Hacienda empieza a recibir señales de que su decidida política de subir impuestos para acortar la brecha de presión fiscal que separaba a España de los principales países de la Unión Europea ya no solo le resulta molesta a las empresas o «a los que más tienen» sino que empieza a erosionar la conciencia fiscal de un grupo cada vez más amplio de ciudadanos.Los primeros datos que arrojan los sondeos a contribuyentes que maneja el Ministerio revelan un creciente deterioro sobre la percepción social de retorno de los impuestos que se pagan, que es singularmente preocupante en los segmentos más jóvenes de población, por debajo de los 45 años.Según la información proporcionada en uno de los repositorios del Instituto de Estudios Fiscales (IEF), escuela de formación y centro de inteligencia vinculado al Ministerio de Hacienda, esa percepción de equilibrio fiscal entre lo que se aporta y lo que se recibe no ha dejado de empeorar después de la pandemia en los segmentos de población de 18 a 24 años, de 25 a 34 y de 34 a 44; y no ha mejorado en los de 45 a 54 y de 55 a 64. Sólo los ciudadanos mayores de 65 años, entre los que predominan los jubilados con su correspondiente pensión pública, tienen la sensación de que lo que aportan en impuestos se les devuelve en prestación de servicios.Noticia relacionada No No Los ingresos fiscales se disparan un 34% en tres años tras no adaptar el IRPF a la inflación Xavier VilaltellaUna tendencia que se ha agudizado desde la pandemia y que apunta a la existencia de un flanco fiscal en el incipiente conflicto entre generaciones que de un tiempo a esta parte se observa en la sociedad española. El problema tiene raíces profundas, como demostró el último barómetro publicado del Instituto de Estudios Fiscales correspondiente a 2024 que reveló que el 30% de los menores de 40 años aseguran que vivirían mejor sin impuestos.«Los más jóvenes perciben los servicios públicos como lejanos, saturados e inadecuados para sus necesidades» Nuria Badenes Investigadora del IEF«Las personas de más edad son los grandes beneficiarios del gasto público, tanto por la vía de las pensiones como por el gasto sanitario», explica Nuria Badenes, investigadora del Instituto de Estudios Fiscales y experta en cuestiones de redistribución fiscal y desigualdad. «Los más jóvenes se ven a sí mismos como contribuyentes, pero perciben a los servicios públicos como lejanos, saturados e inadecuados a sus necesidades , sobre todo en lo relativo al empleo y la vivienda, puede que eso explique por qué cada vez se sienten más perdedores en el saldo fiscal», señala.30% Es el porcentaje de españoles menores de 40 años que asegura que viviría mejor sin impuestosJosé Ignacio Conde-Ruiz, investigador de Fedea, apunta en una dirección similar. «La financiación de los costes asociados al envejecimiento, con las pensiones y el gasto sanitario, hace más difícil financiar otras políticas por el simple hecho de que hay menos gente aportando y más recibiendo servicios; y esto irá a peor si no se mejora la productividad», afirma.«Los costes asociados al envejecimiento hacen más difícil que haya recursos para otros servicios públicos» José Ignacio Conde-Ruiz Investigador de FedeaConde-Ruiz entiende que la escasez de recursos disponibles alimenta una cierta rivalidad entre generaciones por los servicios públicos y que éstos, además, tratan de cubrir las necesidades de un mundo que ya no existe. «Los jóvenes se benefician menos del efecto de los servicios públicos y a ello se une que el envejecimiento está desbordando el actual modelo de estado de bienestar, que tendría que ser reformado», asegura.Pagar para no recibirLos expertos consultados coinciden en la existencia de una base sociológica que justifica esa discrepancia en la percepción entre lo que se aporta y lo que se recibe. Los mayores de 65 años han llegado a una fase de su vida en que han dejado de aportar a la caja común y pasan a ser beneficiarios netos del estado del bienestar, en tanto que el resto de segmentos de edad son contribuyentes netos que pagan sus impuestos como asalariados, consumidores o actores económicos pero hacen un uso moderado de los servicios públicos, lo que puede genera cierta percepción de desequilibrio en esa etapa vital .Esa realidad irrefutable explica el punto de partida, pero no la evolución. ¿Por qué se ha deteriorado tanto la percepción de equilibrio entre lo que se aporta y lo que se recibe de la pandemia hacia acá, especialmente entre los más jóvenes? Pablo Grande, subdirector en la Dirección General de Tributos y autor del post en el que se revelan estos datos de percepción ciudadana aporta una explicación. «Ese deterioro se aprecia en relación a la situación individual, no al alcance general de los servicios públicos. La gente sí percibe que los servicios públicos funcionan y que la sociedad se beneficia de ellos, pero consideran que ellos no se benefician ». Rubén Gimeno, secretario técnico del Registro de Asesores Fiscales, aventura otra explicación. «En los últimos años los asalariados han visto como las subidas que han tenido no han sido suficientes para mantener su poder adquisitivo por el efecto de la inflación, pero también por el maltrato que han tenido en el IRPF y el incremento de las cotizaciones sociales. Si a ello se une los problemas que se encuentran los jóvenes para acceder una vivienda, la saturación de los servicios sanitarios y el deterioro que se percibe en algunos servicios públicos, como el transporte, se entiende que el descontento haya aumentado».«Hemos visto con las subidas salariales no han sido suficientes para preservar el poder adquisitivo» Rubén Gimeno Secretario técnico del REAFHace unos meses, en una jornada sobre la situación de los jóvenes organizada por Fedea y el Consejo de Economistas, Raquel Jurado, también del Reaf, aportaba algunos datos que arrojan luz sobre las causas del descontento de los jóvenes. Para empezar tienen unos ingresos notablemente inferiores a la media, un 43% inferiores en el caso de los que están entre los 20 y los 24 años, pero es que ademán soportan una carga fiscal relativa considerable. Según datos de Eurostat, los menores de 35 años son el segmento que tiene que dedicar una mayor parte de su sueldo al pago de IVA y según la OCDE para un trabajador sin hijos la carga fiscal total sobre el empleo supera el 40%. «Esta situación genera una percepción creciente de desequilibrio intergeneracional , ya que los jóvenes asumen un esfuerzo fiscal elevado sin apenas medidas compensatorias», remachaba la directora técnica de Reaf.Gregorio Izquierdo, director general del Instituto de Estudios Económicos (IEE), atribuye la creciente frustración del núcleo duro de los nuevos contribuyentes, lo que tienen menos de 45 años que suponen el 37% de los declarantes del IRPF y explican cerca de una tercera parte de la recaudación por este impuesto, al explosivo mix conformado por una política de subidas de impuestos que se ha focalizado, además, en las rentas salariales, vía progresividad en frío del IRPF e incremento de las cuotas sociales, y una política de gasto público que ha desatendido las necesidades más acuciantes del colectivo, que no ha arbitrado medidas de apoyo a la creación de una familia, no ha garantizado el derecho de acceso a la vivienda, no ha evitado la saturación de los servicios sanitarios ni el mantenimiento de la red de infraestructuras de transporte, es decir, de los servicios públicos que esos segmentos de edad utilizan.«Ha habido muchas subidas de impuestos que se han focalizado, además, en las rentas salariales» Gregorio Izquierdo Director general del IEELa problemática que aflora en los sondeos que Hacienda ha realizado a los contribuyentes se ha convertido ya en una cuestión central de la conversación pública y la prueba es que el principal partido de la oposición y principal aspirante a gobernar en la próxima legislatura según las encuestas, el PP, lo ha convertido en bandera. Los populares ya han puesto en el punto de mira de sus ataques al Gobierno una política fiscal que, según los datos que manejan, ha contribuido a que el salario mediano en España haya perdido un 4% de poder adquisitivo, entre inflación e impuestos, y que el 80% de los trabajadores ganen menos de 30.000 euros. Hacienda empieza a recibir señales de que su decidida política de subir impuestos para acortar la brecha de presión fiscal que separaba a España de los principales países de la Unión Europea ya no solo le resulta molesta a las empresas o «a los que más tienen» sino que empieza a erosionar la conciencia fiscal de un grupo cada vez más amplio de ciudadanos.Los primeros datos que arrojan los sondeos a contribuyentes que maneja el Ministerio revelan un creciente deterioro sobre la percepción social de retorno de los impuestos que se pagan, que es singularmente preocupante en los segmentos más jóvenes de población, por debajo de los 45 años.Según la información proporcionada en uno de los repositorios del Instituto de Estudios Fiscales (IEF), escuela de formación y centro de inteligencia vinculado al Ministerio de Hacienda, esa percepción de equilibrio fiscal entre lo que se aporta y lo que se recibe no ha dejado de empeorar después de la pandemia en los segmentos de población de 18 a 24 años, de 25 a 34 y de 34 a 44; y no ha mejorado en los de 45 a 54 y de 55 a 64. Sólo los ciudadanos mayores de 65 años, entre los que predominan los jubilados con su correspondiente pensión pública, tienen la sensación de que lo que aportan en impuestos se les devuelve en prestación de servicios.Noticia relacionada No No Los ingresos fiscales se disparan un 34% en tres años tras no adaptar el IRPF a la inflación Xavier VilaltellaUna tendencia que se ha agudizado desde la pandemia y que apunta a la existencia de un flanco fiscal en el incipiente conflicto entre generaciones que de un tiempo a esta parte se observa en la sociedad española. El problema tiene raíces profundas, como demostró el último barómetro publicado del Instituto de Estudios Fiscales correspondiente a 2024 que reveló que el 30% de los menores de 40 años aseguran que vivirían mejor sin impuestos.«Los más jóvenes perciben los servicios públicos como lejanos, saturados e inadecuados para sus necesidades» Nuria Badenes Investigadora del IEF«Las personas de más edad son los grandes beneficiarios del gasto público, tanto por la vía de las pensiones como por el gasto sanitario», explica Nuria Badenes, investigadora del Instituto de Estudios Fiscales y experta en cuestiones de redistribución fiscal y desigualdad. «Los más jóvenes se ven a sí mismos como contribuyentes, pero perciben a los servicios públicos como lejanos, saturados e inadecuados a sus necesidades , sobre todo en lo relativo al empleo y la vivienda, puede que eso explique por qué cada vez se sienten más perdedores en el saldo fiscal», señala.30% Es el porcentaje de españoles menores de 40 años que asegura que viviría mejor sin impuestosJosé Ignacio Conde-Ruiz, investigador de Fedea, apunta en una dirección similar. «La financiación de los costes asociados al envejecimiento, con las pensiones y el gasto sanitario, hace más difícil financiar otras políticas por el simple hecho de que hay menos gente aportando y más recibiendo servicios; y esto irá a peor si no se mejora la productividad», afirma.«Los costes asociados al envejecimiento hacen más difícil que haya recursos para otros servicios públicos» José Ignacio Conde-Ruiz Investigador de FedeaConde-Ruiz entiende que la escasez de recursos disponibles alimenta una cierta rivalidad entre generaciones por los servicios públicos y que éstos, además, tratan de cubrir las necesidades de un mundo que ya no existe. «Los jóvenes se benefician menos del efecto de los servicios públicos y a ello se une que el envejecimiento está desbordando el actual modelo de estado de bienestar, que tendría que ser reformado», asegura.Pagar para no recibirLos expertos consultados coinciden en la existencia de una base sociológica que justifica esa discrepancia en la percepción entre lo que se aporta y lo que se recibe. Los mayores de 65 años han llegado a una fase de su vida en que han dejado de aportar a la caja común y pasan a ser beneficiarios netos del estado del bienestar, en tanto que el resto de segmentos de edad son contribuyentes netos que pagan sus impuestos como asalariados, consumidores o actores económicos pero hacen un uso moderado de los servicios públicos, lo que puede genera cierta percepción de desequilibrio en esa etapa vital .Esa realidad irrefutable explica el punto de partida, pero no la evolución. ¿Por qué se ha deteriorado tanto la percepción de equilibrio entre lo que se aporta y lo que se recibe de la pandemia hacia acá, especialmente entre los más jóvenes? Pablo Grande, subdirector en la Dirección General de Tributos y autor del post en el que se revelan estos datos de percepción ciudadana aporta una explicación. «Ese deterioro se aprecia en relación a la situación individual, no al alcance general de los servicios públicos. La gente sí percibe que los servicios públicos funcionan y que la sociedad se beneficia de ellos, pero consideran que ellos no se benefician ». Rubén Gimeno, secretario técnico del Registro de Asesores Fiscales, aventura otra explicación. «En los últimos años los asalariados han visto como las subidas que han tenido no han sido suficientes para mantener su poder adquisitivo por el efecto de la inflación, pero también por el maltrato que han tenido en el IRPF y el incremento de las cotizaciones sociales. Si a ello se une los problemas que se encuentran los jóvenes para acceder una vivienda, la saturación de los servicios sanitarios y el deterioro que se percibe en algunos servicios públicos, como el transporte, se entiende que el descontento haya aumentado».«Hemos visto con las subidas salariales no han sido suficientes para preservar el poder adquisitivo» Rubén Gimeno Secretario técnico del REAFHace unos meses, en una jornada sobre la situación de los jóvenes organizada por Fedea y el Consejo de Economistas, Raquel Jurado, también del Reaf, aportaba algunos datos que arrojan luz sobre las causas del descontento de los jóvenes. Para empezar tienen unos ingresos notablemente inferiores a la media, un 43% inferiores en el caso de los que están entre los 20 y los 24 años, pero es que ademán soportan una carga fiscal relativa considerable. Según datos de Eurostat, los menores de 35 años son el segmento que tiene que dedicar una mayor parte de su sueldo al pago de IVA y según la OCDE para un trabajador sin hijos la carga fiscal total sobre el empleo supera el 40%. «Esta situación genera una percepción creciente de desequilibrio intergeneracional , ya que los jóvenes asumen un esfuerzo fiscal elevado sin apenas medidas compensatorias», remachaba la directora técnica de Reaf.Gregorio Izquierdo, director general del Instituto de Estudios Económicos (IEE), atribuye la creciente frustración del núcleo duro de los nuevos contribuyentes, lo que tienen menos de 45 años que suponen el 37% de los declarantes del IRPF y explican cerca de una tercera parte de la recaudación por este impuesto, al explosivo mix conformado por una política de subidas de impuestos que se ha focalizado, además, en las rentas salariales, vía progresividad en frío del IRPF e incremento de las cuotas sociales, y una política de gasto público que ha desatendido las necesidades más acuciantes del colectivo, que no ha arbitrado medidas de apoyo a la creación de una familia, no ha garantizado el derecho de acceso a la vivienda, no ha evitado la saturación de los servicios sanitarios ni el mantenimiento de la red de infraestructuras de transporte, es decir, de los servicios públicos que esos segmentos de edad utilizan.«Ha habido muchas subidas de impuestos que se han focalizado, además, en las rentas salariales» Gregorio Izquierdo Director general del IEELa problemática que aflora en los sondeos que Hacienda ha realizado a los contribuyentes se ha convertido ya en una cuestión central de la conversación pública y la prueba es que el principal partido de la oposición y principal aspirante a gobernar en la próxima legislatura según las encuestas, el PP, lo ha convertido en bandera. Los populares ya han puesto en el punto de mira de sus ataques al Gobierno una política fiscal que, según los datos que manejan, ha contribuido a que el salario mediano en España haya perdido un 4% de poder adquisitivo, entre inflación e impuestos, y que el 80% de los trabajadores ganen menos de 30.000 euros. Hacienda empieza a recibir señales de que su decidida política de subir impuestos para acortar la brecha de presión fiscal que separaba a España de los principales países de la Unión Europea ya no solo le resulta molesta a las empresas o «a los que más tienen» sino que empieza a erosionar la conciencia fiscal de un grupo cada vez más amplio de ciudadanos.Los primeros datos que arrojan los sondeos a contribuyentes que maneja el Ministerio revelan un creciente deterioro sobre la percepción social de retorno de los impuestos que se pagan, que es singularmente preocupante en los segmentos más jóvenes de población, por debajo de los 45 años.Según la información proporcionada en uno de los repositorios del Instituto de Estudios Fiscales (IEF), escuela de formación y centro de inteligencia vinculado al Ministerio de Hacienda, esa percepción de equilibrio fiscal entre lo que se aporta y lo que se recibe no ha dejado de empeorar después de la pandemia en los segmentos de población de 18 a 24 años, de 25 a 34 y de 34 a 44; y no ha mejorado en los de 45 a 54 y de 55 a 64. Sólo los ciudadanos mayores de 65 años, entre los que predominan los jubilados con su correspondiente pensión pública, tienen la sensación de que lo que aportan en impuestos se les devuelve en prestación de servicios.Noticia relacionada No No Los ingresos fiscales se disparan un 34% en tres años tras no adaptar el IRPF a la inflación Xavier VilaltellaUna tendencia que se ha agudizado desde la pandemia y que apunta a la existencia de un flanco fiscal en el incipiente conflicto entre generaciones que de un tiempo a esta parte se observa en la sociedad española. El problema tiene raíces profundas, como demostró el último barómetro publicado del Instituto de Estudios Fiscales correspondiente a 2024 que reveló que el 30% de los menores de 40 años aseguran que vivirían mejor sin impuestos.«Los más jóvenes perciben los servicios públicos como lejanos, saturados e inadecuados para sus necesidades» Nuria Badenes Investigadora del IEF«Las personas de más edad son los grandes beneficiarios del gasto público, tanto por la vía de las pensiones como por el gasto sanitario», explica Nuria Badenes, investigadora del Instituto de Estudios Fiscales y experta en cuestiones de redistribución fiscal y desigualdad. «Los más jóvenes se ven a sí mismos como contribuyentes, pero perciben a los servicios públicos como lejanos, saturados e inadecuados a sus necesidades , sobre todo en lo relativo al empleo y la vivienda, puede que eso explique por qué cada vez se sienten más perdedores en el saldo fiscal», señala.30% Es el porcentaje de españoles menores de 40 años que asegura que viviría mejor sin impuestosJosé Ignacio Conde-Ruiz, investigador de Fedea, apunta en una dirección similar. «La financiación de los costes asociados al envejecimiento, con las pensiones y el gasto sanitario, hace más difícil financiar otras políticas por el simple hecho de que hay menos gente aportando y más recibiendo servicios; y esto irá a peor si no se mejora la productividad», afirma.«Los costes asociados al envejecimiento hacen más difícil que haya recursos para otros servicios públicos» José Ignacio Conde-Ruiz Investigador de FedeaConde-Ruiz entiende que la escasez de recursos disponibles alimenta una cierta rivalidad entre generaciones por los servicios públicos y que éstos, además, tratan de cubrir las necesidades de un mundo que ya no existe. «Los jóvenes se benefician menos del efecto de los servicios públicos y a ello se une que el envejecimiento está desbordando el actual modelo de estado de bienestar, que tendría que ser reformado», asegura.Pagar para no recibirLos expertos consultados coinciden en la existencia de una base sociológica que justifica esa discrepancia en la percepción entre lo que se aporta y lo que se recibe. Los mayores de 65 años han llegado a una fase de su vida en que han dejado de aportar a la caja común y pasan a ser beneficiarios netos del estado del bienestar, en tanto que el resto de segmentos de edad son contribuyentes netos que pagan sus impuestos como asalariados, consumidores o actores económicos pero hacen un uso moderado de los servicios públicos, lo que puede genera cierta percepción de desequilibrio en esa etapa vital .Esa realidad irrefutable explica el punto de partida, pero no la evolución. ¿Por qué se ha deteriorado tanto la percepción de equilibrio entre lo que se aporta y lo que se recibe de la pandemia hacia acá, especialmente entre los más jóvenes? Pablo Grande, subdirector en la Dirección General de Tributos y autor del post en el que se revelan estos datos de percepción ciudadana aporta una explicación. «Ese deterioro se aprecia en relación a la situación individual, no al alcance general de los servicios públicos. La gente sí percibe que los servicios públicos funcionan y que la sociedad se beneficia de ellos, pero consideran que ellos no se benefician ». Rubén Gimeno, secretario técnico del Registro de Asesores Fiscales, aventura otra explicación. «En los últimos años los asalariados han visto como las subidas que han tenido no han sido suficientes para mantener su poder adquisitivo por el efecto de la inflación, pero también por el maltrato que han tenido en el IRPF y el incremento de las cotizaciones sociales. Si a ello se une los problemas que se encuentran los jóvenes para acceder una vivienda, la saturación de los servicios sanitarios y el deterioro que se percibe en algunos servicios públicos, como el transporte, se entiende que el descontento haya aumentado».«Hemos visto con las subidas salariales no han sido suficientes para preservar el poder adquisitivo» Rubén Gimeno Secretario técnico del REAFHace unos meses, en una jornada sobre la situación de los jóvenes organizada por Fedea y el Consejo de Economistas, Raquel Jurado, también del Reaf, aportaba algunos datos que arrojan luz sobre las causas del descontento de los jóvenes. Para empezar tienen unos ingresos notablemente inferiores a la media, un 43% inferiores en el caso de los que están entre los 20 y los 24 años, pero es que ademán soportan una carga fiscal relativa considerable. Según datos de Eurostat, los menores de 35 años son el segmento que tiene que dedicar una mayor parte de su sueldo al pago de IVA y según la OCDE para un trabajador sin hijos la carga fiscal total sobre el empleo supera el 40%. «Esta situación genera una percepción creciente de desequilibrio intergeneracional , ya que los jóvenes asumen un esfuerzo fiscal elevado sin apenas medidas compensatorias», remachaba la directora técnica de Reaf.Gregorio Izquierdo, director general del Instituto de Estudios Económicos (IEE), atribuye la creciente frustración del núcleo duro de los nuevos contribuyentes, lo que tienen menos de 45 años que suponen el 37% de los declarantes del IRPF y explican cerca de una tercera parte de la recaudación por este impuesto, al explosivo mix conformado por una política de subidas de impuestos que se ha focalizado, además, en las rentas salariales, vía progresividad en frío del IRPF e incremento de las cuotas sociales, y una política de gasto público que ha desatendido las necesidades más acuciantes del colectivo, que no ha arbitrado medidas de apoyo a la creación de una familia, no ha garantizado el derecho de acceso a la vivienda, no ha evitado la saturación de los servicios sanitarios ni el mantenimiento de la red de infraestructuras de transporte, es decir, de los servicios públicos que esos segmentos de edad utilizan.«Ha habido muchas subidas de impuestos que se han focalizado, además, en las rentas salariales» Gregorio Izquierdo Director general del IEELa problemática que aflora en los sondeos que Hacienda ha realizado a los contribuyentes se ha convertido ya en una cuestión central de la conversación pública y la prueba es que el principal partido de la oposición y principal aspirante a gobernar en la próxima legislatura según las encuestas, el PP, lo ha convertido en bandera. Los populares ya han puesto en el punto de mira de sus ataques al Gobierno una política fiscal que, según los datos que manejan, ha contribuido a que el salario mediano en España haya perdido un 4% de poder adquisitivo, entre inflación e impuestos, y que el 80% de los trabajadores ganen menos de 30.000 euros. RSS de noticias de economia
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