En Ceuta los días 30 y 31 de julio lo cambiaron todo. Los debates, las decisiones pendientes, las expectativas. Todo tenía un enfoque distinto antes de la gran avalancha migratoria. También a nivel político. Juan Jesús Vivas lleva 25 años gobernando la ciudad autónoma. Esa trayectoria ha coincidido con los Gobiernos de José María Aznar, José Luis Zapatero, Mariano Rajoy y ahora Pedro Sánchez. Los primeros trece años bajo el reinado de Juan Carlos I y desde 2014 hasta hoy bajo el de Felipe VI. En las calles de Ceuta los vecinos le llaman «alcalde», no presidente. Es una ciudad de algo más de 19 kilómetros cuadrados y la población se concentra en la mitad, unos diez. Todos se conocen. A sus 73 años y con problemas de salud que él mismo ha explicado, hace meses acumulaba dudas sobre las elecciones autonómicas del próximo año. «El deber está cumplido», decían en su entorno. En una situación parecida está Juan José Imbroda (82 años), presidente de Melilla. Ambos políticos del Partido Popular «se habían ganado el derecho» —como explicaban en la dirección nacional del partido— a decidir cuándo parar. Vivas dudaba, reconocía cierta indecisión y cansancio de mucho tiempo. Sin embargo, la inmensa crisis en la que se encuentra la ciudad ha dado una vuelta a la situación. «Ahora no hay duda. Tiene que ser él», coinciden todos los dirigentes consultados por ABC. Desde otros territorios hasta la propia ciudad autónoma, donde asumen que el liderazgo que ha emergido a raíz de esta crisis impide cualquier paso al lado. Al contrario. Vivas se ha convertido en un referente moral interno y externo. La empatía de todos los ayuntamientos de España —se vio en las manifestaciones de principios de septiembre— con Ceuta y con su principal gobernante lo evidenció. En las tripas del PP la situación todavía es más obvia: Vivas se ha convertido en un símbolo cuando hasta hace no tanto era un verso suelto.Análisis profundoAdemás de las dudas del dirigente ceutí, la necesidad de engrasar la maquinaria interna por el año electoral que comenzaba llevó al área de Organización del partido —integrada en la secretaría general que encabeza Miguel Tellado— a analizar los territorios de Ceuta y Melilla en profundidad. Un mes antes de la invasión, de hecho, ese equipo se desplazó a ambas ciudades a testar el ambiente, ver cómo estaba la situación del partido y valorar si existían alternativas a futuro.El perfil político de Vivas es muy singular, en gran medida por la idiosincrasia de la propia ciudad autónoma, sus necesidades, sus características. Por eso mismo en tantas ocasiones el presidente autonómico se ha separado de los discursos oficiales del PP o ha manifestado —en su tono habitual, eso sí— algunas discrepancias. El caso más claro es el discurso migratorio. Que Ceuta va por otro camino, en gran medida por la presión migratoria que sufre y con la que tiene que lidiar, siempre lo han sabido en la cúpula nacional. Reconocían «la excepción», pero en muchas ocasiones eso no impedía problemas internos. Por ejemplo, Vivas apoyaba la filosofía del decreto-ley que el Gobierno aprobó el año pasado para establecer un mecanismo estructural y obligatorio de distribución de los menores no acompañados entre las distintas comunidades autónomas para aliviar los territorios que son frontera. Todo ello mientras el partido a nivel nacional lo rechazaba y la inmensa mayoría de las comunidades también.La interlocución del presidente autonómico con Sánchez y algunos ministros como la de Infancia, Sira Rego, también ha sido siempre fluida, incluso en los momentos de mayor tensión por la política nacional. Su canal funcionaba. Cuando las directrices de Génova —y que muchos barones secundaban— pasaba por congelar esas relaciones o directamente darlas por rotas, el presidente ceutí navegaba las olas más difíciles. Quizá por esa «lealtad» que durante un tiempo pareció existir, reconocen ahora en su entorno, Vivas esperaba otra respuesta muy distinta del Gobierno central a finales de julio. «Sánchez ha instrumentalizado mucho la figura de Vivas», reconocen fuentes del ejecutivo ceutí, también para enfrentarle con el partido. Por eso, alegan, la decepción «ha sido tan grande».El «divorcio» con Moncloa en la crisis se evidenció el día 31 de julio, durante la única visita del presidente a la ciudad autónoma. Allí diagnosticó una violación de la integridad territorial de España que nunca más volvió a repetir. La idea que tenía el equipo del presidente del Gobierno era una comparecencia conjunta. Vivas lo rechazó y le trasladó que «lo mejor y más oportuno» eran dos comparecencias por separado. No estaba de acuerdo con lo que el presidente quería trasladar y, sobre todo, le incomodaba especialmente la posición sobre Marruecos que se ha mantenido a lo largo de todo este tiempo. A partir de ese momento las relaciones están en vía muerta a pesar de la envergadura de la crisis.En el PP están convencidos de que el Gobierno y algunos de sus ministros «se han equivocado» lanzando una campaña contra Vivas, cuando es el dirigente más reconocido por la sociedad en la gestión de la crisis. «Él ha demostrado que siempre ha puesto Ceuta por delante», aseguran. A lo largo de estas semanas el presidente autonómico ha mantenido el relato de lo que considera que ocurrió desde los días previos a la invasión, cuando ya envió señales de auxilio que no fueron respondidas. Los síntomas llevaban produciéndose días, sostienen, y los avisos llegaron y no fueron atendidos. Hace unos días, en presencia de Feijóo y del líder del PP europeo, Manfred Weber, Vivas hizo la reflexión más tajante que ha hecho hasta el momento: «Afirmo con toda rotundidad que el Gobierno no ha cumplido con sus obligaciones constitucionales de proteger nuestra integridad territorial y la seguridad de los ceutíes». En Ceuta los días 30 y 31 de julio lo cambiaron todo. Los debates, las decisiones pendientes, las expectativas. Todo tenía un enfoque distinto antes de la gran avalancha migratoria. También a nivel político. Juan Jesús Vivas lleva 25 años gobernando la ciudad autónoma. Esa trayectoria ha coincidido con los Gobiernos de José María Aznar, José Luis Zapatero, Mariano Rajoy y ahora Pedro Sánchez. Los primeros trece años bajo el reinado de Juan Carlos I y desde 2014 hasta hoy bajo el de Felipe VI. En las calles de Ceuta los vecinos le llaman «alcalde», no presidente. Es una ciudad de algo más de 19 kilómetros cuadrados y la población se concentra en la mitad, unos diez. Todos se conocen. A sus 73 años y con problemas de salud que él mismo ha explicado, hace meses acumulaba dudas sobre las elecciones autonómicas del próximo año. «El deber está cumplido», decían en su entorno. En una situación parecida está Juan José Imbroda (82 años), presidente de Melilla. Ambos políticos del Partido Popular «se habían ganado el derecho» —como explicaban en la dirección nacional del partido— a decidir cuándo parar. Vivas dudaba, reconocía cierta indecisión y cansancio de mucho tiempo. Sin embargo, la inmensa crisis en la que se encuentra la ciudad ha dado una vuelta a la situación. «Ahora no hay duda. Tiene que ser él», coinciden todos los dirigentes consultados por ABC. Desde otros territorios hasta la propia ciudad autónoma, donde asumen que el liderazgo que ha emergido a raíz de esta crisis impide cualquier paso al lado. Al contrario. Vivas se ha convertido en un referente moral interno y externo. La empatía de todos los ayuntamientos de España —se vio en las manifestaciones de principios de septiembre— con Ceuta y con su principal gobernante lo evidenció. En las tripas del PP la situación todavía es más obvia: Vivas se ha convertido en un símbolo cuando hasta hace no tanto era un verso suelto.Análisis profundoAdemás de las dudas del dirigente ceutí, la necesidad de engrasar la maquinaria interna por el año electoral que comenzaba llevó al área de Organización del partido —integrada en la secretaría general que encabeza Miguel Tellado— a analizar los territorios de Ceuta y Melilla en profundidad. Un mes antes de la invasión, de hecho, ese equipo se desplazó a ambas ciudades a testar el ambiente, ver cómo estaba la situación del partido y valorar si existían alternativas a futuro.El perfil político de Vivas es muy singular, en gran medida por la idiosincrasia de la propia ciudad autónoma, sus necesidades, sus características. Por eso mismo en tantas ocasiones el presidente autonómico se ha separado de los discursos oficiales del PP o ha manifestado —en su tono habitual, eso sí— algunas discrepancias. El caso más claro es el discurso migratorio. Que Ceuta va por otro camino, en gran medida por la presión migratoria que sufre y con la que tiene que lidiar, siempre lo han sabido en la cúpula nacional. Reconocían «la excepción», pero en muchas ocasiones eso no impedía problemas internos. Por ejemplo, Vivas apoyaba la filosofía del decreto-ley que el Gobierno aprobó el año pasado para establecer un mecanismo estructural y obligatorio de distribución de los menores no acompañados entre las distintas comunidades autónomas para aliviar los territorios que son frontera. Todo ello mientras el partido a nivel nacional lo rechazaba y la inmensa mayoría de las comunidades también.La interlocución del presidente autonómico con Sánchez y algunos ministros como la de Infancia, Sira Rego, también ha sido siempre fluida, incluso en los momentos de mayor tensión por la política nacional. Su canal funcionaba. Cuando las directrices de Génova —y que muchos barones secundaban— pasaba por congelar esas relaciones o directamente darlas por rotas, el presidente ceutí navegaba las olas más difíciles. Quizá por esa «lealtad» que durante un tiempo pareció existir, reconocen ahora en su entorno, Vivas esperaba otra respuesta muy distinta del Gobierno central a finales de julio. «Sánchez ha instrumentalizado mucho la figura de Vivas», reconocen fuentes del ejecutivo ceutí, también para enfrentarle con el partido. Por eso, alegan, la decepción «ha sido tan grande».El «divorcio» con Moncloa en la crisis se evidenció el día 31 de julio, durante la única visita del presidente a la ciudad autónoma. Allí diagnosticó una violación de la integridad territorial de España que nunca más volvió a repetir. La idea que tenía el equipo del presidente del Gobierno era una comparecencia conjunta. Vivas lo rechazó y le trasladó que «lo mejor y más oportuno» eran dos comparecencias por separado. No estaba de acuerdo con lo que el presidente quería trasladar y, sobre todo, le incomodaba especialmente la posición sobre Marruecos que se ha mantenido a lo largo de todo este tiempo. A partir de ese momento las relaciones están en vía muerta a pesar de la envergadura de la crisis.En el PP están convencidos de que el Gobierno y algunos de sus ministros «se han equivocado» lanzando una campaña contra Vivas, cuando es el dirigente más reconocido por la sociedad en la gestión de la crisis. «Él ha demostrado que siempre ha puesto Ceuta por delante», aseguran. A lo largo de estas semanas el presidente autonómico ha mantenido el relato de lo que considera que ocurrió desde los días previos a la invasión, cuando ya envió señales de auxilio que no fueron respondidas. Los síntomas llevaban produciéndose días, sostienen, y los avisos llegaron y no fueron atendidos. Hace unos días, en presencia de Feijóo y del líder del PP europeo, Manfred Weber, Vivas hizo la reflexión más tajante que ha hecho hasta el momento: «Afirmo con toda rotundidad que el Gobierno no ha cumplido con sus obligaciones constitucionales de proteger nuestra integridad territorial y la seguridad de los ceutíes». En Ceuta los días 30 y 31 de julio lo cambiaron todo. Los debates, las decisiones pendientes, las expectativas. Todo tenía un enfoque distinto antes de la gran avalancha migratoria. También a nivel político. Juan Jesús Vivas lleva 25 años gobernando la ciudad autónoma. Esa trayectoria ha coincidido con los Gobiernos de José María Aznar, José Luis Zapatero, Mariano Rajoy y ahora Pedro Sánchez. Los primeros trece años bajo el reinado de Juan Carlos I y desde 2014 hasta hoy bajo el de Felipe VI. En las calles de Ceuta los vecinos le llaman «alcalde», no presidente. Es una ciudad de algo más de 19 kilómetros cuadrados y la población se concentra en la mitad, unos diez. Todos se conocen. A sus 73 años y con problemas de salud que él mismo ha explicado, hace meses acumulaba dudas sobre las elecciones autonómicas del próximo año. «El deber está cumplido», decían en su entorno. En una situación parecida está Juan José Imbroda (82 años), presidente de Melilla. Ambos políticos del Partido Popular «se habían ganado el derecho» —como explicaban en la dirección nacional del partido— a decidir cuándo parar. Vivas dudaba, reconocía cierta indecisión y cansancio de mucho tiempo. Sin embargo, la inmensa crisis en la que se encuentra la ciudad ha dado una vuelta a la situación. «Ahora no hay duda. Tiene que ser él», coinciden todos los dirigentes consultados por ABC. Desde otros territorios hasta la propia ciudad autónoma, donde asumen que el liderazgo que ha emergido a raíz de esta crisis impide cualquier paso al lado. Al contrario. Vivas se ha convertido en un referente moral interno y externo. La empatía de todos los ayuntamientos de España —se vio en las manifestaciones de principios de septiembre— con Ceuta y con su principal gobernante lo evidenció. En las tripas del PP la situación todavía es más obvia: Vivas se ha convertido en un símbolo cuando hasta hace no tanto era un verso suelto.Análisis profundoAdemás de las dudas del dirigente ceutí, la necesidad de engrasar la maquinaria interna por el año electoral que comenzaba llevó al área de Organización del partido —integrada en la secretaría general que encabeza Miguel Tellado— a analizar los territorios de Ceuta y Melilla en profundidad. Un mes antes de la invasión, de hecho, ese equipo se desplazó a ambas ciudades a testar el ambiente, ver cómo estaba la situación del partido y valorar si existían alternativas a futuro.El perfil político de Vivas es muy singular, en gran medida por la idiosincrasia de la propia ciudad autónoma, sus necesidades, sus características. Por eso mismo en tantas ocasiones el presidente autonómico se ha separado de los discursos oficiales del PP o ha manifestado —en su tono habitual, eso sí— algunas discrepancias. El caso más claro es el discurso migratorio. Que Ceuta va por otro camino, en gran medida por la presión migratoria que sufre y con la que tiene que lidiar, siempre lo han sabido en la cúpula nacional. Reconocían «la excepción», pero en muchas ocasiones eso no impedía problemas internos. Por ejemplo, Vivas apoyaba la filosofía del decreto-ley que el Gobierno aprobó el año pasado para establecer un mecanismo estructural y obligatorio de distribución de los menores no acompañados entre las distintas comunidades autónomas para aliviar los territorios que son frontera. Todo ello mientras el partido a nivel nacional lo rechazaba y la inmensa mayoría de las comunidades también.La interlocución del presidente autonómico con Sánchez y algunos ministros como la de Infancia, Sira Rego, también ha sido siempre fluida, incluso en los momentos de mayor tensión por la política nacional. Su canal funcionaba. Cuando las directrices de Génova —y que muchos barones secundaban— pasaba por congelar esas relaciones o directamente darlas por rotas, el presidente ceutí navegaba las olas más difíciles. Quizá por esa «lealtad» que durante un tiempo pareció existir, reconocen ahora en su entorno, Vivas esperaba otra respuesta muy distinta del Gobierno central a finales de julio. «Sánchez ha instrumentalizado mucho la figura de Vivas», reconocen fuentes del ejecutivo ceutí, también para enfrentarle con el partido. Por eso, alegan, la decepción «ha sido tan grande».El «divorcio» con Moncloa en la crisis se evidenció el día 31 de julio, durante la única visita del presidente a la ciudad autónoma. Allí diagnosticó una violación de la integridad territorial de España que nunca más volvió a repetir. La idea que tenía el equipo del presidente del Gobierno era una comparecencia conjunta. Vivas lo rechazó y le trasladó que «lo mejor y más oportuno» eran dos comparecencias por separado. No estaba de acuerdo con lo que el presidente quería trasladar y, sobre todo, le incomodaba especialmente la posición sobre Marruecos que se ha mantenido a lo largo de todo este tiempo. A partir de ese momento las relaciones están en vía muerta a pesar de la envergadura de la crisis.En el PP están convencidos de que el Gobierno y algunos de sus ministros «se han equivocado» lanzando una campaña contra Vivas, cuando es el dirigente más reconocido por la sociedad en la gestión de la crisis. «Él ha demostrado que siempre ha puesto Ceuta por delante», aseguran. A lo largo de estas semanas el presidente autonómico ha mantenido el relato de lo que considera que ocurrió desde los días previos a la invasión, cuando ya envió señales de auxilio que no fueron respondidas. Los síntomas llevaban produciéndose días, sostienen, y los avisos llegaron y no fueron atendidos. Hace unos días, en presencia de Feijóo y del líder del PP europeo, Manfred Weber, Vivas hizo la reflexión más tajante que ha hecho hasta el momento: «Afirmo con toda rotundidad que el Gobierno no ha cumplido con sus obligaciones constitucionales de proteger nuestra integridad territorial y la seguridad de los ceutíes». RSS de noticias de espana
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