Ríos de turistas pasan a diario a escasos metros de la ubicación del búnker de Hitler sin percatarse de ello. Parte del solar sobre el que se levantó la todopoderosa Cancillería de la Alemania Nazi, en la calle Wilhelmstrasse de Berlín, está hoy deliberadamente ocupado por bloques de viviendas, justo detrás del Monumento al Holocausto. Cualquier huella de la estructura en la que Hitler se suicidó junto a Eva Braun permanece oculta bajo tierra.Sin embargo, el plan para construir nuevos edificios de apartamentos exigiría su destrucción definitiva. La asociación Unterwelten y la Oficina de Monumentos Estatales insisten en preservarla.En la calle Vossstrasse, no lejos de Leipziger Platz, rodeado a poca distancia por las representaciones estatales de Hesse y Mecklemburgo en la capital de la República Federal y parcialmente cubierto por un bloque de apartamentos de la fase final de la República Democrática Alemana (RDA) , está enterrado el búnker de Hitler.A seis metros bajo tierra, protegido por más de metro y medio de hormigón armado, yace un vestigio del antiguo refugio antiaéreo de la Cancillería nazi, que el arquitecto de cabecera de Hitler, Albert Speer , construyó a finales de los años 30.Esta cueva de hormigón de 1.200 metros cuadrados es de «importancia científica e histórica integral», según sus defensores, que pretenden con este argumento bloquear un proyecto inmobiliario. De momento, lo que han conseguido es devolver los restos nazis a la actualidad y reabrir un debate sobre la memoria y el peligro de la nostalgia.Mapa de la zona donde se sitúa el ‘Führerbunker’. ABCRiesgo de peregrinaje naziLa Cancillería nazi y el denominado ‘Führerbunker’ fueron rellenados y sistemáticamente ocultados durante la era de la RDA, la Alemania comunista, una política que siguió después la Alemania reunificada. Los restos no han sido nunca expuestos, apenas hay bibliografía sobre ellos y su aspecto se reconstruye solamente a base de fotos de la época.«Si imaginas cómo podría ser un lugar conmemorativo dentro de sus muros, a una profundidad de seis metros bajo tierra, sería como una cámara de horrores con atmósfera submarina, cuyo valor educativo sería bajo, pero cuyo aura de atracción para los jóvenes partidarios del totalitarismo sería mucho mayor», explican fuentes del Senado de Berlín que justifican esta política.«El aura de atracción para los jóvenes partidarios del totalitarismo superaría el valor educativo» Fuentes del SenadoAdemás, explican que la recuperación nunca se ha llegado a abordar porque los costes de la obra de ingeniería civil ascenderían ya a decenas de millones de euros. Un dinero que se ha preferido invertir, por ejemplo, en la Fundación de Topografía del Terror –en el cercano recinto de la Gestapo– o en la estación Anhalter Bahnhof, donde los planes para el Museo del Exilio están al borde del colapso por falta de fondos.«Tampoco ha sido posible financiar el centro de documentación sobre la ocupación alemana en Europa, que fue aprobado por el Parlamento hace años, para el cual ni siquiera se ha determinado una ubicación y mucho menos un presupuesto… y hay prioridades», alegan las mismas fuentes. «No vamos a obstaculizar nuevos proyectos de vivienda solo para preservar un búnker que podría acabar convirtiéndose en un lugar de peregrinación» , ha insistido el senador de Vivienda de Berlín, el socialdemócrata Christian Gaebler, que considera que ha llegado el momento de eliminar la estructura.El valor del recuerdo«Sería una auténtica locura, es historia», responde Dietmar Arnold, presidente de la Asociación Unterwelten de Berlín. «Fue el centro de poder de la Alemania nazi, la Nueva Cancillería del Reich de Hitler, y estos son sus últimos restos». La asociación presenta hoy en Berlín una estrategia sobre cómo preservar permanentemente la instalación y utilizarla como lugar de información, aprendizaje y documentación. Su propuesta cuenta con el apoyo de la Oficina Estatal de Monumentos para preservar el búnker porque tiene una «importancia científica e histórica integral». De momento, ha instalado paneles de exhibición en varios puntos del solar donde ahora se va a construir, explicando lo que antes existía en ese mismo espacio.«Toda la historia es historia y borrarla no ayudará a no repetirla» Dietmar Arnold Presidente de la Asociación Unterwelten de BerlínLa controversia se extiende a muchos otros edificios e instalaciones de la era nazi que han sobrevivido discretamente desde el final de la guerra. El Campo Zeppelín de Núremberg, donde el Partido Nazi celebraba sus multitudinarias conferencias y desde el que Hitler habló a las masas, está siendo restaurado por 88 millones de euros . «La decadencia conduce al olvido, y el olvido conduce a la indefensión», ha defendido el alcalde de Núremberg, Marcus König, que cuenta con el apoyo del presidente regional bávaro, Markus Söder.La estructura apenas sufrió daños durante la guerra. Solamente, después de 1945, las tropas estadounidenses ocupantes volaron la esvástica desde lo alto de la grada y la convirtieron en un campo deportivo. Con las décadas, la humedad penetró en los muros e hizo inevitable una decisión. En 2004, el Ayuntamiento de Núremberg se pronunció a favor de preservar el edificio, catalogado desde 1973 como patrimonio histórico. En 2013, el Gobierno federal proporcionó los fondos para la renovación.La controversia se extiende a muchos otros edificios e instalaciones de la era nazi que han sobrevivido discretamente desde el final de la guerraEl historiador de la ciudad de Jena, Norbert Frei, publicó entonces un artículo contra el «infoentretenimiento» en un «lugar contaminado», y exigió que los «edificios de energía y representativos de los autores», a diferencia de los «lugares de las víctimas», se abandonasen a su decadencia controlada.La postura contraria a la preservación cobró entonces cierto vuelo, pero en Berlín el debate quedó eclipsado por la reconstrucción del Palacio Imperial, hoy la sede del Foro Humboldt. Del edificio original no quedó piedra sobre piedra tras los bombardeos y sus cimientos fueron dinamitados por la RDA; aun así, ha vuelto a levantarse fielmente sobre el plano antiguo, al menos en su parte exterior y estructura exterior.«Toda la historia es historia y borrarla no ayudará a no repetirla», sigue insistiendo hoy Arnold ante la prensa de Berlín, sin olvidar mencionar el interés del sector turístico, cada día con más peso en el PIB de la capital alemana . Los intereses económicos y la responsabilidad histórica se entremezclan en esta tórrida jornada de la memoria en la capital alemana, en la que los turistas fagocitan visitas guiadas tan concurridas como superficiales, completamente ajenos a este debate. Ríos de turistas pasan a diario a escasos metros de la ubicación del búnker de Hitler sin percatarse de ello. Parte del solar sobre el que se levantó la todopoderosa Cancillería de la Alemania Nazi, en la calle Wilhelmstrasse de Berlín, está hoy deliberadamente ocupado por bloques de viviendas, justo detrás del Monumento al Holocausto. Cualquier huella de la estructura en la que Hitler se suicidó junto a Eva Braun permanece oculta bajo tierra.Sin embargo, el plan para construir nuevos edificios de apartamentos exigiría su destrucción definitiva. La asociación Unterwelten y la Oficina de Monumentos Estatales insisten en preservarla.En la calle Vossstrasse, no lejos de Leipziger Platz, rodeado a poca distancia por las representaciones estatales de Hesse y Mecklemburgo en la capital de la República Federal y parcialmente cubierto por un bloque de apartamentos de la fase final de la República Democrática Alemana (RDA) , está enterrado el búnker de Hitler.A seis metros bajo tierra, protegido por más de metro y medio de hormigón armado, yace un vestigio del antiguo refugio antiaéreo de la Cancillería nazi, que el arquitecto de cabecera de Hitler, Albert Speer , construyó a finales de los años 30.Esta cueva de hormigón de 1.200 metros cuadrados es de «importancia científica e histórica integral», según sus defensores, que pretenden con este argumento bloquear un proyecto inmobiliario. De momento, lo que han conseguido es devolver los restos nazis a la actualidad y reabrir un debate sobre la memoria y el peligro de la nostalgia.Mapa de la zona donde se sitúa el ‘Führerbunker’. ABCRiesgo de peregrinaje naziLa Cancillería nazi y el denominado ‘Führerbunker’ fueron rellenados y sistemáticamente ocultados durante la era de la RDA, la Alemania comunista, una política que siguió después la Alemania reunificada. Los restos no han sido nunca expuestos, apenas hay bibliografía sobre ellos y su aspecto se reconstruye solamente a base de fotos de la época.«Si imaginas cómo podría ser un lugar conmemorativo dentro de sus muros, a una profundidad de seis metros bajo tierra, sería como una cámara de horrores con atmósfera submarina, cuyo valor educativo sería bajo, pero cuyo aura de atracción para los jóvenes partidarios del totalitarismo sería mucho mayor», explican fuentes del Senado de Berlín que justifican esta política.«El aura de atracción para los jóvenes partidarios del totalitarismo superaría el valor educativo» Fuentes del SenadoAdemás, explican que la recuperación nunca se ha llegado a abordar porque los costes de la obra de ingeniería civil ascenderían ya a decenas de millones de euros. Un dinero que se ha preferido invertir, por ejemplo, en la Fundación de Topografía del Terror –en el cercano recinto de la Gestapo– o en la estación Anhalter Bahnhof, donde los planes para el Museo del Exilio están al borde del colapso por falta de fondos.«Tampoco ha sido posible financiar el centro de documentación sobre la ocupación alemana en Europa, que fue aprobado por el Parlamento hace años, para el cual ni siquiera se ha determinado una ubicación y mucho menos un presupuesto… y hay prioridades», alegan las mismas fuentes. «No vamos a obstaculizar nuevos proyectos de vivienda solo para preservar un búnker que podría acabar convirtiéndose en un lugar de peregrinación» , ha insistido el senador de Vivienda de Berlín, el socialdemócrata Christian Gaebler, que considera que ha llegado el momento de eliminar la estructura.El valor del recuerdo«Sería una auténtica locura, es historia», responde Dietmar Arnold, presidente de la Asociación Unterwelten de Berlín. «Fue el centro de poder de la Alemania nazi, la Nueva Cancillería del Reich de Hitler, y estos son sus últimos restos». La asociación presenta hoy en Berlín una estrategia sobre cómo preservar permanentemente la instalación y utilizarla como lugar de información, aprendizaje y documentación. Su propuesta cuenta con el apoyo de la Oficina Estatal de Monumentos para preservar el búnker porque tiene una «importancia científica e histórica integral». De momento, ha instalado paneles de exhibición en varios puntos del solar donde ahora se va a construir, explicando lo que antes existía en ese mismo espacio.«Toda la historia es historia y borrarla no ayudará a no repetirla» Dietmar Arnold Presidente de la Asociación Unterwelten de BerlínLa controversia se extiende a muchos otros edificios e instalaciones de la era nazi que han sobrevivido discretamente desde el final de la guerra. El Campo Zeppelín de Núremberg, donde el Partido Nazi celebraba sus multitudinarias conferencias y desde el que Hitler habló a las masas, está siendo restaurado por 88 millones de euros . «La decadencia conduce al olvido, y el olvido conduce a la indefensión», ha defendido el alcalde de Núremberg, Marcus König, que cuenta con el apoyo del presidente regional bávaro, Markus Söder.La estructura apenas sufrió daños durante la guerra. Solamente, después de 1945, las tropas estadounidenses ocupantes volaron la esvástica desde lo alto de la grada y la convirtieron en un campo deportivo. Con las décadas, la humedad penetró en los muros e hizo inevitable una decisión. En 2004, el Ayuntamiento de Núremberg se pronunció a favor de preservar el edificio, catalogado desde 1973 como patrimonio histórico. En 2013, el Gobierno federal proporcionó los fondos para la renovación.La controversia se extiende a muchos otros edificios e instalaciones de la era nazi que han sobrevivido discretamente desde el final de la guerraEl historiador de la ciudad de Jena, Norbert Frei, publicó entonces un artículo contra el «infoentretenimiento» en un «lugar contaminado», y exigió que los «edificios de energía y representativos de los autores», a diferencia de los «lugares de las víctimas», se abandonasen a su decadencia controlada.La postura contraria a la preservación cobró entonces cierto vuelo, pero en Berlín el debate quedó eclipsado por la reconstrucción del Palacio Imperial, hoy la sede del Foro Humboldt. Del edificio original no quedó piedra sobre piedra tras los bombardeos y sus cimientos fueron dinamitados por la RDA; aun así, ha vuelto a levantarse fielmente sobre el plano antiguo, al menos en su parte exterior y estructura exterior.«Toda la historia es historia y borrarla no ayudará a no repetirla», sigue insistiendo hoy Arnold ante la prensa de Berlín, sin olvidar mencionar el interés del sector turístico, cada día con más peso en el PIB de la capital alemana . Los intereses económicos y la responsabilidad histórica se entremezclan en esta tórrida jornada de la memoria en la capital alemana, en la que los turistas fagocitan visitas guiadas tan concurridas como superficiales, completamente ajenos a este debate. Ríos de turistas pasan a diario a escasos metros de la ubicación del búnker de Hitler sin percatarse de ello. Parte del solar sobre el que se levantó la todopoderosa Cancillería de la Alemania Nazi, en la calle Wilhelmstrasse de Berlín, está hoy deliberadamente ocupado por bloques de viviendas, justo detrás del Monumento al Holocausto. Cualquier huella de la estructura en la que Hitler se suicidó junto a Eva Braun permanece oculta bajo tierra.Sin embargo, el plan para construir nuevos edificios de apartamentos exigiría su destrucción definitiva. La asociación Unterwelten y la Oficina de Monumentos Estatales insisten en preservarla.En la calle Vossstrasse, no lejos de Leipziger Platz, rodeado a poca distancia por las representaciones estatales de Hesse y Mecklemburgo en la capital de la República Federal y parcialmente cubierto por un bloque de apartamentos de la fase final de la República Democrática Alemana (RDA) , está enterrado el búnker de Hitler.A seis metros bajo tierra, protegido por más de metro y medio de hormigón armado, yace un vestigio del antiguo refugio antiaéreo de la Cancillería nazi, que el arquitecto de cabecera de Hitler, Albert Speer , construyó a finales de los años 30.Esta cueva de hormigón de 1.200 metros cuadrados es de «importancia científica e histórica integral», según sus defensores, que pretenden con este argumento bloquear un proyecto inmobiliario. De momento, lo que han conseguido es devolver los restos nazis a la actualidad y reabrir un debate sobre la memoria y el peligro de la nostalgia.Mapa de la zona donde se sitúa el ‘Führerbunker’. ABCRiesgo de peregrinaje naziLa Cancillería nazi y el denominado ‘Führerbunker’ fueron rellenados y sistemáticamente ocultados durante la era de la RDA, la Alemania comunista, una política que siguió después la Alemania reunificada. Los restos no han sido nunca expuestos, apenas hay bibliografía sobre ellos y su aspecto se reconstruye solamente a base de fotos de la época.«Si imaginas cómo podría ser un lugar conmemorativo dentro de sus muros, a una profundidad de seis metros bajo tierra, sería como una cámara de horrores con atmósfera submarina, cuyo valor educativo sería bajo, pero cuyo aura de atracción para los jóvenes partidarios del totalitarismo sería mucho mayor», explican fuentes del Senado de Berlín que justifican esta política.«El aura de atracción para los jóvenes partidarios del totalitarismo superaría el valor educativo» Fuentes del SenadoAdemás, explican que la recuperación nunca se ha llegado a abordar porque los costes de la obra de ingeniería civil ascenderían ya a decenas de millones de euros. Un dinero que se ha preferido invertir, por ejemplo, en la Fundación de Topografía del Terror –en el cercano recinto de la Gestapo– o en la estación Anhalter Bahnhof, donde los planes para el Museo del Exilio están al borde del colapso por falta de fondos.«Tampoco ha sido posible financiar el centro de documentación sobre la ocupación alemana en Europa, que fue aprobado por el Parlamento hace años, para el cual ni siquiera se ha determinado una ubicación y mucho menos un presupuesto… y hay prioridades», alegan las mismas fuentes. «No vamos a obstaculizar nuevos proyectos de vivienda solo para preservar un búnker que podría acabar convirtiéndose en un lugar de peregrinación» , ha insistido el senador de Vivienda de Berlín, el socialdemócrata Christian Gaebler, que considera que ha llegado el momento de eliminar la estructura.El valor del recuerdo«Sería una auténtica locura, es historia», responde Dietmar Arnold, presidente de la Asociación Unterwelten de Berlín. «Fue el centro de poder de la Alemania nazi, la Nueva Cancillería del Reich de Hitler, y estos son sus últimos restos». La asociación presenta hoy en Berlín una estrategia sobre cómo preservar permanentemente la instalación y utilizarla como lugar de información, aprendizaje y documentación. Su propuesta cuenta con el apoyo de la Oficina Estatal de Monumentos para preservar el búnker porque tiene una «importancia científica e histórica integral». De momento, ha instalado paneles de exhibición en varios puntos del solar donde ahora se va a construir, explicando lo que antes existía en ese mismo espacio.«Toda la historia es historia y borrarla no ayudará a no repetirla» Dietmar Arnold Presidente de la Asociación Unterwelten de BerlínLa controversia se extiende a muchos otros edificios e instalaciones de la era nazi que han sobrevivido discretamente desde el final de la guerra. El Campo Zeppelín de Núremberg, donde el Partido Nazi celebraba sus multitudinarias conferencias y desde el que Hitler habló a las masas, está siendo restaurado por 88 millones de euros . «La decadencia conduce al olvido, y el olvido conduce a la indefensión», ha defendido el alcalde de Núremberg, Marcus König, que cuenta con el apoyo del presidente regional bávaro, Markus Söder.La estructura apenas sufrió daños durante la guerra. Solamente, después de 1945, las tropas estadounidenses ocupantes volaron la esvástica desde lo alto de la grada y la convirtieron en un campo deportivo. Con las décadas, la humedad penetró en los muros e hizo inevitable una decisión. En 2004, el Ayuntamiento de Núremberg se pronunció a favor de preservar el edificio, catalogado desde 1973 como patrimonio histórico. En 2013, el Gobierno federal proporcionó los fondos para la renovación.La controversia se extiende a muchos otros edificios e instalaciones de la era nazi que han sobrevivido discretamente desde el final de la guerraEl historiador de la ciudad de Jena, Norbert Frei, publicó entonces un artículo contra el «infoentretenimiento» en un «lugar contaminado», y exigió que los «edificios de energía y representativos de los autores», a diferencia de los «lugares de las víctimas», se abandonasen a su decadencia controlada.La postura contraria a la preservación cobró entonces cierto vuelo, pero en Berlín el debate quedó eclipsado por la reconstrucción del Palacio Imperial, hoy la sede del Foro Humboldt. Del edificio original no quedó piedra sobre piedra tras los bombardeos y sus cimientos fueron dinamitados por la RDA; aun así, ha vuelto a levantarse fielmente sobre el plano antiguo, al menos en su parte exterior y estructura exterior.«Toda la historia es historia y borrarla no ayudará a no repetirla», sigue insistiendo hoy Arnold ante la prensa de Berlín, sin olvidar mencionar el interés del sector turístico, cada día con más peso en el PIB de la capital alemana . Los intereses económicos y la responsabilidad histórica se entremezclan en esta tórrida jornada de la memoria en la capital alemana, en la que los turistas fagocitan visitas guiadas tan concurridas como superficiales, completamente ajenos a este debate. RSS de noticias de internacional
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