El Atlético se mantuvo con vida en la Champions, pero ejecutó un partido que tardará en ser olvidado por su afición, que sacó pañuelos blancos por una derrota horrorosa ante un Bodo/Glimt que llegó muerto a Madrid y que resucitó gracias a las concesiones rojiblancas. El fútbol de los pupilos de Simeone fue a ratos aceptable, pero con el paso de los minutos se desintegró sin remedio, haciendo inservible el gol de Sorloth que precedió a las estocadas de Sjovold y Hogh. La repesca es su nuevo destino. Atlético de Madrid 1 – 2 Bodo/Glimt Jornada 8 de la Champions League Atlético de Madrid Oblak; Llorente, Pubill, Giménez (Ruggeri, m.57), Hancko; Nico González (Nahuel Molina, m.64), Barrios (Le Normand, m.79), Koke (Cardoso, m.64), Baena (Almada, m.57); Julián Álvarez, Sorloth; Bodo/Glimt Haikin; Sjovold, Bjortuft, Gundersen (Aleesamani, m.90); Bjorkan; Berg, Evjen (Klynge, m.90), Fet (Maatta, m.84); Blomberg, Hauge, Hogh (Helmersen, m.84). Goles 1-0: m. 15, Sorloth; 1-1: m. 35, Sjovold; 1-2: m.59: Hogh. El árbitro Maurizio Mariani (Italia). Amonestó a Llorente, Haikin, Almada y Maatta. La blanca nieve que por la mañana cubría el Metropolitano , ya entrada la noche, dio paso al épico verde del césped, excelso el ambiente del feudo rojiblanco, sonoro, agresivo, consciente de que, si se tocaban las teclas adecuadas y la fortuna acompañaba, una gran velada podía estar en ciernes. El primer susto, eso sí, no tardó en llegar, fantástica una triangulación de los nórdicos en el minuto dos que acabó en una suave vaselina de Fet, bien detenido el tiro por Oblak . Por si había dudas, el Bodo no había venido de turismo a Madrid, no era un aterrorizado animal camino del matadero. La afición local, al menos, respiró hondo cuando sus ídolos consiguieron hilar el primer contrataque del choque, una carga liderada por Julián y que estuvo a punto de finiquitar Sorloth. La ocasión espabiló al Atlético , que ahora sí cargaba su arsenal. El Var anuló un gran gol de cabeza de Baena y, unas pocas jugadas después, llegó el premio gordo. Hancko, un jugador descomunal al que las posiciones no encorsetan su talento, puso un genial centro y esta vez Sorloth , imponiéndose por puro físico y olfato, sí mandó el balón a las redes. Tal era el nivel de confianza de los colchoneros que hasta Julián marcó un gol olímpico aprovechando que los visitantes discutían con Mariani , acción invalidada por el árbitro italiano. La única certeza era que el Atleti cuajaba un fútbol imponente, que ahogaba con cada pase y desmarque al Bodo , en un rezo continuo los nórdicos para que el siguiente golpe no acabara de impactar en sus rostros. «Sí, claro que entiendo los pitos» Cholo Simeone Entrenador del Atlético de MadridEs por eso que el empate dejó helado al recinto. Solo necesitaron un ligero frenazo del Atlético para conjugar una decente combinación en el área finiquitada por un eficiente chut Sjovold , contra el que nada pudo hacer Oblak. Poco después, el larguero privó a Barrios del gol, por lo que el descanso aplicó un intenso sabor agridulce a las gradas. Tras el paso por los vestuarios, recuperó el Atlético su espíritu dictatorial, muy centrado su juego por la banda derecha, zona potenciada por los cambios de Simeone, que no dudó en volver a quitar a un decepcionante Baena y lanzar a Almada al ruedo. Y de nuevo, como en la primera parte, el Bodo supo hacer daño cuando más crudo lo tenía. Después de un absoluto caos y un sinfín de rechaces, Hogh fusiló para hacer el inesperado 1-2, resultado que metía a los escandinavos en puestos de repesca. Generaba mucha impotencia ver a un Atleti competitivo, con ganas y ofensivo chocar una y otra vez contra un muro construido por sí mismo, porque el Bodo , aunque heroico su hacer, daba muchísimas facilidades a sus rivales para conseguir el empate. Pero a los pupilos del Cholo les podía la ansiedad. Los aficionados estaban atónitos, un viento frió recorría las estancias del Metropolitano, que había pasado de caldera a cementerio. Barrios era de los más centrados del ejército indio, por eso la grada silbó a Simeone cuando le sustituyó por un central, Le Normand , quizás para ganar superioridad aérea a cambio de sacrificar tacto por el balón. Cuando quedaban menos de 10 minutos, comenzaron a desplomarse los jugadores visitantes, conscientes de que el tesoro que podían llevarse era de categoría. El corazón rojiblanco fue amplio, pero su fútbol escaso. Con el pitido final, el descalabro se hizo oficial. El Atlético se mantuvo con vida en la Champions, pero ejecutó un partido que tardará en ser olvidado por su afición, que sacó pañuelos blancos por una derrota horrorosa ante un Bodo/Glimt que llegó muerto a Madrid y que resucitó gracias a las concesiones rojiblancas. El fútbol de los pupilos de Simeone fue a ratos aceptable, pero con el paso de los minutos se desintegró sin remedio, haciendo inservible el gol de Sorloth que precedió a las estocadas de Sjovold y Hogh. La repesca es su nuevo destino. Atlético de Madrid 1 – 2 Bodo/Glimt Jornada 8 de la Champions League Atlético de Madrid Oblak; Llorente, Pubill, Giménez (Ruggeri, m.57), Hancko; Nico González (Nahuel Molina, m.64), Barrios (Le Normand, m.79), Koke (Cardoso, m.64), Baena (Almada, m.57); Julián Álvarez, Sorloth; Bodo/Glimt Haikin; Sjovold, Bjortuft, Gundersen (Aleesamani, m.90); Bjorkan; Berg, Evjen (Klynge, m.90), Fet (Maatta, m.84); Blomberg, Hauge, Hogh (Helmersen, m.84). Goles 1-0: m. 15, Sorloth; 1-1: m. 35, Sjovold; 1-2: m.59: Hogh. El árbitro Maurizio Mariani (Italia). Amonestó a Llorente, Haikin, Almada y Maatta. La blanca nieve que por la mañana cubría el Metropolitano , ya entrada la noche, dio paso al épico verde del césped, excelso el ambiente del feudo rojiblanco, sonoro, agresivo, consciente de que, si se tocaban las teclas adecuadas y la fortuna acompañaba, una gran velada podía estar en ciernes. El primer susto, eso sí, no tardó en llegar, fantástica una triangulación de los nórdicos en el minuto dos que acabó en una suave vaselina de Fet, bien detenido el tiro por Oblak . Por si había dudas, el Bodo no había venido de turismo a Madrid, no era un aterrorizado animal camino del matadero. La afición local, al menos, respiró hondo cuando sus ídolos consiguieron hilar el primer contrataque del choque, una carga liderada por Julián y que estuvo a punto de finiquitar Sorloth. La ocasión espabiló al Atlético , que ahora sí cargaba su arsenal. El Var anuló un gran gol de cabeza de Baena y, unas pocas jugadas después, llegó el premio gordo. Hancko, un jugador descomunal al que las posiciones no encorsetan su talento, puso un genial centro y esta vez Sorloth , imponiéndose por puro físico y olfato, sí mandó el balón a las redes. Tal era el nivel de confianza de los colchoneros que hasta Julián marcó un gol olímpico aprovechando que los visitantes discutían con Mariani , acción invalidada por el árbitro italiano. La única certeza era que el Atleti cuajaba un fútbol imponente, que ahogaba con cada pase y desmarque al Bodo , en un rezo continuo los nórdicos para que el siguiente golpe no acabara de impactar en sus rostros. «Sí, claro que entiendo los pitos» Cholo Simeone Entrenador del Atlético de MadridEs por eso que el empate dejó helado al recinto. Solo necesitaron un ligero frenazo del Atlético para conjugar una decente combinación en el área finiquitada por un eficiente chut Sjovold , contra el que nada pudo hacer Oblak. Poco después, el larguero privó a Barrios del gol, por lo que el descanso aplicó un intenso sabor agridulce a las gradas. Tras el paso por los vestuarios, recuperó el Atlético su espíritu dictatorial, muy centrado su juego por la banda derecha, zona potenciada por los cambios de Simeone, que no dudó en volver a quitar a un decepcionante Baena y lanzar a Almada al ruedo. Y de nuevo, como en la primera parte, el Bodo supo hacer daño cuando más crudo lo tenía. Después de un absoluto caos y un sinfín de rechaces, Hogh fusiló para hacer el inesperado 1-2, resultado que metía a los escandinavos en puestos de repesca. Generaba mucha impotencia ver a un Atleti competitivo, con ganas y ofensivo chocar una y otra vez contra un muro construido por sí mismo, porque el Bodo , aunque heroico su hacer, daba muchísimas facilidades a sus rivales para conseguir el empate. Pero a los pupilos del Cholo les podía la ansiedad. Los aficionados estaban atónitos, un viento frió recorría las estancias del Metropolitano, que había pasado de caldera a cementerio. Barrios era de los más centrados del ejército indio, por eso la grada silbó a Simeone cuando le sustituyó por un central, Le Normand , quizás para ganar superioridad aérea a cambio de sacrificar tacto por el balón. Cuando quedaban menos de 10 minutos, comenzaron a desplomarse los jugadores visitantes, conscientes de que el tesoro que podían llevarse era de categoría. El corazón rojiblanco fue amplio, pero su fútbol escaso. Con el pitido final, el descalabro se hizo oficial. El Atlético se mantuvo con vida en la Champions, pero ejecutó un partido que tardará en ser olvidado por su afición, que sacó pañuelos blancos por una derrota horrorosa ante un Bodo/Glimt que llegó muerto a Madrid y que resucitó gracias a las concesiones rojiblancas. El fútbol de los pupilos de Simeone fue a ratos aceptable, pero con el paso de los minutos se desintegró sin remedio, haciendo inservible el gol de Sorloth que precedió a las estocadas de Sjovold y Hogh. La repesca es su nuevo destino. Atlético de Madrid 1 – 2 Bodo/Glimt Jornada 8 de la Champions League Atlético de Madrid Oblak; Llorente, Pubill, Giménez (Ruggeri, m.57), Hancko; Nico González (Nahuel Molina, m.64), Barrios (Le Normand, m.79), Koke (Cardoso, m.64), Baena (Almada, m.57); Julián Álvarez, Sorloth; Bodo/Glimt Haikin; Sjovold, Bjortuft, Gundersen (Aleesamani, m.90); Bjorkan; Berg, Evjen (Klynge, m.90), Fet (Maatta, m.84); Blomberg, Hauge, Hogh (Helmersen, m.84). Goles 1-0: m. 15, Sorloth; 1-1: m. 35, Sjovold; 1-2: m.59: Hogh. El árbitro Maurizio Mariani (Italia). Amonestó a Llorente, Haikin, Almada y Maatta. La blanca nieve que por la mañana cubría el Metropolitano , ya entrada la noche, dio paso al épico verde del césped, excelso el ambiente del feudo rojiblanco, sonoro, agresivo, consciente de que, si se tocaban las teclas adecuadas y la fortuna acompañaba, una gran velada podía estar en ciernes. El primer susto, eso sí, no tardó en llegar, fantástica una triangulación de los nórdicos en el minuto dos que acabó en una suave vaselina de Fet, bien detenido el tiro por Oblak . Por si había dudas, el Bodo no había venido de turismo a Madrid, no era un aterrorizado animal camino del matadero. La afición local, al menos, respiró hondo cuando sus ídolos consiguieron hilar el primer contrataque del choque, una carga liderada por Julián y que estuvo a punto de finiquitar Sorloth. La ocasión espabiló al Atlético , que ahora sí cargaba su arsenal. El Var anuló un gran gol de cabeza de Baena y, unas pocas jugadas después, llegó el premio gordo. Hancko, un jugador descomunal al que las posiciones no encorsetan su talento, puso un genial centro y esta vez Sorloth , imponiéndose por puro físico y olfato, sí mandó el balón a las redes. Tal era el nivel de confianza de los colchoneros que hasta Julián marcó un gol olímpico aprovechando que los visitantes discutían con Mariani , acción invalidada por el árbitro italiano. La única certeza era que el Atleti cuajaba un fútbol imponente, que ahogaba con cada pase y desmarque al Bodo , en un rezo continuo los nórdicos para que el siguiente golpe no acabara de impactar en sus rostros. «Sí, claro que entiendo los pitos» Cholo Simeone Entrenador del Atlético de MadridEs por eso que el empate dejó helado al recinto. Solo necesitaron un ligero frenazo del Atlético para conjugar una decente combinación en el área finiquitada por un eficiente chut Sjovold , contra el que nada pudo hacer Oblak. Poco después, el larguero privó a Barrios del gol, por lo que el descanso aplicó un intenso sabor agridulce a las gradas. Tras el paso por los vestuarios, recuperó el Atlético su espíritu dictatorial, muy centrado su juego por la banda derecha, zona potenciada por los cambios de Simeone, que no dudó en volver a quitar a un decepcionante Baena y lanzar a Almada al ruedo. Y de nuevo, como en la primera parte, el Bodo supo hacer daño cuando más crudo lo tenía. Después de un absoluto caos y un sinfín de rechaces, Hogh fusiló para hacer el inesperado 1-2, resultado que metía a los escandinavos en puestos de repesca. Generaba mucha impotencia ver a un Atleti competitivo, con ganas y ofensivo chocar una y otra vez contra un muro construido por sí mismo, porque el Bodo , aunque heroico su hacer, daba muchísimas facilidades a sus rivales para conseguir el empate. Pero a los pupilos del Cholo les podía la ansiedad. Los aficionados estaban atónitos, un viento frió recorría las estancias del Metropolitano, que había pasado de caldera a cementerio. Barrios era de los más centrados del ejército indio, por eso la grada silbó a Simeone cuando le sustituyó por un central, Le Normand , quizás para ganar superioridad aérea a cambio de sacrificar tacto por el balón. Cuando quedaban menos de 10 minutos, comenzaron a desplomarse los jugadores visitantes, conscientes de que el tesoro que podían llevarse era de categoría. El corazón rojiblanco fue amplio, pero su fútbol escaso. Con el pitido final, el descalabro se hizo oficial. RSS de noticias de deportes
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