Hay sonidos que se apagan pronto y otros que encuentran su sitio en la memoria para siempre. José Rodríguez Cortés probablemente tardará mucho en desprenderse del toque de campana con el que el obispo de Málaga, monseñor Satué, dio paso a su liberación en el acto de Jesús El Rico, uno de los momentos más singulares y conmovedores de la Semana Santa de la ciudad. La tradición volvió a enlazar este Miércoles Santo la fe, la justicia y la esperanza con un mensaje nítido: el perdón también puede abrirse camino en las cárceles de Málaga .Frente a frente, Jesús El Rico y la Virgen del Amor detuvieron la plaza, como si el tiempo hubiera decidido quedarse quieto a la espera de algo grande. Los tronos descansaron frente a frente, sostenidos en ese compás solemne que precede a lo irrepetible, mientras los hombres de trono tomaban aliento. A las puertas de la Catedral, con la piedra del primer templo de la diócesis como telón de fondo, llegaron las firmas, las voces de las autoridades y la palabra de monseñor Satué, que asistía por primera vez a esta liberación. José Rodríguez Cortés, vestido de negro, aguardaba con los nervios prendidos en las manos, cruzando los dedos y descruzándolos con la impaciencia contenida de quien ha esperado demasiado para volver a empezar. Tras la última rúbrica, los aplausos rompieron el silencio denso de la plaza y, enseguida, el toque de campana abrió de par en par la tarde. Solo después, ya pronunciada la libertad, los dos tronos volvieron a mecerse y el liberado se incorporó a la procesión.El prelado quiso dirigirse de forma expresa a José Rodríguez Cortés, al que saludó al inicio de su intervención como el hombre que aquel Miércoles Santo recobraba la libertad. En una alocución de hondo tono pastoral, subrayó que «la mayor riqueza de una persona y de una sociedad es el amor» y defendió que «el amor es fuente de libertad». Ahí situó el sentido más profundo de esta tradición malagueña, al recordar que Dios «no se resigna a que nadie quede encerrado en su pasado , en sus errores o en sus sufrimientos». Y dejó una frase que resumió el espíritu de la tarde y el alcance de aquel gesto: « Dios siempre nos abre una puerta ».Monseñor Satué, durante su intervención en el acto de liberación de Jesús El Rico ante la Catedral de Málaga Francis SilvaNo era una fórmula vacía para José Rodríguez Cortés. El propio liberado había explicado en días previos que la noticia le llenó de « mucha felicidad y paz » por una etapa que, según sus palabras, va a quedar atrás. Cumplía condena por un delito de lesiones y otro de amenazas por unos hechos ocurridos en 2020, una etapa que ahora quiere cerrar. «No tengo vínculo con las cofradías pero sí con Dios », ha afirmado este malagueño, casado y padre de dos hijos, que ha relatado cómo la Biblia le ha acompañado durante los últimos tres años. En prisión, según ha contado, hablaba a otros internos de su fe y algunos se le acercaban para pedirle «paz» porque lo veían «muy tranquilo».José también había reconocido su error y había asegurado que, si volvía a encontrarse en una situación semejante a la que lo llevó a delinquir, optaría por marcharse antes de cometer otro delito. Su intención, según dijo entonces, era retomar la vida con tranquilidad y avanzar con más cautela para no tropezar de nuevo .Tras el acto, el abrazo con el obispo selló la dimensión humana de la ceremonia. José se sumó después a la procesión con esa mezcla de temblor y alivio con la que se reciben las segundas oportunidades . A su alrededor, la ciudad siguió avanzando al compás de los tronos, pero ya nada era igual: en la tarde de Málaga había vuelto a abrirse, bajo la bendición de El Rico, esa puerta antigua que siempre conduce al pe r dón . Hay sonidos que se apagan pronto y otros que encuentran su sitio en la memoria para siempre. José Rodríguez Cortés probablemente tardará mucho en desprenderse del toque de campana con el que el obispo de Málaga, monseñor Satué, dio paso a su liberación en el acto de Jesús El Rico, uno de los momentos más singulares y conmovedores de la Semana Santa de la ciudad. La tradición volvió a enlazar este Miércoles Santo la fe, la justicia y la esperanza con un mensaje nítido: el perdón también puede abrirse camino en las cárceles de Málaga .Frente a frente, Jesús El Rico y la Virgen del Amor detuvieron la plaza, como si el tiempo hubiera decidido quedarse quieto a la espera de algo grande. Los tronos descansaron frente a frente, sostenidos en ese compás solemne que precede a lo irrepetible, mientras los hombres de trono tomaban aliento. A las puertas de la Catedral, con la piedra del primer templo de la diócesis como telón de fondo, llegaron las firmas, las voces de las autoridades y la palabra de monseñor Satué, que asistía por primera vez a esta liberación. José Rodríguez Cortés, vestido de negro, aguardaba con los nervios prendidos en las manos, cruzando los dedos y descruzándolos con la impaciencia contenida de quien ha esperado demasiado para volver a empezar. Tras la última rúbrica, los aplausos rompieron el silencio denso de la plaza y, enseguida, el toque de campana abrió de par en par la tarde. Solo después, ya pronunciada la libertad, los dos tronos volvieron a mecerse y el liberado se incorporó a la procesión.El prelado quiso dirigirse de forma expresa a José Rodríguez Cortés, al que saludó al inicio de su intervención como el hombre que aquel Miércoles Santo recobraba la libertad. En una alocución de hondo tono pastoral, subrayó que «la mayor riqueza de una persona y de una sociedad es el amor» y defendió que «el amor es fuente de libertad». Ahí situó el sentido más profundo de esta tradición malagueña, al recordar que Dios «no se resigna a que nadie quede encerrado en su pasado , en sus errores o en sus sufrimientos». Y dejó una frase que resumió el espíritu de la tarde y el alcance de aquel gesto: « Dios siempre nos abre una puerta ».Monseñor Satué, durante su intervención en el acto de liberación de Jesús El Rico ante la Catedral de Málaga Francis SilvaNo era una fórmula vacía para José Rodríguez Cortés. El propio liberado había explicado en días previos que la noticia le llenó de « mucha felicidad y paz » por una etapa que, según sus palabras, va a quedar atrás. Cumplía condena por un delito de lesiones y otro de amenazas por unos hechos ocurridos en 2020, una etapa que ahora quiere cerrar. «No tengo vínculo con las cofradías pero sí con Dios », ha afirmado este malagueño, casado y padre de dos hijos, que ha relatado cómo la Biblia le ha acompañado durante los últimos tres años. En prisión, según ha contado, hablaba a otros internos de su fe y algunos se le acercaban para pedirle «paz» porque lo veían «muy tranquilo».José también había reconocido su error y había asegurado que, si volvía a encontrarse en una situación semejante a la que lo llevó a delinquir, optaría por marcharse antes de cometer otro delito. Su intención, según dijo entonces, era retomar la vida con tranquilidad y avanzar con más cautela para no tropezar de nuevo .Tras el acto, el abrazo con el obispo selló la dimensión humana de la ceremonia. José se sumó después a la procesión con esa mezcla de temblor y alivio con la que se reciben las segundas oportunidades . A su alrededor, la ciudad siguió avanzando al compás de los tronos, pero ya nada era igual: en la tarde de Málaga había vuelto a abrirse, bajo la bendición de El Rico, esa puerta antigua que siempre conduce al pe r dón . Hay sonidos que se apagan pronto y otros que encuentran su sitio en la memoria para siempre. José Rodríguez Cortés probablemente tardará mucho en desprenderse del toque de campana con el que el obispo de Málaga, monseñor Satué, dio paso a su liberación en el acto de Jesús El Rico, uno de los momentos más singulares y conmovedores de la Semana Santa de la ciudad. La tradición volvió a enlazar este Miércoles Santo la fe, la justicia y la esperanza con un mensaje nítido: el perdón también puede abrirse camino en las cárceles de Málaga .Frente a frente, Jesús El Rico y la Virgen del Amor detuvieron la plaza, como si el tiempo hubiera decidido quedarse quieto a la espera de algo grande. Los tronos descansaron frente a frente, sostenidos en ese compás solemne que precede a lo irrepetible, mientras los hombres de trono tomaban aliento. A las puertas de la Catedral, con la piedra del primer templo de la diócesis como telón de fondo, llegaron las firmas, las voces de las autoridades y la palabra de monseñor Satué, que asistía por primera vez a esta liberación. José Rodríguez Cortés, vestido de negro, aguardaba con los nervios prendidos en las manos, cruzando los dedos y descruzándolos con la impaciencia contenida de quien ha esperado demasiado para volver a empezar. Tras la última rúbrica, los aplausos rompieron el silencio denso de la plaza y, enseguida, el toque de campana abrió de par en par la tarde. Solo después, ya pronunciada la libertad, los dos tronos volvieron a mecerse y el liberado se incorporó a la procesión.El prelado quiso dirigirse de forma expresa a José Rodríguez Cortés, al que saludó al inicio de su intervención como el hombre que aquel Miércoles Santo recobraba la libertad. En una alocución de hondo tono pastoral, subrayó que «la mayor riqueza de una persona y de una sociedad es el amor» y defendió que «el amor es fuente de libertad». Ahí situó el sentido más profundo de esta tradición malagueña, al recordar que Dios «no se resigna a que nadie quede encerrado en su pasado , en sus errores o en sus sufrimientos». Y dejó una frase que resumió el espíritu de la tarde y el alcance de aquel gesto: « Dios siempre nos abre una puerta ».Monseñor Satué, durante su intervención en el acto de liberación de Jesús El Rico ante la Catedral de Málaga Francis SilvaNo era una fórmula vacía para José Rodríguez Cortés. El propio liberado había explicado en días previos que la noticia le llenó de « mucha felicidad y paz » por una etapa que, según sus palabras, va a quedar atrás. Cumplía condena por un delito de lesiones y otro de amenazas por unos hechos ocurridos en 2020, una etapa que ahora quiere cerrar. «No tengo vínculo con las cofradías pero sí con Dios », ha afirmado este malagueño, casado y padre de dos hijos, que ha relatado cómo la Biblia le ha acompañado durante los últimos tres años. En prisión, según ha contado, hablaba a otros internos de su fe y algunos se le acercaban para pedirle «paz» porque lo veían «muy tranquilo».José también había reconocido su error y había asegurado que, si volvía a encontrarse en una situación semejante a la que lo llevó a delinquir, optaría por marcharse antes de cometer otro delito. Su intención, según dijo entonces, era retomar la vida con tranquilidad y avanzar con más cautela para no tropezar de nuevo .Tras el acto, el abrazo con el obispo selló la dimensión humana de la ceremonia. José se sumó después a la procesión con esa mezcla de temblor y alivio con la que se reciben las segundas oportunidades . A su alrededor, la ciudad siguió avanzando al compás de los tronos, pero ya nada era igual: en la tarde de Málaga había vuelto a abrirse, bajo la bendición de El Rico, esa puerta antigua que siempre conduce al pe r dón . RSS de noticias de espana/andalucia
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