La Maestranza también se abre por dentro cuando Sevilla empieza a latir. En una de esas mañanas de puertas abiertas, con colegios y universitarios descubriendo los adentros del coso del Baratillo, Juan Ortega aparece sin albero en las manoletinas, pero con el toreo en la mirada. Entre la curiosidad de los más jóvenes y el murmullo de quien empieza a entender la liturgia, el torero nacido en Triana enseña sus nuevos vestidos y el capote de paseo como quien comparte algo más que una prenda: una forma de sentir. Hay en ese gesto algo de aquel niño que soñaba tocando bordados, y mucho del torero que hoy se sabe en vísperas de Sevilla.La Feria ya asoma. Y Ortega la encara con su natural mezcla de calma y desvelo, de serenidad por fuera y ansia por dentro. Con elegancia, con medida… y con ese anhelo intacto de emocionar a una plaza que no se regala, pero que cuando se entrega, lo hace para siempre.—Juan, ya ha llegado ese momento que espera todo el año: Sevilla, su plaza, su tierra…—Ya la tenemos aquí. Ya está. Y se te coge aquí… en el pecho. Sevilla siempre es especial, pero este año quizá lo es todavía más. Se nota algo distinto. La gente lo siente, lo habla, lo vive. Hay expectación por la Feria por diferentes circunstancias, y eso se percibe en la calle.—También será una Feria especial por la presencia al frente de la empresa de una persona de su máxima confianza, su apoderado y amigo José María Garzón.—La verdad es que me alegro muchísimo por él. José María tiene esa capacidad de generar ilusión, de levantar expectación, y no solo lo ha demostrado en Sevilla, sino en muchas plazas. Y me alegro porque esto es su vida, su sueño. Se le nota mucho. Y eso también se transmite.«Sevilla se te coge aquí… en el pecho. Este año se siente algo distinto»—Lo estamos viendo además en actos como este con los niños, con los colegios, con la tauromaquia entendida también como pedagogía y cercanía.—Sí. Yo creo que había que hacerlo. A mí, de niño, una de las primeras cosas que me llamaban la atención del toreo eran los vestidos. Se te quedan grabados. El poder tocar los vestidos de los toreros… Y mira que somos celosos con eso. Pero hoy me parecía una forma de abrirte, de acercarte, de captar la atención de tantos niños que han pasado por aquí.Juan Ortega, en el burladero de la plaza de toros de Sevilla ABC—Viene además con estreno: dos vestidos nuevos y un capote de paseo. Eso ya dice mucho de la importancia que le da a estas tardes.—Sí. Los dos los estrenaré en la Feria, aunque todavía no sé cuál en cada tarde. Eso al final depende del día, de las sensaciones. Los tienes ahí en la habitación y decides sobre la marcha. Uno es un oro viejo y oro, con un bordado que recuperé de un vestido antiguo; y el otro es un lila palo y oro.—Los vestidos también hablan del torero y del momento en que se encuentra.—Mucho. Dicen bastante. Yo siempre he sido un torero al que le han gustado los colores oscuros, pero llevo unos años que me atraen más los colores claros. Me transmiten alegría, me transmiten vida. Y ahora mismo eso me identifica bastante.—Antes de Sevilla tiene por delante un fin de semana importante: Brihuega y Don Benito. Está aquí, pero con la mente también puesta en lo inmediato.— Pero es que a mí lo que me gusta es torear. No me pesa. Te montas en el coche con ilusión, con tu gente… Y además, en el caso de Don Benito, no conozco la plaza, y siempre debutar en una plaza me genera ilusión.—Pero en el fondo todo desemboca en Sevilla, ya tuvo un toro en 2024, ya le toca el lote. Ahora sí: ¿con qué sensación llega a la Maestranza?—Con ilusión. Todo el mundo desea que salga ese toro, ese lote que te deje expresarte, que te permita encontrar esas sensaciones y ese toreo que buscas. Yo también, claro. Pero esto es así, y por eso el toreo es tan maravilloso: luego las cosas salen como tengan que salir.—Ha dicho una frase importante: está en búsqueda.—Sí. Estoy en un momento en el que tengo mucha… no sé si decir ansiedad, o necesidad de torear. Tengo ansia de torear. Me gusta buscar cosas, añadirle cosas a mi tauromaquia. Y eso me genera una prisa interior por materializarlo, por expresarlo, por ver si eso que andas buscando tiene verdad, tiene fondo, llega a la gente. Cuando uno deja de buscar, el toreo se vuelve un poco plano.«Tengo ansia de torear: necesito buscar, añadir cosas y ver si lo que siento llega de verdad»—Esa es una de las claves de su momento actual: se le ve tranquilo, pero por dentro hay mucha exigencia.—Sí, pero luego todo eso lo pone el toro en su sitio. El toreo es muy transparente. Tú puedes dar una sensación aquí, hablando, pero luego el que manda de verdad, el que dice cómo estás y lo que quieres expresar, es el toro. Ahí estás desnudo.—¿Le quita el sueño la Puerta del Príncipe?—Completamente, te mentiría si te dijese que no. Claro que pienso en ella. Igual que pienso en la Puerta Grande de Madrid. Son cosas que uno ha soñado desde niño. Pero también he aprendido a no generarme demasiada expectativa con eso, porque es muy difícil que se den todas las circunstancias para salir por esas puertas. Y hay tardes maravillosas en las que no se sale por la Puerta del Príncipe.—Más allá del trofeo o de la puerta, lo que sí parece innegociable en usted es la necesidad de emocionar.—Eso es lo más grande que tiene el toreo. Cuando eres capaz de emocionar de verdad a la gente. Yo una de las sensaciones más bonitas que he tenido es ver a alguien llorando. Eso no te lo paga nadie. Llegar a ese punto, ser capaz de hacer llorar a una persona, es algo maravilloso. Y en mi vida pocas cosas me dan eso como me lo da el toreo.«Lo más grande del toreo es emocionar: hacer llorar a alguien no te lo paga nadie» Juan Ortega—La primera de sus tardes, con el debut de Álvaro Núñez en Sevilla, junto a Morante y Víctor Hernández, está marcada en rojo por todo el mundo desde que salieron los carteles.—Sí, es un cartel muy torero. A mí me hace mucha ilusión estar en el debut de Álvaro Núñez en la Maestranza. Es un ganadero al que le debo mucho, con el que aprendí mucho, con el que crecí mucho. Y luego está Morante. Es de esos carteles que desde el principio se cantan y ha sido de los que antes se han acabado. Y eso dice mucho.—Y después, el viernes de farolillos la de Juan Pedro Domecq, con Daniel Luque y Pablo Aguado. Otro de esos carteles que Sevilla paladea con tiempo.—La de Juan Pedro no se queda atrás. El año pasado echó quizá la corrida de la Feria. Fue una corrida muy bien hecha, muy del tipo de Sevilla. Y eso da confianza. Y luego el cartel también es muy del gusto de aquí. Es otro de los que la gente tiene en la cabeza.—Ahí aparece una cuestión muy sevillana: el aguadismo, el orteguismo… esa especie de rivalidad buena entre dos toreros que representan, cada uno a su manera, una sensibilidad clásica.—Yo intento verlo como aficionado, con objetividad, y la verdad es que lo veo como una suerte. Es difícil que coincidan en el tiempo varios toreros del gusto de una plaza tan particular y tan exigente como Sevilla. Pueden salir toreros importantes, claro, pero no siempre coinciden varios que despierten esa rivalidad, esa prestancia, ese debate entre la gente. Que la afición se decante por uno o por otro, que se genere ese ambiente, es algo maravilloso para la fiesta.—Es decir, que entiende el aguadismo y el orteguismo como un síntoma de salud de la propia Sevilla taurina.—Sí, claro. Eso quiere decir que la gente siente, que se moja, que vive el toreo con pasión. Y eso es bueno. Muy bueno.«El aguadismo y el orteguismo son una suerte: que la gente se decante es maravilloso para la fiesta» Juan Ortega—¿Se siente en la plenitud, en el mejor momento de tu carrera?—Siempre siento eso. Siempre siento que estoy en mi mejor momento. Luego te ves una faena de hace dos años y piensas que también lo creías entonces. Pero el torero que está en búsqueda continua siempre quiere más, siempre cree que puede dar un paso más.—Ha vivido hace poco una experiencia muy especial junto a la Esperanza Macarena en su salida. ¿Qué le dejó aquello?—Fue muy fuerte. Sentirla tan cerca, verla tan cerca, y además en un espacio tan pequeño, con tantas emociones alrededor… no solo las mías, sino las de toda la gente que estaba allí. Cada uno con sus alegrías, con sus miserias, con su verdad. Todo el mundo estaba con el corazón abierto. Y poder vivirlo desde dentro, compartirlo además con mi hermana, fue algo muy bonito.—Después de Sevilla llegará Madrid, con dos tardes en San Isidro. Otra plaza que le mide desde el primer momento.—Sí. En la temporada siempre hay una especie de antes y después de Madrid. Cuando pasa Madrid parece que te has quitado una mochila de encima. Es una plaza muy exigente, muy dura, donde sale un toro muy fuerte y donde todo cuesta mucho trabajo. Ese pellizco de Madrid también lo tienes siempre ahí.—¿Se parecen Sevilla y Madrid en su manera de juzgar al torero?—En la exigencia sí. Sevilla es una plaza muy exigente porque tiene sensibilidad, tiene gusto y conoce el toreo. Y cuando no ve las cosas claras, es muy dura. Madrid también es muy rápida para ver lo que hay. Lo que pasa es que Madrid se expresa de otra manera: es más caótica, más brusca, menos delicada en eso.—Y este año, después de Madrid, Sevilla todavía tiene guardada una carta muy fuerte: el Corpus. José María Garzón decía incluso en tono de broma que, después de venir el Rey emérito el Domingo de Resurrección, a ver si venía hasta el Papa al Corpus.—(Sonríe). Sí. Pero es verdad una cosa: el Domingo de Resurrección siempre será el Domingo de Resurrección, claro. Pero yo creo que este año, en Sevilla, la fecha que de verdad ha despertado una ilusión enorme ha sido el Corpus. Dentro de la afición, en la ciudad, es una fecha muy nuestra. Y la gente ha acogido con mucho cariño que se recupere ese cartel, ese ambiente, todo lo que rodea al Corpus. Esa es una de las tardes que están ahí marcadas de verdad.«El Domingo de Resurrección siempre será el Domingo de Resurrección… pero la gran ilusión de Sevilla este año está en el Corpus» Juan Ortega—Desde fuera da la impresión de que llega más relajado, más hecho, más pleno.—Puede dar esa sensación, pero luego sale el toro y cambia todo. El toro es el que no perdona, el que pone todo en su sitio. Ahí es donde se ve de verdad cómo está uno.—¿Cómo se ha encontrado en este arranque de temporada? América, luego aquí, las primeras corridas…—Estoy con muchas ganas, con mucha necesidad de torear. Estoy en ese momento de querer hacer cosas, de querer encontrar cosas nuevas, de querer añadirle toreo a mi tauromaquia. Y eso te genera ansiedad, sí, pero una ansiedad buena, una inquietud de creador, por decirlo de alguna manera. . Y tengo esa necesidad de querer hacerlo, de querer materializarlo, de ver si eso que busco tiene fondo, tiene verdad. Cuando uno deja de buscar, el toreo se vuelve plano.—Y mirando ya al verano taurino, a las grandes ferias, Pamplona, Bilbao… ¿Se ve ahí?—La intención es estar, sí. Lo siento así. Por mi circunstancia, por mi momento, tengo que estar en esos sitios. Debo estar. Y además me acompaña el sentimiento de querer estar. La Maestranza también se abre por dentro cuando Sevilla empieza a latir. En una de esas mañanas de puertas abiertas, con colegios y universitarios descubriendo los adentros del coso del Baratillo, Juan Ortega aparece sin albero en las manoletinas, pero con el toreo en la mirada. Entre la curiosidad de los más jóvenes y el murmullo de quien empieza a entender la liturgia, el torero nacido en Triana enseña sus nuevos vestidos y el capote de paseo como quien comparte algo más que una prenda: una forma de sentir. Hay en ese gesto algo de aquel niño que soñaba tocando bordados, y mucho del torero que hoy se sabe en vísperas de Sevilla.La Feria ya asoma. Y Ortega la encara con su natural mezcla de calma y desvelo, de serenidad por fuera y ansia por dentro. Con elegancia, con medida… y con ese anhelo intacto de emocionar a una plaza que no se regala, pero que cuando se entrega, lo hace para siempre.—Juan, ya ha llegado ese momento que espera todo el año: Sevilla, su plaza, su tierra…—Ya la tenemos aquí. Ya está. Y se te coge aquí… en el pecho. Sevilla siempre es especial, pero este año quizá lo es todavía más. Se nota algo distinto. La gente lo siente, lo habla, lo vive. Hay expectación por la Feria por diferentes circunstancias, y eso se percibe en la calle.—También será una Feria especial por la presencia al frente de la empresa de una persona de su máxima confianza, su apoderado y amigo José María Garzón.—La verdad es que me alegro muchísimo por él. José María tiene esa capacidad de generar ilusión, de levantar expectación, y no solo lo ha demostrado en Sevilla, sino en muchas plazas. Y me alegro porque esto es su vida, su sueño. Se le nota mucho. Y eso también se transmite.«Sevilla se te coge aquí… en el pecho. Este año se siente algo distinto»—Lo estamos viendo además en actos como este con los niños, con los colegios, con la tauromaquia entendida también como pedagogía y cercanía.—Sí. Yo creo que había que hacerlo. A mí, de niño, una de las primeras cosas que me llamaban la atención del toreo eran los vestidos. Se te quedan grabados. El poder tocar los vestidos de los toreros… Y mira que somos celosos con eso. Pero hoy me parecía una forma de abrirte, de acercarte, de captar la atención de tantos niños que han pasado por aquí.Juan Ortega, en el burladero de la plaza de toros de Sevilla ABC—Viene además con estreno: dos vestidos nuevos y un capote de paseo. Eso ya dice mucho de la importancia que le da a estas tardes.—Sí. Los dos los estrenaré en la Feria, aunque todavía no sé cuál en cada tarde. Eso al final depende del día, de las sensaciones. Los tienes ahí en la habitación y decides sobre la marcha. Uno es un oro viejo y oro, con un bordado que recuperé de un vestido antiguo; y el otro es un lila palo y oro.—Los vestidos también hablan del torero y del momento en que se encuentra.—Mucho. Dicen bastante. Yo siempre he sido un torero al que le han gustado los colores oscuros, pero llevo unos años que me atraen más los colores claros. Me transmiten alegría, me transmiten vida. Y ahora mismo eso me identifica bastante.—Antes de Sevilla tiene por delante un fin de semana importante: Brihuega y Don Benito. Está aquí, pero con la mente también puesta en lo inmediato.— Pero es que a mí lo que me gusta es torear. No me pesa. Te montas en el coche con ilusión, con tu gente… Y además, en el caso de Don Benito, no conozco la plaza, y siempre debutar en una plaza me genera ilusión.—Pero en el fondo todo desemboca en Sevilla, ya tuvo un toro en 2024, ya le toca el lote. Ahora sí: ¿con qué sensación llega a la Maestranza?—Con ilusión. Todo el mundo desea que salga ese toro, ese lote que te deje expresarte, que te permita encontrar esas sensaciones y ese toreo que buscas. Yo también, claro. Pero esto es así, y por eso el toreo es tan maravilloso: luego las cosas salen como tengan que salir.—Ha dicho una frase importante: está en búsqueda.—Sí. Estoy en un momento en el que tengo mucha… no sé si decir ansiedad, o necesidad de torear. Tengo ansia de torear. Me gusta buscar cosas, añadirle cosas a mi tauromaquia. Y eso me genera una prisa interior por materializarlo, por expresarlo, por ver si eso que andas buscando tiene verdad, tiene fondo, llega a la gente. Cuando uno deja de buscar, el toreo se vuelve un poco plano.«Tengo ansia de torear: necesito buscar, añadir cosas y ver si lo que siento llega de verdad»—Esa es una de las claves de su momento actual: se le ve tranquilo, pero por dentro hay mucha exigencia.—Sí, pero luego todo eso lo pone el toro en su sitio. El toreo es muy transparente. Tú puedes dar una sensación aquí, hablando, pero luego el que manda de verdad, el que dice cómo estás y lo que quieres expresar, es el toro. Ahí estás desnudo.—¿Le quita el sueño la Puerta del Príncipe?—Completamente, te mentiría si te dijese que no. Claro que pienso en ella. Igual que pienso en la Puerta Grande de Madrid. Son cosas que uno ha soñado desde niño. Pero también he aprendido a no generarme demasiada expectativa con eso, porque es muy difícil que se den todas las circunstancias para salir por esas puertas. Y hay tardes maravillosas en las que no se sale por la Puerta del Príncipe.—Más allá del trofeo o de la puerta, lo que sí parece innegociable en usted es la necesidad de emocionar.—Eso es lo más grande que tiene el toreo. Cuando eres capaz de emocionar de verdad a la gente. Yo una de las sensaciones más bonitas que he tenido es ver a alguien llorando. Eso no te lo paga nadie. Llegar a ese punto, ser capaz de hacer llorar a una persona, es algo maravilloso. Y en mi vida pocas cosas me dan eso como me lo da el toreo.«Lo más grande del toreo es emocionar: hacer llorar a alguien no te lo paga nadie» Juan Ortega—La primera de sus tardes, con el debut de Álvaro Núñez en Sevilla, junto a Morante y Víctor Hernández, está marcada en rojo por todo el mundo desde que salieron los carteles.—Sí, es un cartel muy torero. A mí me hace mucha ilusión estar en el debut de Álvaro Núñez en la Maestranza. Es un ganadero al que le debo mucho, con el que aprendí mucho, con el que crecí mucho. Y luego está Morante. Es de esos carteles que desde el principio se cantan y ha sido de los que antes se han acabado. Y eso dice mucho.—Y después, el viernes de farolillos la de Juan Pedro Domecq, con Daniel Luque y Pablo Aguado. Otro de esos carteles que Sevilla paladea con tiempo.—La de Juan Pedro no se queda atrás. El año pasado echó quizá la corrida de la Feria. Fue una corrida muy bien hecha, muy del tipo de Sevilla. Y eso da confianza. Y luego el cartel también es muy del gusto de aquí. Es otro de los que la gente tiene en la cabeza.—Ahí aparece una cuestión muy sevillana: el aguadismo, el orteguismo… esa especie de rivalidad buena entre dos toreros que representan, cada uno a su manera, una sensibilidad clásica.—Yo intento verlo como aficionado, con objetividad, y la verdad es que lo veo como una suerte. Es difícil que coincidan en el tiempo varios toreros del gusto de una plaza tan particular y tan exigente como Sevilla. Pueden salir toreros importantes, claro, pero no siempre coinciden varios que despierten esa rivalidad, esa prestancia, ese debate entre la gente. Que la afición se decante por uno o por otro, que se genere ese ambiente, es algo maravilloso para la fiesta.—Es decir, que entiende el aguadismo y el orteguismo como un síntoma de salud de la propia Sevilla taurina.—Sí, claro. Eso quiere decir que la gente siente, que se moja, que vive el toreo con pasión. Y eso es bueno. Muy bueno.«El aguadismo y el orteguismo son una suerte: que la gente se decante es maravilloso para la fiesta» Juan Ortega—¿Se siente en la plenitud, en el mejor momento de tu carrera?—Siempre siento eso. Siempre siento que estoy en mi mejor momento. Luego te ves una faena de hace dos años y piensas que también lo creías entonces. Pero el torero que está en búsqueda continua siempre quiere más, siempre cree que puede dar un paso más.—Ha vivido hace poco una experiencia muy especial junto a la Esperanza Macarena en su salida. ¿Qué le dejó aquello?—Fue muy fuerte. Sentirla tan cerca, verla tan cerca, y además en un espacio tan pequeño, con tantas emociones alrededor… no solo las mías, sino las de toda la gente que estaba allí. Cada uno con sus alegrías, con sus miserias, con su verdad. Todo el mundo estaba con el corazón abierto. Y poder vivirlo desde dentro, compartirlo además con mi hermana, fue algo muy bonito.—Después de Sevilla llegará Madrid, con dos tardes en San Isidro. Otra plaza que le mide desde el primer momento.—Sí. En la temporada siempre hay una especie de antes y después de Madrid. Cuando pasa Madrid parece que te has quitado una mochila de encima. Es una plaza muy exigente, muy dura, donde sale un toro muy fuerte y donde todo cuesta mucho trabajo. Ese pellizco de Madrid también lo tienes siempre ahí.—¿Se parecen Sevilla y Madrid en su manera de juzgar al torero?—En la exigencia sí. Sevilla es una plaza muy exigente porque tiene sensibilidad, tiene gusto y conoce el toreo. Y cuando no ve las cosas claras, es muy dura. Madrid también es muy rápida para ver lo que hay. Lo que pasa es que Madrid se expresa de otra manera: es más caótica, más brusca, menos delicada en eso.—Y este año, después de Madrid, Sevilla todavía tiene guardada una carta muy fuerte: el Corpus. José María Garzón decía incluso en tono de broma que, después de venir el Rey emérito el Domingo de Resurrección, a ver si venía hasta el Papa al Corpus.—(Sonríe). Sí. Pero es verdad una cosa: el Domingo de Resurrección siempre será el Domingo de Resurrección, claro. Pero yo creo que este año, en Sevilla, la fecha que de verdad ha despertado una ilusión enorme ha sido el Corpus. Dentro de la afición, en la ciudad, es una fecha muy nuestra. Y la gente ha acogido con mucho cariño que se recupere ese cartel, ese ambiente, todo lo que rodea al Corpus. Esa es una de las tardes que están ahí marcadas de verdad.«El Domingo de Resurrección siempre será el Domingo de Resurrección… pero la gran ilusión de Sevilla este año está en el Corpus» Juan Ortega—Desde fuera da la impresión de que llega más relajado, más hecho, más pleno.—Puede dar esa sensación, pero luego sale el toro y cambia todo. El toro es el que no perdona, el que pone todo en su sitio. Ahí es donde se ve de verdad cómo está uno.—¿Cómo se ha encontrado en este arranque de temporada? América, luego aquí, las primeras corridas…—Estoy con muchas ganas, con mucha necesidad de torear. Estoy en ese momento de querer hacer cosas, de querer encontrar cosas nuevas, de querer añadirle toreo a mi tauromaquia. Y eso te genera ansiedad, sí, pero una ansiedad buena, una inquietud de creador, por decirlo de alguna manera. . Y tengo esa necesidad de querer hacerlo, de querer materializarlo, de ver si eso que busco tiene fondo, tiene verdad. Cuando uno deja de buscar, el toreo se vuelve plano.—Y mirando ya al verano taurino, a las grandes ferias, Pamplona, Bilbao… ¿Se ve ahí?—La intención es estar, sí. Lo siento así. Por mi circunstancia, por mi momento, tengo que estar en esos sitios. Debo estar. Y además me acompaña el sentimiento de querer estar. La Maestranza también se abre por dentro cuando Sevilla empieza a latir. En una de esas mañanas de puertas abiertas, con colegios y universitarios descubriendo los adentros del coso del Baratillo, Juan Ortega aparece sin albero en las manoletinas, pero con el toreo en la mirada. Entre la curiosidad de los más jóvenes y el murmullo de quien empieza a entender la liturgia, el torero nacido en Triana enseña sus nuevos vestidos y el capote de paseo como quien comparte algo más que una prenda: una forma de sentir. Hay en ese gesto algo de aquel niño que soñaba tocando bordados, y mucho del torero que hoy se sabe en vísperas de Sevilla.La Feria ya asoma. Y Ortega la encara con su natural mezcla de calma y desvelo, de serenidad por fuera y ansia por dentro. Con elegancia, con medida… y con ese anhelo intacto de emocionar a una plaza que no se regala, pero que cuando se entrega, lo hace para siempre.—Juan, ya ha llegado ese momento que espera todo el año: Sevilla, su plaza, su tierra…—Ya la tenemos aquí. Ya está. Y se te coge aquí… en el pecho. Sevilla siempre es especial, pero este año quizá lo es todavía más. Se nota algo distinto. La gente lo siente, lo habla, lo vive. Hay expectación por la Feria por diferentes circunstancias, y eso se percibe en la calle.—También será una Feria especial por la presencia al frente de la empresa de una persona de su máxima confianza, su apoderado y amigo José María Garzón.—La verdad es que me alegro muchísimo por él. José María tiene esa capacidad de generar ilusión, de levantar expectación, y no solo lo ha demostrado en Sevilla, sino en muchas plazas. Y me alegro porque esto es su vida, su sueño. Se le nota mucho. Y eso también se transmite.«Sevilla se te coge aquí… en el pecho. Este año se siente algo distinto»—Lo estamos viendo además en actos como este con los niños, con los colegios, con la tauromaquia entendida también como pedagogía y cercanía.—Sí. Yo creo que había que hacerlo. A mí, de niño, una de las primeras cosas que me llamaban la atención del toreo eran los vestidos. Se te quedan grabados. El poder tocar los vestidos de los toreros… Y mira que somos celosos con eso. Pero hoy me parecía una forma de abrirte, de acercarte, de captar la atención de tantos niños que han pasado por aquí.Juan Ortega, en el burladero de la plaza de toros de Sevilla ABC—Viene además con estreno: dos vestidos nuevos y un capote de paseo. Eso ya dice mucho de la importancia que le da a estas tardes.—Sí. Los dos los estrenaré en la Feria, aunque todavía no sé cuál en cada tarde. Eso al final depende del día, de las sensaciones. Los tienes ahí en la habitación y decides sobre la marcha. Uno es un oro viejo y oro, con un bordado que recuperé de un vestido antiguo; y el otro es un lila palo y oro.—Los vestidos también hablan del torero y del momento en que se encuentra.—Mucho. Dicen bastante. Yo siempre he sido un torero al que le han gustado los colores oscuros, pero llevo unos años que me atraen más los colores claros. Me transmiten alegría, me transmiten vida. Y ahora mismo eso me identifica bastante.—Antes de Sevilla tiene por delante un fin de semana importante: Brihuega y Don Benito. Está aquí, pero con la mente también puesta en lo inmediato.— Pero es que a mí lo que me gusta es torear. No me pesa. Te montas en el coche con ilusión, con tu gente… Y además, en el caso de Don Benito, no conozco la plaza, y siempre debutar en una plaza me genera ilusión.—Pero en el fondo todo desemboca en Sevilla, ya tuvo un toro en 2024, ya le toca el lote. Ahora sí: ¿con qué sensación llega a la Maestranza?—Con ilusión. Todo el mundo desea que salga ese toro, ese lote que te deje expresarte, que te permita encontrar esas sensaciones y ese toreo que buscas. Yo también, claro. Pero esto es así, y por eso el toreo es tan maravilloso: luego las cosas salen como tengan que salir.—Ha dicho una frase importante: está en búsqueda.—Sí. Estoy en un momento en el que tengo mucha… no sé si decir ansiedad, o necesidad de torear. Tengo ansia de torear. Me gusta buscar cosas, añadirle cosas a mi tauromaquia. Y eso me genera una prisa interior por materializarlo, por expresarlo, por ver si eso que andas buscando tiene verdad, tiene fondo, llega a la gente. Cuando uno deja de buscar, el toreo se vuelve un poco plano.«Tengo ansia de torear: necesito buscar, añadir cosas y ver si lo que siento llega de verdad»—Esa es una de las claves de su momento actual: se le ve tranquilo, pero por dentro hay mucha exigencia.—Sí, pero luego todo eso lo pone el toro en su sitio. El toreo es muy transparente. Tú puedes dar una sensación aquí, hablando, pero luego el que manda de verdad, el que dice cómo estás y lo que quieres expresar, es el toro. Ahí estás desnudo.—¿Le quita el sueño la Puerta del Príncipe?—Completamente, te mentiría si te dijese que no. Claro que pienso en ella. Igual que pienso en la Puerta Grande de Madrid. Son cosas que uno ha soñado desde niño. Pero también he aprendido a no generarme demasiada expectativa con eso, porque es muy difícil que se den todas las circunstancias para salir por esas puertas. Y hay tardes maravillosas en las que no se sale por la Puerta del Príncipe.—Más allá del trofeo o de la puerta, lo que sí parece innegociable en usted es la necesidad de emocionar.—Eso es lo más grande que tiene el toreo. Cuando eres capaz de emocionar de verdad a la gente. Yo una de las sensaciones más bonitas que he tenido es ver a alguien llorando. Eso no te lo paga nadie. Llegar a ese punto, ser capaz de hacer llorar a una persona, es algo maravilloso. Y en mi vida pocas cosas me dan eso como me lo da el toreo.«Lo más grande del toreo es emocionar: hacer llorar a alguien no te lo paga nadie» Juan Ortega—La primera de sus tardes, con el debut de Álvaro Núñez en Sevilla, junto a Morante y Víctor Hernández, está marcada en rojo por todo el mundo desde que salieron los carteles.—Sí, es un cartel muy torero. A mí me hace mucha ilusión estar en el debut de Álvaro Núñez en la Maestranza. Es un ganadero al que le debo mucho, con el que aprendí mucho, con el que crecí mucho. Y luego está Morante. Es de esos carteles que desde el principio se cantan y ha sido de los que antes se han acabado. Y eso dice mucho.—Y después, el viernes de farolillos la de Juan Pedro Domecq, con Daniel Luque y Pablo Aguado. Otro de esos carteles que Sevilla paladea con tiempo.—La de Juan Pedro no se queda atrás. El año pasado echó quizá la corrida de la Feria. Fue una corrida muy bien hecha, muy del tipo de Sevilla. Y eso da confianza. Y luego el cartel también es muy del gusto de aquí. Es otro de los que la gente tiene en la cabeza.—Ahí aparece una cuestión muy sevillana: el aguadismo, el orteguismo… esa especie de rivalidad buena entre dos toreros que representan, cada uno a su manera, una sensibilidad clásica.—Yo intento verlo como aficionado, con objetividad, y la verdad es que lo veo como una suerte. Es difícil que coincidan en el tiempo varios toreros del gusto de una plaza tan particular y tan exigente como Sevilla. Pueden salir toreros importantes, claro, pero no siempre coinciden varios que despierten esa rivalidad, esa prestancia, ese debate entre la gente. Que la afición se decante por uno o por otro, que se genere ese ambiente, es algo maravilloso para la fiesta.—Es decir, que entiende el aguadismo y el orteguismo como un síntoma de salud de la propia Sevilla taurina.—Sí, claro. Eso quiere decir que la gente siente, que se moja, que vive el toreo con pasión. Y eso es bueno. Muy bueno.«El aguadismo y el orteguismo son una suerte: que la gente se decante es maravilloso para la fiesta» Juan Ortega—¿Se siente en la plenitud, en el mejor momento de tu carrera?—Siempre siento eso. Siempre siento que estoy en mi mejor momento. Luego te ves una faena de hace dos años y piensas que también lo creías entonces. Pero el torero que está en búsqueda continua siempre quiere más, siempre cree que puede dar un paso más.—Ha vivido hace poco una experiencia muy especial junto a la Esperanza Macarena en su salida. ¿Qué le dejó aquello?—Fue muy fuerte. Sentirla tan cerca, verla tan cerca, y además en un espacio tan pequeño, con tantas emociones alrededor… no solo las mías, sino las de toda la gente que estaba allí. Cada uno con sus alegrías, con sus miserias, con su verdad. Todo el mundo estaba con el corazón abierto. Y poder vivirlo desde dentro, compartirlo además con mi hermana, fue algo muy bonito.—Después de Sevilla llegará Madrid, con dos tardes en San Isidro. Otra plaza que le mide desde el primer momento.—Sí. En la temporada siempre hay una especie de antes y después de Madrid. Cuando pasa Madrid parece que te has quitado una mochila de encima. Es una plaza muy exigente, muy dura, donde sale un toro muy fuerte y donde todo cuesta mucho trabajo. Ese pellizco de Madrid también lo tienes siempre ahí.—¿Se parecen Sevilla y Madrid en su manera de juzgar al torero?—En la exigencia sí. Sevilla es una plaza muy exigente porque tiene sensibilidad, tiene gusto y conoce el toreo. Y cuando no ve las cosas claras, es muy dura. Madrid también es muy rápida para ver lo que hay. Lo que pasa es que Madrid se expresa de otra manera: es más caótica, más brusca, menos delicada en eso.—Y este año, después de Madrid, Sevilla todavía tiene guardada una carta muy fuerte: el Corpus. José María Garzón decía incluso en tono de broma que, después de venir el Rey emérito el Domingo de Resurrección, a ver si venía hasta el Papa al Corpus.—(Sonríe). Sí. Pero es verdad una cosa: el Domingo de Resurrección siempre será el Domingo de Resurrección, claro. Pero yo creo que este año, en Sevilla, la fecha que de verdad ha despertado una ilusión enorme ha sido el Corpus. Dentro de la afición, en la ciudad, es una fecha muy nuestra. Y la gente ha acogido con mucho cariño que se recupere ese cartel, ese ambiente, todo lo que rodea al Corpus. Esa es una de las tardes que están ahí marcadas de verdad.«El Domingo de Resurrección siempre será el Domingo de Resurrección… pero la gran ilusión de Sevilla este año está en el Corpus» Juan Ortega—Desde fuera da la impresión de que llega más relajado, más hecho, más pleno.—Puede dar esa sensación, pero luego sale el toro y cambia todo. El toro es el que no perdona, el que pone todo en su sitio. Ahí es donde se ve de verdad cómo está uno.—¿Cómo se ha encontrado en este arranque de temporada? América, luego aquí, las primeras corridas…—Estoy con muchas ganas, con mucha necesidad de torear. Estoy en ese momento de querer hacer cosas, de querer encontrar cosas nuevas, de querer añadirle toreo a mi tauromaquia. Y eso te genera ansiedad, sí, pero una ansiedad buena, una inquietud de creador, por decirlo de alguna manera. . Y tengo esa necesidad de querer hacerlo, de querer materializarlo, de ver si eso que busco tiene fondo, tiene verdad. Cuando uno deja de buscar, el toreo se vuelve plano.—Y mirando ya al verano taurino, a las grandes ferias, Pamplona, Bilbao… ¿Se ve ahí?—La intención es estar, sí. Lo siento así. Por mi circunstancia, por mi momento, tengo que estar en esos sitios. Debo estar. Y además me acompaña el sentimiento de querer estar. RSS de noticias de cultura
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