«Búfalo, en mi aniversario no me lleves flores… Llévame el programa de la Feria de Abril». A José Álvarez no se le habría escapado la novillada de este martes en la Maestranza. ¡Y qué novillada de Talavante! Para que reapareciera el mismísimo Juncal. Un lujo para los chavales: por dentro y por fuera. Qué clase, qué manera de humillar, con esa entrega que da la bravura dentro de sus muchos matices. Alejandro el de Extremadura se anotó su primer triunfo sevillano de la temporada.Era, además, uno de esos carteles que respiran ilusión, un grito de futuro. No era tarde de claveles —esos llegarán a partir del jueves—, sino de bucear en la savia nueva, en tres novilleros con personalidad y cosas que contar… Y las contaron, cada uno a su manera, con el extraordinario envío ganadero de la figura pacense. De Puerta del Príncipe los lotes de Tomás Bastos y Julio Norte, con un tercero para soñar el toreo. Antes salió un segundo con el bautizo de la serie de Jaime de Armiñán y de Paco Rabal, el actor que más toreramente ha braceado por las calles de Sevilla. Ay, si llega a nacer en Triana Emiliano Osornio. O en el barrio de Santiago, donde parecía haberse criado el mexicano de Toluca. Qué concepto más torero, de ese que dolerá. Al tiempo. Hasta paulista -bendito sea usted Rafael, genio de los genios- se había enfundado el terno Osornio, que parece beber en sus fuentes. Y en las de Curro Vázquez, más clásico que la Cibeles. El maestro, al que no paraban de felicitar por su reciente premio Nacional de Tauromaquia -noticia que le llegó en tierras hispalenses, donde se tomó un Río Viejo a salud de su padre-, había dado los buenos días a la reina maestrante antes del sorteo. «¿Has descansado bien? Dicen que todas las plazas son redondas, pero tú naciste redonda». Redondas las pupilas de Linares para fijarse en Osornio. Qué buen ojo, maestro. Autor del toreo de siempre (como nunca) en el umbral de los 75 años, ha retomado la senda del apoderamiento. Un privilegio para Osornio contar con los consejos de quien también dejó su semilla en Morante. Y se le notó en su evolución.Arrancó el estribo Resfriado, nombre del primero, al que Emiliano Osornio, dejó dos verónicas de vuelos echados, de corte para paladear. Y con el novillo de Talavante apuntando sones, aunque se vendría abajo. Qué despacito nacieron las tafalleras de Tomás Bastos. Y allí quedó la torera media del mexicano en la réplica. El de Jerez, perdón, de Toluca, dejó la montera en el estribo y toreó por alto con aroma del sur. Obsesionado con el encaje, con majestad y verticalidad, ofreciendo el pecho. A media alturita primero y bajando las telas después. Pero el nobilísimo Resfriado, carente de empuje, necesitaba un frenadol. No pareció sobrado de motor el cuarto, aunque luego rompería a embestir por el izquierdo con mucha calidad. Otra vez mostró Osornio su latido del arte. Hundió el mentón desde su apertura al natural, con una reunión pura. Siempre con gusto, con pellizquito. Sereno y a la vez roto en los naturales más categóricos, aprovechando el pitón de Catetoncita. El acero enfrió los ánimos, pero el sabor de su caro toreo ahí quedó. Para quien lo quisiera ver y sentir, sentir y ver, que no todos se enteraron. Lo dicho: qué buen ojo, maestro.A la siete en punto aparecía Juncal, un novillo muy a modo (demasiado, quizá), colocando la cara con una clase para gozar. Qué verónica y media pintó Tomás Bastos, con el colorado humillando. Toreramente lo puso en el caballo, donde se enceló. Ojo al fondo de bravura que sacó, con un galope que ya hubiese querido su homónimo. Con dos ayudados rodilla en tierra descorchó la faena, seguida de esa guisa en pie. Ya más allá del tercio giró como un compás, con el novillo repitiendo con notable son. Al ralentí nació un cambio de mano mientras sonaba la música. Cómo fue la tanda diestra, con la mano un palmo más allá de la mitad del estaquillador, toreando con una servilleta, de esas donde se ve la dimensión de un torero. Y qué máquina de embestir Juncal. Solo faltaba el pasodoble de Vainica Doble. Paró la música cuando la tela se enredó entre los pitones tras una intensa serie en redondo. No era igual por el zurdo e hizo amagos de desentenderse, aunque aguantaría en el terreno de Bastos mientras dibujaba surcos por el derecho. Qué clase la de Juncal, pese a querer pirarse a tablas cuando lo cuadrada. La espada no tuvo la muerte necesaria y el verduguillo apagó algo la petición, que no era mucho menor a otras concedidas… Dio la vuelta al ruedo. A portagayola, en la distancia larga, recibió al quinto, en el que Sánchez dejó un par de poder a poder para desmonterarse. Bastos, con sobrado oficio y pidiendo a gritos la alternativa, principió con tres pendulares en los medios, con Rescoldillo en la otra punta. Cómo embistió y qué fijeza tenía. De escándalo. Muy dispuesto Tomás, que alargó en exceso su labor por el hambre de triunfo. Se anotó una oreja. De Puerta del Príncipe fue su lote. Como el de Julio Norte, con animales que invitaban a mirarse en el espejo del Guadalquivir. Del salmantino fue el de más categoría, el tercero. Qué manera de descolgar, qué suprema embestida. Dominador el sello de Norte, que barrió la arena y corrió la mano en busca del toreo largo y templado. Si Compañero era boyante a estribor, no se quedaba atrás a babor. Por ese lado se lentificó Norte, que ha caído de pie en el Sur. Al natural remató, con uno interminable, tremendamente despacioso, mientras el talavantino surcaba el albero. Pegó un puñetazo, de mejor ejecución que colocación, hasta ganarse un trofeo. Otro lograría del sexto: hasta el mansito embistió. Explosivo fue el comienzo de Norte, de rodillas. Repetidor y codicioso el melocotón en una faena presidida por la entrega y la ligazón, con zurdazos de nota. Ese era el pitón de Pajareto y también la mano del torero, que se marchó a hombros por la puerta de cuadrillas. Por la del Príncipe hubiese sacado más de uno al ganadero: el aficionado salió embistiendo. Feria de Abril Real Maestranza de Sevilla Martes, 14 de abril de 2026. Cuarta de abono. Alrededor de media entrada. Novillos de Talavante, de bonita presencia y excelente juego. Emiliano Osornio, de rioja y azabache con chaleco en oro: dos pinchazos y estocada (silencio); pinchazo y se echa (ovación). Tomás Bastos, de blanco y oro: estocada perpendicular y descabello (petición y vuelta al ruedo tras aviso); estocada desprendida (oreja tras aviso). Julio Norte, de rosa y oro: estocada desprendida (oreja); pinchazo y estocada (oreja). Sale a hombros por la puerta de cuadrillas. «Búfalo, en mi aniversario no me lleves flores… Llévame el programa de la Feria de Abril». A José Álvarez no se le habría escapado la novillada de este martes en la Maestranza. ¡Y qué novillada de Talavante! Para que reapareciera el mismísimo Juncal. Un lujo para los chavales: por dentro y por fuera. Qué clase, qué manera de humillar, con esa entrega que da la bravura dentro de sus muchos matices. Alejandro el de Extremadura se anotó su primer triunfo sevillano de la temporada.Era, además, uno de esos carteles que respiran ilusión, un grito de futuro. No era tarde de claveles —esos llegarán a partir del jueves—, sino de bucear en la savia nueva, en tres novilleros con personalidad y cosas que contar… Y las contaron, cada uno a su manera, con el extraordinario envío ganadero de la figura pacense. De Puerta del Príncipe los lotes de Tomás Bastos y Julio Norte, con un tercero para soñar el toreo. Antes salió un segundo con el bautizo de la serie de Jaime de Armiñán y de Paco Rabal, el actor que más toreramente ha braceado por las calles de Sevilla. Ay, si llega a nacer en Triana Emiliano Osornio. O en el barrio de Santiago, donde parecía haberse criado el mexicano de Toluca. Qué concepto más torero, de ese que dolerá. Al tiempo. Hasta paulista -bendito sea usted Rafael, genio de los genios- se había enfundado el terno Osornio, que parece beber en sus fuentes. Y en las de Curro Vázquez, más clásico que la Cibeles. El maestro, al que no paraban de felicitar por su reciente premio Nacional de Tauromaquia -noticia que le llegó en tierras hispalenses, donde se tomó un Río Viejo a salud de su padre-, había dado los buenos días a la reina maestrante antes del sorteo. «¿Has descansado bien? Dicen que todas las plazas son redondas, pero tú naciste redonda». Redondas las pupilas de Linares para fijarse en Osornio. Qué buen ojo, maestro. Autor del toreo de siempre (como nunca) en el umbral de los 75 años, ha retomado la senda del apoderamiento. Un privilegio para Osornio contar con los consejos de quien también dejó su semilla en Morante. Y se le notó en su evolución.Arrancó el estribo Resfriado, nombre del primero, al que Emiliano Osornio, dejó dos verónicas de vuelos echados, de corte para paladear. Y con el novillo de Talavante apuntando sones, aunque se vendría abajo. Qué despacito nacieron las tafalleras de Tomás Bastos. Y allí quedó la torera media del mexicano en la réplica. El de Jerez, perdón, de Toluca, dejó la montera en el estribo y toreó por alto con aroma del sur. Obsesionado con el encaje, con majestad y verticalidad, ofreciendo el pecho. A media alturita primero y bajando las telas después. Pero el nobilísimo Resfriado, carente de empuje, necesitaba un frenadol. No pareció sobrado de motor el cuarto, aunque luego rompería a embestir por el izquierdo con mucha calidad. Otra vez mostró Osornio su latido del arte. Hundió el mentón desde su apertura al natural, con una reunión pura. Siempre con gusto, con pellizquito. Sereno y a la vez roto en los naturales más categóricos, aprovechando el pitón de Catetoncita. El acero enfrió los ánimos, pero el sabor de su caro toreo ahí quedó. Para quien lo quisiera ver y sentir, sentir y ver, que no todos se enteraron. Lo dicho: qué buen ojo, maestro.A la siete en punto aparecía Juncal, un novillo muy a modo (demasiado, quizá), colocando la cara con una clase para gozar. Qué verónica y media pintó Tomás Bastos, con el colorado humillando. Toreramente lo puso en el caballo, donde se enceló. Ojo al fondo de bravura que sacó, con un galope que ya hubiese querido su homónimo. Con dos ayudados rodilla en tierra descorchó la faena, seguida de esa guisa en pie. Ya más allá del tercio giró como un compás, con el novillo repitiendo con notable son. Al ralentí nació un cambio de mano mientras sonaba la música. Cómo fue la tanda diestra, con la mano un palmo más allá de la mitad del estaquillador, toreando con una servilleta, de esas donde se ve la dimensión de un torero. Y qué máquina de embestir Juncal. Solo faltaba el pasodoble de Vainica Doble. Paró la música cuando la tela se enredó entre los pitones tras una intensa serie en redondo. No era igual por el zurdo e hizo amagos de desentenderse, aunque aguantaría en el terreno de Bastos mientras dibujaba surcos por el derecho. Qué clase la de Juncal, pese a querer pirarse a tablas cuando lo cuadrada. La espada no tuvo la muerte necesaria y el verduguillo apagó algo la petición, que no era mucho menor a otras concedidas… Dio la vuelta al ruedo. A portagayola, en la distancia larga, recibió al quinto, en el que Sánchez dejó un par de poder a poder para desmonterarse. Bastos, con sobrado oficio y pidiendo a gritos la alternativa, principió con tres pendulares en los medios, con Rescoldillo en la otra punta. Cómo embistió y qué fijeza tenía. De escándalo. Muy dispuesto Tomás, que alargó en exceso su labor por el hambre de triunfo. Se anotó una oreja. De Puerta del Príncipe fue su lote. Como el de Julio Norte, con animales que invitaban a mirarse en el espejo del Guadalquivir. Del salmantino fue el de más categoría, el tercero. Qué manera de descolgar, qué suprema embestida. Dominador el sello de Norte, que barrió la arena y corrió la mano en busca del toreo largo y templado. Si Compañero era boyante a estribor, no se quedaba atrás a babor. Por ese lado se lentificó Norte, que ha caído de pie en el Sur. Al natural remató, con uno interminable, tremendamente despacioso, mientras el talavantino surcaba el albero. Pegó un puñetazo, de mejor ejecución que colocación, hasta ganarse un trofeo. Otro lograría del sexto: hasta el mansito embistió. Explosivo fue el comienzo de Norte, de rodillas. Repetidor y codicioso el melocotón en una faena presidida por la entrega y la ligazón, con zurdazos de nota. Ese era el pitón de Pajareto y también la mano del torero, que se marchó a hombros por la puerta de cuadrillas. Por la del Príncipe hubiese sacado más de uno al ganadero: el aficionado salió embistiendo. Feria de Abril Real Maestranza de Sevilla Martes, 14 de abril de 2026. Cuarta de abono. Alrededor de media entrada. Novillos de Talavante, de bonita presencia y excelente juego. Emiliano Osornio, de rioja y azabache con chaleco en oro: dos pinchazos y estocada (silencio); pinchazo y se echa (ovación). Tomás Bastos, de blanco y oro: estocada perpendicular y descabello (petición y vuelta al ruedo tras aviso); estocada desprendida (oreja tras aviso). Julio Norte, de rosa y oro: estocada desprendida (oreja); pinchazo y estocada (oreja). Sale a hombros por la puerta de cuadrillas. «Búfalo, en mi aniversario no me lleves flores… Llévame el programa de la Feria de Abril». A José Álvarez no se le habría escapado la novillada de este martes en la Maestranza. ¡Y qué novillada de Talavante! Para que reapareciera el mismísimo Juncal. Un lujo para los chavales: por dentro y por fuera. Qué clase, qué manera de humillar, con esa entrega que da la bravura dentro de sus muchos matices. Alejandro el de Extremadura se anotó su primer triunfo sevillano de la temporada.Era, además, uno de esos carteles que respiran ilusión, un grito de futuro. No era tarde de claveles —esos llegarán a partir del jueves—, sino de bucear en la savia nueva, en tres novilleros con personalidad y cosas que contar… Y las contaron, cada uno a su manera, con el extraordinario envío ganadero de la figura pacense. De Puerta del Príncipe los lotes de Tomás Bastos y Julio Norte, con un tercero para soñar el toreo. Antes salió un segundo con el bautizo de la serie de Jaime de Armiñán y de Paco Rabal, el actor que más toreramente ha braceado por las calles de Sevilla. Ay, si llega a nacer en Triana Emiliano Osornio. O en el barrio de Santiago, donde parecía haberse criado el mexicano de Toluca. Qué concepto más torero, de ese que dolerá. Al tiempo. Hasta paulista -bendito sea usted Rafael, genio de los genios- se había enfundado el terno Osornio, que parece beber en sus fuentes. Y en las de Curro Vázquez, más clásico que la Cibeles. El maestro, al que no paraban de felicitar por su reciente premio Nacional de Tauromaquia -noticia que le llegó en tierras hispalenses, donde se tomó un Río Viejo a salud de su padre-, había dado los buenos días a la reina maestrante antes del sorteo. «¿Has descansado bien? Dicen que todas las plazas son redondas, pero tú naciste redonda». Redondas las pupilas de Linares para fijarse en Osornio. Qué buen ojo, maestro. Autor del toreo de siempre (como nunca) en el umbral de los 75 años, ha retomado la senda del apoderamiento. Un privilegio para Osornio contar con los consejos de quien también dejó su semilla en Morante. Y se le notó en su evolución.Arrancó el estribo Resfriado, nombre del primero, al que Emiliano Osornio, dejó dos verónicas de vuelos echados, de corte para paladear. Y con el novillo de Talavante apuntando sones, aunque se vendría abajo. Qué despacito nacieron las tafalleras de Tomás Bastos. Y allí quedó la torera media del mexicano en la réplica. El de Jerez, perdón, de Toluca, dejó la montera en el estribo y toreó por alto con aroma del sur. Obsesionado con el encaje, con majestad y verticalidad, ofreciendo el pecho. A media alturita primero y bajando las telas después. Pero el nobilísimo Resfriado, carente de empuje, necesitaba un frenadol. No pareció sobrado de motor el cuarto, aunque luego rompería a embestir por el izquierdo con mucha calidad. Otra vez mostró Osornio su latido del arte. Hundió el mentón desde su apertura al natural, con una reunión pura. Siempre con gusto, con pellizquito. Sereno y a la vez roto en los naturales más categóricos, aprovechando el pitón de Catetoncita. El acero enfrió los ánimos, pero el sabor de su caro toreo ahí quedó. Para quien lo quisiera ver y sentir, sentir y ver, que no todos se enteraron. Lo dicho: qué buen ojo, maestro.A la siete en punto aparecía Juncal, un novillo muy a modo (demasiado, quizá), colocando la cara con una clase para gozar. Qué verónica y media pintó Tomás Bastos, con el colorado humillando. Toreramente lo puso en el caballo, donde se enceló. Ojo al fondo de bravura que sacó, con un galope que ya hubiese querido su homónimo. Con dos ayudados rodilla en tierra descorchó la faena, seguida de esa guisa en pie. Ya más allá del tercio giró como un compás, con el novillo repitiendo con notable son. Al ralentí nació un cambio de mano mientras sonaba la música. Cómo fue la tanda diestra, con la mano un palmo más allá de la mitad del estaquillador, toreando con una servilleta, de esas donde se ve la dimensión de un torero. Y qué máquina de embestir Juncal. Solo faltaba el pasodoble de Vainica Doble. Paró la música cuando la tela se enredó entre los pitones tras una intensa serie en redondo. No era igual por el zurdo e hizo amagos de desentenderse, aunque aguantaría en el terreno de Bastos mientras dibujaba surcos por el derecho. Qué clase la de Juncal, pese a querer pirarse a tablas cuando lo cuadrada. La espada no tuvo la muerte necesaria y el verduguillo apagó algo la petición, que no era mucho menor a otras concedidas… Dio la vuelta al ruedo. A portagayola, en la distancia larga, recibió al quinto, en el que Sánchez dejó un par de poder a poder para desmonterarse. Bastos, con sobrado oficio y pidiendo a gritos la alternativa, principió con tres pendulares en los medios, con Rescoldillo en la otra punta. Cómo embistió y qué fijeza tenía. De escándalo. Muy dispuesto Tomás, que alargó en exceso su labor por el hambre de triunfo. Se anotó una oreja. De Puerta del Príncipe fue su lote. Como el de Julio Norte, con animales que invitaban a mirarse en el espejo del Guadalquivir. Del salmantino fue el de más categoría, el tercero. Qué manera de descolgar, qué suprema embestida. Dominador el sello de Norte, que barrió la arena y corrió la mano en busca del toreo largo y templado. Si Compañero era boyante a estribor, no se quedaba atrás a babor. Por ese lado se lentificó Norte, que ha caído de pie en el Sur. Al natural remató, con uno interminable, tremendamente despacioso, mientras el talavantino surcaba el albero. Pegó un puñetazo, de mejor ejecución que colocación, hasta ganarse un trofeo. Otro lograría del sexto: hasta el mansito embistió. Explosivo fue el comienzo de Norte, de rodillas. Repetidor y codicioso el melocotón en una faena presidida por la entrega y la ligazón, con zurdazos de nota. Ese era el pitón de Pajareto y también la mano del torero, que se marchó a hombros por la puerta de cuadrillas. Por la del Príncipe hubiese sacado más de uno al ganadero: el aficionado salió embistiendo. Feria de Abril Real Maestranza de Sevilla Martes, 14 de abril de 2026. Cuarta de abono. Alrededor de media entrada. Novillos de Talavante, de bonita presencia y excelente juego. Emiliano Osornio, de rioja y azabache con chaleco en oro: dos pinchazos y estocada (silencio); pinchazo y se echa (ovación). Tomás Bastos, de blanco y oro: estocada perpendicular y descabello (petición y vuelta al ruedo tras aviso); estocada desprendida (oreja tras aviso). Julio Norte, de rosa y oro: estocada desprendida (oreja); pinchazo y estocada (oreja). Sale a hombros por la puerta de cuadrillas. RSS de noticias de cultura
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