En el día de las letras gallegas, le tocaba a la afición del Atlético y al Metropolitano entregarse a la morriña, ‘á saudade’, pues nunca más verían corretear por su verde césped a un jugador único, genio absoluto, un tal Antoine Griezmann, que llegó y se fue del recinto entre lágrimas. El francés, máximo goleador de la historia del equipo con 212 dianas y con los 35 años ya cumplidos, aseguró el pasado marzo que, al finalizar la actual temporada, cruzaría el Atlántico para unirse al Orlando City estadounidense en busca de un alegre retiro. Y, tras meses de esquivar la realidad, toda la parroquia rojiblanca fue obligada a bajarse en una triste parada y decir adiós a un ídolo como no hay dos en la historia del club. No hubo exhibición de trofeos ni celebración por los éxitos conseguidos, cruel el fútbol con Griezmann incluso en sus últimos pasos como colchonero al ser privado recientemente de la Copa del Rey y de la Champions League . Dos tropiezos que dejan su palmarés con el Atlético en una Supercopa de España (2014), una Europa League (2018) y una Supercopa de Europa (2018). Sin embargo, el número siete vivió una tarde que nunca olvidará. Para empezar y de manera excepcional, el nombre de Simeone no fue el más coreado mientras la megafonía recitaba los onces iniciales. Ya iniciado el partido ante el Girona y con el brazalete de capitán anclado a su brazo, el de Macon respondió ante los aplausos y ovaciones de la grada desplegando una última vez su irrepetible fútbol, neurotransmisor inagotable, autor de bellas y peligrosas pinceladas pese a que sus compañeros parecían haber entrado al campo con una marcha menos. Atlético de Madrid: 1 Oblak; Pubill, Le Normand, Hancko, Ruggeri; Giuliano (Almada, m.46), Koke, Obed Vargas (Morcillo, m.61), Baena (Sorloth, m.61); Griezmann, Lookman (Lenglet, m.64). Girona: 0 Gazzaniga, Arnau Martínez (David López, m.77), Francés, Vitor Reis, Álex Moreno; Witsel (Fran Beltrán, m.56), Ounahi, Iván Martín; Bryan Gil (Stuani, m.56), Joel Roca (Echeverri, m.63); Tsygankov. Goles: 1-0: Lookman, m.21; El árbitro: Muñiz Ruiz. Amonestó Le Normand y Morcillo. Griezmann hacía de todo y casi todo bien, y suya fue la asistencia para el primer tanto de los locales, un fino pase de la muerte empujado a placer por Lookman . El nigeriano parece sentir una afinidad especial con el galo, ambos hablan el mismo idioma futbolístico, y es una pena que su diálogo solo haya durado cuatro meses. En cualquier caso, la conjugación de los dos delanteros no daba para mucho más y era el Girona, acosado por el descenso, el que más ocasiones acumulaba, héroe mayúsculo Oblak ante sus acometidas. Ya en la segunda parte, el entusiasmo por el francés no decaía, apelotonada la afición en los córneres cuando al hombre del momento le tocaba patear desde la esquina. Griezmann parecía tener cierta ansiedad, levantaba la mano de manera cíclica cuando los suyos alcanzaban zonas de peligro, empeñado en anotar un gol para ornamentar más aún su histórica despedida. Sus deseos casi se cumplen después de que Almada, ligeramente pitado a su salida, le cediese un buen pase dentro del área, pero su remate, algo forzado, denegó una celebración para el recuerdo. Pubill, Ruggeri y compañía no desistieron, lo buscaron con insistencia, pero la conexión ganadora nunca llegó y el atacante, cuando Muñiz Ruiz decretó el final del choque, se derrumbó. Abrazado por todos sus compañeros y con el himno atlético como banda sonora, se inició el ritual, era el momento de despedirse. Con unas pancartas gigantes con su nombre serigrafiado de fondo, todos sus compañeros crearon un largo pasillo para el ‘goleador de leyenda’, eslogan del homenaje. Así, del túnel de vestuarios emergió el protagonista que, en medio de esa marejada de emociones y homenajes (estuvieron presentes leyendas como Fernando Torres o Godín), sacó fuerzas para, después de fundirse en un maravilloso abrazo con Simeone y reunirse con su esposa e hijas, agarrar el micrófono una última vez tras una década defendiendo los colores colchoneros. «Primero, gracias por quedaros, esto es una pasada. Segundo, os pido perdón otra vez (por irse al Barcelona en 2019). No me di cuenta del cariño que tenía aquí, era muy joven, pero recapacité de mi error (…). No pude traer una Liga o una Champions, pero me llevo un cariño increíble. Gracias a los compañeros, utilleros, fisios, cuerpo técnico y sobre todo al que cambió todo en este club, Diego Pablo Simeone. Gracias a ti fui campeón del mundo (…). En definitiva, te amo (Atlético)». En el día de las letras gallegas, le tocaba a la afición del Atlético y al Metropolitano entregarse a la morriña, ‘á saudade’, pues nunca más verían corretear por su verde césped a un jugador único, genio absoluto, un tal Antoine Griezmann, que llegó y se fue del recinto entre lágrimas. El francés, máximo goleador de la historia del equipo con 212 dianas y con los 35 años ya cumplidos, aseguró el pasado marzo que, al finalizar la actual temporada, cruzaría el Atlántico para unirse al Orlando City estadounidense en busca de un alegre retiro. Y, tras meses de esquivar la realidad, toda la parroquia rojiblanca fue obligada a bajarse en una triste parada y decir adiós a un ídolo como no hay dos en la historia del club. No hubo exhibición de trofeos ni celebración por los éxitos conseguidos, cruel el fútbol con Griezmann incluso en sus últimos pasos como colchonero al ser privado recientemente de la Copa del Rey y de la Champions League . Dos tropiezos que dejan su palmarés con el Atlético en una Supercopa de España (2014), una Europa League (2018) y una Supercopa de Europa (2018). Sin embargo, el número siete vivió una tarde que nunca olvidará. Para empezar y de manera excepcional, el nombre de Simeone no fue el más coreado mientras la megafonía recitaba los onces iniciales. Ya iniciado el partido ante el Girona y con el brazalete de capitán anclado a su brazo, el de Macon respondió ante los aplausos y ovaciones de la grada desplegando una última vez su irrepetible fútbol, neurotransmisor inagotable, autor de bellas y peligrosas pinceladas pese a que sus compañeros parecían haber entrado al campo con una marcha menos. Atlético de Madrid: 1 Oblak; Pubill, Le Normand, Hancko, Ruggeri; Giuliano (Almada, m.46), Koke, Obed Vargas (Morcillo, m.61), Baena (Sorloth, m.61); Griezmann, Lookman (Lenglet, m.64). Girona: 0 Gazzaniga, Arnau Martínez (David López, m.77), Francés, Vitor Reis, Álex Moreno; Witsel (Fran Beltrán, m.56), Ounahi, Iván Martín; Bryan Gil (Stuani, m.56), Joel Roca (Echeverri, m.63); Tsygankov. Goles: 1-0: Lookman, m.21; El árbitro: Muñiz Ruiz. Amonestó Le Normand y Morcillo. Griezmann hacía de todo y casi todo bien, y suya fue la asistencia para el primer tanto de los locales, un fino pase de la muerte empujado a placer por Lookman . El nigeriano parece sentir una afinidad especial con el galo, ambos hablan el mismo idioma futbolístico, y es una pena que su diálogo solo haya durado cuatro meses. En cualquier caso, la conjugación de los dos delanteros no daba para mucho más y era el Girona, acosado por el descenso, el que más ocasiones acumulaba, héroe mayúsculo Oblak ante sus acometidas. Ya en la segunda parte, el entusiasmo por el francés no decaía, apelotonada la afición en los córneres cuando al hombre del momento le tocaba patear desde la esquina. Griezmann parecía tener cierta ansiedad, levantaba la mano de manera cíclica cuando los suyos alcanzaban zonas de peligro, empeñado en anotar un gol para ornamentar más aún su histórica despedida. Sus deseos casi se cumplen después de que Almada, ligeramente pitado a su salida, le cediese un buen pase dentro del área, pero su remate, algo forzado, denegó una celebración para el recuerdo. Pubill, Ruggeri y compañía no desistieron, lo buscaron con insistencia, pero la conexión ganadora nunca llegó y el atacante, cuando Muñiz Ruiz decretó el final del choque, se derrumbó. Abrazado por todos sus compañeros y con el himno atlético como banda sonora, se inició el ritual, era el momento de despedirse. Con unas pancartas gigantes con su nombre serigrafiado de fondo, todos sus compañeros crearon un largo pasillo para el ‘goleador de leyenda’, eslogan del homenaje. Así, del túnel de vestuarios emergió el protagonista que, en medio de esa marejada de emociones y homenajes (estuvieron presentes leyendas como Fernando Torres o Godín), sacó fuerzas para, después de fundirse en un maravilloso abrazo con Simeone y reunirse con su esposa e hijas, agarrar el micrófono una última vez tras una década defendiendo los colores colchoneros. «Primero, gracias por quedaros, esto es una pasada. Segundo, os pido perdón otra vez (por irse al Barcelona en 2019). No me di cuenta del cariño que tenía aquí, era muy joven, pero recapacité de mi error (…). No pude traer una Liga o una Champions, pero me llevo un cariño increíble. Gracias a los compañeros, utilleros, fisios, cuerpo técnico y sobre todo al que cambió todo en este club, Diego Pablo Simeone. Gracias a ti fui campeón del mundo (…). En definitiva, te amo (Atlético)». En el día de las letras gallegas, le tocaba a la afición del Atlético y al Metropolitano entregarse a la morriña, ‘á saudade’, pues nunca más verían corretear por su verde césped a un jugador único, genio absoluto, un tal Antoine Griezmann, que llegó y se fue del recinto entre lágrimas. El francés, máximo goleador de la historia del equipo con 212 dianas y con los 35 años ya cumplidos, aseguró el pasado marzo que, al finalizar la actual temporada, cruzaría el Atlántico para unirse al Orlando City estadounidense en busca de un alegre retiro. Y, tras meses de esquivar la realidad, toda la parroquia rojiblanca fue obligada a bajarse en una triste parada y decir adiós a un ídolo como no hay dos en la historia del club. No hubo exhibición de trofeos ni celebración por los éxitos conseguidos, cruel el fútbol con Griezmann incluso en sus últimos pasos como colchonero al ser privado recientemente de la Copa del Rey y de la Champions League . Dos tropiezos que dejan su palmarés con el Atlético en una Supercopa de España (2014), una Europa League (2018) y una Supercopa de Europa (2018). Sin embargo, el número siete vivió una tarde que nunca olvidará. Para empezar y de manera excepcional, el nombre de Simeone no fue el más coreado mientras la megafonía recitaba los onces iniciales. Ya iniciado el partido ante el Girona y con el brazalete de capitán anclado a su brazo, el de Macon respondió ante los aplausos y ovaciones de la grada desplegando una última vez su irrepetible fútbol, neurotransmisor inagotable, autor de bellas y peligrosas pinceladas pese a que sus compañeros parecían haber entrado al campo con una marcha menos. Atlético de Madrid: 1 Oblak; Pubill, Le Normand, Hancko, Ruggeri; Giuliano (Almada, m.46), Koke, Obed Vargas (Morcillo, m.61), Baena (Sorloth, m.61); Griezmann, Lookman (Lenglet, m.64). Girona: 0 Gazzaniga, Arnau Martínez (David López, m.77), Francés, Vitor Reis, Álex Moreno; Witsel (Fran Beltrán, m.56), Ounahi, Iván Martín; Bryan Gil (Stuani, m.56), Joel Roca (Echeverri, m.63); Tsygankov. Goles: 1-0: Lookman, m.21; El árbitro: Muñiz Ruiz. Amonestó Le Normand y Morcillo. Griezmann hacía de todo y casi todo bien, y suya fue la asistencia para el primer tanto de los locales, un fino pase de la muerte empujado a placer por Lookman . El nigeriano parece sentir una afinidad especial con el galo, ambos hablan el mismo idioma futbolístico, y es una pena que su diálogo solo haya durado cuatro meses. En cualquier caso, la conjugación de los dos delanteros no daba para mucho más y era el Girona, acosado por el descenso, el que más ocasiones acumulaba, héroe mayúsculo Oblak ante sus acometidas. Ya en la segunda parte, el entusiasmo por el francés no decaía, apelotonada la afición en los córneres cuando al hombre del momento le tocaba patear desde la esquina. Griezmann parecía tener cierta ansiedad, levantaba la mano de manera cíclica cuando los suyos alcanzaban zonas de peligro, empeñado en anotar un gol para ornamentar más aún su histórica despedida. Sus deseos casi se cumplen después de que Almada, ligeramente pitado a su salida, le cediese un buen pase dentro del área, pero su remate, algo forzado, denegó una celebración para el recuerdo. Pubill, Ruggeri y compañía no desistieron, lo buscaron con insistencia, pero la conexión ganadora nunca llegó y el atacante, cuando Muñiz Ruiz decretó el final del choque, se derrumbó. Abrazado por todos sus compañeros y con el himno atlético como banda sonora, se inició el ritual, era el momento de despedirse. Con unas pancartas gigantes con su nombre serigrafiado de fondo, todos sus compañeros crearon un largo pasillo para el ‘goleador de leyenda’, eslogan del homenaje. Así, del túnel de vestuarios emergió el protagonista que, en medio de esa marejada de emociones y homenajes (estuvieron presentes leyendas como Fernando Torres o Godín), sacó fuerzas para, después de fundirse en un maravilloso abrazo con Simeone y reunirse con su esposa e hijas, agarrar el micrófono una última vez tras una década defendiendo los colores colchoneros. «Primero, gracias por quedaros, esto es una pasada. Segundo, os pido perdón otra vez (por irse al Barcelona en 2019). No me di cuenta del cariño que tenía aquí, era muy joven, pero recapacité de mi error (…). No pude traer una Liga o una Champions, pero me llevo un cariño increíble. Gracias a los compañeros, utilleros, fisios, cuerpo técnico y sobre todo al que cambió todo en este club, Diego Pablo Simeone. Gracias a ti fui campeón del mundo (…). En definitiva, te amo (Atlético)». RSS de noticias de deportes
Noticias Similares
