DIOS no va a devolver a sus padres, sus hermanos, sus abuelos y sus hijos a esas personas que rezaban y lloraban, pero la Iglesia y quienes asistían a misa , aquellos que repiten el ritual de la oración y la despedida en tantas iglesias todos los días, sí que pueden ofrecer consuelo y lo hacen. A veces sin que se den cuenta, los urge el mismo amor de Quien ya les ha quitado las heridas y la sangre y los ha llevado a la luz de su presencia. La misa en Huelva , con la Virgen de la Cinta recorriendo las filas y enjugando las lágrimas, era el paso que faltaba para que descansen en paz quienes se dejaron la vida en aquella tarde aciaga de los trenes de Adamuz . Los que más los querían tienen ahora delante de sí un camino de espinos y abrojos hasta hacer el duelo y convertir el dolor en recuerdo y memoria agradecida, pero ven, aunque sea lejana y tengan todavía que llorar, la luz de la esperanza al final y tienen la certeza de que llegará.Noticia Relacionada La Graílla opinion Si Pizzaiolo Luis Miranda Se pierde un refugio para olvidarse del mundo y entregarse a sabores que no se repetían en otro lugarAhí está el sentido de aquella misa a la que acudieron los Reyes encarnando el cariño de todo el pueblo español que estos días ha sufrido con ellos. No tiene un pabellón deportivo el eco del poder de Dios de unas naves góticas, pero sí ayudaban los versículos del libro de las Lamentaciones -«Que no se agota la bondad del Señor, no se acaba su misericordia ; se renuevan cada mañana»- y desde luego el Crucificado que aunque muriera en la cruz, como habían hecho aquellos a los que se recordaba, también prometía una resurrección como Él la tuvo para abrir camino a los demás.Los que habían perdido a los suyos podían llegar con la fe de Job y, como él, bendecir a Dios – «El Señor me lo dio todo, el Señor me lo quitó. Bendito sea el nombre del Señor»- a pesar de haber recibido un golpe duro y lo hacían rezando por las almas de quienes habían partido. Otros, quizá pensando en la frase que pide por todos aquellos cuya fe sólo conoce el Todopoderoso, se dejan llevar y escuchan las palabras con más dudas, pero también confortados por saber que a partir de ahora quien les dejó solos y tristes en aquella vía maldita descansa y son ellos quienes tienen que seguir adelante para recordarlo, que es lo que hace el ser humano que ha entendido la muerte.Los que rechazaron el homenaje laico decían que no por intuir que aquel acto iba a ser incapaz de darles algo parecido a una respuesta o de prometerles alivio aunque todavía estuviera lejano. Mal puede consolar un acto que obliga a la mayoría a diluir su fe y aquello en lo que han creído toda su vida en el aire totalitario que cambia la trascendencia por el nihilismo , la desesperanza y el sinsentido. Nadie habría pronunciado allí aquellas palabras de Liliana Sáenz , hija de una de las víctimas, y que ya no se podrán olvidar: «Sabremos la verdad. Lucharemos para que nunca haya otro tren. Pero lo haremos desde la serenidad, desde el alivio, desde la paz de saber que en los brazos de la Virgen ahora duermen. Y el regazo de una Madre que los quiere es quien los mece». DIOS no va a devolver a sus padres, sus hermanos, sus abuelos y sus hijos a esas personas que rezaban y lloraban, pero la Iglesia y quienes asistían a misa , aquellos que repiten el ritual de la oración y la despedida en tantas iglesias todos los días, sí que pueden ofrecer consuelo y lo hacen. A veces sin que se den cuenta, los urge el mismo amor de Quien ya les ha quitado las heridas y la sangre y los ha llevado a la luz de su presencia. La misa en Huelva , con la Virgen de la Cinta recorriendo las filas y enjugando las lágrimas, era el paso que faltaba para que descansen en paz quienes se dejaron la vida en aquella tarde aciaga de los trenes de Adamuz . Los que más los querían tienen ahora delante de sí un camino de espinos y abrojos hasta hacer el duelo y convertir el dolor en recuerdo y memoria agradecida, pero ven, aunque sea lejana y tengan todavía que llorar, la luz de la esperanza al final y tienen la certeza de que llegará.Noticia Relacionada La Graílla opinion Si Pizzaiolo Luis Miranda Se pierde un refugio para olvidarse del mundo y entregarse a sabores que no se repetían en otro lugarAhí está el sentido de aquella misa a la que acudieron los Reyes encarnando el cariño de todo el pueblo español que estos días ha sufrido con ellos. No tiene un pabellón deportivo el eco del poder de Dios de unas naves góticas, pero sí ayudaban los versículos del libro de las Lamentaciones -«Que no se agota la bondad del Señor, no se acaba su misericordia ; se renuevan cada mañana»- y desde luego el Crucificado que aunque muriera en la cruz, como habían hecho aquellos a los que se recordaba, también prometía una resurrección como Él la tuvo para abrir camino a los demás.Los que habían perdido a los suyos podían llegar con la fe de Job y, como él, bendecir a Dios – «El Señor me lo dio todo, el Señor me lo quitó. Bendito sea el nombre del Señor»- a pesar de haber recibido un golpe duro y lo hacían rezando por las almas de quienes habían partido. Otros, quizá pensando en la frase que pide por todos aquellos cuya fe sólo conoce el Todopoderoso, se dejan llevar y escuchan las palabras con más dudas, pero también confortados por saber que a partir de ahora quien les dejó solos y tristes en aquella vía maldita descansa y son ellos quienes tienen que seguir adelante para recordarlo, que es lo que hace el ser humano que ha entendido la muerte.Los que rechazaron el homenaje laico decían que no por intuir que aquel acto iba a ser incapaz de darles algo parecido a una respuesta o de prometerles alivio aunque todavía estuviera lejano. Mal puede consolar un acto que obliga a la mayoría a diluir su fe y aquello en lo que han creído toda su vida en el aire totalitario que cambia la trascendencia por el nihilismo , la desesperanza y el sinsentido. Nadie habría pronunciado allí aquellas palabras de Liliana Sáenz , hija de una de las víctimas, y que ya no se podrán olvidar: «Sabremos la verdad. Lucharemos para que nunca haya otro tren. Pero lo haremos desde la serenidad, desde el alivio, desde la paz de saber que en los brazos de la Virgen ahora duermen. Y el regazo de una Madre que los quiere es quien los mece». DIOS no va a devolver a sus padres, sus hermanos, sus abuelos y sus hijos a esas personas que rezaban y lloraban, pero la Iglesia y quienes asistían a misa , aquellos que repiten el ritual de la oración y la despedida en tantas iglesias todos los días, sí que pueden ofrecer consuelo y lo hacen. A veces sin que se den cuenta, los urge el mismo amor de Quien ya les ha quitado las heridas y la sangre y los ha llevado a la luz de su presencia. La misa en Huelva , con la Virgen de la Cinta recorriendo las filas y enjugando las lágrimas, era el paso que faltaba para que descansen en paz quienes se dejaron la vida en aquella tarde aciaga de los trenes de Adamuz . Los que más los querían tienen ahora delante de sí un camino de espinos y abrojos hasta hacer el duelo y convertir el dolor en recuerdo y memoria agradecida, pero ven, aunque sea lejana y tengan todavía que llorar, la luz de la esperanza al final y tienen la certeza de que llegará.Noticia Relacionada La Graílla opinion Si Pizzaiolo Luis Miranda Se pierde un refugio para olvidarse del mundo y entregarse a sabores que no se repetían en otro lugarAhí está el sentido de aquella misa a la que acudieron los Reyes encarnando el cariño de todo el pueblo español que estos días ha sufrido con ellos. No tiene un pabellón deportivo el eco del poder de Dios de unas naves góticas, pero sí ayudaban los versículos del libro de las Lamentaciones -«Que no se agota la bondad del Señor, no se acaba su misericordia ; se renuevan cada mañana»- y desde luego el Crucificado que aunque muriera en la cruz, como habían hecho aquellos a los que se recordaba, también prometía una resurrección como Él la tuvo para abrir camino a los demás.Los que habían perdido a los suyos podían llegar con la fe de Job y, como él, bendecir a Dios – «El Señor me lo dio todo, el Señor me lo quitó. Bendito sea el nombre del Señor»- a pesar de haber recibido un golpe duro y lo hacían rezando por las almas de quienes habían partido. Otros, quizá pensando en la frase que pide por todos aquellos cuya fe sólo conoce el Todopoderoso, se dejan llevar y escuchan las palabras con más dudas, pero también confortados por saber que a partir de ahora quien les dejó solos y tristes en aquella vía maldita descansa y son ellos quienes tienen que seguir adelante para recordarlo, que es lo que hace el ser humano que ha entendido la muerte.Los que rechazaron el homenaje laico decían que no por intuir que aquel acto iba a ser incapaz de darles algo parecido a una respuesta o de prometerles alivio aunque todavía estuviera lejano. Mal puede consolar un acto que obliga a la mayoría a diluir su fe y aquello en lo que han creído toda su vida en el aire totalitario que cambia la trascendencia por el nihilismo , la desesperanza y el sinsentido. Nadie habría pronunciado allí aquellas palabras de Liliana Sáenz , hija de una de las víctimas, y que ya no se podrán olvidar: «Sabremos la verdad. Lucharemos para que nunca haya otro tren. Pero lo haremos desde la serenidad, desde el alivio, desde la paz de saber que en los brazos de la Virgen ahora duermen. Y el regazo de una Madre que los quiere es quien los mece». RSS de noticias de espana/andalucia
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