<p>Hay algo revolucionario en intentar ser buena persona en un mundo cada día más abocado al odio. Hay algo rebelde en sublimar lo popular en un mundo cada día más desigual, más elitista, clasista hasta la paradoja. Hay una cierta subversión en ser, simplemente, uno mismo en un mundo cada día más homogéneo. Hay una profunda contestación en la obra del pintor Ignacio Goitia, pero como la viste de colores y de imágenes oníricas, esa crítica social se infiltra sin que los espectadores de sus composiciones apenas se den cuenta de ello.</p>
El pintor bilbaíno empezó a hacer arte a partir del rechazo: «Era el marica de clase. La gente me insultaba y yo no entendía ese odio. Por eso mis cuadros hablan del respeto». Hoy, sus imágenes de girafas, arquitecturas megalómanas y mujeres en burka son inconfundibles
<p>Hay algo revolucionario en intentar ser buena persona en un mundo cada día más abocado al odio. Hay algo rebelde en sublimar lo popular en un mundo cada día más desigual, más elitista, clasista hasta la paradoja. Hay una cierta subversión en ser, simplemente, uno mismo en un mundo cada día más homogéneo. Hay una profunda contestación en la obra del pintor Ignacio Goitia, pero como la viste de colores y de imágenes oníricas, esa crítica social se infiltra sin que los espectadores de sus composiciones apenas se den cuenta de ello.</p>
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