café a 6 euros, igual te estás equivocando de zona», advierte un hostelero, en línea similar a lo que comentan sus clientes. «Hay gente que cree que por vivir en una urbanización con pista de pádel es clase alta, pero la realidad es que en El Cañaveral hay mucha vivienda protegida y las rentas no son nada exageradas. Aunque también es verdad que se están pagando hasta 700.000 euros por un chalé y eso puede llegar a confundir al personal», concluyen. Palabra de PAU. Un negocio que cierra, otro que abre, otro más que se traspasa y una hilera de locales vacíos casi en cada calle esperando su oportunidad. La realidad comercial de El Cañaveral, el primero de los nuevos desarrollos del este con una población que ronda ya los 25.000 habitantes, es tan compleja como lo fue en su día la de Las Tablas, Valdebebas o el Ensanche de Vallecas. Distintos PAU, pero la misma tormenta perfecta: un mapa urbanístico que dificulta la puesta en marcha de ejes comerciales, una actividad entre diario muy reducida, un elevado número de establecimientos en bruto y una acuciante falta de servicios públicos. «No hay más que ver como están las calles, esto es un barrio dormitorio», coinciden en el enclave.Para entender la situación de esta isla urbana, cercada por dos autopistas y atravesada por anchas avenidas, hay que remontarse a 2016, cuando hace ahora una década los primeros moradores comenzaron a llegar. Desde entonces, el vertiginoso crecimiento ha sido tan desigual que los supermercados, estancos o gimnasios no llegaron hasta años después de aquel desembarco. Aunque los primeros negocios vieron la oportunidad en una zona libre de competencia, no todos han logrado llevar a la práctica su objetivo. «El problema de abrir un comercio en un lugar en desarrollo son los costes, ya que tienes que alquilar o comprar el local en bruto y hacer la reforma completa», explica a ABC un joven emprendedor llegado al Cañaveral tres años atrás.De media, esta circunstancia supone un 30 por ciento más de inversión inicial, lo que ralentiza alcanzar resultados positivos. «Si a eso le sumas que no todos tienen una buena idea de negocio, es lógico que algunos acaben cerrando», añade, convencido de que lo primero que buscan los residentes es cubrir sus necesidades básicas. No es de extrañar, por tanto, que los principales portales inmobiliarios renueven su oferta de manera constante: ‘Traspaso de local de hostelería con licencia de bar restaurante’, ‘se traspasa cafetería-heladería totalmente reformada y lista para continuar la actividad, ubicada una de las zonas con mayor proyección y crecimiento de Madrid’ o ‘se traspasa local de eventos en funcionamiento en El Cañaveral’ son tres de los anuncios que se pueden encontrar en una simple búsqueda.Otro de los establecimientos que actualmente se traspasa José Ramón LadraAdemás del dinero desembolsado, la singularidad del trazado es otra de las controversias que juegan en contra de los comerciantes. «Aquí tienes que coger el coche para prácticamente cualquier cosa», resume una vecina, quien apunta a la amplitud de las calles, algunas de ellas con hasta cuatro carriles por sentido, como principal obstáculo para hacer vida de barrio. «Si vas a la carnicería, y luego para ir a por el pan tienes que andar 20 minutos, al final acabas cogiendo todo en el centro comercial», incide. La falta de un eje de compras, similar al que pueden encontrar en las calles de San Cipriano (Vicálvaro), Boltaña (Canillejas) o el barrio de Ciudad 70 (Coslada), por citar algunos de los puntos más cercanos, evidencian el déficit al que deben hacer frente cada día.De hecho, son los mismos comerciantes los que remarcan la imposibilidad de levantar hoy en día algo similar. «¿Tú has visto la gente que hay? Hasta bien entrada la tarde no ves a casi nadie por la calle», recalca la mayoría, conscientes de que son muchas las familias jóvenes que salen de casa por la mañana y no vuelven hasta el final del día; con el añadido, además, de que la población mayor es prácticamente nula. «A la hora de montar este tipo de negocios, se puede llegar a confundir la parte más estratégica y no pensar en la consolidación o madurez comercial de la zona donde vas a abrir. Podemos tener barrios con muchísimas viviendas, pero que no tengan ese hábito de consumo local porque todavía no se han desarrollado», señala el profesor especializado en conducta del consumidor de ESIC University, Paco Lorente.Respecto a los hábitos y horarios de los potenciales clientes, el experto pone el foco en la apertura de negocios con un modelo muy presencial. «No tienen en cuenta que buena parte de los vecinos de un PAU suelen comprar online o piden mucho ‘delivery’, por lo que es conveniente pensar en modelos híbridos», aclara, con la posibilidad de implementar repartos a domicilio o unas taquillas tipo ‘locker’ para facilitar la recogida de los pedidos. Llegados a este punto, la diferenciación resulta clave para la supervivencia de unos y el fracaso de otros: «No vale con abrir algo que esté bien o sea correcto en cuanto a precios, sino que hay que competir por otras variables, como crear comunidad y experiencia e ir poco a poco haciendo identidad de barrio. Esto último no va suponer beneficios a corto plazo, pero al final te puede dar más posibilidades de sobrevivir».Un restaurante venezolano abierto en 2025 José Ramón Ladra Auge de negocios venezolanos por la creciente llegada de compatriotas «Están abriendo restaurantes y tiendas de alimentación venezolanos porque últimamente están llegando muchas personas a vivir de ese país». La explicación, con mayor o menor literalidad, es siempre la misma al ser interpelado cualquier vecino o comerciante de El Cañaveral. El atractivo de este desarrollo, formado por urbanizaciones con buenas salidas a las autopistas y unos precios no tan desorbitados como en otros lugares similares, provoca que muchas familias latinoamericanas vuelquen su interés más allá de la M-45, con el consecuente cambio de tercio de algunos comercios. Sin embargo, no todo son buenas noticias: al calor de este crecimiento, también han desembarcado grupos delincuenciales como el famoso Tren de Aragua, cuyos cabecillas establecieron aquí su primera célula. Por suerte para todos, la Policía Nacional logró su desarticulación.Para más inri, El Cañaveral se ha convertido en uno de los escaparates favoritos de los ladrones , los cuales aprovechan la distancia física con la comisaría de Policía Nacional que atiende en su barrio (la de San Blas, ubicada a diez kilómetros), y la comisaría integral del distrito de Vicálvaro de la Policía Municipal (a cinco), para hacer de las suyas en tiendas y garajes. Ello ha llevado a algunas farmacias y al único estanco que sirve a todo el vecindario a tomar una medida de seguridad extrema: los clientes deben llamar al timbre y esperar en la calle a que les abran la puerta. En palabras de los residentes, la solución a este reguero de controversias pasa por la necesidad de implementar nuevos equipamientos, que doten al enclave de las condiciones adecuadas para impulsar la vida en sus calles. Nuevos vecinosMientras la centrifugadora de negocios sigue su curso, el alcalde José Luis Martínez-Almeida entregó esta semana las llaves a los beneficiarios de los 116 pisos en alquiler asequible, por lo que la Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo ya ha sorteado y adjudicado casi 900 viviendas en El Cañaveral. Los nuevos inquilinos, cuyos ingresos no deben superar el límite de 3,5 veces el IPREM (una pareja con dos hijos puede tener como máximo unos ingresos brutos anuales en torno a los 44.000 euros), pagarán una renta media de 590 euros mensuales.La EMVS construirá en total 1.212 casas de alquiler asequible, repartidas en trece promociones de viviendas. El 80 por ciento, más de 1.000, irán destinados a jóvenes y a familias con hijos menores. Además del certificado de eficiencia energética A, estas viviendas disponen de aerotermia, un sistema de climatización que mediante el intercambio de calor obtiene energía del aire para convertirla en calefacción, refrigeración o agua caliente sanitaria. Comodidades, todas, que en según qué establecimientos se pueden sacar de contexto. «Si pones un desayuno con una tostada y un café a 6 euros, igual te estás equivocando de zona», advierte un hostelero, en línea similar a lo que comentan sus clientes. «Hay gente que cree que por vivir en una urbanización con pista de pádel es clase alta, pero la realidad es que en El Cañaveral hay mucha vivienda protegida y las rentas no son nada exageradas. Aunque también es verdad que se están pagando hasta 700.000 euros por un chalé y eso puede llegar a confundir al personal», concluyen. Palabra de PAU. Un negocio que cierra, otro que abre, otro más que se traspasa y una hilera de locales vacíos casi en cada calle esperando su oportunidad. La realidad comercial de El Cañaveral, el primero de los nuevos desarrollos del este con una población que ronda ya los 25.000 habitantes, es tan compleja como lo fue en su día la de Las Tablas, Valdebebas o el Ensanche de Vallecas. Distintos PAU, pero la misma tormenta perfecta: un mapa urbanístico que dificulta la puesta en marcha de ejes comerciales, una actividad entre diario muy reducida, un elevado número de establecimientos en bruto y una acuciante falta de servicios públicos. «No hay más que ver como están las calles, esto es un barrio dormitorio», coinciden en el enclave.Para entender la situación de esta isla urbana, cercada por dos autopistas y atravesada por anchas avenidas, hay que remontarse a 2016, cuando hace ahora una década los primeros moradores comenzaron a llegar. Desde entonces, el vertiginoso crecimiento ha sido tan desigual que los supermercados, estancos o gimnasios no llegaron hasta años después de aquel desembarco. Aunque los primeros negocios vieron la oportunidad en una zona libre de competencia, no todos han logrado llevar a la práctica su objetivo. «El problema de abrir un comercio en un lugar en desarrollo son los costes, ya que tienes que alquilar o comprar el local en bruto y hacer la reforma completa», explica a ABC un joven emprendedor llegado al Cañaveral tres años atrás.De media, esta circunstancia supone un 30 por ciento más de inversión inicial, lo que ralentiza alcanzar resultados positivos. «Si a eso le sumas que no todos tienen una buena idea de negocio, es lógico que algunos acaben cerrando», añade, convencido de que lo primero que buscan los residentes es cubrir sus necesidades básicas. No es de extrañar, por tanto, que los principales portales inmobiliarios renueven su oferta de manera constante: ‘Traspaso de local de hostelería con licencia de bar restaurante’, ‘se traspasa cafetería-heladería totalmente reformada y lista para continuar la actividad, ubicada una de las zonas con mayor proyección y crecimiento de Madrid’ o ‘se traspasa local de eventos en funcionamiento en El Cañaveral’ son tres de los anuncios que se pueden encontrar en una simple búsqueda.Otro de los establecimientos que actualmente se traspasa José Ramón LadraAdemás del dinero desembolsado, la singularidad del trazado es otra de las controversias que juegan en contra de los comerciantes. «Aquí tienes que coger el coche para prácticamente cualquier cosa», resume una vecina, quien apunta a la amplitud de las calles, algunas de ellas con hasta cuatro carriles por sentido, como principal obstáculo para hacer vida de barrio. «Si vas a la carnicería, y luego para ir a por el pan tienes que andar 20 minutos, al final acabas cogiendo todo en el centro comercial», incide. La falta de un eje de compras, similar al que pueden encontrar en las calles de San Cipriano (Vicálvaro), Boltaña (Canillejas) o el barrio de Ciudad 70 (Coslada), por citar algunos de los puntos más cercanos, evidencian el déficit al que deben hacer frente cada día.De hecho, son los mismos comerciantes los que remarcan la imposibilidad de levantar hoy en día algo similar. «¿Tú has visto la gente que hay? Hasta bien entrada la tarde no ves a casi nadie por la calle», recalca la mayoría, conscientes de que son muchas las familias jóvenes que salen de casa por la mañana y no vuelven hasta el final del día; con el añadido, además, de que la población mayor es prácticamente nula. «A la hora de montar este tipo de negocios, se puede llegar a confundir la parte más estratégica y no pensar en la consolidación o madurez comercial de la zona donde vas a abrir. Podemos tener barrios con muchísimas viviendas, pero que no tengan ese hábito de consumo local porque todavía no se han desarrollado», señala el profesor especializado en conducta del consumidor de ESIC University, Paco Lorente.Respecto a los hábitos y horarios de los potenciales clientes, el experto pone el foco en la apertura de negocios con un modelo muy presencial. «No tienen en cuenta que buena parte de los vecinos de un PAU suelen comprar online o piden mucho ‘delivery’, por lo que es conveniente pensar en modelos híbridos», aclara, con la posibilidad de implementar repartos a domicilio o unas taquillas tipo ‘locker’ para facilitar la recogida de los pedidos. Llegados a este punto, la diferenciación resulta clave para la supervivencia de unos y el fracaso de otros: «No vale con abrir algo que esté bien o sea correcto en cuanto a precios, sino que hay que competir por otras variables, como crear comunidad y experiencia e ir poco a poco haciendo identidad de barrio. Esto último no va suponer beneficios a corto plazo, pero al final te puede dar más posibilidades de sobrevivir».Un restaurante venezolano abierto en 2025 José Ramón Ladra Auge de negocios venezolanos por la creciente llegada de compatriotas «Están abriendo restaurantes y tiendas de alimentación venezolanos porque últimamente están llegando muchas personas a vivir de ese país». La explicación, con mayor o menor literalidad, es siempre la misma al ser interpelado cualquier vecino o comerciante de El Cañaveral. El atractivo de este desarrollo, formado por urbanizaciones con buenas salidas a las autopistas y unos precios no tan desorbitados como en otros lugares similares, provoca que muchas familias latinoamericanas vuelquen su interés más allá de la M-45, con el consecuente cambio de tercio de algunos comercios. Sin embargo, no todo son buenas noticias: al calor de este crecimiento, también han desembarcado grupos delincuenciales como el famoso Tren de Aragua, cuyos cabecillas establecieron aquí su primera célula. Por suerte para todos, la Policía Nacional logró su desarticulación.Para más inri, El Cañaveral se ha convertido en uno de los escaparates favoritos de los ladrones , los cuales aprovechan la distancia física con la comisaría de Policía Nacional que atiende en su barrio (la de San Blas, ubicada a diez kilómetros), y la comisaría integral del distrito de Vicálvaro de la Policía Municipal (a cinco), para hacer de las suyas en tiendas y garajes. Ello ha llevado a algunas farmacias y al único estanco que sirve a todo el vecindario a tomar una medida de seguridad extrema: los clientes deben llamar al timbre y esperar en la calle a que les abran la puerta. En palabras de los residentes, la solución a este reguero de controversias pasa por la necesidad de implementar nuevos equipamientos, que doten al enclave de las condiciones adecuadas para impulsar la vida en sus calles. Nuevos vecinosMientras la centrifugadora de negocios sigue su curso, el alcalde José Luis Martínez-Almeida entregó esta semana las llaves a los beneficiarios de los 116 pisos en alquiler asequible, por lo que la Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo ya ha sorteado y adjudicado casi 900 viviendas en El Cañaveral. Los nuevos inquilinos, cuyos ingresos no deben superar el límite de 3,5 veces el IPREM (una pareja con dos hijos puede tener como máximo unos ingresos brutos anuales en torno a los 44.000 euros), pagarán una renta media de 590 euros mensuales.La EMVS construirá en total 1.212 casas de alquiler asequible, repartidas en trece promociones de viviendas. El 80 por ciento, más de 1.000, irán destinados a jóvenes y a familias con hijos menores. Además del certificado de eficiencia energética A, estas viviendas disponen de aerotermia, un sistema de climatización que mediante el intercambio de calor obtiene energía del aire para convertirla en calefacción, refrigeración o agua caliente sanitaria. Comodidades, todas, que en según qué establecimientos se pueden sacar de contexto. «Si pones un desayuno con una tostada y un café a 6 euros, igual te estás equivocando de zona», advierte un hostelero, en línea similar a lo que comentan sus clientes. «Hay gente que cree que por vivir en una urbanización con pista de pádel es clase alta, pero la realidad es que en El Cañaveral hay mucha vivienda protegida y las rentas no son nada exageradas. Aunque también es verdad que se están pagando hasta 700.000 euros por un chalé y eso puede llegar a confundir al personal», concluyen. Palabra de PAU. RSS de noticias de espana
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