La unión hace la fuerza. Así lo piensan dos de los principales grupos dedicados al negocio de las bebidas alcohólicas. Pernod Ricard y Brown-Forman han confirmado las conversaciones para una posible fusión. Sus nombres quizá no son muy reconocidos, pero sus marcas están en el imaginario colectivo de casi todo el mundo, beba o no beba. Absolut, Ballantine’s, Chivas, Jameson, Malibú, Havana Club… Jack Daniel’s, Woodford, Herradura… el gran matrimonio de los espirituosos está cerca.La noticia saltó a finales de marzo. Tras algunos rumores, ambos grupos se vieron forzados –por ser empresas cotizadas– a confirmar que efectivamente existían contactos. En ese primer comunicado han querido dejar muchas cuestiones claras: que ambas familias propietarias respaldan la operación, y que se busca generar sinergias ante un contexto desfavorable. Esta situación no la estamparon en su breve nota de prensa, pero es la dura realidad a la que se enfrenta el negocio.Los americanos de Brown-Forman tienen una capitalización que está sobre los 11.000 millones de dólares, mientras que los franceses de Pernod capitalización por valor de 18.000 millones. Pero ha llegado el momento de dar un giro que será histórico para ambos grupos.Desde hace algún tiempo ha caído el consumo de bebidas alcohólicas. Eso, lógicamente, ha impactado en el rendimiento financiero. Porque se pueden subir precios, pero tampoco se debe exprimir a los consumidores.El otro factor que ha sido determinante para iniciar las conversaciones tiene que ver con las tensiones comerciales que sacuden a todo el planeta. Según señalan los analistas de XTB, Brown-Forman sufre los efectos de los aranceles comerciales estadounidenses: las ventas en Canadá cayeron alrededor del 60%. Por su parte, Pernod se ve impactada por las restricciones chinas a las ventas libres de impuestos de coñac, que son respuesta a los aranceles de la Unión Europea sobre coches eléctricos chinos.Negocio familiarEn esta operación, no obstante, hay que tener en cuenta la peculiaridad del negocio de cada compañía. La posible operación genera desafíos significativos, especialmente en lo que respecta al papel de las familias fundadoras. Brown-Forman, fundada en 1870, sigue bajo el control de la familia Brown, que posee al menos el 67% de los derechos de voto y participa activamente en el consejo de administración. La presencia familiar ha hecho que la compañía sea históricamente resistente a adquisiciones, habiendo rechazado varios intentos de compra a lo largo de los años.En el caso de Pernod Ricard, la familia Ricard mantiene alrededor del 21% de los derechos de voto y siempre ha tenido un carácter menos intervencionista. Alexandre Ricard, nieto del fundador, dirige el grupo como consejero delegado desde hace más de una década, aunque en estos momentos no existe un sucesor familiar claro. Lo que sí destacan ambas empresas es que cualquier posible fusión contaría con el apoyo de «dos familias emblemáticas», un factor que añade un nivel extra de complejidad a las negociaciones pese a todo.Una vida más saludable por parte de los consumidores está provocando que bajen las compras de bebidas alcohólicasNo obstante, la noticia provoca recelos en gran parte del consenso del mercado. Los analistas de Berenberg sostienen que una fusión entre las dos empresas no resolvería sus problemas de crecimiento, aunque señalan que existen claras sinergias. Es decir, la suma de marcas y, sobre todo, el amplío abanico de tipología, ofrece nuevos escenarios. Explican los expertos que «existen coincidencias entre ambos grupos en Estados Unidos, y también algunas en Europa», pero todo esto podría llevar a ahorros de costes. Esta situación no es menor, y lógicamente será algo que preocupe. El sector en su conjunto, y estas compañías en concreto, ya han tenido que hacer retoques en materia laboral. Todo hace pensar que este movimiento provocará algún movimiento en este sentido.Intrigas de palacioLos analistas de TD Cowen explican que la familia Brown, que como se ha mencionado tiene un control significativo sobre el grupo, se ha resistido a este tipo de acuerdos en el pasado, pero podrían ser más receptivos por el débil crecimiento de la industria y el incierto calendario de recuperación. Y es que el cambio de hábitos en el consumo, hacia formas más saludables, parece que se trata una tendencia de largo recorrido.En este contexto, el pasado otoño, Brown-Forman presentó un plan para otorgar indemnizaciones a los ejecutivos cuyos contratos finalicen debido a un cambio de control. En ese momento, la compañía aseguró que la medida entraría en vigor de inmediato y se formuló como parte de su revisión periódica de las políticas de gobierno corporativo y compensación ejecutiva.El posible acuerdo incluye un importante componente accionarial, y es probable que las familias propietarias de ambas compañías conserven participaciones significativas en cualquier transacción, según informó el Wall Street Journal.Una vez que se resuelvan estas intrigas corporativas el siguiente paso será reconquistar al mercado. No será sencillo. El problema del consumo es transversal al vino, la cerveza y los espirituosos; nadie escapa. Se buscan fórmulas sin alcohol, más «frescas»; lo importante será reconquistar a los que se fueron y atraer a las nuevas generaciones. La unión hace la fuerza. Así lo piensan dos de los principales grupos dedicados al negocio de las bebidas alcohólicas. Pernod Ricard y Brown-Forman han confirmado las conversaciones para una posible fusión. Sus nombres quizá no son muy reconocidos, pero sus marcas están en el imaginario colectivo de casi todo el mundo, beba o no beba. Absolut, Ballantine’s, Chivas, Jameson, Malibú, Havana Club… Jack Daniel’s, Woodford, Herradura… el gran matrimonio de los espirituosos está cerca.La noticia saltó a finales de marzo. Tras algunos rumores, ambos grupos se vieron forzados –por ser empresas cotizadas– a confirmar que efectivamente existían contactos. En ese primer comunicado han querido dejar muchas cuestiones claras: que ambas familias propietarias respaldan la operación, y que se busca generar sinergias ante un contexto desfavorable. Esta situación no la estamparon en su breve nota de prensa, pero es la dura realidad a la que se enfrenta el negocio.Los americanos de Brown-Forman tienen una capitalización que está sobre los 11.000 millones de dólares, mientras que los franceses de Pernod capitalización por valor de 18.000 millones. Pero ha llegado el momento de dar un giro que será histórico para ambos grupos.Desde hace algún tiempo ha caído el consumo de bebidas alcohólicas. Eso, lógicamente, ha impactado en el rendimiento financiero. Porque se pueden subir precios, pero tampoco se debe exprimir a los consumidores.El otro factor que ha sido determinante para iniciar las conversaciones tiene que ver con las tensiones comerciales que sacuden a todo el planeta. Según señalan los analistas de XTB, Brown-Forman sufre los efectos de los aranceles comerciales estadounidenses: las ventas en Canadá cayeron alrededor del 60%. Por su parte, Pernod se ve impactada por las restricciones chinas a las ventas libres de impuestos de coñac, que son respuesta a los aranceles de la Unión Europea sobre coches eléctricos chinos.Negocio familiarEn esta operación, no obstante, hay que tener en cuenta la peculiaridad del negocio de cada compañía. La posible operación genera desafíos significativos, especialmente en lo que respecta al papel de las familias fundadoras. Brown-Forman, fundada en 1870, sigue bajo el control de la familia Brown, que posee al menos el 67% de los derechos de voto y participa activamente en el consejo de administración. La presencia familiar ha hecho que la compañía sea históricamente resistente a adquisiciones, habiendo rechazado varios intentos de compra a lo largo de los años.En el caso de Pernod Ricard, la familia Ricard mantiene alrededor del 21% de los derechos de voto y siempre ha tenido un carácter menos intervencionista. Alexandre Ricard, nieto del fundador, dirige el grupo como consejero delegado desde hace más de una década, aunque en estos momentos no existe un sucesor familiar claro. Lo que sí destacan ambas empresas es que cualquier posible fusión contaría con el apoyo de «dos familias emblemáticas», un factor que añade un nivel extra de complejidad a las negociaciones pese a todo.Una vida más saludable por parte de los consumidores está provocando que bajen las compras de bebidas alcohólicasNo obstante, la noticia provoca recelos en gran parte del consenso del mercado. Los analistas de Berenberg sostienen que una fusión entre las dos empresas no resolvería sus problemas de crecimiento, aunque señalan que existen claras sinergias. Es decir, la suma de marcas y, sobre todo, el amplío abanico de tipología, ofrece nuevos escenarios. Explican los expertos que «existen coincidencias entre ambos grupos en Estados Unidos, y también algunas en Europa», pero todo esto podría llevar a ahorros de costes. Esta situación no es menor, y lógicamente será algo que preocupe. El sector en su conjunto, y estas compañías en concreto, ya han tenido que hacer retoques en materia laboral. Todo hace pensar que este movimiento provocará algún movimiento en este sentido.Intrigas de palacioLos analistas de TD Cowen explican que la familia Brown, que como se ha mencionado tiene un control significativo sobre el grupo, se ha resistido a este tipo de acuerdos en el pasado, pero podrían ser más receptivos por el débil crecimiento de la industria y el incierto calendario de recuperación. Y es que el cambio de hábitos en el consumo, hacia formas más saludables, parece que se trata una tendencia de largo recorrido.En este contexto, el pasado otoño, Brown-Forman presentó un plan para otorgar indemnizaciones a los ejecutivos cuyos contratos finalicen debido a un cambio de control. En ese momento, la compañía aseguró que la medida entraría en vigor de inmediato y se formuló como parte de su revisión periódica de las políticas de gobierno corporativo y compensación ejecutiva.El posible acuerdo incluye un importante componente accionarial, y es probable que las familias propietarias de ambas compañías conserven participaciones significativas en cualquier transacción, según informó el Wall Street Journal.Una vez que se resuelvan estas intrigas corporativas el siguiente paso será reconquistar al mercado. No será sencillo. El problema del consumo es transversal al vino, la cerveza y los espirituosos; nadie escapa. Se buscan fórmulas sin alcohol, más «frescas»; lo importante será reconquistar a los que se fueron y atraer a las nuevas generaciones. La unión hace la fuerza. Así lo piensan dos de los principales grupos dedicados al negocio de las bebidas alcohólicas. Pernod Ricard y Brown-Forman han confirmado las conversaciones para una posible fusión. Sus nombres quizá no son muy reconocidos, pero sus marcas están en el imaginario colectivo de casi todo el mundo, beba o no beba. Absolut, Ballantine’s, Chivas, Jameson, Malibú, Havana Club… Jack Daniel’s, Woodford, Herradura… el gran matrimonio de los espirituosos está cerca.La noticia saltó a finales de marzo. Tras algunos rumores, ambos grupos se vieron forzados –por ser empresas cotizadas– a confirmar que efectivamente existían contactos. En ese primer comunicado han querido dejar muchas cuestiones claras: que ambas familias propietarias respaldan la operación, y que se busca generar sinergias ante un contexto desfavorable. Esta situación no la estamparon en su breve nota de prensa, pero es la dura realidad a la que se enfrenta el negocio.Los americanos de Brown-Forman tienen una capitalización que está sobre los 11.000 millones de dólares, mientras que los franceses de Pernod capitalización por valor de 18.000 millones. Pero ha llegado el momento de dar un giro que será histórico para ambos grupos.Desde hace algún tiempo ha caído el consumo de bebidas alcohólicas. Eso, lógicamente, ha impactado en el rendimiento financiero. Porque se pueden subir precios, pero tampoco se debe exprimir a los consumidores.El otro factor que ha sido determinante para iniciar las conversaciones tiene que ver con las tensiones comerciales que sacuden a todo el planeta. Según señalan los analistas de XTB, Brown-Forman sufre los efectos de los aranceles comerciales estadounidenses: las ventas en Canadá cayeron alrededor del 60%. Por su parte, Pernod se ve impactada por las restricciones chinas a las ventas libres de impuestos de coñac, que son respuesta a los aranceles de la Unión Europea sobre coches eléctricos chinos.Negocio familiarEn esta operación, no obstante, hay que tener en cuenta la peculiaridad del negocio de cada compañía. La posible operación genera desafíos significativos, especialmente en lo que respecta al papel de las familias fundadoras. Brown-Forman, fundada en 1870, sigue bajo el control de la familia Brown, que posee al menos el 67% de los derechos de voto y participa activamente en el consejo de administración. La presencia familiar ha hecho que la compañía sea históricamente resistente a adquisiciones, habiendo rechazado varios intentos de compra a lo largo de los años.En el caso de Pernod Ricard, la familia Ricard mantiene alrededor del 21% de los derechos de voto y siempre ha tenido un carácter menos intervencionista. Alexandre Ricard, nieto del fundador, dirige el grupo como consejero delegado desde hace más de una década, aunque en estos momentos no existe un sucesor familiar claro. Lo que sí destacan ambas empresas es que cualquier posible fusión contaría con el apoyo de «dos familias emblemáticas», un factor que añade un nivel extra de complejidad a las negociaciones pese a todo.Una vida más saludable por parte de los consumidores está provocando que bajen las compras de bebidas alcohólicasNo obstante, la noticia provoca recelos en gran parte del consenso del mercado. Los analistas de Berenberg sostienen que una fusión entre las dos empresas no resolvería sus problemas de crecimiento, aunque señalan que existen claras sinergias. Es decir, la suma de marcas y, sobre todo, el amplío abanico de tipología, ofrece nuevos escenarios. Explican los expertos que «existen coincidencias entre ambos grupos en Estados Unidos, y también algunas en Europa», pero todo esto podría llevar a ahorros de costes. Esta situación no es menor, y lógicamente será algo que preocupe. El sector en su conjunto, y estas compañías en concreto, ya han tenido que hacer retoques en materia laboral. Todo hace pensar que este movimiento provocará algún movimiento en este sentido.Intrigas de palacioLos analistas de TD Cowen explican que la familia Brown, que como se ha mencionado tiene un control significativo sobre el grupo, se ha resistido a este tipo de acuerdos en el pasado, pero podrían ser más receptivos por el débil crecimiento de la industria y el incierto calendario de recuperación. Y es que el cambio de hábitos en el consumo, hacia formas más saludables, parece que se trata una tendencia de largo recorrido.En este contexto, el pasado otoño, Brown-Forman presentó un plan para otorgar indemnizaciones a los ejecutivos cuyos contratos finalicen debido a un cambio de control. En ese momento, la compañía aseguró que la medida entraría en vigor de inmediato y se formuló como parte de su revisión periódica de las políticas de gobierno corporativo y compensación ejecutiva.El posible acuerdo incluye un importante componente accionarial, y es probable que las familias propietarias de ambas compañías conserven participaciones significativas en cualquier transacción, según informó el Wall Street Journal.Una vez que se resuelvan estas intrigas corporativas el siguiente paso será reconquistar al mercado. No será sencillo. El problema del consumo es transversal al vino, la cerveza y los espirituosos; nadie escapa. Se buscan fórmulas sin alcohol, más «frescas»; lo importante será reconquistar a los que se fueron y atraer a las nuevas generaciones. RSS de noticias de economia
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