Como si de una bola de nieve se tratara la factura para los contribuyentes españoles de la negativa del Ministerio de Hacienda a adaptar las grandes cifras del Impuesto sobre la Renta (IRPF) al encarecimiento de la vida y la subida de los salarios aumenta año tras año subrayando una anomalía del sistema fiscal, que según la última proyección realizada por el Registro de Asesores Fiscales (REAF) este año le costará a los contribuyentes con rentas medias entre 250 y 770 euros cuando les toque ajustar cuentas con Hacienda en la declaración de la Renta. Ese sobrecoste fiscal, que el Gobierno dice haber amortiguado para las rentas más bajas pero que ha impactado de lleno sobre el 80% de los contribuyentes del IRPF, se ha ensanchado hasta en un 26% en apenas dos años por la inacción del Ejecutivo Central a la hora de actualizar las tarifas del impuestos o los mínimos personales y familiares que siguen anclados en umbrales fijados hace más de una década y que han sido desbordados por la realidad de las cosas. Esto ha provocado que lo que pagan los contribuyentes por IRPF se haya encarecido entre un 4% y un 9% solo por el efecto de tributar en un tramo más alto del que les correspondería en función de su poder adquisitivo real y de que Hacienda mantenga desde hace una década en 5.550 euros la renta mínima que entiende que un contribuyente español necesita para vivir con dignidad y en 2.400 euros el extra necesario para atender a un hijo a cargo.El Reaf ha simulado lo que pagarían los contribuyentes de cada comunidad autónoma, según sus respectivas normativas, en el caso de que el Gobierno de Pedro Sánchez hubiera actualizado las grandes cifras del impuesto con la evolución de los salarios y la inflación y de paso hubiera renunciado a la jugosa recaudación que le ha proporcionado esa inacción.El resultado es que un contribuyente con rentas de 25.000 euros paga hoy a Hacienda entre 250 euros más, si vive en la Comunidad Valenciana, y 263 euros más, si vive en Extremadura, de lo que les correspondería si se hubiera actualizado el impuesto, cerca de un 9% más de lo que le correspondería. En el caso de un contribuyente con rentas de 30.000 euros la factura fluctúa entre los 337 euros más que paga un madrileño y los 347 euros que paga un catalán, un 8% más.Si se salta a la horquilla de las rentas medias-altas, Hacienda se queda entre 522 y 528 euros más de lo que le correspondería de los contribuyentes con rentas de 40.000 euros, elevando su factura fiscal casi un 6%; mientras que en el caso de un contribuyente que declara 70.000 euros ese premio extra para el Fisco asciende a entre 755 y 769 euros. Para un contribuyente con rentas de 400.000 euros el palo ronda ya los 2.150 euros por cabeza.Así viene sucediendo desde el año 2022 cuando el despegue de la inflación empezó a poner de manifiesto el desajuste fiscal de mantener inalterado el IRPF en un contexto de fuerte encarecimiento del coste de la vida, lo que obliga a contabilizar la factura acumulada para los contribuyentes ya no en cientos de euros sino en miles de euros que han ido de forma directa a alimentar los datos históricos de recaudación de los que tanto ha presumido el Gobierno, alcanzados en parte gracias a este fenómeno. Como si de una bola de nieve se tratara la factura para los contribuyentes españoles de la negativa del Ministerio de Hacienda a adaptar las grandes cifras del Impuesto sobre la Renta (IRPF) al encarecimiento de la vida y la subida de los salarios aumenta año tras año subrayando una anomalía del sistema fiscal, que según la última proyección realizada por el Registro de Asesores Fiscales (REAF) este año le costará a los contribuyentes con rentas medias entre 250 y 770 euros cuando les toque ajustar cuentas con Hacienda en la declaración de la Renta. Ese sobrecoste fiscal, que el Gobierno dice haber amortiguado para las rentas más bajas pero que ha impactado de lleno sobre el 80% de los contribuyentes del IRPF, se ha ensanchado hasta en un 26% en apenas dos años por la inacción del Ejecutivo Central a la hora de actualizar las tarifas del impuestos o los mínimos personales y familiares que siguen anclados en umbrales fijados hace más de una década y que han sido desbordados por la realidad de las cosas. Esto ha provocado que lo que pagan los contribuyentes por IRPF se haya encarecido entre un 4% y un 9% solo por el efecto de tributar en un tramo más alto del que les correspondería en función de su poder adquisitivo real y de que Hacienda mantenga desde hace una década en 5.550 euros la renta mínima que entiende que un contribuyente español necesita para vivir con dignidad y en 2.400 euros el extra necesario para atender a un hijo a cargo.El Reaf ha simulado lo que pagarían los contribuyentes de cada comunidad autónoma, según sus respectivas normativas, en el caso de que el Gobierno de Pedro Sánchez hubiera actualizado las grandes cifras del impuesto con la evolución de los salarios y la inflación y de paso hubiera renunciado a la jugosa recaudación que le ha proporcionado esa inacción.El resultado es que un contribuyente con rentas de 25.000 euros paga hoy a Hacienda entre 250 euros más, si vive en la Comunidad Valenciana, y 263 euros más, si vive en Extremadura, de lo que les correspondería si se hubiera actualizado el impuesto, cerca de un 9% más de lo que le correspondería. En el caso de un contribuyente con rentas de 30.000 euros la factura fluctúa entre los 337 euros más que paga un madrileño y los 347 euros que paga un catalán, un 8% más.Si se salta a la horquilla de las rentas medias-altas, Hacienda se queda entre 522 y 528 euros más de lo que le correspondería de los contribuyentes con rentas de 40.000 euros, elevando su factura fiscal casi un 6%; mientras que en el caso de un contribuyente que declara 70.000 euros ese premio extra para el Fisco asciende a entre 755 y 769 euros. Para un contribuyente con rentas de 400.000 euros el palo ronda ya los 2.150 euros por cabeza.Así viene sucediendo desde el año 2022 cuando el despegue de la inflación empezó a poner de manifiesto el desajuste fiscal de mantener inalterado el IRPF en un contexto de fuerte encarecimiento del coste de la vida, lo que obliga a contabilizar la factura acumulada para los contribuyentes ya no en cientos de euros sino en miles de euros que han ido de forma directa a alimentar los datos históricos de recaudación de los que tanto ha presumido el Gobierno, alcanzados en parte gracias a este fenómeno. Como si de una bola de nieve se tratara la factura para los contribuyentes españoles de la negativa del Ministerio de Hacienda a adaptar las grandes cifras del Impuesto sobre la Renta (IRPF) al encarecimiento de la vida y la subida de los salarios aumenta año tras año subrayando una anomalía del sistema fiscal, que según la última proyección realizada por el Registro de Asesores Fiscales (REAF) este año le costará a los contribuyentes con rentas medias entre 250 y 770 euros cuando les toque ajustar cuentas con Hacienda en la declaración de la Renta. Ese sobrecoste fiscal, que el Gobierno dice haber amortiguado para las rentas más bajas pero que ha impactado de lleno sobre el 80% de los contribuyentes del IRPF, se ha ensanchado hasta en un 26% en apenas dos años por la inacción del Ejecutivo Central a la hora de actualizar las tarifas del impuestos o los mínimos personales y familiares que siguen anclados en umbrales fijados hace más de una década y que han sido desbordados por la realidad de las cosas. Esto ha provocado que lo que pagan los contribuyentes por IRPF se haya encarecido entre un 4% y un 9% solo por el efecto de tributar en un tramo más alto del que les correspondería en función de su poder adquisitivo real y de que Hacienda mantenga desde hace una década en 5.550 euros la renta mínima que entiende que un contribuyente español necesita para vivir con dignidad y en 2.400 euros el extra necesario para atender a un hijo a cargo.El Reaf ha simulado lo que pagarían los contribuyentes de cada comunidad autónoma, según sus respectivas normativas, en el caso de que el Gobierno de Pedro Sánchez hubiera actualizado las grandes cifras del impuesto con la evolución de los salarios y la inflación y de paso hubiera renunciado a la jugosa recaudación que le ha proporcionado esa inacción.El resultado es que un contribuyente con rentas de 25.000 euros paga hoy a Hacienda entre 250 euros más, si vive en la Comunidad Valenciana, y 263 euros más, si vive en Extremadura, de lo que les correspondería si se hubiera actualizado el impuesto, cerca de un 9% más de lo que le correspondería. En el caso de un contribuyente con rentas de 30.000 euros la factura fluctúa entre los 337 euros más que paga un madrileño y los 347 euros que paga un catalán, un 8% más.Si se salta a la horquilla de las rentas medias-altas, Hacienda se queda entre 522 y 528 euros más de lo que le correspondería de los contribuyentes con rentas de 40.000 euros, elevando su factura fiscal casi un 6%; mientras que en el caso de un contribuyente que declara 70.000 euros ese premio extra para el Fisco asciende a entre 755 y 769 euros. Para un contribuyente con rentas de 400.000 euros el palo ronda ya los 2.150 euros por cabeza.Así viene sucediendo desde el año 2022 cuando el despegue de la inflación empezó a poner de manifiesto el desajuste fiscal de mantener inalterado el IRPF en un contexto de fuerte encarecimiento del coste de la vida, lo que obliga a contabilizar la factura acumulada para los contribuyentes ya no en cientos de euros sino en miles de euros que han ido de forma directa a alimentar los datos históricos de recaudación de los que tanto ha presumido el Gobierno, alcanzados en parte gracias a este fenómeno. RSS de noticias de economia
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