Yolanda Díaz afronta una intensa carrera diplomática en la que parte con fortalezas evidentes, pero también con importantes desventajas. La candidatura impulsada por Moncloa para poner a los mandos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) a la primera mujer (y primera española) en la historia de la institución encara cuatro meses de complejas negociaciones y juegos de equilibrio. Construir un amplio consenso es todo un reto en un sistema de elección en el que el peso de los gobiernos se contrarresta con el de empresarios y sindicatos, y donde cada voto es independiente y persigue sus propios intereses.
La vicepresidenta cuenta con apoyo sindical, pero suscita rechazo entre los empresarios y tendrá que convencer a un gran número de gobiernos
Yolanda Díaz afronta una intensa carrera diplomática en la que parte con fortalezas evidentes, pero también con importantes desventajas. La candidatura impulsada por Moncloa para poner a los mandos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) a la primera mujer (y primera española) en la historia de la institución encara cuatro meses de complejas negociaciones y juegos de equilibrio. Construir un amplio consenso es todo un reto en un sistema de elección en el que el peso de los gobiernos se contrarresta con el de empresarios y sindicatos, y donde cada voto es independiente y persigue sus propios intereses.
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