
Un día cualquiera y sin esperarlo, la bailarina y coreógrafa Jone San Martín (San Sebastián, 59 años) empezó a perder audición. “Al principio no entendía por qué la gente hablaba tan bajo, hasta que personas allegadas me hicieron notar que era yo la que no escuchaba”, explica a este periódico. Tenía 30 años y formaba parte del prestigioso Ballet de Frankfurt, dirigido por William Forsythe. Con 32, empezó a usar audífonos, la sordera era casi total. “Después de un tiempo se lo dije a Bill [Forsythe] y le inspiró la idea de ponernos auriculares a todos los bailarines en la obra Sider. El público no sabía que los bailarines escuchábamos la película Hamlet (1969) mientras bailábamos, así como pautas que nos daba el propio Forsythe”, recuerda. Un gesto coreográfico alrededor de la escucha que confirma la personalidad deslumbrante del creador neoyorquino.

La coreógrafa, que perdió la audición en un importante momento de su carrera internacional, estrena un espectáculo en el que juega con la música como experiencia física 
Un día cualquiera y sin esperarlo, la bailarina y coreógrafa Jone San Martín (San Sebastián, 59 años) empezó a perder audición. “Al principio no entendía por qué la gente hablaba tan bajo, hasta que personas allegadas me hicieron notar que era yo la que no escuchaba”, explica a este periódico. Tenía 30 años y formaba parte del prestigioso Ballet de Frankfurt, dirigido por William Forsythe. Con 32, empezó a usar audífonos, la sordera era casi total. “Después de un tiempo se lo dije a Bill [Forsythe] y le inspiró la idea de ponernos auriculares a todos los bailarines en la obra Sider. El público no sabía que los bailarines escuchábamos la película Hamlet (1969) mientras bailábamos, así como pautas que nos daba el propio Forsythe”, recuerda. Un gesto coreográfico alrededor de la escucha que confirma la personalidad deslumbrante del creador neoyorquino.

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