Experto en Ciencia Política, el profesor de la Universidad de Olavide José Manuel Trujillo analiza para ABC de Sevilla la inminente campaña electoral andaluzas y destaca la importancia que va a tener en la misma el mensaje nacional, que interesa bastante desde cualquiera de los flancos de esta disputa. Doctor por la Universidad de Granada con la tesis ‘La influencia del contexto local en el comportamiento electoral tipo de hábitat y voto en Andalucía (1999-2012)’, Trujillo desgrana la situación actual de los partidos y su contexto y desvela las claves que, probablemente, marcarán los comicios autonómicos-Justo a las puertas de un nuevo periodo electoral, ¿cómo valora la decisión de Juan Moreno de convocar elecciones para el 17 de mayo? ¿Qué ha podido buscar con este movimiento?-En primer lugar, hay un intento claro de jugar con el factor sorpresa. Aunque es verdad que dentro del contexto político se sabía que la convocatoria podía llegar en cualquier momento, adelantar el anuncio siempre introduce cierta ventaja estratégica. Especialmente frente a un partido como el PSOE, cuya candidata tiene responsabilidades institucionales importantes, lo que limitaba su capacidad para activar una precampaña con la misma intensidad.Ese movimiento permite, en cierto modo, ganar tiempo y terreno. No tanto porque el resto no esperara elecciones, sino porque condiciona el ritmo. Obliga a reaccionar en lugar de anticiparse. Y en política, muchas veces, quien marca el tempo tiene una ventaja relevante.-Sin duda, era el momento que más le interesaba.-Es que hay otro elemento clave: la incertidumbre. Venimos de varios procesos electorales recientes —Castilla y León y Aragón— donde los resultados han sido favorables para el Partido Popular, pero quizá no tan contundentes como se preveía en algunos escenarios. Vox, por ejemplo, ha tenido comportamientos diferentes: en algunos casos sube, en otros se estanca, pero en ningún caso desaparece como algunos pronosticaban.En ese contexto, alargar los plazos podría generar más nerviosismo. Más tiempo significa más exposición a factores imprevistos. Y ahí entra también el contexto internacional (la guerra, la situación geopolítica) que puede alterar el estado de ánimo del electorado de forma impredecible. Por tanto, la decisión parece responder a una lógica bastante clásica: si tienes la capacidad de convocar elecciones, lo haces cuando consideras que el escenario te es más favorable.-¿Mejor en mayo que en junio? Por aquello de la participación. -En 2022 había cierto temor dentro del propio Partido Popular a que el calendario coincidiera con el inicio de las vacaciones de verano y eso podía generar desmovilización del electorado. Ese tipo de detalles son importantes. Cuando las encuestas te son favorables, el riesgo no es tanto perder votos como que tu electorado se relaje. Y la desmovilización, en un sistema como el nuestro, puede cambiar resultados.Por eso, mover la fecha a mayo puede interpretarse también como una forma de minimizar ese riesgo.-¿La fecha elegida puede influir en la participación?-Sí, sin duda. Lo primero que hay que tener en cuenta es que estas elecciones no coinciden con otros comicios. Y eso, históricamente, implica una participación más baja. Cuando hay concurrencia —generales, europeas— la movilización suele aumentar.Partiendo de ahí, lo esperable es que la participación no se dispare respecto a anteriores autonómicas. Puede haber variaciones, pero dentro de márgenes relativamente estables, salvo que ocurra algo excepcional durante la campaña.-¿Qué panorama dibujan las últimas elecciones autonómicas para Andalucía?-Lo que hemos visto es que el Partido Popular gana, sí, pero no siempre con la contundencia que se esperaba en algunos análisis previos. Y eso es relevante, porque las expectativas también forman parte del relato político.En algunos territorios, el PSOE ha resistido mejor de lo previsto. Incluso en casos como Castilla y León, ha mantenido resultados o ha mejorado en escaños por cuestiones del sistema electoral. En cuanto a Vox, tampoco ha confirmado del todo algunas expectativas de crecimiento fuerte. No se hunde, pero tampoco se dispara.Y luego está la izquierda a la izquierda del PSOE, donde hay una gran variabilidad: en algunos sitios funciona mejor, en otros desaparece prácticamente del mapa. Todo esto dibuja un escenario menos claro de lo que parecía hace unos meses. No porque el PP esté peor, sino porque las expectativas eran muy altas.-¿Se puede extrapolar eso a Andalucía?-Con cautela. Andalucía tiene particularidades importantes. Por ejemplo, el liderazgo de Moreno Bonilla está más consolidado que en otros territorios. Además, la gestión comunicativa de crisis recientes —temporales, accidentes— ha sido bastante eficaz. Independientemente de la gestión en sí, el relato público ha sido controlado, y eso en política es clave. No sólo es hacerlo bien, sino comunicarlo.Eso no significa que no haya puntos débiles. Por ejemplo, la crisis de los cribados de cáncer de mama o la situación de la atención primaria puede convertirse en un eje de campaña importante para la oposición. Es lo más significativo en negativo de la gestión del PP.-¿El tiempo juega a favor o en contra del presidente?-Es muy difícil decirlo ahora mismo. Vivimos en un contexto extremadamente volátil. Lo que hoy parece favorable puede cambiar en cuestión de días. Factores externos —crisis internacionales, escándalos de corrupción, decisiones políticas— pueden alterar completamente el escenario.De hecho, cada vez más las elecciones se deciden en los últimos días. Incluso en la última semana. Por eso, anticipar tendencias a largo plazo es cada vez más complicado.-¿Cómo puede afectar a Vox el escenario de pactos que se está viendo en otras comunidades?-Yo creo que Vox va a intentar convertir esos pactos en un argumento de utilidad. Es decir, trasladar la idea de que su presencia es determinante para que ciertas políticas se lleven a cabo. Más que centrarse únicamente en entrar o no en gobiernos, que también es relevante, su estrategia probablemente pase por reforzar la percepción de que su voto tiene consecuencias concretas. Que sin ellos, determinadas medidas, las que defienden, no serían posibles.Eso les permite consolidar a su electorado más ideológico, más fiel, y evitar fugas hacia el Partido Popular. Es una lógica bastante clara: si quieres que esto ocurra, tienes que votarme a mí.-Si tuviera que señalar una clave que pueda marcar estas elecciones, ¿cuál sería?-Aunque se trate de unas elecciones andaluzas, creo que se va a hablar mucho de España. Es algo que ya hemos visto en otros procesos recientes: la tendencia a ‘nacionalizar’ las campañas autonómicas. El posicionamiento respecto al Gobierno central, a las grandes cuestiones nacionales, genera polarización y moviliza. Y esa polarización, en el contexto actual, es útil para casi todos los partidos.El PP puede utilizarlo para confrontar con el Gobierno de España. El PSOE para movilizar a su electorado frente a la derecha. Y otras fuerzas también encuentran ahí un espacio. Por eso, aunque formalmente se vote en Andalucía, el debate no va a ser exclusivamente andaluz. El PP, en cualquier caso, va a centrar su discurso en la estabilidad. Ese es su marco: ofrecer continuidad frente a la incertidumbre.-¿Al PP le interesa hablar de Andalucía y al PSOE de España?-No exactamente en esos términos, pero sí hay una diferencia de enfoque. Al PP le interesa centrarse en la gestión, en la estabilidad, en cómo está funcionando Andalucía bajo su gobierno. Al PSOE, en cambio, le conviene abrir el foco: introducir temas más amplios, conectar con debates nacionales, movilizar a su electorado en clave más ideológica.-¿La elección de María Jesús Montero como candidata del PSOE es la más adecuada?-Creo que respondía más a una lógica interna que estrictamente electoral cuando se eligió. Era una figura con peso dentro del partido y con proyección nacional, lo que ayudaba a ordenar ciertas dinámicas internas.Ahora bien, desde el punto de vista electoral, tiene luces y sombras. Por un lado, su visibilidad como vicepresidenta le da notoriedad. Pero poner a una a una persona que lleva las cuentas y los impuestos que pagamos, no parece lo mejor. No es una apuesta neutra. Tiene riesgos.-La fragmentación de la izquierda parece cada vez más evidente. Parece imposible de coser.-Sí, pero hay que matizar. Representan cosas distintas. No siempre uno más uno son dos. Hay que ver hasta qué punto son proyectos distintos. En el caso andaluz, por ejemplo, Adelante Andalucía ha evolucionado hacia una identidad más claramente andalucista, diferenciándose de otras opciones estatales como Podemos y Sumar.Otra cosa es que el electorado al que apela sea tan diferente. M;ás que confluir juntas, la clave sería colaborar. Por ejemplo, Adelante en las elecciones generales decidía sólo presentarse por una o dos circunscripciones, no por todas, porque podía restar a otras fuerzas nacionales. Es lo que plantea Rufián, no vamos a poner al votante en muchos aprietos. Cooperar no significa integrarse.En Andalucía esto se complica aún más por el sistema electoral. Hay provincias donde conseguir el último escaño es muy difícil, y dividir el voto puede hacer que ninguna fuerza lo consiga. En otras, como Sevilla, hay más margen. Pero en territorios más pequeños o con un voto más concentrado en la derecha, la fragmentación penaliza claramente.-¿El sentimiento andalucista tiene una traducción política clara?-Existe, pero hay que entenderlo bien. La mayoría de los andaluces se siente tanto andaluza como española. Esa dualidad es histórica y mayoritaria. El sentimiento exclusivamente andaluz, en cambio, es muy minoritario, en torno a un 2% o 3% según encuestas. Eso limita el potencial electoral de proyectos basados únicamente en esa identidad. Aunque sí pueden tener un espacio, sobre todo si logran conectar con sectores concretos.-Todo por decidir.-Lo importante es entender que estamos en un contexto donde todo puede cambiar muy rápido. Las campañas cada vez influyen más en la recta final. Los indecisos, o mejor dicho, los votantes que retrasan su decisión, tienen un peso creciente. Y eso hace que cualquier acontecimiento (político, económico o incluso internacional) pueda alterar el resultado. Experto en Ciencia Política, el profesor de la Universidad de Olavide José Manuel Trujillo analiza para ABC de Sevilla la inminente campaña electoral andaluzas y destaca la importancia que va a tener en la misma el mensaje nacional, que interesa bastante desde cualquiera de los flancos de esta disputa. Doctor por la Universidad de Granada con la tesis ‘La influencia del contexto local en el comportamiento electoral tipo de hábitat y voto en Andalucía (1999-2012)’, Trujillo desgrana la situación actual de los partidos y su contexto y desvela las claves que, probablemente, marcarán los comicios autonómicos-Justo a las puertas de un nuevo periodo electoral, ¿cómo valora la decisión de Juan Moreno de convocar elecciones para el 17 de mayo? ¿Qué ha podido buscar con este movimiento?-En primer lugar, hay un intento claro de jugar con el factor sorpresa. Aunque es verdad que dentro del contexto político se sabía que la convocatoria podía llegar en cualquier momento, adelantar el anuncio siempre introduce cierta ventaja estratégica. Especialmente frente a un partido como el PSOE, cuya candidata tiene responsabilidades institucionales importantes, lo que limitaba su capacidad para activar una precampaña con la misma intensidad.Ese movimiento permite, en cierto modo, ganar tiempo y terreno. No tanto porque el resto no esperara elecciones, sino porque condiciona el ritmo. Obliga a reaccionar en lugar de anticiparse. Y en política, muchas veces, quien marca el tempo tiene una ventaja relevante.-Sin duda, era el momento que más le interesaba.-Es que hay otro elemento clave: la incertidumbre. Venimos de varios procesos electorales recientes —Castilla y León y Aragón— donde los resultados han sido favorables para el Partido Popular, pero quizá no tan contundentes como se preveía en algunos escenarios. Vox, por ejemplo, ha tenido comportamientos diferentes: en algunos casos sube, en otros se estanca, pero en ningún caso desaparece como algunos pronosticaban.En ese contexto, alargar los plazos podría generar más nerviosismo. Más tiempo significa más exposición a factores imprevistos. Y ahí entra también el contexto internacional (la guerra, la situación geopolítica) que puede alterar el estado de ánimo del electorado de forma impredecible. Por tanto, la decisión parece responder a una lógica bastante clásica: si tienes la capacidad de convocar elecciones, lo haces cuando consideras que el escenario te es más favorable.-¿Mejor en mayo que en junio? Por aquello de la participación. -En 2022 había cierto temor dentro del propio Partido Popular a que el calendario coincidiera con el inicio de las vacaciones de verano y eso podía generar desmovilización del electorado. Ese tipo de detalles son importantes. Cuando las encuestas te son favorables, el riesgo no es tanto perder votos como que tu electorado se relaje. Y la desmovilización, en un sistema como el nuestro, puede cambiar resultados.Por eso, mover la fecha a mayo puede interpretarse también como una forma de minimizar ese riesgo.-¿La fecha elegida puede influir en la participación?-Sí, sin duda. Lo primero que hay que tener en cuenta es que estas elecciones no coinciden con otros comicios. Y eso, históricamente, implica una participación más baja. Cuando hay concurrencia —generales, europeas— la movilización suele aumentar.Partiendo de ahí, lo esperable es que la participación no se dispare respecto a anteriores autonómicas. Puede haber variaciones, pero dentro de márgenes relativamente estables, salvo que ocurra algo excepcional durante la campaña.-¿Qué panorama dibujan las últimas elecciones autonómicas para Andalucía?-Lo que hemos visto es que el Partido Popular gana, sí, pero no siempre con la contundencia que se esperaba en algunos análisis previos. Y eso es relevante, porque las expectativas también forman parte del relato político.En algunos territorios, el PSOE ha resistido mejor de lo previsto. Incluso en casos como Castilla y León, ha mantenido resultados o ha mejorado en escaños por cuestiones del sistema electoral. En cuanto a Vox, tampoco ha confirmado del todo algunas expectativas de crecimiento fuerte. No se hunde, pero tampoco se dispara.Y luego está la izquierda a la izquierda del PSOE, donde hay una gran variabilidad: en algunos sitios funciona mejor, en otros desaparece prácticamente del mapa. Todo esto dibuja un escenario menos claro de lo que parecía hace unos meses. No porque el PP esté peor, sino porque las expectativas eran muy altas.-¿Se puede extrapolar eso a Andalucía?-Con cautela. Andalucía tiene particularidades importantes. Por ejemplo, el liderazgo de Moreno Bonilla está más consolidado que en otros territorios. Además, la gestión comunicativa de crisis recientes —temporales, accidentes— ha sido bastante eficaz. Independientemente de la gestión en sí, el relato público ha sido controlado, y eso en política es clave. No sólo es hacerlo bien, sino comunicarlo.Eso no significa que no haya puntos débiles. Por ejemplo, la crisis de los cribados de cáncer de mama o la situación de la atención primaria puede convertirse en un eje de campaña importante para la oposición. Es lo más significativo en negativo de la gestión del PP.-¿El tiempo juega a favor o en contra del presidente?-Es muy difícil decirlo ahora mismo. Vivimos en un contexto extremadamente volátil. Lo que hoy parece favorable puede cambiar en cuestión de días. Factores externos —crisis internacionales, escándalos de corrupción, decisiones políticas— pueden alterar completamente el escenario.De hecho, cada vez más las elecciones se deciden en los últimos días. Incluso en la última semana. Por eso, anticipar tendencias a largo plazo es cada vez más complicado.-¿Cómo puede afectar a Vox el escenario de pactos que se está viendo en otras comunidades?-Yo creo que Vox va a intentar convertir esos pactos en un argumento de utilidad. Es decir, trasladar la idea de que su presencia es determinante para que ciertas políticas se lleven a cabo. Más que centrarse únicamente en entrar o no en gobiernos, que también es relevante, su estrategia probablemente pase por reforzar la percepción de que su voto tiene consecuencias concretas. Que sin ellos, determinadas medidas, las que defienden, no serían posibles.Eso les permite consolidar a su electorado más ideológico, más fiel, y evitar fugas hacia el Partido Popular. Es una lógica bastante clara: si quieres que esto ocurra, tienes que votarme a mí.-Si tuviera que señalar una clave que pueda marcar estas elecciones, ¿cuál sería?-Aunque se trate de unas elecciones andaluzas, creo que se va a hablar mucho de España. Es algo que ya hemos visto en otros procesos recientes: la tendencia a ‘nacionalizar’ las campañas autonómicas. El posicionamiento respecto al Gobierno central, a las grandes cuestiones nacionales, genera polarización y moviliza. Y esa polarización, en el contexto actual, es útil para casi todos los partidos.El PP puede utilizarlo para confrontar con el Gobierno de España. El PSOE para movilizar a su electorado frente a la derecha. Y otras fuerzas también encuentran ahí un espacio. Por eso, aunque formalmente se vote en Andalucía, el debate no va a ser exclusivamente andaluz. El PP, en cualquier caso, va a centrar su discurso en la estabilidad. Ese es su marco: ofrecer continuidad frente a la incertidumbre.-¿Al PP le interesa hablar de Andalucía y al PSOE de España?-No exactamente en esos términos, pero sí hay una diferencia de enfoque. Al PP le interesa centrarse en la gestión, en la estabilidad, en cómo está funcionando Andalucía bajo su gobierno. Al PSOE, en cambio, le conviene abrir el foco: introducir temas más amplios, conectar con debates nacionales, movilizar a su electorado en clave más ideológica.-¿La elección de María Jesús Montero como candidata del PSOE es la más adecuada?-Creo que respondía más a una lógica interna que estrictamente electoral cuando se eligió. Era una figura con peso dentro del partido y con proyección nacional, lo que ayudaba a ordenar ciertas dinámicas internas.Ahora bien, desde el punto de vista electoral, tiene luces y sombras. Por un lado, su visibilidad como vicepresidenta le da notoriedad. Pero poner a una a una persona que lleva las cuentas y los impuestos que pagamos, no parece lo mejor. No es una apuesta neutra. Tiene riesgos.-La fragmentación de la izquierda parece cada vez más evidente. Parece imposible de coser.-Sí, pero hay que matizar. Representan cosas distintas. No siempre uno más uno son dos. Hay que ver hasta qué punto son proyectos distintos. En el caso andaluz, por ejemplo, Adelante Andalucía ha evolucionado hacia una identidad más claramente andalucista, diferenciándose de otras opciones estatales como Podemos y Sumar.Otra cosa es que el electorado al que apela sea tan diferente. M;ás que confluir juntas, la clave sería colaborar. Por ejemplo, Adelante en las elecciones generales decidía sólo presentarse por una o dos circunscripciones, no por todas, porque podía restar a otras fuerzas nacionales. Es lo que plantea Rufián, no vamos a poner al votante en muchos aprietos. Cooperar no significa integrarse.En Andalucía esto se complica aún más por el sistema electoral. Hay provincias donde conseguir el último escaño es muy difícil, y dividir el voto puede hacer que ninguna fuerza lo consiga. En otras, como Sevilla, hay más margen. Pero en territorios más pequeños o con un voto más concentrado en la derecha, la fragmentación penaliza claramente.-¿El sentimiento andalucista tiene una traducción política clara?-Existe, pero hay que entenderlo bien. La mayoría de los andaluces se siente tanto andaluza como española. Esa dualidad es histórica y mayoritaria. El sentimiento exclusivamente andaluz, en cambio, es muy minoritario, en torno a un 2% o 3% según encuestas. Eso limita el potencial electoral de proyectos basados únicamente en esa identidad. Aunque sí pueden tener un espacio, sobre todo si logran conectar con sectores concretos.-Todo por decidir.-Lo importante es entender que estamos en un contexto donde todo puede cambiar muy rápido. Las campañas cada vez influyen más en la recta final. Los indecisos, o mejor dicho, los votantes que retrasan su decisión, tienen un peso creciente. Y eso hace que cualquier acontecimiento (político, económico o incluso internacional) pueda alterar el resultado. Experto en Ciencia Política, el profesor de la Universidad de Olavide José Manuel Trujillo analiza para ABC de Sevilla la inminente campaña electoral andaluzas y destaca la importancia que va a tener en la misma el mensaje nacional, que interesa bastante desde cualquiera de los flancos de esta disputa. Doctor por la Universidad de Granada con la tesis ‘La influencia del contexto local en el comportamiento electoral tipo de hábitat y voto en Andalucía (1999-2012)’, Trujillo desgrana la situación actual de los partidos y su contexto y desvela las claves que, probablemente, marcarán los comicios autonómicos-Justo a las puertas de un nuevo periodo electoral, ¿cómo valora la decisión de Juan Moreno de convocar elecciones para el 17 de mayo? ¿Qué ha podido buscar con este movimiento?-En primer lugar, hay un intento claro de jugar con el factor sorpresa. Aunque es verdad que dentro del contexto político se sabía que la convocatoria podía llegar en cualquier momento, adelantar el anuncio siempre introduce cierta ventaja estratégica. Especialmente frente a un partido como el PSOE, cuya candidata tiene responsabilidades institucionales importantes, lo que limitaba su capacidad para activar una precampaña con la misma intensidad.Ese movimiento permite, en cierto modo, ganar tiempo y terreno. No tanto porque el resto no esperara elecciones, sino porque condiciona el ritmo. Obliga a reaccionar en lugar de anticiparse. Y en política, muchas veces, quien marca el tempo tiene una ventaja relevante.-Sin duda, era el momento que más le interesaba.-Es que hay otro elemento clave: la incertidumbre. Venimos de varios procesos electorales recientes —Castilla y León y Aragón— donde los resultados han sido favorables para el Partido Popular, pero quizá no tan contundentes como se preveía en algunos escenarios. Vox, por ejemplo, ha tenido comportamientos diferentes: en algunos casos sube, en otros se estanca, pero en ningún caso desaparece como algunos pronosticaban.En ese contexto, alargar los plazos podría generar más nerviosismo. Más tiempo significa más exposición a factores imprevistos. Y ahí entra también el contexto internacional (la guerra, la situación geopolítica) que puede alterar el estado de ánimo del electorado de forma impredecible. Por tanto, la decisión parece responder a una lógica bastante clásica: si tienes la capacidad de convocar elecciones, lo haces cuando consideras que el escenario te es más favorable.-¿Mejor en mayo que en junio? Por aquello de la participación. -En 2022 había cierto temor dentro del propio Partido Popular a que el calendario coincidiera con el inicio de las vacaciones de verano y eso podía generar desmovilización del electorado. Ese tipo de detalles son importantes. Cuando las encuestas te son favorables, el riesgo no es tanto perder votos como que tu electorado se relaje. Y la desmovilización, en un sistema como el nuestro, puede cambiar resultados.Por eso, mover la fecha a mayo puede interpretarse también como una forma de minimizar ese riesgo.-¿La fecha elegida puede influir en la participación?-Sí, sin duda. Lo primero que hay que tener en cuenta es que estas elecciones no coinciden con otros comicios. Y eso, históricamente, implica una participación más baja. Cuando hay concurrencia —generales, europeas— la movilización suele aumentar.Partiendo de ahí, lo esperable es que la participación no se dispare respecto a anteriores autonómicas. Puede haber variaciones, pero dentro de márgenes relativamente estables, salvo que ocurra algo excepcional durante la campaña.-¿Qué panorama dibujan las últimas elecciones autonómicas para Andalucía?-Lo que hemos visto es que el Partido Popular gana, sí, pero no siempre con la contundencia que se esperaba en algunos análisis previos. Y eso es relevante, porque las expectativas también forman parte del relato político.En algunos territorios, el PSOE ha resistido mejor de lo previsto. Incluso en casos como Castilla y León, ha mantenido resultados o ha mejorado en escaños por cuestiones del sistema electoral. En cuanto a Vox, tampoco ha confirmado del todo algunas expectativas de crecimiento fuerte. No se hunde, pero tampoco se dispara.Y luego está la izquierda a la izquierda del PSOE, donde hay una gran variabilidad: en algunos sitios funciona mejor, en otros desaparece prácticamente del mapa. Todo esto dibuja un escenario menos claro de lo que parecía hace unos meses. No porque el PP esté peor, sino porque las expectativas eran muy altas.-¿Se puede extrapolar eso a Andalucía?-Con cautela. Andalucía tiene particularidades importantes. Por ejemplo, el liderazgo de Moreno Bonilla está más consolidado que en otros territorios. Además, la gestión comunicativa de crisis recientes —temporales, accidentes— ha sido bastante eficaz. Independientemente de la gestión en sí, el relato público ha sido controlado, y eso en política es clave. No sólo es hacerlo bien, sino comunicarlo.Eso no significa que no haya puntos débiles. Por ejemplo, la crisis de los cribados de cáncer de mama o la situación de la atención primaria puede convertirse en un eje de campaña importante para la oposición. Es lo más significativo en negativo de la gestión del PP.-¿El tiempo juega a favor o en contra del presidente?-Es muy difícil decirlo ahora mismo. Vivimos en un contexto extremadamente volátil. Lo que hoy parece favorable puede cambiar en cuestión de días. Factores externos —crisis internacionales, escándalos de corrupción, decisiones políticas— pueden alterar completamente el escenario.De hecho, cada vez más las elecciones se deciden en los últimos días. Incluso en la última semana. Por eso, anticipar tendencias a largo plazo es cada vez más complicado.-¿Cómo puede afectar a Vox el escenario de pactos que se está viendo en otras comunidades?-Yo creo que Vox va a intentar convertir esos pactos en un argumento de utilidad. Es decir, trasladar la idea de que su presencia es determinante para que ciertas políticas se lleven a cabo. Más que centrarse únicamente en entrar o no en gobiernos, que también es relevante, su estrategia probablemente pase por reforzar la percepción de que su voto tiene consecuencias concretas. Que sin ellos, determinadas medidas, las que defienden, no serían posibles.Eso les permite consolidar a su electorado más ideológico, más fiel, y evitar fugas hacia el Partido Popular. Es una lógica bastante clara: si quieres que esto ocurra, tienes que votarme a mí.-Si tuviera que señalar una clave que pueda marcar estas elecciones, ¿cuál sería?-Aunque se trate de unas elecciones andaluzas, creo que se va a hablar mucho de España. Es algo que ya hemos visto en otros procesos recientes: la tendencia a ‘nacionalizar’ las campañas autonómicas. El posicionamiento respecto al Gobierno central, a las grandes cuestiones nacionales, genera polarización y moviliza. Y esa polarización, en el contexto actual, es útil para casi todos los partidos.El PP puede utilizarlo para confrontar con el Gobierno de España. El PSOE para movilizar a su electorado frente a la derecha. Y otras fuerzas también encuentran ahí un espacio. Por eso, aunque formalmente se vote en Andalucía, el debate no va a ser exclusivamente andaluz. El PP, en cualquier caso, va a centrar su discurso en la estabilidad. Ese es su marco: ofrecer continuidad frente a la incertidumbre.-¿Al PP le interesa hablar de Andalucía y al PSOE de España?-No exactamente en esos términos, pero sí hay una diferencia de enfoque. Al PP le interesa centrarse en la gestión, en la estabilidad, en cómo está funcionando Andalucía bajo su gobierno. Al PSOE, en cambio, le conviene abrir el foco: introducir temas más amplios, conectar con debates nacionales, movilizar a su electorado en clave más ideológica.-¿La elección de María Jesús Montero como candidata del PSOE es la más adecuada?-Creo que respondía más a una lógica interna que estrictamente electoral cuando se eligió. Era una figura con peso dentro del partido y con proyección nacional, lo que ayudaba a ordenar ciertas dinámicas internas.Ahora bien, desde el punto de vista electoral, tiene luces y sombras. Por un lado, su visibilidad como vicepresidenta le da notoriedad. Pero poner a una a una persona que lleva las cuentas y los impuestos que pagamos, no parece lo mejor. No es una apuesta neutra. Tiene riesgos.-La fragmentación de la izquierda parece cada vez más evidente. Parece imposible de coser.-Sí, pero hay que matizar. Representan cosas distintas. No siempre uno más uno son dos. Hay que ver hasta qué punto son proyectos distintos. En el caso andaluz, por ejemplo, Adelante Andalucía ha evolucionado hacia una identidad más claramente andalucista, diferenciándose de otras opciones estatales como Podemos y Sumar.Otra cosa es que el electorado al que apela sea tan diferente. M;ás que confluir juntas, la clave sería colaborar. Por ejemplo, Adelante en las elecciones generales decidía sólo presentarse por una o dos circunscripciones, no por todas, porque podía restar a otras fuerzas nacionales. Es lo que plantea Rufián, no vamos a poner al votante en muchos aprietos. Cooperar no significa integrarse.En Andalucía esto se complica aún más por el sistema electoral. Hay provincias donde conseguir el último escaño es muy difícil, y dividir el voto puede hacer que ninguna fuerza lo consiga. En otras, como Sevilla, hay más margen. Pero en territorios más pequeños o con un voto más concentrado en la derecha, la fragmentación penaliza claramente.-¿El sentimiento andalucista tiene una traducción política clara?-Existe, pero hay que entenderlo bien. La mayoría de los andaluces se siente tanto andaluza como española. Esa dualidad es histórica y mayoritaria. El sentimiento exclusivamente andaluz, en cambio, es muy minoritario, en torno a un 2% o 3% según encuestas. Eso limita el potencial electoral de proyectos basados únicamente en esa identidad. Aunque sí pueden tener un espacio, sobre todo si logran conectar con sectores concretos.-Todo por decidir.-Lo importante es entender que estamos en un contexto donde todo puede cambiar muy rápido. Las campañas cada vez influyen más en la recta final. Los indecisos, o mejor dicho, los votantes que retrasan su decisión, tienen un peso creciente. Y eso hace que cualquier acontecimiento (político, económico o incluso internacional) pueda alterar el resultado. RSS de noticias de espana/andalucia
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