Pocos dudan de que la inteligencia artificial (IA) vaya a cambiar el mundo, pero muchos se preguntan si la euforia que ha despertado está inflando una burbuja que en algún momento va a estallar. Ambas cosas no son incompatibles. De hecho, esa es la paradoja de la que están advirtiendo inversores y economistas después de cuatro años de carrera por la próxima revolución tecnológica. La preocupación ya no es solo si Nvidia o Microsoft han subido demasiado en Bolsa. Ahora es si las empresas están gastando más dinero del que deberían para asegurarse un hueco en el futuro de la inteligencia artificial.
Las grandes tecnológicas aceleran el gasto en centros de datos y chips mientras aumenta la deuda y crecen las dudas sobre la rentabilidad de esas inversiones
Pocos dudan de que la inteligencia artificial (IA) vaya a cambiar el mundo, pero muchos se preguntan si la euforia que ha despertado está inflando una burbuja que en algún momento va a estallar. Ambas cosas no son incompatibles. De hecho, esa es la paradoja de la que están advirtiendo inversores y economistas después de cuatro años de carrera por la próxima revolución tecnológica. La preocupación ya no es solo si Nvidia o Microsoft han subido demasiado en Bolsa. Ahora es si las empresas están gastando más dinero del que deberían para asegurarse un hueco en el futuro de la inteligencia artificial.
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