El supuesto «Año Mozart» (270 desde su nacimiento) se ha visto asfixiado por titulares sobre estadios llenos y debates nacionales acerca de si el reguetón es poesía popular o el fin definitivo de Occidente. Y, sin embargo, ahí está Mozart, esperando. Uno de los acontecimientos más interesantes (y uno de los pocos, en general, organizados en nuestro país) tendrá lugar en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona con una nueva producción de Las bodas de Fígaro. Una elección que no es casual. Porque si hay una obra que resume la inteligencia, la ironía y la modernidad del compositor de Salzburgo, es precisamente ésta.Para comprenderla hay que remontarse a dos personajes tan fascinantes como el propio compositor. El primero, Beaumarchais, hijo de un relojero parisino que acabó convertido en dramaturgo, hombre de negocios, espía y agitador ilustrado. Su obra Las bodas de Fígaro fue considerada tan peligrosa que Luis XVI intentó impedir su representación. Aquella comedia donde un criado burlaba a su señor parecía una amenaza para el orden establecido. Algunos historiadores han llegado a considerarla uno de los ensayos generales intelectuales de la Revolución Francesa. El segundo es Da Ponte, el «letrista» de esta ópera. Uno de esos aventureros que sólo podía producir el s. XVIII. Veneciano judío convertido al catolicismo, sacerdote, poeta, seductor profesional, amigo de Casanova, terminó nada menos que de profesor universitario en Nueva York. Y Mozart. Fue él quien vio en aquella obra algo más profundo que una simple sátira social. Descubrió personajes reales. Seres humanos. Mujeres más inteligentes que los hombres que las rodeaban. Criados más listos que sus amos. Aristócratas ridículos pero también vulnerables. Un mundo donde el poder aparece desenmascarado por el humor. Por eso eligió aquel tema. Dos siglos y medio después seguimos reconociéndonos en todos ellos.Noticia relacionada general No No José Luis Jiménez, nuevo director artístico de la ópera de La Coruña ABCAsí que no se la pierdan. Mientras medio mundo escucha a Bad Bunny , en el elegante Liceo de Barcelona, el sevillano Fígaro continúa preparando su boda y demostrando que el humor y la belleza de Mozart son el hit de un eterno verano. El supuesto «Año Mozart» (270 desde su nacimiento) se ha visto asfixiado por titulares sobre estadios llenos y debates nacionales acerca de si el reguetón es poesía popular o el fin definitivo de Occidente. Y, sin embargo, ahí está Mozart, esperando. Uno de los acontecimientos más interesantes (y uno de los pocos, en general, organizados en nuestro país) tendrá lugar en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona con una nueva producción de Las bodas de Fígaro. Una elección que no es casual. Porque si hay una obra que resume la inteligencia, la ironía y la modernidad del compositor de Salzburgo, es precisamente ésta.Para comprenderla hay que remontarse a dos personajes tan fascinantes como el propio compositor. El primero, Beaumarchais, hijo de un relojero parisino que acabó convertido en dramaturgo, hombre de negocios, espía y agitador ilustrado. Su obra Las bodas de Fígaro fue considerada tan peligrosa que Luis XVI intentó impedir su representación. Aquella comedia donde un criado burlaba a su señor parecía una amenaza para el orden establecido. Algunos historiadores han llegado a considerarla uno de los ensayos generales intelectuales de la Revolución Francesa. El segundo es Da Ponte, el «letrista» de esta ópera. Uno de esos aventureros que sólo podía producir el s. XVIII. Veneciano judío convertido al catolicismo, sacerdote, poeta, seductor profesional, amigo de Casanova, terminó nada menos que de profesor universitario en Nueva York. Y Mozart. Fue él quien vio en aquella obra algo más profundo que una simple sátira social. Descubrió personajes reales. Seres humanos. Mujeres más inteligentes que los hombres que las rodeaban. Criados más listos que sus amos. Aristócratas ridículos pero también vulnerables. Un mundo donde el poder aparece desenmascarado por el humor. Por eso eligió aquel tema. Dos siglos y medio después seguimos reconociéndonos en todos ellos.Noticia relacionada general No No José Luis Jiménez, nuevo director artístico de la ópera de La Coruña ABCAsí que no se la pierdan. Mientras medio mundo escucha a Bad Bunny , en el elegante Liceo de Barcelona, el sevillano Fígaro continúa preparando su boda y demostrando que el humor y la belleza de Mozart son el hit de un eterno verano. El supuesto «Año Mozart» (270 desde su nacimiento) se ha visto asfixiado por titulares sobre estadios llenos y debates nacionales acerca de si el reguetón es poesía popular o el fin definitivo de Occidente. Y, sin embargo, ahí está Mozart, esperando. Uno de los acontecimientos más interesantes (y uno de los pocos, en general, organizados en nuestro país) tendrá lugar en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona con una nueva producción de Las bodas de Fígaro. Una elección que no es casual. Porque si hay una obra que resume la inteligencia, la ironía y la modernidad del compositor de Salzburgo, es precisamente ésta.Para comprenderla hay que remontarse a dos personajes tan fascinantes como el propio compositor. El primero, Beaumarchais, hijo de un relojero parisino que acabó convertido en dramaturgo, hombre de negocios, espía y agitador ilustrado. Su obra Las bodas de Fígaro fue considerada tan peligrosa que Luis XVI intentó impedir su representación. Aquella comedia donde un criado burlaba a su señor parecía una amenaza para el orden establecido. Algunos historiadores han llegado a considerarla uno de los ensayos generales intelectuales de la Revolución Francesa. El segundo es Da Ponte, el «letrista» de esta ópera. Uno de esos aventureros que sólo podía producir el s. XVIII. Veneciano judío convertido al catolicismo, sacerdote, poeta, seductor profesional, amigo de Casanova, terminó nada menos que de profesor universitario en Nueva York. Y Mozart. Fue él quien vio en aquella obra algo más profundo que una simple sátira social. Descubrió personajes reales. Seres humanos. Mujeres más inteligentes que los hombres que las rodeaban. Criados más listos que sus amos. Aristócratas ridículos pero también vulnerables. Un mundo donde el poder aparece desenmascarado por el humor. Por eso eligió aquel tema. Dos siglos y medio después seguimos reconociéndonos en todos ellos.Noticia relacionada general No No José Luis Jiménez, nuevo director artístico de la ópera de La Coruña ABCAsí que no se la pierdan. Mientras medio mundo escucha a Bad Bunny , en el elegante Liceo de Barcelona, el sevillano Fígaro continúa preparando su boda y demostrando que el humor y la belleza de Mozart son el hit de un eterno verano. RSS de noticias de cultura
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