La Feria se acabó . Y a todos los que nos gusta nos da penita . Porque sus ocho días son una pompa que nos aísla de la realidad . Está hecha de reencuentros, de sobremesas interminables, de noches más interminables aún, de viajes en los cacharritos, de sonrisas que no caben en la cara de los niños cuando sacan el peluche que tanto quieren… Esa cúpula de alegría nos saca del frenético día a día.Es una maravillosa tregua respecto a lo cotidiano. La ciudad declara el estado de felicidad. Los agobios, las prisas y el estrés tienen que batirse en retirada a sus cuarteles de primavera -aunque haya años, como éste, en que sean más bien de verano, dado que Don Lorenzo se empeñó en invitarse de forma permanente a El Arenal-. Tengo, eso sí, también presentes a todos los cordobeses para los que no hay armisticio festivo , porque sufren graves problemas de salud, propios o de familiares y amigos, o porque viven estrangulados por la falta de ingresos. Marque el calendario la celebración que sea, que no se nos olvide nunca ayudar a quienes sufren. De vuelta a los festejos de Nuestra Señora de la Salud, quienes tenemos la suerte de poder disfrutar de ellos y somos un poco jartibles , en su segundo sábado , somos los niños que quieren apurar con la enésima vuelta por la calle del Infierno -para pesar de la ya achicharrada cartera de sus padres-; somos el grupo de amigos que van a tomarse una más , con la falsa promesa de que será la última, en el tardeo -aunque hace dos o tres copas que deberíamos habernos retirado por el bien de unos cuerpos ya maltrechos-; y somos los que no perdonarán la última noche de fiesta. Esos que, avanzado el amanecer, entregaremos las llaves de esta ciudad efímera a los trabajadores de Sadeco para que cierren, y adecenten, el recinto ferial definitivamente. Porque la música habrá dejado de sonar . La burbuja de felicidad habrá estallado. Pero la tristeza duró poco . El domingo, mientras acariciábamos el peluche de un perro salchicha -el mismo que hasta que se produjo el botonazo y la portada se encendió desconocíamos que anhelábamos tener-, una sonrisa se nos esbozó en el rostro. Porque recordamos que ya falta menos para la Feria de 2027 . La Feria se acabó . Y a todos los que nos gusta nos da penita . Porque sus ocho días son una pompa que nos aísla de la realidad . Está hecha de reencuentros, de sobremesas interminables, de noches más interminables aún, de viajes en los cacharritos, de sonrisas que no caben en la cara de los niños cuando sacan el peluche que tanto quieren… Esa cúpula de alegría nos saca del frenético día a día.Es una maravillosa tregua respecto a lo cotidiano. La ciudad declara el estado de felicidad. Los agobios, las prisas y el estrés tienen que batirse en retirada a sus cuarteles de primavera -aunque haya años, como éste, en que sean más bien de verano, dado que Don Lorenzo se empeñó en invitarse de forma permanente a El Arenal-. Tengo, eso sí, también presentes a todos los cordobeses para los que no hay armisticio festivo , porque sufren graves problemas de salud, propios o de familiares y amigos, o porque viven estrangulados por la falta de ingresos. Marque el calendario la celebración que sea, que no se nos olvide nunca ayudar a quienes sufren. De vuelta a los festejos de Nuestra Señora de la Salud, quienes tenemos la suerte de poder disfrutar de ellos y somos un poco jartibles , en su segundo sábado , somos los niños que quieren apurar con la enésima vuelta por la calle del Infierno -para pesar de la ya achicharrada cartera de sus padres-; somos el grupo de amigos que van a tomarse una más , con la falsa promesa de que será la última, en el tardeo -aunque hace dos o tres copas que deberíamos habernos retirado por el bien de unos cuerpos ya maltrechos-; y somos los que no perdonarán la última noche de fiesta. Esos que, avanzado el amanecer, entregaremos las llaves de esta ciudad efímera a los trabajadores de Sadeco para que cierren, y adecenten, el recinto ferial definitivamente. Porque la música habrá dejado de sonar . La burbuja de felicidad habrá estallado. Pero la tristeza duró poco . El domingo, mientras acariciábamos el peluche de un perro salchicha -el mismo que hasta que se produjo el botonazo y la portada se encendió desconocíamos que anhelábamos tener-, una sonrisa se nos esbozó en el rostro. Porque recordamos que ya falta menos para la Feria de 2027 . La Feria se acabó . Y a todos los que nos gusta nos da penita . Porque sus ocho días son una pompa que nos aísla de la realidad . Está hecha de reencuentros, de sobremesas interminables, de noches más interminables aún, de viajes en los cacharritos, de sonrisas que no caben en la cara de los niños cuando sacan el peluche que tanto quieren… Esa cúpula de alegría nos saca del frenético día a día.Es una maravillosa tregua respecto a lo cotidiano. La ciudad declara el estado de felicidad. Los agobios, las prisas y el estrés tienen que batirse en retirada a sus cuarteles de primavera -aunque haya años, como éste, en que sean más bien de verano, dado que Don Lorenzo se empeñó en invitarse de forma permanente a El Arenal-. Tengo, eso sí, también presentes a todos los cordobeses para los que no hay armisticio festivo , porque sufren graves problemas de salud, propios o de familiares y amigos, o porque viven estrangulados por la falta de ingresos. Marque el calendario la celebración que sea, que no se nos olvide nunca ayudar a quienes sufren. De vuelta a los festejos de Nuestra Señora de la Salud, quienes tenemos la suerte de poder disfrutar de ellos y somos un poco jartibles , en su segundo sábado , somos los niños que quieren apurar con la enésima vuelta por la calle del Infierno -para pesar de la ya achicharrada cartera de sus padres-; somos el grupo de amigos que van a tomarse una más , con la falsa promesa de que será la última, en el tardeo -aunque hace dos o tres copas que deberíamos habernos retirado por el bien de unos cuerpos ya maltrechos-; y somos los que no perdonarán la última noche de fiesta. Esos que, avanzado el amanecer, entregaremos las llaves de esta ciudad efímera a los trabajadores de Sadeco para que cierren, y adecenten, el recinto ferial definitivamente. Porque la música habrá dejado de sonar . La burbuja de felicidad habrá estallado. Pero la tristeza duró poco . El domingo, mientras acariciábamos el peluche de un perro salchicha -el mismo que hasta que se produjo el botonazo y la portada se encendió desconocíamos que anhelábamos tener-, una sonrisa se nos esbozó en el rostro. Porque recordamos que ya falta menos para la Feria de 2027 . RSS de noticias de espana/andalucia
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