El trumpismo ha sido durante 10 años una roca prácticamente inexpugnable. Un bloque de granito político, casi impermeable a las críticas, a las dudas y a las deserciones. Construido alrededor de un líder que parecía capaz de convertir cada derrota en una victoria y cada adversidad en una oportunidad de resurrección. Trump ha sido -es- un líder único, formidable en su capacidad para crear un lenguaje, un movimiento y un estilo, para imponer el ritmo, disciplinar a los suyos. Pero la política, como la naturaleza, tiene sus propias leyes, y basta con que llegue una tormenta (una tormenta perfecta en realidad) para que lo que parecía imposible empiece a antojarse obvio.
La derrota en las ‘midterms’ abre las primeras crisis internas con el cuestionamiento del presidente
El trumpismo ha sido durante 10 años una roca prácticamente inexpugnable. Un bloque de granito político, casi impermeable a las críticas, a las dudas y a las deserciones. Construido alrededor de un líder que parecía capaz de convertir cada derrota en una victoria y cada adversidad en una oportunidad de resurrección. Trump ha sido -es- un líder único, formidable en su capacidad para crear un lenguaje, un movimiento y un estilo, para imponer el ritmo, disciplinar a los suyos. Pero la política, como la naturaleza, tiene sus propias leyes, y basta con que llegue una tormenta (una tormenta perfecta en realidad) para que lo que parecía imposible empiece a antojarse obvio.
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