La gestión de la crisis del hantavirus, con el desembarco en el puerto de Granadilla de Abona (Tenerife) del pasaje que viajaba en este lujoso crucero de bandera holandesa, ha enturbiado la relación entre los ministerios de Defensa y de Sanidad . La ausencia de políticos y técnicos del departamento que dirige Margarita Robles en el operativo -que finalizó anoche alrededor de las siete hora canaria, con la evacuación de las 23 personas que quedaban en el interior del buque y la salida del barco hacia el puerto de Róterdam, donde llegará únicamente con unas treinta personas de la tripulación y se procederá a su desinfección- no gustó en Defensa.Aunque fue Sanidad, bajo la dirección de Mónica García, la que negoció y pactó con la OMS y la naviera los términos de la llegada del MV Hondius a España, contando con la opinión de los ministerios de Interior, Política Territorial y Transportes, jugando cada uno un papel distinto en el operativo, ha acabado siendo el Ministerio de Defensa el que ha jugado un papel más importante en prácticamente todas las fases del proceso. Las Fuerzas Armadas, a través de la UME, el Ejército del Aire y del Espacio, el de Tierra y el Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla, se han tenido que hacer cargo del traslado de las personas desde Granadilla hasta el aeropuerto de Tenerife y, en en el caso de los españoles, desde el sur de la isla a Torrejón y de la base al centro hospitalario; y son quienes se tienen que hacer cargo de su cuarentena.La activación de la Unidad Militar de Emergencias para realizar los transfers hasta el aeródromo Reina Sofía de Tenerife-Sur se hizo, tal como avanzó este periódico en exclusiva, el mediodía del sábado. Sin presencia de los principales responsables del ministerio de Defensa en la reunión de coordinación, la ministra Robles recibió el encargo de que fueran sus hombres y mujeres los que, a través de los autocares de los que dispone la UME, llevasen a los viajeros hasta las escaleras del avión. Un trayecto de aproximadamente diez kilómetros, escoltados en todo momento por la Guardia Civil, que ninguna empresa de transportes de la isla quiso realizar , pese a la implicación del Ministerio de Política Territorial, que dirige el expresidente de Canarias Ángel Víctor Torres, en la búsqueda de soluciones.Precisamente una de las imágenes más repetidas de las últimas horas, la de un psiquiatra del Comisionado de Salud Mental del Ministerio de Sanidad, que formaba parte del equipo de atención a los evacuados, descendiendo de un autobús de la UME con el EPI en la mano y sin mascarilla en pleno trayecto, fue la gota que colmó el vaso. En Defensa, como responsables de esos traslados, se remitieron al ministerio de Sanidad para que explicasen lo sucedido. «Nosotros no tenemos que hablar por otros», explicaron este domingo. Según el entorno de la ministra, «era alguien de Sanidad que iba allí, esa persona depende de Sanidad». Y aseveran que «la actuación de la UME fue impecable en todo momento».Tras esos balones fuera del departamento de Robles, cargando contra el de García la responsabilidad de lo sucedido, en el Ministerio de Sanidad y Moncloa alegaron que «formaba parte del protocolo» . Que era un psiquiatra que acompañaba a la delegación española desde la salida del puerto hasta el aeropuerto y que, al no poder pasar a la zona restringida del aeródromo, algo que se hubiera podido solucionar con un permiso de Interior como el que recibió el conductor o las otras personas que pudieran formar parte del dispositivo, se le dejó en una rotonda cercana a las instalaciones aeroportuarias para que desde allí fuese caminando hasta el puesto de mando avanzado auxiliar, donde debía depositar su Equipo de Protección Individual.Robles y García ya protagonizaron un encontronazo a finales de la semana pasada por la obligatoriedad o no de la cuarentena de los españoles en el Gómez UllaLa cuarentena en el Gómez UllaAntes de esa enganchada a cuenta de los traslados y de la ausencia de Defensa en todo el operativo de coordinación, facilitando así a Mónica García (Sanidad), Fernando Grande-Marlaska (Interior) y Ángel Víctor Torres (Política Territorial) copar todo el protagonismo de la gestión de la crisis, con hasta tres ruedas de prensa diarias durante la evacuación en el mismo muelle de Granadilla de Abona, las ministras de Defensa y Sanidad ya habían protagonizado otro momento de tensión a cuenta de las discrepancias entre ellas sobre cómo se tenía que hacer la cuarentena de los catorce españoles que viajaban a bordo .Cuando se acordó que el barco finalmente llegase a las costas españolas, siendo Tenerife el lugar elegido para la evacuación, Margarita Robles afirmó que aquellos nacionales que lo quisieran podrían hacer la cuarentena en sus domicilios. Afirmó la titular de Defensa que una vez en la base aérea de Torrejón de Ardoz, los que no quisieran ingresar en el Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla deberían irse a sus casas en transporte público o en vehículos privados sin control alguno o deberían hacerlo con un control medicalizado similar al del avión militar que les trasladará de Tenerife a Madrid. Robles sostenía también que se precisaba de un consentimiento de los catorce viajeros para proceder a su hospitalización ya que este encierro forzoso de alrededor de 42 días afectaba a derechos fundamentales como la libertad de movimiento. La ministra apeló además a la buena disposición de los viajeros para seguirla. Pero solo unas horas después, el Ministerio de Sanidad desmintió a la titular de Defensa. El departamento de Mónica García, que estuvo en contacto por videollamada con los catorce españoles a bordo del MV Hondius, dijo que la cuarentena en el Gómez Ulla sería en todo momento obligatoria. Su postura, avalada por Moncloa, se basaba en los informes de los expertos que avalaron la medida siempre y cuando Sanidad justificase la necesidad de aplicarla para evitar un riesgo para la salud pública. El equipo de García acabó elaborando dicho informe en el que sostenía que España cuenta con la base legal suficiente para actuar ante un barco internacional con personas infectadas o potencialmente infectadas por un virus. Justificó su decisión de hacer obligatoria la cuarentena al tratarse de una cuestión de sanidad exterior y de riesgo para la salud pública. Finalmente los catorce viajeros, originarios de diferentes comunidades autónomas de España, ingresaron en el hospital madrileño este domingo pocos minutos después de aterrizar en la base aérea de Torrejón de Ardoz, donde fueron trasladados completamente aislados. De la misma forma permanecerán, presumiblemente hasta el 17 de junio, en una de las plantas más elevadas del centro sanitario situado en el barrio de Carabanchel. Por ahora ninguno de ellos ha presentado sintomatología y las pruebas que se les han realizado han dado negativo en hantavirus en todo momento. La gestión de la crisis del hantavirus, con el desembarco en el puerto de Granadilla de Abona (Tenerife) del pasaje que viajaba en este lujoso crucero de bandera holandesa, ha enturbiado la relación entre los ministerios de Defensa y de Sanidad . La ausencia de políticos y técnicos del departamento que dirige Margarita Robles en el operativo -que finalizó anoche alrededor de las siete hora canaria, con la evacuación de las 23 personas que quedaban en el interior del buque y la salida del barco hacia el puerto de Róterdam, donde llegará únicamente con unas treinta personas de la tripulación y se procederá a su desinfección- no gustó en Defensa.Aunque fue Sanidad, bajo la dirección de Mónica García, la que negoció y pactó con la OMS y la naviera los términos de la llegada del MV Hondius a España, contando con la opinión de los ministerios de Interior, Política Territorial y Transportes, jugando cada uno un papel distinto en el operativo, ha acabado siendo el Ministerio de Defensa el que ha jugado un papel más importante en prácticamente todas las fases del proceso. Las Fuerzas Armadas, a través de la UME, el Ejército del Aire y del Espacio, el de Tierra y el Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla, se han tenido que hacer cargo del traslado de las personas desde Granadilla hasta el aeropuerto de Tenerife y, en en el caso de los españoles, desde el sur de la isla a Torrejón y de la base al centro hospitalario; y son quienes se tienen que hacer cargo de su cuarentena.La activación de la Unidad Militar de Emergencias para realizar los transfers hasta el aeródromo Reina Sofía de Tenerife-Sur se hizo, tal como avanzó este periódico en exclusiva, el mediodía del sábado. Sin presencia de los principales responsables del ministerio de Defensa en la reunión de coordinación, la ministra Robles recibió el encargo de que fueran sus hombres y mujeres los que, a través de los autocares de los que dispone la UME, llevasen a los viajeros hasta las escaleras del avión. Un trayecto de aproximadamente diez kilómetros, escoltados en todo momento por la Guardia Civil, que ninguna empresa de transportes de la isla quiso realizar , pese a la implicación del Ministerio de Política Territorial, que dirige el expresidente de Canarias Ángel Víctor Torres, en la búsqueda de soluciones.Precisamente una de las imágenes más repetidas de las últimas horas, la de un psiquiatra del Comisionado de Salud Mental del Ministerio de Sanidad, que formaba parte del equipo de atención a los evacuados, descendiendo de un autobús de la UME con el EPI en la mano y sin mascarilla en pleno trayecto, fue la gota que colmó el vaso. En Defensa, como responsables de esos traslados, se remitieron al ministerio de Sanidad para que explicasen lo sucedido. «Nosotros no tenemos que hablar por otros», explicaron este domingo. Según el entorno de la ministra, «era alguien de Sanidad que iba allí, esa persona depende de Sanidad». Y aseveran que «la actuación de la UME fue impecable en todo momento».Tras esos balones fuera del departamento de Robles, cargando contra el de García la responsabilidad de lo sucedido, en el Ministerio de Sanidad y Moncloa alegaron que «formaba parte del protocolo» . Que era un psiquiatra que acompañaba a la delegación española desde la salida del puerto hasta el aeropuerto y que, al no poder pasar a la zona restringida del aeródromo, algo que se hubiera podido solucionar con un permiso de Interior como el que recibió el conductor o las otras personas que pudieran formar parte del dispositivo, se le dejó en una rotonda cercana a las instalaciones aeroportuarias para que desde allí fuese caminando hasta el puesto de mando avanzado auxiliar, donde debía depositar su Equipo de Protección Individual.Robles y García ya protagonizaron un encontronazo a finales de la semana pasada por la obligatoriedad o no de la cuarentena de los españoles en el Gómez UllaLa cuarentena en el Gómez UllaAntes de esa enganchada a cuenta de los traslados y de la ausencia de Defensa en todo el operativo de coordinación, facilitando así a Mónica García (Sanidad), Fernando Grande-Marlaska (Interior) y Ángel Víctor Torres (Política Territorial) copar todo el protagonismo de la gestión de la crisis, con hasta tres ruedas de prensa diarias durante la evacuación en el mismo muelle de Granadilla de Abona, las ministras de Defensa y Sanidad ya habían protagonizado otro momento de tensión a cuenta de las discrepancias entre ellas sobre cómo se tenía que hacer la cuarentena de los catorce españoles que viajaban a bordo .Cuando se acordó que el barco finalmente llegase a las costas españolas, siendo Tenerife el lugar elegido para la evacuación, Margarita Robles afirmó que aquellos nacionales que lo quisieran podrían hacer la cuarentena en sus domicilios. Afirmó la titular de Defensa que una vez en la base aérea de Torrejón de Ardoz, los que no quisieran ingresar en el Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla deberían irse a sus casas en transporte público o en vehículos privados sin control alguno o deberían hacerlo con un control medicalizado similar al del avión militar que les trasladará de Tenerife a Madrid. Robles sostenía también que se precisaba de un consentimiento de los catorce viajeros para proceder a su hospitalización ya que este encierro forzoso de alrededor de 42 días afectaba a derechos fundamentales como la libertad de movimiento. La ministra apeló además a la buena disposición de los viajeros para seguirla. Pero solo unas horas después, el Ministerio de Sanidad desmintió a la titular de Defensa. El departamento de Mónica García, que estuvo en contacto por videollamada con los catorce españoles a bordo del MV Hondius, dijo que la cuarentena en el Gómez Ulla sería en todo momento obligatoria. Su postura, avalada por Moncloa, se basaba en los informes de los expertos que avalaron la medida siempre y cuando Sanidad justificase la necesidad de aplicarla para evitar un riesgo para la salud pública. El equipo de García acabó elaborando dicho informe en el que sostenía que España cuenta con la base legal suficiente para actuar ante un barco internacional con personas infectadas o potencialmente infectadas por un virus. Justificó su decisión de hacer obligatoria la cuarentena al tratarse de una cuestión de sanidad exterior y de riesgo para la salud pública. Finalmente los catorce viajeros, originarios de diferentes comunidades autónomas de España, ingresaron en el hospital madrileño este domingo pocos minutos después de aterrizar en la base aérea de Torrejón de Ardoz, donde fueron trasladados completamente aislados. De la misma forma permanecerán, presumiblemente hasta el 17 de junio, en una de las plantas más elevadas del centro sanitario situado en el barrio de Carabanchel. Por ahora ninguno de ellos ha presentado sintomatología y las pruebas que se les han realizado han dado negativo en hantavirus en todo momento. La gestión de la crisis del hantavirus, con el desembarco en el puerto de Granadilla de Abona (Tenerife) del pasaje que viajaba en este lujoso crucero de bandera holandesa, ha enturbiado la relación entre los ministerios de Defensa y de Sanidad . La ausencia de políticos y técnicos del departamento que dirige Margarita Robles en el operativo -que finalizó anoche alrededor de las siete hora canaria, con la evacuación de las 23 personas que quedaban en el interior del buque y la salida del barco hacia el puerto de Róterdam, donde llegará únicamente con unas treinta personas de la tripulación y se procederá a su desinfección- no gustó en Defensa.Aunque fue Sanidad, bajo la dirección de Mónica García, la que negoció y pactó con la OMS y la naviera los términos de la llegada del MV Hondius a España, contando con la opinión de los ministerios de Interior, Política Territorial y Transportes, jugando cada uno un papel distinto en el operativo, ha acabado siendo el Ministerio de Defensa el que ha jugado un papel más importante en prácticamente todas las fases del proceso. Las Fuerzas Armadas, a través de la UME, el Ejército del Aire y del Espacio, el de Tierra y el Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla, se han tenido que hacer cargo del traslado de las personas desde Granadilla hasta el aeropuerto de Tenerife y, en en el caso de los españoles, desde el sur de la isla a Torrejón y de la base al centro hospitalario; y son quienes se tienen que hacer cargo de su cuarentena.La activación de la Unidad Militar de Emergencias para realizar los transfers hasta el aeródromo Reina Sofía de Tenerife-Sur se hizo, tal como avanzó este periódico en exclusiva, el mediodía del sábado. Sin presencia de los principales responsables del ministerio de Defensa en la reunión de coordinación, la ministra Robles recibió el encargo de que fueran sus hombres y mujeres los que, a través de los autocares de los que dispone la UME, llevasen a los viajeros hasta las escaleras del avión. Un trayecto de aproximadamente diez kilómetros, escoltados en todo momento por la Guardia Civil, que ninguna empresa de transportes de la isla quiso realizar , pese a la implicación del Ministerio de Política Territorial, que dirige el expresidente de Canarias Ángel Víctor Torres, en la búsqueda de soluciones.Precisamente una de las imágenes más repetidas de las últimas horas, la de un psiquiatra del Comisionado de Salud Mental del Ministerio de Sanidad, que formaba parte del equipo de atención a los evacuados, descendiendo de un autobús de la UME con el EPI en la mano y sin mascarilla en pleno trayecto, fue la gota que colmó el vaso. En Defensa, como responsables de esos traslados, se remitieron al ministerio de Sanidad para que explicasen lo sucedido. «Nosotros no tenemos que hablar por otros», explicaron este domingo. Según el entorno de la ministra, «era alguien de Sanidad que iba allí, esa persona depende de Sanidad». Y aseveran que «la actuación de la UME fue impecable en todo momento».Tras esos balones fuera del departamento de Robles, cargando contra el de García la responsabilidad de lo sucedido, en el Ministerio de Sanidad y Moncloa alegaron que «formaba parte del protocolo» . Que era un psiquiatra que acompañaba a la delegación española desde la salida del puerto hasta el aeropuerto y que, al no poder pasar a la zona restringida del aeródromo, algo que se hubiera podido solucionar con un permiso de Interior como el que recibió el conductor o las otras personas que pudieran formar parte del dispositivo, se le dejó en una rotonda cercana a las instalaciones aeroportuarias para que desde allí fuese caminando hasta el puesto de mando avanzado auxiliar, donde debía depositar su Equipo de Protección Individual.Robles y García ya protagonizaron un encontronazo a finales de la semana pasada por la obligatoriedad o no de la cuarentena de los españoles en el Gómez UllaLa cuarentena en el Gómez UllaAntes de esa enganchada a cuenta de los traslados y de la ausencia de Defensa en todo el operativo de coordinación, facilitando así a Mónica García (Sanidad), Fernando Grande-Marlaska (Interior) y Ángel Víctor Torres (Política Territorial) copar todo el protagonismo de la gestión de la crisis, con hasta tres ruedas de prensa diarias durante la evacuación en el mismo muelle de Granadilla de Abona, las ministras de Defensa y Sanidad ya habían protagonizado otro momento de tensión a cuenta de las discrepancias entre ellas sobre cómo se tenía que hacer la cuarentena de los catorce españoles que viajaban a bordo .Cuando se acordó que el barco finalmente llegase a las costas españolas, siendo Tenerife el lugar elegido para la evacuación, Margarita Robles afirmó que aquellos nacionales que lo quisieran podrían hacer la cuarentena en sus domicilios. Afirmó la titular de Defensa que una vez en la base aérea de Torrejón de Ardoz, los que no quisieran ingresar en el Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla deberían irse a sus casas en transporte público o en vehículos privados sin control alguno o deberían hacerlo con un control medicalizado similar al del avión militar que les trasladará de Tenerife a Madrid. Robles sostenía también que se precisaba de un consentimiento de los catorce viajeros para proceder a su hospitalización ya que este encierro forzoso de alrededor de 42 días afectaba a derechos fundamentales como la libertad de movimiento. La ministra apeló además a la buena disposición de los viajeros para seguirla. Pero solo unas horas después, el Ministerio de Sanidad desmintió a la titular de Defensa. El departamento de Mónica García, que estuvo en contacto por videollamada con los catorce españoles a bordo del MV Hondius, dijo que la cuarentena en el Gómez Ulla sería en todo momento obligatoria. Su postura, avalada por Moncloa, se basaba en los informes de los expertos que avalaron la medida siempre y cuando Sanidad justificase la necesidad de aplicarla para evitar un riesgo para la salud pública. El equipo de García acabó elaborando dicho informe en el que sostenía que España cuenta con la base legal suficiente para actuar ante un barco internacional con personas infectadas o potencialmente infectadas por un virus. Justificó su decisión de hacer obligatoria la cuarentena al tratarse de una cuestión de sanidad exterior y de riesgo para la salud pública. Finalmente los catorce viajeros, originarios de diferentes comunidades autónomas de España, ingresaron en el hospital madrileño este domingo pocos minutos después de aterrizar en la base aérea de Torrejón de Ardoz, donde fueron trasladados completamente aislados. De la misma forma permanecerán, presumiblemente hasta el 17 de junio, en una de las plantas más elevadas del centro sanitario situado en el barrio de Carabanchel. Por ahora ninguno de ellos ha presentado sintomatología y las pruebas que se les han realizado han dado negativo en hantavirus en todo momento. RSS de noticias de espana
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