Ingeniero técnico industrial en Electrónica e ingeniero en organización industrial, Jacob Jiménez es CEO de la compañía andaluza DSA Grupo, referencia en automatización industrial y soluciones de software y ciberseguridad. Este gaditano ha participado en alguna campaña electoral, lejos de su tierra, y conoce de primera mano la brutal influencia de la Inteligencia Artificial en todos los planos de la sociedad.Y por ende, de la política. Vicepresidente del Colegio de Graduados e Ingenieros Técnicos Industriales de Cádiz, asegura que no decidirá las elecciones, pero sí la forma de ganarlas; que todos los partidos ya la incluyen en su estrategia porque de no ser así partirían de una desventaja insalvable; y que, pese a los riesgos y la desconfianza que genera, un buen uso de la IA reportará una democracia más comprensible, cercana y eficaz. En esencia, más y mejor democracia.-¿Cómo va a impactar la inteligencia artificial en las campañas electorales en general y en Andalucía en particular?-Sobre todo en tres planos clave: la producción de contenido, el análisis de opinión y la personalización del mensaje. En producción, la capacidad actual no tiene nada que ver con la de antes con respecto generación de vídeos, imágenes, velocidad. En análisis de opinión, tareas que antes requerían consultoras, analistas y grandes equipos ahora se automatizan. Se pueden analizar millones de datos, interpretar sentimientos y medir en tiempo real cómo responde la gente a determinados estímulos.Y en personalización, antes era algo muy limitado y manual. Ahora, con ‘bots’, puedes generar respuestas automáticas adaptadas a cada individuo. Estas tres cosas cambian por completo la forma de relacionarse con el electorado.-El cambio es radical en sólo cuatro años.-Las últimas elecciones fueron en junio de 2022, antes de que la IA generativa irrumpiera. Es como comparar campañas antes y después de la televisión. La IA es el siguiente salto: tan disruptivo como la televisión, internet o las redes sociales. Por eso, la IA no va a decidir unas elecciones, pero sí va a cambiar cómo se ganan.-¿Qué significa exactamente eso de que cambiará cómo se ganan las elecciones?-Porque permite escuchar mejor a la sociedad y responder de forma mucho más precisa. No es lo mismo una encuesta puntual que analizar millones de conversaciones en redes en tiempo real. Puedes detectar preocupaciones reales y ajustar el mensaje. Eso se llama hipersegmentación: enviar mensajes distintos a perfiles distintos, automatizar respuestas persuasivas a gran escala.Bien usada, puede mejorar la conexión con el votante. Mal usada, puede generar desinformación, manipulación o pérdida de confianza.-¿Está mal visto el uso de la IA en política?-Más por desconocimiento que por otra cosa. La tecnología no es buena ni mala: depende del uso. Analizar datos para entender preocupaciones sociales no es negativo. Al contrario, puede ayudar a dar respuestas más ajustadas.El problema es que los medios suelen destacar el mal uso, porque es más impactante. Eso genera una percepción negativa. Cuando se ponga en valor el uso positivo, se normalizará.-¿Cómo se castiga el mal uso?-Socialmente, se penaliza mucho. Y hay ejemplos en el mundo de multas millonarias. Pero insisto: la tecnología no es el problema. Un coche te puede desplazar al trabajo, o sirve para llevar a los niños a la escuela, pero también puede atropellar a cientos de personas. El problema es el uso.El problema ya no es solo la desinformación, sino la desconfianza general: la gente empieza a no saber qué es real. Ese es el mayor riesgo.-¿Existen herramientas para detectar contenido falso?-Sí, técnicamente existen. Y en Europa hay regulación, como la directiva DSA, para proteger al ciudadano. El reto es equilibrar control y libertad.-¿Se utiliza la IA para elaborar discursos?-Sí, como apoyo. No sustituye al político, pero mejora la productividad. Puedes entrenar modelos con tu estilo y generar textos que mantengan tu voz, pero optimicen el mensaje: más claridad, más impacto, mejor estructura. Eso no es artificial, es eficiencia.-¿Puede la IA decidir unas elecciones?-No. Pero sí cambiar cómo se ganan. Hoy puedes hipersegmentar: enviar un mensaje distinto a un agricultor, que está en el tractor mirando su teléfono móvil, que a un estudiante, que cuenta precisamente con esa herramienta, pero cuyas preocupaciones son absolutamente diferentes. Antes lanzabas un mensaje general en televisión. Ahora puedes personalizarlo al máximo.Eso transforma completamente la estrategia.-Hablaba antes de marketing político. ¿Hasta qué punto se están utilizando ya herramientas propias del marketing digital en campañas electorales?-Totalmente. Todo lo que se hace en marketing digital para vender productos se puede trasladar a la política. Hoy existen bots que segmentan perfiles, campañas masivas de ‘mailing’, ‘call bots’ capaces de mantener conversaciones naturales… herramientas que ya se usan en entornos empresariales.Si una empresa utiliza inteligencia artificial para encontrar clientes, un partido político puede usar exactamente lo mismo para encontrar votantes. Es simplemente replicar ese modelo.Tienes definido tu «buyer persona», sabes qué redes usa, qué le interesa, qué problemas tiene… y puedes hacer que el mensaje le llegue en el momento adecuado y de la forma más eficaz.-Pero eso puede generar rechazo. ¿No se pierde el componente humano?-La inteligencia artificial no va a sustituir la empatía humana ni las relaciones personales ni la conciencia. Eso es imposible. Pero sí puede replicar comportamientos, interpretar el sentimiento de un mensaje y adaptar respuestas. No tiene por qué ser algo frío.Por ejemplo, se puede analizar no solo lo que alguien dice, sino cómo lo dice. Dos respuestas negativas no son iguales si una está argumentada y la otra es cortante. La IA detecta ese matiz y actúa en consecuencia. Llevado a una campaña electoral, la capacidad de entender al votante es enorme.-¿Existe riesgo de que circulen vídeos falsos de candidatos en esta campaña?-Existe y es incontrolable en términos técnicos. La tecnología está ahí. Otra cosa es el impacto real: cuánto se viraliza, cuánto tarda en desmentirse… Las agencias de verificación están monitorizando constantemente. En Europa se está intentando encontrar un equilibrio entre controlar la desinformación y no limitar libertades. No es fácil.-¿Estamos preparados legalmente para afrontar este escenario?-No del todo. Hay mucha ambigüedad. Algunos países están siendo muy duros con el contenido falso, pero eso también genera rechazo social. Hay que encontrar un equilibrio: proteger al ciudadano sin caer en una limitación excesiva de libertades. Es un proceso normal. Toda tecnología nueva pasa por una fase de ajuste normativo.-¿La desinformación es un problema nuevo de la IA?-No. La desinformación siempre ha existido. Lo que cambia ahora es la velocidad y la escala. Se puede producir mucho más contenido en mucho menos tiempo. Pero también hay más herramientas para detectarlo.-¿Puede la inteligencia artificial mejorar la democracia o, por el contrario, deteriorarla?Estoy convencido de que puede mejorarla. Antes generar contenido de campaña requería mucho dinero y grandes equipos. Eso era una barrera de entrada para partidos pequeños. Ahora, con herramientas accesibles, casi cualquiera puede generar contenido de calidad en poco tiempo y con pocos recursos. Eso democratiza el acceso. Además, permite escuchar mejor a la sociedad. No es lo mismo una encuesta limitada que un análisis masivo de conversaciones en tiempo real, con datos sobre contexto, ubicación, impacto o sentimiento. Eso ayuda a detectar preocupaciones reales y a mejorar la comunicación pública.-¿Dónde está entonces el equilibrio?-En combinar innovación con protección de derechos. No se trata de prohibir, sino de regular bien. De aprovechar el potencial de la IA sin poner en riesgo la confianza en la información. Si se hace bien, la inteligencia artificial puede hacer la democracia más comprensible, más cercana y más eficaz. Y una democracia más cercana es, en esencia, más democracia. Ingeniero técnico industrial en Electrónica e ingeniero en organización industrial, Jacob Jiménez es CEO de la compañía andaluza DSA Grupo, referencia en automatización industrial y soluciones de software y ciberseguridad. Este gaditano ha participado en alguna campaña electoral, lejos de su tierra, y conoce de primera mano la brutal influencia de la Inteligencia Artificial en todos los planos de la sociedad.Y por ende, de la política. Vicepresidente del Colegio de Graduados e Ingenieros Técnicos Industriales de Cádiz, asegura que no decidirá las elecciones, pero sí la forma de ganarlas; que todos los partidos ya la incluyen en su estrategia porque de no ser así partirían de una desventaja insalvable; y que, pese a los riesgos y la desconfianza que genera, un buen uso de la IA reportará una democracia más comprensible, cercana y eficaz. En esencia, más y mejor democracia.-¿Cómo va a impactar la inteligencia artificial en las campañas electorales en general y en Andalucía en particular?-Sobre todo en tres planos clave: la producción de contenido, el análisis de opinión y la personalización del mensaje. En producción, la capacidad actual no tiene nada que ver con la de antes con respecto generación de vídeos, imágenes, velocidad. En análisis de opinión, tareas que antes requerían consultoras, analistas y grandes equipos ahora se automatizan. Se pueden analizar millones de datos, interpretar sentimientos y medir en tiempo real cómo responde la gente a determinados estímulos.Y en personalización, antes era algo muy limitado y manual. Ahora, con ‘bots’, puedes generar respuestas automáticas adaptadas a cada individuo. Estas tres cosas cambian por completo la forma de relacionarse con el electorado.-El cambio es radical en sólo cuatro años.-Las últimas elecciones fueron en junio de 2022, antes de que la IA generativa irrumpiera. Es como comparar campañas antes y después de la televisión. La IA es el siguiente salto: tan disruptivo como la televisión, internet o las redes sociales. Por eso, la IA no va a decidir unas elecciones, pero sí va a cambiar cómo se ganan.-¿Qué significa exactamente eso de que cambiará cómo se ganan las elecciones?-Porque permite escuchar mejor a la sociedad y responder de forma mucho más precisa. No es lo mismo una encuesta puntual que analizar millones de conversaciones en redes en tiempo real. Puedes detectar preocupaciones reales y ajustar el mensaje. Eso se llama hipersegmentación: enviar mensajes distintos a perfiles distintos, automatizar respuestas persuasivas a gran escala.Bien usada, puede mejorar la conexión con el votante. Mal usada, puede generar desinformación, manipulación o pérdida de confianza.-¿Está mal visto el uso de la IA en política?-Más por desconocimiento que por otra cosa. La tecnología no es buena ni mala: depende del uso. Analizar datos para entender preocupaciones sociales no es negativo. Al contrario, puede ayudar a dar respuestas más ajustadas.El problema es que los medios suelen destacar el mal uso, porque es más impactante. Eso genera una percepción negativa. Cuando se ponga en valor el uso positivo, se normalizará.-¿Cómo se castiga el mal uso?-Socialmente, se penaliza mucho. Y hay ejemplos en el mundo de multas millonarias. Pero insisto: la tecnología no es el problema. Un coche te puede desplazar al trabajo, o sirve para llevar a los niños a la escuela, pero también puede atropellar a cientos de personas. El problema es el uso.El problema ya no es solo la desinformación, sino la desconfianza general: la gente empieza a no saber qué es real. Ese es el mayor riesgo.-¿Existen herramientas para detectar contenido falso?-Sí, técnicamente existen. Y en Europa hay regulación, como la directiva DSA, para proteger al ciudadano. El reto es equilibrar control y libertad.-¿Se utiliza la IA para elaborar discursos?-Sí, como apoyo. No sustituye al político, pero mejora la productividad. Puedes entrenar modelos con tu estilo y generar textos que mantengan tu voz, pero optimicen el mensaje: más claridad, más impacto, mejor estructura. Eso no es artificial, es eficiencia.-¿Puede la IA decidir unas elecciones?-No. Pero sí cambiar cómo se ganan. Hoy puedes hipersegmentar: enviar un mensaje distinto a un agricultor, que está en el tractor mirando su teléfono móvil, que a un estudiante, que cuenta precisamente con esa herramienta, pero cuyas preocupaciones son absolutamente diferentes. Antes lanzabas un mensaje general en televisión. Ahora puedes personalizarlo al máximo.Eso transforma completamente la estrategia.-Hablaba antes de marketing político. ¿Hasta qué punto se están utilizando ya herramientas propias del marketing digital en campañas electorales?-Totalmente. Todo lo que se hace en marketing digital para vender productos se puede trasladar a la política. Hoy existen bots que segmentan perfiles, campañas masivas de ‘mailing’, ‘call bots’ capaces de mantener conversaciones naturales… herramientas que ya se usan en entornos empresariales.Si una empresa utiliza inteligencia artificial para encontrar clientes, un partido político puede usar exactamente lo mismo para encontrar votantes. Es simplemente replicar ese modelo.Tienes definido tu «buyer persona», sabes qué redes usa, qué le interesa, qué problemas tiene… y puedes hacer que el mensaje le llegue en el momento adecuado y de la forma más eficaz.-Pero eso puede generar rechazo. ¿No se pierde el componente humano?-La inteligencia artificial no va a sustituir la empatía humana ni las relaciones personales ni la conciencia. Eso es imposible. Pero sí puede replicar comportamientos, interpretar el sentimiento de un mensaje y adaptar respuestas. No tiene por qué ser algo frío.Por ejemplo, se puede analizar no solo lo que alguien dice, sino cómo lo dice. Dos respuestas negativas no son iguales si una está argumentada y la otra es cortante. La IA detecta ese matiz y actúa en consecuencia. Llevado a una campaña electoral, la capacidad de entender al votante es enorme.-¿Existe riesgo de que circulen vídeos falsos de candidatos en esta campaña?-Existe y es incontrolable en términos técnicos. La tecnología está ahí. Otra cosa es el impacto real: cuánto se viraliza, cuánto tarda en desmentirse… Las agencias de verificación están monitorizando constantemente. En Europa se está intentando encontrar un equilibrio entre controlar la desinformación y no limitar libertades. No es fácil.-¿Estamos preparados legalmente para afrontar este escenario?-No del todo. Hay mucha ambigüedad. Algunos países están siendo muy duros con el contenido falso, pero eso también genera rechazo social. Hay que encontrar un equilibrio: proteger al ciudadano sin caer en una limitación excesiva de libertades. Es un proceso normal. Toda tecnología nueva pasa por una fase de ajuste normativo.-¿La desinformación es un problema nuevo de la IA?-No. La desinformación siempre ha existido. Lo que cambia ahora es la velocidad y la escala. Se puede producir mucho más contenido en mucho menos tiempo. Pero también hay más herramientas para detectarlo.-¿Puede la inteligencia artificial mejorar la democracia o, por el contrario, deteriorarla?Estoy convencido de que puede mejorarla. Antes generar contenido de campaña requería mucho dinero y grandes equipos. Eso era una barrera de entrada para partidos pequeños. Ahora, con herramientas accesibles, casi cualquiera puede generar contenido de calidad en poco tiempo y con pocos recursos. Eso democratiza el acceso. Además, permite escuchar mejor a la sociedad. No es lo mismo una encuesta limitada que un análisis masivo de conversaciones en tiempo real, con datos sobre contexto, ubicación, impacto o sentimiento. Eso ayuda a detectar preocupaciones reales y a mejorar la comunicación pública.-¿Dónde está entonces el equilibrio?-En combinar innovación con protección de derechos. No se trata de prohibir, sino de regular bien. De aprovechar el potencial de la IA sin poner en riesgo la confianza en la información. Si se hace bien, la inteligencia artificial puede hacer la democracia más comprensible, más cercana y más eficaz. Y una democracia más cercana es, en esencia, más democracia. Ingeniero técnico industrial en Electrónica e ingeniero en organización industrial, Jacob Jiménez es CEO de la compañía andaluza DSA Grupo, referencia en automatización industrial y soluciones de software y ciberseguridad. Este gaditano ha participado en alguna campaña electoral, lejos de su tierra, y conoce de primera mano la brutal influencia de la Inteligencia Artificial en todos los planos de la sociedad.Y por ende, de la política. Vicepresidente del Colegio de Graduados e Ingenieros Técnicos Industriales de Cádiz, asegura que no decidirá las elecciones, pero sí la forma de ganarlas; que todos los partidos ya la incluyen en su estrategia porque de no ser así partirían de una desventaja insalvable; y que, pese a los riesgos y la desconfianza que genera, un buen uso de la IA reportará una democracia más comprensible, cercana y eficaz. En esencia, más y mejor democracia.-¿Cómo va a impactar la inteligencia artificial en las campañas electorales en general y en Andalucía en particular?-Sobre todo en tres planos clave: la producción de contenido, el análisis de opinión y la personalización del mensaje. En producción, la capacidad actual no tiene nada que ver con la de antes con respecto generación de vídeos, imágenes, velocidad. En análisis de opinión, tareas que antes requerían consultoras, analistas y grandes equipos ahora se automatizan. Se pueden analizar millones de datos, interpretar sentimientos y medir en tiempo real cómo responde la gente a determinados estímulos.Y en personalización, antes era algo muy limitado y manual. Ahora, con ‘bots’, puedes generar respuestas automáticas adaptadas a cada individuo. Estas tres cosas cambian por completo la forma de relacionarse con el electorado.-El cambio es radical en sólo cuatro años.-Las últimas elecciones fueron en junio de 2022, antes de que la IA generativa irrumpiera. Es como comparar campañas antes y después de la televisión. La IA es el siguiente salto: tan disruptivo como la televisión, internet o las redes sociales. Por eso, la IA no va a decidir unas elecciones, pero sí va a cambiar cómo se ganan.-¿Qué significa exactamente eso de que cambiará cómo se ganan las elecciones?-Porque permite escuchar mejor a la sociedad y responder de forma mucho más precisa. No es lo mismo una encuesta puntual que analizar millones de conversaciones en redes en tiempo real. Puedes detectar preocupaciones reales y ajustar el mensaje. Eso se llama hipersegmentación: enviar mensajes distintos a perfiles distintos, automatizar respuestas persuasivas a gran escala.Bien usada, puede mejorar la conexión con el votante. Mal usada, puede generar desinformación, manipulación o pérdida de confianza.-¿Está mal visto el uso de la IA en política?-Más por desconocimiento que por otra cosa. La tecnología no es buena ni mala: depende del uso. Analizar datos para entender preocupaciones sociales no es negativo. Al contrario, puede ayudar a dar respuestas más ajustadas.El problema es que los medios suelen destacar el mal uso, porque es más impactante. Eso genera una percepción negativa. Cuando se ponga en valor el uso positivo, se normalizará.-¿Cómo se castiga el mal uso?-Socialmente, se penaliza mucho. Y hay ejemplos en el mundo de multas millonarias. Pero insisto: la tecnología no es el problema. Un coche te puede desplazar al trabajo, o sirve para llevar a los niños a la escuela, pero también puede atropellar a cientos de personas. El problema es el uso.El problema ya no es solo la desinformación, sino la desconfianza general: la gente empieza a no saber qué es real. Ese es el mayor riesgo.-¿Existen herramientas para detectar contenido falso?-Sí, técnicamente existen. Y en Europa hay regulación, como la directiva DSA, para proteger al ciudadano. El reto es equilibrar control y libertad.-¿Se utiliza la IA para elaborar discursos?-Sí, como apoyo. No sustituye al político, pero mejora la productividad. Puedes entrenar modelos con tu estilo y generar textos que mantengan tu voz, pero optimicen el mensaje: más claridad, más impacto, mejor estructura. Eso no es artificial, es eficiencia.-¿Puede la IA decidir unas elecciones?-No. Pero sí cambiar cómo se ganan. Hoy puedes hipersegmentar: enviar un mensaje distinto a un agricultor, que está en el tractor mirando su teléfono móvil, que a un estudiante, que cuenta precisamente con esa herramienta, pero cuyas preocupaciones son absolutamente diferentes. Antes lanzabas un mensaje general en televisión. Ahora puedes personalizarlo al máximo.Eso transforma completamente la estrategia.-Hablaba antes de marketing político. ¿Hasta qué punto se están utilizando ya herramientas propias del marketing digital en campañas electorales?-Totalmente. Todo lo que se hace en marketing digital para vender productos se puede trasladar a la política. Hoy existen bots que segmentan perfiles, campañas masivas de ‘mailing’, ‘call bots’ capaces de mantener conversaciones naturales… herramientas que ya se usan en entornos empresariales.Si una empresa utiliza inteligencia artificial para encontrar clientes, un partido político puede usar exactamente lo mismo para encontrar votantes. Es simplemente replicar ese modelo.Tienes definido tu «buyer persona», sabes qué redes usa, qué le interesa, qué problemas tiene… y puedes hacer que el mensaje le llegue en el momento adecuado y de la forma más eficaz.-Pero eso puede generar rechazo. ¿No se pierde el componente humano?-La inteligencia artificial no va a sustituir la empatía humana ni las relaciones personales ni la conciencia. Eso es imposible. Pero sí puede replicar comportamientos, interpretar el sentimiento de un mensaje y adaptar respuestas. No tiene por qué ser algo frío.Por ejemplo, se puede analizar no solo lo que alguien dice, sino cómo lo dice. Dos respuestas negativas no son iguales si una está argumentada y la otra es cortante. La IA detecta ese matiz y actúa en consecuencia. Llevado a una campaña electoral, la capacidad de entender al votante es enorme.-¿Existe riesgo de que circulen vídeos falsos de candidatos en esta campaña?-Existe y es incontrolable en términos técnicos. La tecnología está ahí. Otra cosa es el impacto real: cuánto se viraliza, cuánto tarda en desmentirse… Las agencias de verificación están monitorizando constantemente. En Europa se está intentando encontrar un equilibrio entre controlar la desinformación y no limitar libertades. No es fácil.-¿Estamos preparados legalmente para afrontar este escenario?-No del todo. Hay mucha ambigüedad. Algunos países están siendo muy duros con el contenido falso, pero eso también genera rechazo social. Hay que encontrar un equilibrio: proteger al ciudadano sin caer en una limitación excesiva de libertades. Es un proceso normal. Toda tecnología nueva pasa por una fase de ajuste normativo.-¿La desinformación es un problema nuevo de la IA?-No. La desinformación siempre ha existido. Lo que cambia ahora es la velocidad y la escala. Se puede producir mucho más contenido en mucho menos tiempo. Pero también hay más herramientas para detectarlo.-¿Puede la inteligencia artificial mejorar la democracia o, por el contrario, deteriorarla?Estoy convencido de que puede mejorarla. Antes generar contenido de campaña requería mucho dinero y grandes equipos. Eso era una barrera de entrada para partidos pequeños. Ahora, con herramientas accesibles, casi cualquiera puede generar contenido de calidad en poco tiempo y con pocos recursos. Eso democratiza el acceso. Además, permite escuchar mejor a la sociedad. No es lo mismo una encuesta limitada que un análisis masivo de conversaciones en tiempo real, con datos sobre contexto, ubicación, impacto o sentimiento. Eso ayuda a detectar preocupaciones reales y a mejorar la comunicación pública.-¿Dónde está entonces el equilibrio?-En combinar innovación con protección de derechos. No se trata de prohibir, sino de regular bien. De aprovechar el potencial de la IA sin poner en riesgo la confianza en la información. Si se hace bien, la inteligencia artificial puede hacer la democracia más comprensible, más cercana y más eficaz. Y una democracia más cercana es, en esencia, más democracia. RSS de noticias de espana/andalucia
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