«Cada mes rechazo al menos una oferta de trabajo», afirma José Marín, estudiante de segundo año de Ingeniería Geomática. El viernes terminó su último examen del curso y, apenas 48 horas después, ya está camino a León para trabajar en julio en una obra en la ciudad castellana. En agosto, lo hará en el puerto de Barcelona. «Desde el verano de primero de carrera ya tuve trabajo, me encontraron por Linkedin, y estuve en una obra como topógrafo durante dos meses», relata el joven. «Luego he estado el resto del curso dándome de alta y de baja de autónomo y haciendo cosillas para ganarme mi dinero. Trabajo hay muchísimo», subraya. El caso de este futuro ingeniero no es una excepción en su ámbito. A cierre de 2025, sólo había dos personas registradas en el paro buscando su primer empleo con esta titulación, según datos del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE). Asimismo, a los cuatro años de salir de la facultad, la tasa de afiliación a la Seguridad Social de los topógrafos roza el 91%, según los últimos datos del Ministerio de Universidades.«Se puede decir que hay pleno empleo», señala Natalia Garrido, subdirectora de Relaciones Exteriores y Empleo de la ETSI Geodésica, Cartográfica y Topográfica de la Universitat Politècnica de València. «Muchas empresas se ponen en contacto con nosotros porque no hay suficientes profesionales en el mercado y tenemos alumnado realizando prácticas ya en segundo».Así lo confirma, Julián Núñez, presidente de SEOPAN, Asociación de Empresas Constructoras y Concesionarias de Infraestructuras: «Son perfiles con una creciente demanda, especialmente en grandes obras lineales y proyectos complejos».De hecho, según fuentes del sector la falta de mano de obra supone retrasos en las ejecuciones. «Cuando faltan ingenieros en geomática o topógrafos cualificados, la obra puede sufrir retrasos, mayores costes y más riesgo de errores», afirman desde el Colegio Oficial de Ingeniería Geomática y Topográfica (COIGT). «Un replanteo incorrecto, una cota mal determinada o una falta de control geométrico puede generar modificaciones, conflictos entre agentes, problemas de certificación o incluso tener impacto en la seguridad y en la calidad final de la infraestructura».Precisamente fue la importancia de este perfil profesional la que llevó a José a decantarse por estudiar este grado. Había empezado Ingeniería Agroalimentaria, una carrera que abandonó en segundo, pero mientras hacía prácticas en el sector surgió su momento de epifanía con la geomática. «Yo veía que todos los arquitectos, ingenieros y toda esta gente que yo veía medio importante, llegaban y hasta que el topógrafo no se presentaba, allí no se movía nadie. Yo pensaba: ‘Joé, el topógrafo ese tiene que ser un tío súper importante, yo quiero ser como este», recuerda.Caída de graduadosLa dificultad para cubrir la demanda de este tipo de profesionales se debe en gran parte a la caída en el número de egresados en una década. Así, si en el curso 2012/13 más de un millar de estudiantes colgaron de su pared el título de licenciado en Geomática Topografía, una década después, apenas lo hicieron 69, según datos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. No obstante, desde el COIGT señalan que el dato se debe tomar con cierta «cautela» ya que el periodo de mayor número de graduados coincide con procesos de adaptación al Grado con el Plan Bolonia, aún así admiten que se ha producido una importante reducción en el número de egresados respecto a etapas anteriores. «Hay más necesidad de ingenieros en geomática que titulados disponibles», subrayan.«Se trata de una titulación que estuvo fuertemente vinculada al sector de la construcción y, con la crisis inmobiliaria de 2009, se produjo una fuerte reducción del número de estudiantes», reconoce la subdirectora de Relaciones Exteriores y Empleo de la UPV, Natalia Garrido. «Hoy las posibilidades son muchas y se ha reducido la dependencia de la construcción, pero es cierto que ahora mismo la demanda es tal que una buena parte del alumnado acaba en este sector, incluso antes de terminar por completo los estudios». «Estamos hablando continuamente de la escasez de profesionales en el sector», señalan a ABC desde la Confederación Nacional de la Construcción (CNC). «Lo que hay que destacar además es que hay mucha escasez de buenos profesionales. Ahí tenemos que pensar mucho, es decir, el trabajo de un topógrafo consiste en ir al campo, no en estar sentado en una mesa dibujando», subrayan. A esta exigencia física, reconocen desde la CNC, se suma «el no estar suficientemente considerados» y el «intrusismo laboral». «En la realidad de las obras, el encargado -que puede ser un aparejador o que puede ser algo como algún ingeniero-, se dedican a replantear ellos mismos. Es decir, no precisan o creen no precisar un topógrafo hasta que se comete el error», señalan y reconocen que esa práctica al final suele salir cara: «[Los topógrafos] tienen más trabajos de ir a comprobar replanteos mal hechos que realmente los que les encarguen».¿Por qué hay menos estudiantes?Una de las causas que desde las universidades atribuyen a la caída de vocaciones es algo tan anecdótico como el cambio de nombre que sufrió el grado con su reconversión al plan Bolonia, entre los cursos 2009 y 2010, las facultades españolas extinguieron la clásica Ingeniería Técnica en Topografía para dar a luz al Grado en Ingeniería Geomática. «Después de hablar con algunas personas, mi conclusión es que al pasar a Bolonia, cambiaron el énfasis de topografía a geomática, y eso ha despistado al alumnado», señala Saturnino Martínez, exdirector de la Agencia Canaria de Calidad Universitaria y Evaluación Educativa. «Pensaron que pasando de tres a cuatro años y cambiando el nombre a «ciencia» les daría más prestigio. Lo que consiguieron fue que nadie los conozca. Y es un problema serio». «Probablemente [el cambio de nombre] sí influyó, aunque no fue la causa principal ni la única», admiten desde el COIGT. «El término ‘geomática’ sigue siendo menos conocido fuera del sector. El problema fue que esa evolución no se comunicó suficientemente bien a la sociedad». De ello da buena cuenta la anécdota que comparte José cuando les comunicó a sus padres que retomaba sus estudios universitarios. «Se pusieron muy contentos, aunque me dijeron: -¿Pero qué es eso exactamente?», relata en tono jocoso. «Como tenía el ‘ingeniero’ de lado estaban más tranquilos, pero no tenían ni idea de lo que era».De aquellos barros estos lodosMás allá del cambio de nomenclatura, lo cierto es que los años de la crisis posteriores a la burbuja inmobiliaria supusieron un gran varapalo para todas las aulas dependientes de la construcción. De la caída de vocaciones de ese momento todavía sufrimos hoy las consecuencias. «Lo que está ocurriendo con la topografía es, en realidad, el reflejo de un problema que afecta a buena parte de las ingenierías vinculadas a las infraestructuras y la edificación», señala Leonardo Benatov, director general de Euroconsult Nuevas Tecnologías. Esta desertificación de las escuelas técnicas se hace evidente al analizar la evolución de los títulos vecinos. Los grados de Ingeniería Civil y de Arquitectura Técnica han sufrido un destino paralelo. Así en el último curso apenas se graduaron 496 aparejadores frente a los más de 12.000 que lo hicieron en 2011. Por su parte, 732 ingenieros civiles consiguieron su título en 2024, un número escaso si se tiene en cuenta los más de cinco mil que lo hicieron una década antes.«Son carreras exigentes, que requieren un importante esfuerzo personal, pero que han perdido uno de sus principales atractivos, como es la expectativa de una buena retribución una vez adquirida cierta experiencia profesional», apunta Benatov. «El sector de la ingeniería lleva años sufriendo una combinación de falta de inversión, una enorme presión sobre los precios y una política de licitaciones basada, en muchos casos, en la oferta económica más baja. Esa presión termina trasladándose a los salarios», asegura. «Resulta difícil convencer a los jóvenes de que apuesten por este tipo de estudios cuando el retorno profesional ya no es el que era».No obstante, pese a esa caída, según la responsable de empleo de la UPV, «un recién titulado en topografía cobra alrededor de 30.000 € brutos». El dato coincide con el del COIGT, que apunta a 31.845 euros a los cuatro años de graduarse.«El sueldo más bajo que me han ofrecido eran unos 1.500 al mes», relata José Marín, «eso sí, con dietas y coche, pero no lo acepté». El último escollo: la dificultad Pese a que en el caso de la geomática las universidades están empezando a ser capaces de captar nuevos estudiantes, -en el curso pasado se alcanzó el máximo de matriculaciones en este área en una década-, lo cierto es que la dificultad del grado así como el ir conociendo las condiciones en las que se desarrollará el trabajo deja a muchos estudiantes en la cuneta.«El año pasado éramos unos 60 o 70 en clase, pero este año habíamos bajado a la mitad, yo creo que no llegábamos ni a los 30. En tercero seremos menos y en cuarto menos… Es un grado que tiene bastante matemática», reconoce el estudiante. Un filtro académico que se acentúa, como aseguran desde la CNC, cuando los alumnos descubren las inclemencias del oficio en el terreno. «A la gente le cuesta llegar a la construcción porque no apetecen esos trabajos que se ejecutan al aire libre. Imagínate: -Oye, vete a replantear a 50 kilómetros de tu casa, ahora en verano con el calorazo que está cayendo, ponte varias horas al aire libre-, nadie quiere ya hacer eso». MÁS INFORMACIÓN noticia Si «Mamá, voy a hacer FP»: La rebelión que necesita la economía española noticia No Grados con más alumnos en la privada que en la pública noticia No Nueve de cada diez jóvenes creen que se independizarán de sus padres antes de los 30Como concluye el director general de Euroconsult, Leonardo Benatov, «es una situación preocupante porque la ingeniería ha sido uno de los grandes motores del desarrollo económico y social de España», asegura, «necesitamos recuperar el prestigio de estas profesiones y volver a hacer que los ingenieros españoles sean también profetas en su tierra, por supuesto también los topógrafos». «Cada mes rechazo al menos una oferta de trabajo», afirma José Marín, estudiante de segundo año de Ingeniería Geomática. El viernes terminó su último examen del curso y, apenas 48 horas después, ya está camino a León para trabajar en julio en una obra en la ciudad castellana. En agosto, lo hará en el puerto de Barcelona. «Desde el verano de primero de carrera ya tuve trabajo, me encontraron por Linkedin, y estuve en una obra como topógrafo durante dos meses», relata el joven. «Luego he estado el resto del curso dándome de alta y de baja de autónomo y haciendo cosillas para ganarme mi dinero. Trabajo hay muchísimo», subraya. El caso de este futuro ingeniero no es una excepción en su ámbito. A cierre de 2025, sólo había dos personas registradas en el paro buscando su primer empleo con esta titulación, según datos del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE). Asimismo, a los cuatro años de salir de la facultad, la tasa de afiliación a la Seguridad Social de los topógrafos roza el 91%, según los últimos datos del Ministerio de Universidades.«Se puede decir que hay pleno empleo», señala Natalia Garrido, subdirectora de Relaciones Exteriores y Empleo de la ETSI Geodésica, Cartográfica y Topográfica de la Universitat Politècnica de València. «Muchas empresas se ponen en contacto con nosotros porque no hay suficientes profesionales en el mercado y tenemos alumnado realizando prácticas ya en segundo».Así lo confirma, Julián Núñez, presidente de SEOPAN, Asociación de Empresas Constructoras y Concesionarias de Infraestructuras: «Son perfiles con una creciente demanda, especialmente en grandes obras lineales y proyectos complejos».De hecho, según fuentes del sector la falta de mano de obra supone retrasos en las ejecuciones. «Cuando faltan ingenieros en geomática o topógrafos cualificados, la obra puede sufrir retrasos, mayores costes y más riesgo de errores», afirman desde el Colegio Oficial de Ingeniería Geomática y Topográfica (COIGT). «Un replanteo incorrecto, una cota mal determinada o una falta de control geométrico puede generar modificaciones, conflictos entre agentes, problemas de certificación o incluso tener impacto en la seguridad y en la calidad final de la infraestructura».Precisamente fue la importancia de este perfil profesional la que llevó a José a decantarse por estudiar este grado. Había empezado Ingeniería Agroalimentaria, una carrera que abandonó en segundo, pero mientras hacía prácticas en el sector surgió su momento de epifanía con la geomática. «Yo veía que todos los arquitectos, ingenieros y toda esta gente que yo veía medio importante, llegaban y hasta que el topógrafo no se presentaba, allí no se movía nadie. Yo pensaba: ‘Joé, el topógrafo ese tiene que ser un tío súper importante, yo quiero ser como este», recuerda.Caída de graduadosLa dificultad para cubrir la demanda de este tipo de profesionales se debe en gran parte a la caída en el número de egresados en una década. Así, si en el curso 2012/13 más de un millar de estudiantes colgaron de su pared el título de licenciado en Geomática Topografía, una década después, apenas lo hicieron 69, según datos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. No obstante, desde el COIGT señalan que el dato se debe tomar con cierta «cautela» ya que el periodo de mayor número de graduados coincide con procesos de adaptación al Grado con el Plan Bolonia, aún así admiten que se ha producido una importante reducción en el número de egresados respecto a etapas anteriores. «Hay más necesidad de ingenieros en geomática que titulados disponibles», subrayan.«Se trata de una titulación que estuvo fuertemente vinculada al sector de la construcción y, con la crisis inmobiliaria de 2009, se produjo una fuerte reducción del número de estudiantes», reconoce la subdirectora de Relaciones Exteriores y Empleo de la UPV, Natalia Garrido. «Hoy las posibilidades son muchas y se ha reducido la dependencia de la construcción, pero es cierto que ahora mismo la demanda es tal que una buena parte del alumnado acaba en este sector, incluso antes de terminar por completo los estudios». «Estamos hablando continuamente de la escasez de profesionales en el sector», señalan a ABC desde la Confederación Nacional de la Construcción (CNC). «Lo que hay que destacar además es que hay mucha escasez de buenos profesionales. Ahí tenemos que pensar mucho, es decir, el trabajo de un topógrafo consiste en ir al campo, no en estar sentado en una mesa dibujando», subrayan. A esta exigencia física, reconocen desde la CNC, se suma «el no estar suficientemente considerados» y el «intrusismo laboral». «En la realidad de las obras, el encargado -que puede ser un aparejador o que puede ser algo como algún ingeniero-, se dedican a replantear ellos mismos. Es decir, no precisan o creen no precisar un topógrafo hasta que se comete el error», señalan y reconocen que esa práctica al final suele salir cara: «[Los topógrafos] tienen más trabajos de ir a comprobar replanteos mal hechos que realmente los que les encarguen».¿Por qué hay menos estudiantes?Una de las causas que desde las universidades atribuyen a la caída de vocaciones es algo tan anecdótico como el cambio de nombre que sufrió el grado con su reconversión al plan Bolonia, entre los cursos 2009 y 2010, las facultades españolas extinguieron la clásica Ingeniería Técnica en Topografía para dar a luz al Grado en Ingeniería Geomática. «Después de hablar con algunas personas, mi conclusión es que al pasar a Bolonia, cambiaron el énfasis de topografía a geomática, y eso ha despistado al alumnado», señala Saturnino Martínez, exdirector de la Agencia Canaria de Calidad Universitaria y Evaluación Educativa. «Pensaron que pasando de tres a cuatro años y cambiando el nombre a «ciencia» les daría más prestigio. Lo que consiguieron fue que nadie los conozca. Y es un problema serio». «Probablemente [el cambio de nombre] sí influyó, aunque no fue la causa principal ni la única», admiten desde el COIGT. «El término ‘geomática’ sigue siendo menos conocido fuera del sector. El problema fue que esa evolución no se comunicó suficientemente bien a la sociedad». De ello da buena cuenta la anécdota que comparte José cuando les comunicó a sus padres que retomaba sus estudios universitarios. «Se pusieron muy contentos, aunque me dijeron: -¿Pero qué es eso exactamente?», relata en tono jocoso. «Como tenía el ‘ingeniero’ de lado estaban más tranquilos, pero no tenían ni idea de lo que era».De aquellos barros estos lodosMás allá del cambio de nomenclatura, lo cierto es que los años de la crisis posteriores a la burbuja inmobiliaria supusieron un gran varapalo para todas las aulas dependientes de la construcción. De la caída de vocaciones de ese momento todavía sufrimos hoy las consecuencias. «Lo que está ocurriendo con la topografía es, en realidad, el reflejo de un problema que afecta a buena parte de las ingenierías vinculadas a las infraestructuras y la edificación», señala Leonardo Benatov, director general de Euroconsult Nuevas Tecnologías. Esta desertificación de las escuelas técnicas se hace evidente al analizar la evolución de los títulos vecinos. Los grados de Ingeniería Civil y de Arquitectura Técnica han sufrido un destino paralelo. Así en el último curso apenas se graduaron 496 aparejadores frente a los más de 12.000 que lo hicieron en 2011. Por su parte, 732 ingenieros civiles consiguieron su título en 2024, un número escaso si se tiene en cuenta los más de cinco mil que lo hicieron una década antes.«Son carreras exigentes, que requieren un importante esfuerzo personal, pero que han perdido uno de sus principales atractivos, como es la expectativa de una buena retribución una vez adquirida cierta experiencia profesional», apunta Benatov. «El sector de la ingeniería lleva años sufriendo una combinación de falta de inversión, una enorme presión sobre los precios y una política de licitaciones basada, en muchos casos, en la oferta económica más baja. Esa presión termina trasladándose a los salarios», asegura. «Resulta difícil convencer a los jóvenes de que apuesten por este tipo de estudios cuando el retorno profesional ya no es el que era».No obstante, pese a esa caída, según la responsable de empleo de la UPV, «un recién titulado en topografía cobra alrededor de 30.000 € brutos». El dato coincide con el del COIGT, que apunta a 31.845 euros a los cuatro años de graduarse.«El sueldo más bajo que me han ofrecido eran unos 1.500 al mes», relata José Marín, «eso sí, con dietas y coche, pero no lo acepté». El último escollo: la dificultad Pese a que en el caso de la geomática las universidades están empezando a ser capaces de captar nuevos estudiantes, -en el curso pasado se alcanzó el máximo de matriculaciones en este área en una década-, lo cierto es que la dificultad del grado así como el ir conociendo las condiciones en las que se desarrollará el trabajo deja a muchos estudiantes en la cuneta.«El año pasado éramos unos 60 o 70 en clase, pero este año habíamos bajado a la mitad, yo creo que no llegábamos ni a los 30. En tercero seremos menos y en cuarto menos… Es un grado que tiene bastante matemática», reconoce el estudiante. Un filtro académico que se acentúa, como aseguran desde la CNC, cuando los alumnos descubren las inclemencias del oficio en el terreno. «A la gente le cuesta llegar a la construcción porque no apetecen esos trabajos que se ejecutan al aire libre. Imagínate: -Oye, vete a replantear a 50 kilómetros de tu casa, ahora en verano con el calorazo que está cayendo, ponte varias horas al aire libre-, nadie quiere ya hacer eso». MÁS INFORMACIÓN noticia Si «Mamá, voy a hacer FP»: La rebelión que necesita la economía española noticia No Grados con más alumnos en la privada que en la pública noticia No Nueve de cada diez jóvenes creen que se independizarán de sus padres antes de los 30Como concluye el director general de Euroconsult, Leonardo Benatov, «es una situación preocupante porque la ingeniería ha sido uno de los grandes motores del desarrollo económico y social de España», asegura, «necesitamos recuperar el prestigio de estas profesiones y volver a hacer que los ingenieros españoles sean también profetas en su tierra, por supuesto también los topógrafos». «Cada mes rechazo al menos una oferta de trabajo», afirma José Marín, estudiante de segundo año de Ingeniería Geomática. El viernes terminó su último examen del curso y, apenas 48 horas después, ya está camino a León para trabajar en julio en una obra en la ciudad castellana. En agosto, lo hará en el puerto de Barcelona. «Desde el verano de primero de carrera ya tuve trabajo, me encontraron por Linkedin, y estuve en una obra como topógrafo durante dos meses», relata el joven. «Luego he estado el resto del curso dándome de alta y de baja de autónomo y haciendo cosillas para ganarme mi dinero. Trabajo hay muchísimo», subraya. El caso de este futuro ingeniero no es una excepción en su ámbito. A cierre de 2025, sólo había dos personas registradas en el paro buscando su primer empleo con esta titulación, según datos del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE). Asimismo, a los cuatro años de salir de la facultad, la tasa de afiliación a la Seguridad Social de los topógrafos roza el 91%, según los últimos datos del Ministerio de Universidades.«Se puede decir que hay pleno empleo», señala Natalia Garrido, subdirectora de Relaciones Exteriores y Empleo de la ETSI Geodésica, Cartográfica y Topográfica de la Universitat Politècnica de València. «Muchas empresas se ponen en contacto con nosotros porque no hay suficientes profesionales en el mercado y tenemos alumnado realizando prácticas ya en segundo».Así lo confirma, Julián Núñez, presidente de SEOPAN, Asociación de Empresas Constructoras y Concesionarias de Infraestructuras: «Son perfiles con una creciente demanda, especialmente en grandes obras lineales y proyectos complejos».De hecho, según fuentes del sector la falta de mano de obra supone retrasos en las ejecuciones. «Cuando faltan ingenieros en geomática o topógrafos cualificados, la obra puede sufrir retrasos, mayores costes y más riesgo de errores», afirman desde el Colegio Oficial de Ingeniería Geomática y Topográfica (COIGT). «Un replanteo incorrecto, una cota mal determinada o una falta de control geométrico puede generar modificaciones, conflictos entre agentes, problemas de certificación o incluso tener impacto en la seguridad y en la calidad final de la infraestructura».Precisamente fue la importancia de este perfil profesional la que llevó a José a decantarse por estudiar este grado. Había empezado Ingeniería Agroalimentaria, una carrera que abandonó en segundo, pero mientras hacía prácticas en el sector surgió su momento de epifanía con la geomática. «Yo veía que todos los arquitectos, ingenieros y toda esta gente que yo veía medio importante, llegaban y hasta que el topógrafo no se presentaba, allí no se movía nadie. Yo pensaba: ‘Joé, el topógrafo ese tiene que ser un tío súper importante, yo quiero ser como este», recuerda.Caída de graduadosLa dificultad para cubrir la demanda de este tipo de profesionales se debe en gran parte a la caída en el número de egresados en una década. Así, si en el curso 2012/13 más de un millar de estudiantes colgaron de su pared el título de licenciado en Geomática Topografía, una década después, apenas lo hicieron 69, según datos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. No obstante, desde el COIGT señalan que el dato se debe tomar con cierta «cautela» ya que el periodo de mayor número de graduados coincide con procesos de adaptación al Grado con el Plan Bolonia, aún así admiten que se ha producido una importante reducción en el número de egresados respecto a etapas anteriores. «Hay más necesidad de ingenieros en geomática que titulados disponibles», subrayan.«Se trata de una titulación que estuvo fuertemente vinculada al sector de la construcción y, con la crisis inmobiliaria de 2009, se produjo una fuerte reducción del número de estudiantes», reconoce la subdirectora de Relaciones Exteriores y Empleo de la UPV, Natalia Garrido. «Hoy las posibilidades son muchas y se ha reducido la dependencia de la construcción, pero es cierto que ahora mismo la demanda es tal que una buena parte del alumnado acaba en este sector, incluso antes de terminar por completo los estudios». «Estamos hablando continuamente de la escasez de profesionales en el sector», señalan a ABC desde la Confederación Nacional de la Construcción (CNC). «Lo que hay que destacar además es que hay mucha escasez de buenos profesionales. Ahí tenemos que pensar mucho, es decir, el trabajo de un topógrafo consiste en ir al campo, no en estar sentado en una mesa dibujando», subrayan. A esta exigencia física, reconocen desde la CNC, se suma «el no estar suficientemente considerados» y el «intrusismo laboral». «En la realidad de las obras, el encargado -que puede ser un aparejador o que puede ser algo como algún ingeniero-, se dedican a replantear ellos mismos. Es decir, no precisan o creen no precisar un topógrafo hasta que se comete el error», señalan y reconocen que esa práctica al final suele salir cara: «[Los topógrafos] tienen más trabajos de ir a comprobar replanteos mal hechos que realmente los que les encarguen».¿Por qué hay menos estudiantes?Una de las causas que desde las universidades atribuyen a la caída de vocaciones es algo tan anecdótico como el cambio de nombre que sufrió el grado con su reconversión al plan Bolonia, entre los cursos 2009 y 2010, las facultades españolas extinguieron la clásica Ingeniería Técnica en Topografía para dar a luz al Grado en Ingeniería Geomática. «Después de hablar con algunas personas, mi conclusión es que al pasar a Bolonia, cambiaron el énfasis de topografía a geomática, y eso ha despistado al alumnado», señala Saturnino Martínez, exdirector de la Agencia Canaria de Calidad Universitaria y Evaluación Educativa. «Pensaron que pasando de tres a cuatro años y cambiando el nombre a «ciencia» les daría más prestigio. Lo que consiguieron fue que nadie los conozca. Y es un problema serio». «Probablemente [el cambio de nombre] sí influyó, aunque no fue la causa principal ni la única», admiten desde el COIGT. «El término ‘geomática’ sigue siendo menos conocido fuera del sector. El problema fue que esa evolución no se comunicó suficientemente bien a la sociedad». De ello da buena cuenta la anécdota que comparte José cuando les comunicó a sus padres que retomaba sus estudios universitarios. «Se pusieron muy contentos, aunque me dijeron: -¿Pero qué es eso exactamente?», relata en tono jocoso. «Como tenía el ‘ingeniero’ de lado estaban más tranquilos, pero no tenían ni idea de lo que era».De aquellos barros estos lodosMás allá del cambio de nomenclatura, lo cierto es que los años de la crisis posteriores a la burbuja inmobiliaria supusieron un gran varapalo para todas las aulas dependientes de la construcción. De la caída de vocaciones de ese momento todavía sufrimos hoy las consecuencias. «Lo que está ocurriendo con la topografía es, en realidad, el reflejo de un problema que afecta a buena parte de las ingenierías vinculadas a las infraestructuras y la edificación», señala Leonardo Benatov, director general de Euroconsult Nuevas Tecnologías. Esta desertificación de las escuelas técnicas se hace evidente al analizar la evolución de los títulos vecinos. Los grados de Ingeniería Civil y de Arquitectura Técnica han sufrido un destino paralelo. Así en el último curso apenas se graduaron 496 aparejadores frente a los más de 12.000 que lo hicieron en 2011. Por su parte, 732 ingenieros civiles consiguieron su título en 2024, un número escaso si se tiene en cuenta los más de cinco mil que lo hicieron una década antes.«Son carreras exigentes, que requieren un importante esfuerzo personal, pero que han perdido uno de sus principales atractivos, como es la expectativa de una buena retribución una vez adquirida cierta experiencia profesional», apunta Benatov. «El sector de la ingeniería lleva años sufriendo una combinación de falta de inversión, una enorme presión sobre los precios y una política de licitaciones basada, en muchos casos, en la oferta económica más baja. Esa presión termina trasladándose a los salarios», asegura. «Resulta difícil convencer a los jóvenes de que apuesten por este tipo de estudios cuando el retorno profesional ya no es el que era».No obstante, pese a esa caída, según la responsable de empleo de la UPV, «un recién titulado en topografía cobra alrededor de 30.000 € brutos». El dato coincide con el del COIGT, que apunta a 31.845 euros a los cuatro años de graduarse.«El sueldo más bajo que me han ofrecido eran unos 1.500 al mes», relata José Marín, «eso sí, con dietas y coche, pero no lo acepté». El último escollo: la dificultad Pese a que en el caso de la geomática las universidades están empezando a ser capaces de captar nuevos estudiantes, -en el curso pasado se alcanzó el máximo de matriculaciones en este área en una década-, lo cierto es que la dificultad del grado así como el ir conociendo las condiciones en las que se desarrollará el trabajo deja a muchos estudiantes en la cuneta.«El año pasado éramos unos 60 o 70 en clase, pero este año habíamos bajado a la mitad, yo creo que no llegábamos ni a los 30. En tercero seremos menos y en cuarto menos… Es un grado que tiene bastante matemática», reconoce el estudiante. Un filtro académico que se acentúa, como aseguran desde la CNC, cuando los alumnos descubren las inclemencias del oficio en el terreno. «A la gente le cuesta llegar a la construcción porque no apetecen esos trabajos que se ejecutan al aire libre. Imagínate: -Oye, vete a replantear a 50 kilómetros de tu casa, ahora en verano con el calorazo que está cayendo, ponte varias horas al aire libre-, nadie quiere ya hacer eso». MÁS INFORMACIÓN noticia Si «Mamá, voy a hacer FP»: La rebelión que necesita la economía española noticia No Grados con más alumnos en la privada que en la pública noticia No Nueve de cada diez jóvenes creen que se independizarán de sus padres antes de los 30Como concluye el director general de Euroconsult, Leonardo Benatov, «es una situación preocupante porque la ingeniería ha sido uno de los grandes motores del desarrollo económico y social de España», asegura, «necesitamos recuperar el prestigio de estas profesiones y volver a hacer que los ingenieros españoles sean también profetas en su tierra, por supuesto también los topógrafos». RSS de noticias de sociedad
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