Su nombre rima con decir, sentir, vivir y una interminable lista de verbos de la tercera conjugación. Pensándolo bien, quizá es una desventaja en el terreno de juego en el que se mueve, pues no son pocas las palabras con esta terminación. Seguir, sobrevivir, compartir, sonreír… y un largo -larguísimo- etcétera. Lo que no encaja tan bien con ese apodo que ya le identifica es el verbo rimar. Y, paradójicamente, de eso Gazir sabe un rato. También sabe de la carga que supone ser uno de los freestylers españoles más reconocidos del circuito. De la fama, del éxito y, por supuesto, de rap. Por saber, sabe hasta de Física, la carrera que estudia cuando el que habita en su interior es Gabriel Sánchez Poyal (Asturias, 2001) y no su alter ego. Ahora, es más bien el rapero quien lleva las riendas, con la gorra del revés y una sonrisa amable que no casa con esa actitud desafiante que se espera de un improvisador profesional -aunque aún no haya cumplido ni los 25 años-. «Antes me costaba gestionar un poco las cosas que me pasaban. Ahora tengo mucha madurez como competidor pero también como persona», comienza el asturiano.
El asturiano se pone a prueba en ‘Gazir Contra Todos’, el evento de improvisación de 200 batallas seguidas y 250 rivales que tendrá lugar el próximo sábado en su ciudad natal
Su nombre rima con decir, sentir, vivir y una interminable lista de verbos de la tercera conjugación. Pensándolo bien, quizá es una desventaja en el terreno de juego en el que se mueve, pues no son pocas las palabras con esta terminación. Seguir, sobrevivir, compartir, sonreír… y un largo -larguísimo- etcétera. Lo que no encaja tan bien con ese apodo que ya le identifica es el verbo rimar. Y, paradójicamente, de eso Gazir sabe un rato. También sabe de la carga que supone ser uno de los freestylers españoles más reconocidos del circuito. De la fama, del éxito y, por supuesto, de rap. Por saber, sabe hasta de Física, la carrera que estudia cuando el que habita en su interior es Gabriel Sánchez Poyal (Asturias, 2001) y no su alter ego. Ahora, es más bien el rapero quien lleva las riendas, con la gorra del revés y una sonrisa amable que no casa con esa actitud desafiante que se espera de un improvisador profesional -aunque aún no haya cumplido ni los 25 años-. «Antes me costaba gestionar un poco las cosas que me pasaban. Ahora tengo mucha madurez como competidor pero también como persona», comienza el asturiano.
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