Sergio Barbudo creció viendo a su padre ponerse un costal o un traje negro. Cuando él llegó a adolescente, su padre, Antonio Barbudo, ya era capataz del paso de la Virgen de las Angustias , de la cofradía de su familia, y también del Dulce Nombre o de la Caridad. Sorprende su confesión: «Nunca me inculcó nada». Aprendieron del ejemplo, de aquello que veían en él y lo pidieron. Tiene 19 años y empezó en 2022, cuando volvió la Semana Santa después de la pandemia.Santiago Gallardo Capdevila ha sido nazareno de la Buena Muerte , su cofradía de cuna, y no olvidará la túnica en un armario, porque sabe que volverá a ella. A sus 18 años debutará este año debajo de su Cristo. Ninguno ha cumplido los veinte años y como otros muchos jóvenes de Córdoba, quizá una cuarta parte en algunas de las cuadrillas que harán moverse los pasos en la Semana Santa, ya saben lo que es ceñirse la faja , hacerse la ropa y soportar el peso. Lo vieron de sus padres, costaleros de la primera generación.Sus casos no son excepcionales: los capataces de la Semana Santa de Córdoba ya han constatado que en los últimos años el mundo del costal está en auge. Hay igualás en las que quienes llegan y no consiguen sitio son casi tan numerosos como los que consiguen entrar a formar parte de la cuadrilla. Los años de escasez han pasado a la historia: las cofradías tienen una amplia cantera y la mayor parte de los pasos tienen dos cuadrillas distintas e incluso picos, con lo que el número de costaleros supera el doble de los que caben debajo del paso. Noticia relacionada galeria No No Fotogalería Los jóvenes irrumpen bajo los pasos de la Semana Santa, en imágenes Fran PérezEn eso tienen gran importancia los jóvenes de la generación Z, los que ahora están alrededor de los veinte años, que están tomando el relevo y garantizando que el crecimiento de cofradías tiene sustento debajo de las imágenes. ABC ha hablado con ellos.La mañana del domingo ha amanecido nublada en los últimos coletazos de los días inestables. El ensayo de la cuadrilla de Nuestra Señora de las Angustias se ha mantenido y el cielo les ha dado la razón y permite ensayar. Sergio Barbudo empezó muy joven, pero se sentía en buenas manos: «Estoy supervisado por mi padre y controlado por él, así que tengo mucha confianza». «Es como me lo imaginaba. El 100% de mi grupo de amigos son cofrades. Cada año hay menos huecos en los pasos» Eduardo SuárezSu padre fue el primero que le puso un costal en las manos, pero no en las Angustias, la cofradía de toda la familia, sino para el palio de María Santísima de la Caridad, la titular del Buen Suceso . Antonio Barbudo nunca dijo a sus dos hijos que tenían que ser costaleros. No se lo inculcó. Dejó que vieran su ejemplo y el de su hermano. Sergio Barbudo será este año costalero de cinco pasos: la Virgen del Dulce Nombre, el misterio de la Coronación de Espinas, la Virgen de la Caridad, la Virgen de las Angustias y la Virgen de la Alegría. En tres de ellos su padre es el capataz y en el misterio de la Merced su tío, otro gran ejemplo, forma parte del equipo que lleva el paso: «Él también es un referente para mí». La tarea de costalero es la misma, pero no la forma en unos sitios y en otros. «En las Angustias lo vivo muchos más. Aunque esté en otros pasos, aquí vengo a disfrutar conmigo mismo, a otra cosa», revela.«Debuté con la Virgen de los Dolores en la Magna y como vengo de Pozoblanco, me sorprendió tanta gente» David AvilésHoy, dice, el capataz es su propio padre, pero él se podría cambiar a la túnica «perfectamente». Cuenta lo mismo Santiago Gallardo Capdevila. «La Buena Muerte es mi hermandad, mi cuna, de varias generaciones». En la foto de su perfil de whatssapp aparece vestido con la túnica de nazareno, junto a su padre, delante de Nuestra Señora Reina de los Mártires. «No paso al costal por descontento, ni por una mala experiencia. Al contrario: es por el deseo de querer portar a mis titulares, alguna vez, y puedo después volver», dice.«Me ha gustado salir de nazareno, pero quería saber cómo es llevar a mis titulares de la Buena Muerte» Santiago Gallardo CapdevilaEste año irá debajo del Cristo de la Buena Muerte y también en el paso de palio de la Virgen de la Palma, en la mañana del Domingo de Ramos. Del mundo de abajo le gusta «esa complicidad del capataz con el costalero y también la complicidad con la cuadrilla, el trabajo de llevar a los titulares».¿Cómo es para adolescente, alguien todavía joven, decirlo a los padres? Sus padres, dice, lo felicitaron, para empezar porque él también lo había hecho. Había sido costalero del paso de palio en la Madrugada y no tenía problema alguno para ponerse en su pellejo, algo que Santiago Gallardo, que estudia Segundo de Bachillerato y se prepara para entrar en la carrera que quiere, define como «una necesidad ».MentalidadEl cuerpo de un joven todavía está en formación, pero hay algo importante que también es necesario, y es el «esfuerzo mental». «No vale sólo ir debajo, sino que es necesario estar a lo que hay que estar. No se te puede ir el santo al cielo, ni molestar a los los compañeros», resume. No es lo más complicado del mundo, pero precisa de «una templanza», primero en los ensayos y más tarde en la estación de penitencia. Todavía no la ha vivido, pero ya se está preparando para la Madrugada, quizá porque sí la ha hecho con la túnica: «Caerán las horas, el frío y el silencio y esa queja interna y ese luchar contra el cansancio».A la concentración hay que aprender y por eso quiere tomar nota de lo que hacen los demás. «En el primer ensayo de la Buena Muerte quise estar atento y por eso me importaba más que la carga física. Hay que evitar que el paso vaya descuadrado, que no se generen las ondas por la falta de concentración». En la Palma, dice, todo es más alegre, quizá menos exigente, «y hay gente que se mete por ir con el capataz, Curro, a otros pasos».«Hay que estar metido en el trabajo y la cabeza debe estar concentrada, porque si no, el cuerpo no funciona bien» Óscar TorcuatoAlgo más: en la Buena Muerte el capataz no puede arengar ni hablar. Es cofradía de silencio y eso añade «complicación mental». Para eso tiene que luchar y armarse de «responsabilidad, devoción y fervor, y con eso se anima a sí mismo para seguir». Ha querido empezar con el Señor porque, dice, buscaba «darle ese tributo», pero su gran devoción es la Virgen, la Reina de los Mártires, y espera hacerlo en el futuro, porque su altura le permite entrar en los dos pasos.El domingo por la tarde, cuando la ciudad está tranquila, en la plaza de Capuchinos también hay ambiente de trabajo y de juventud. Como en otros pasos, bajo la Virgen de los Dolores hay una veintena de jóvenes, casi adolescentes, que tienen la responsabilidad de llevar a la Señora de Córdoba. Allí atiende Óscar Torcuato, que lleva, en sus propias palabras, dos años ejerciendo «esta magnífica profesión». Se empezó a formar en algunos pasos menos comprometidos, como el de San Juan Bosco en la procesión del colegio de los Salesianos, hasta que se estrenó por la puerta grande, en un gran paso de misterio: el de la Presentación al Pueblo. «Mi padre nunca me lo inculcó, pero cuando lo veía a él y a mi hermano pensaba que disfrutaría y así fue» Sergio BarbudoEn realidad su idea era haberlo hecho en el Señor Rescatado, su cofradía desde niño y cuya túnica de nazareno viste, pero aunque lo sigue intentando todos los años, «allí es difícil entrar, porque la cuadrilla está cerrada», pero sí lo logró con 16, debajo del Señor de los Afligidos en su Presentación al Pueblo. No parecía lo más fácil, pero tuvo el apoyo de su madre, que le daba consejos para cuidar de su salud: «Me decía que fuera con mucho cuidado, que me puedo hacer daño». Es un paso grande y con un recorrido largo desde hace dos años, cuando comenzó a ir a la Catedral. Diez horas en la calle y era el costalero más joven, aunque con una altura más que respetable que lo hacía idóneo para un paso de misterio: 182 centímetros. Su motivación es espiritual. «Tengo pasión y además creo mucho en Dios . Eso para mí va por encima de todo. Ese entusiasmo y esa pasión son necesarios para añadir a la fuerza». Sabe que el misterio de Cañero es difícil, porque una mala postura puede causar lesiones severas. La abundancia de gente hace posible relevarse cada poco tiempo y dejar el cuerpo descansar.Una familia«En la Presentación al Pueblo somos una gran familia, de barrio. Estaremos unos quince entre 18 y 22 años », dice. Porque con su experiencia ya sabe que «sacar un paso no es ir de perol, sino que necesita estar metido en el trabajo, todo el rato concentrado. Si la cabeza no está centrada, el cuerpo no funciona bien». Su capataz, José Rodríguez Alarcón, ha sido su mejor maestro y con él llegó a la Virgen de los Dolores, en que el trabajo es distinto: «Se sufre mucho, porque es un andar muy corto y cualquier error se nota enseguida».En el pasado Vía Crucis Magno se estrenó también bajo la Virgen de los Dolores David Avilés , un joven de Pedroche que empezó a ser costalero con 17 años en Pozoblanco, en la Amargura y en la Borriquita, y que llega desde allí con su profesor, también apasionado de este mundo. «Probé, me metí y me empezó a gustar, tenía mucha ilusión». Notó mucho el salto en la magna, con tanta gente. Manuel Ramírez cumple a los 19 años un sueño desde niño. Va el Jueves Santo con la Caridad, la cofradía de su abuelo, que le enseñó a entrar en el mundo de la Semana Santa. Ahora lleva a Presentación y los Dolores. «Lo hago por devoción y por Dios y me planteo dar el salto a otros pasos», cuenta sobre el futuro.«Soy hermano de la Caridad por mi abuelo y esto lo hago por devoción y por Dios. He hecho bastantes amigos» Manuel RamírezSon quienes aseguran el futuro de las trabajaderas, pero también de las cofradías, en general. Eduardo Suárez tiene una larga lista de pasos desde los 16 años: el Mayor Dolor, las Angustias y la Alegría, pero también es nazareno del Santo Sepulcro . «Mi padre empezó en las Angustias y me ayudó bastante conociendo a gente. Se retiró hace dos años, pero es un orgullo». Su mundo son las hermandades, porque el cien por cien de su grupo de amigos son cofrades y lo viven todos los días del año. «En la Compañía, de nazareno, todo es distinto, porque sabes a lo que vas, lo que has prometido ese año», dice. En su historia, como en la de los demás, no hay nada del tópico del costalero que no sabe ser otra cosa. Sergio Barbudo creció viendo a su padre ponerse un costal o un traje negro. Cuando él llegó a adolescente, su padre, Antonio Barbudo, ya era capataz del paso de la Virgen de las Angustias , de la cofradía de su familia, y también del Dulce Nombre o de la Caridad. Sorprende su confesión: «Nunca me inculcó nada». Aprendieron del ejemplo, de aquello que veían en él y lo pidieron. Tiene 19 años y empezó en 2022, cuando volvió la Semana Santa después de la pandemia.Santiago Gallardo Capdevila ha sido nazareno de la Buena Muerte , su cofradía de cuna, y no olvidará la túnica en un armario, porque sabe que volverá a ella. A sus 18 años debutará este año debajo de su Cristo. Ninguno ha cumplido los veinte años y como otros muchos jóvenes de Córdoba, quizá una cuarta parte en algunas de las cuadrillas que harán moverse los pasos en la Semana Santa, ya saben lo que es ceñirse la faja , hacerse la ropa y soportar el peso. Lo vieron de sus padres, costaleros de la primera generación.Sus casos no son excepcionales: los capataces de la Semana Santa de Córdoba ya han constatado que en los últimos años el mundo del costal está en auge. Hay igualás en las que quienes llegan y no consiguen sitio son casi tan numerosos como los que consiguen entrar a formar parte de la cuadrilla. Los años de escasez han pasado a la historia: las cofradías tienen una amplia cantera y la mayor parte de los pasos tienen dos cuadrillas distintas e incluso picos, con lo que el número de costaleros supera el doble de los que caben debajo del paso. Noticia relacionada galeria No No Fotogalería Los jóvenes irrumpen bajo los pasos de la Semana Santa, en imágenes Fran PérezEn eso tienen gran importancia los jóvenes de la generación Z, los que ahora están alrededor de los veinte años, que están tomando el relevo y garantizando que el crecimiento de cofradías tiene sustento debajo de las imágenes. ABC ha hablado con ellos.La mañana del domingo ha amanecido nublada en los últimos coletazos de los días inestables. El ensayo de la cuadrilla de Nuestra Señora de las Angustias se ha mantenido y el cielo les ha dado la razón y permite ensayar. Sergio Barbudo empezó muy joven, pero se sentía en buenas manos: «Estoy supervisado por mi padre y controlado por él, así que tengo mucha confianza». «Es como me lo imaginaba. El 100% de mi grupo de amigos son cofrades. Cada año hay menos huecos en los pasos» Eduardo SuárezSu padre fue el primero que le puso un costal en las manos, pero no en las Angustias, la cofradía de toda la familia, sino para el palio de María Santísima de la Caridad, la titular del Buen Suceso . Antonio Barbudo nunca dijo a sus dos hijos que tenían que ser costaleros. No se lo inculcó. Dejó que vieran su ejemplo y el de su hermano. Sergio Barbudo será este año costalero de cinco pasos: la Virgen del Dulce Nombre, el misterio de la Coronación de Espinas, la Virgen de la Caridad, la Virgen de las Angustias y la Virgen de la Alegría. En tres de ellos su padre es el capataz y en el misterio de la Merced su tío, otro gran ejemplo, forma parte del equipo que lleva el paso: «Él también es un referente para mí». La tarea de costalero es la misma, pero no la forma en unos sitios y en otros. «En las Angustias lo vivo muchos más. Aunque esté en otros pasos, aquí vengo a disfrutar conmigo mismo, a otra cosa», revela.«Debuté con la Virgen de los Dolores en la Magna y como vengo de Pozoblanco, me sorprendió tanta gente» David AvilésHoy, dice, el capataz es su propio padre, pero él se podría cambiar a la túnica «perfectamente». Cuenta lo mismo Santiago Gallardo Capdevila. «La Buena Muerte es mi hermandad, mi cuna, de varias generaciones». En la foto de su perfil de whatssapp aparece vestido con la túnica de nazareno, junto a su padre, delante de Nuestra Señora Reina de los Mártires. «No paso al costal por descontento, ni por una mala experiencia. Al contrario: es por el deseo de querer portar a mis titulares, alguna vez, y puedo después volver», dice.«Me ha gustado salir de nazareno, pero quería saber cómo es llevar a mis titulares de la Buena Muerte» Santiago Gallardo CapdevilaEste año irá debajo del Cristo de la Buena Muerte y también en el paso de palio de la Virgen de la Palma, en la mañana del Domingo de Ramos. Del mundo de abajo le gusta «esa complicidad del capataz con el costalero y también la complicidad con la cuadrilla, el trabajo de llevar a los titulares».¿Cómo es para adolescente, alguien todavía joven, decirlo a los padres? Sus padres, dice, lo felicitaron, para empezar porque él también lo había hecho. Había sido costalero del paso de palio en la Madrugada y no tenía problema alguno para ponerse en su pellejo, algo que Santiago Gallardo, que estudia Segundo de Bachillerato y se prepara para entrar en la carrera que quiere, define como «una necesidad ».MentalidadEl cuerpo de un joven todavía está en formación, pero hay algo importante que también es necesario, y es el «esfuerzo mental». «No vale sólo ir debajo, sino que es necesario estar a lo que hay que estar. No se te puede ir el santo al cielo, ni molestar a los los compañeros», resume. No es lo más complicado del mundo, pero precisa de «una templanza», primero en los ensayos y más tarde en la estación de penitencia. Todavía no la ha vivido, pero ya se está preparando para la Madrugada, quizá porque sí la ha hecho con la túnica: «Caerán las horas, el frío y el silencio y esa queja interna y ese luchar contra el cansancio».A la concentración hay que aprender y por eso quiere tomar nota de lo que hacen los demás. «En el primer ensayo de la Buena Muerte quise estar atento y por eso me importaba más que la carga física. Hay que evitar que el paso vaya descuadrado, que no se generen las ondas por la falta de concentración». En la Palma, dice, todo es más alegre, quizá menos exigente, «y hay gente que se mete por ir con el capataz, Curro, a otros pasos».«Hay que estar metido en el trabajo y la cabeza debe estar concentrada, porque si no, el cuerpo no funciona bien» Óscar TorcuatoAlgo más: en la Buena Muerte el capataz no puede arengar ni hablar. Es cofradía de silencio y eso añade «complicación mental». Para eso tiene que luchar y armarse de «responsabilidad, devoción y fervor, y con eso se anima a sí mismo para seguir». Ha querido empezar con el Señor porque, dice, buscaba «darle ese tributo», pero su gran devoción es la Virgen, la Reina de los Mártires, y espera hacerlo en el futuro, porque su altura le permite entrar en los dos pasos.El domingo por la tarde, cuando la ciudad está tranquila, en la plaza de Capuchinos también hay ambiente de trabajo y de juventud. Como en otros pasos, bajo la Virgen de los Dolores hay una veintena de jóvenes, casi adolescentes, que tienen la responsabilidad de llevar a la Señora de Córdoba. Allí atiende Óscar Torcuato, que lleva, en sus propias palabras, dos años ejerciendo «esta magnífica profesión». Se empezó a formar en algunos pasos menos comprometidos, como el de San Juan Bosco en la procesión del colegio de los Salesianos, hasta que se estrenó por la puerta grande, en un gran paso de misterio: el de la Presentación al Pueblo. «Mi padre nunca me lo inculcó, pero cuando lo veía a él y a mi hermano pensaba que disfrutaría y así fue» Sergio BarbudoEn realidad su idea era haberlo hecho en el Señor Rescatado, su cofradía desde niño y cuya túnica de nazareno viste, pero aunque lo sigue intentando todos los años, «allí es difícil entrar, porque la cuadrilla está cerrada», pero sí lo logró con 16, debajo del Señor de los Afligidos en su Presentación al Pueblo. No parecía lo más fácil, pero tuvo el apoyo de su madre, que le daba consejos para cuidar de su salud: «Me decía que fuera con mucho cuidado, que me puedo hacer daño». Es un paso grande y con un recorrido largo desde hace dos años, cuando comenzó a ir a la Catedral. Diez horas en la calle y era el costalero más joven, aunque con una altura más que respetable que lo hacía idóneo para un paso de misterio: 182 centímetros. Su motivación es espiritual. «Tengo pasión y además creo mucho en Dios . Eso para mí va por encima de todo. Ese entusiasmo y esa pasión son necesarios para añadir a la fuerza». Sabe que el misterio de Cañero es difícil, porque una mala postura puede causar lesiones severas. La abundancia de gente hace posible relevarse cada poco tiempo y dejar el cuerpo descansar.Una familia«En la Presentación al Pueblo somos una gran familia, de barrio. Estaremos unos quince entre 18 y 22 años », dice. Porque con su experiencia ya sabe que «sacar un paso no es ir de perol, sino que necesita estar metido en el trabajo, todo el rato concentrado. Si la cabeza no está centrada, el cuerpo no funciona bien». Su capataz, José Rodríguez Alarcón, ha sido su mejor maestro y con él llegó a la Virgen de los Dolores, en que el trabajo es distinto: «Se sufre mucho, porque es un andar muy corto y cualquier error se nota enseguida».En el pasado Vía Crucis Magno se estrenó también bajo la Virgen de los Dolores David Avilés , un joven de Pedroche que empezó a ser costalero con 17 años en Pozoblanco, en la Amargura y en la Borriquita, y que llega desde allí con su profesor, también apasionado de este mundo. «Probé, me metí y me empezó a gustar, tenía mucha ilusión». Notó mucho el salto en la magna, con tanta gente. Manuel Ramírez cumple a los 19 años un sueño desde niño. Va el Jueves Santo con la Caridad, la cofradía de su abuelo, que le enseñó a entrar en el mundo de la Semana Santa. Ahora lleva a Presentación y los Dolores. «Lo hago por devoción y por Dios y me planteo dar el salto a otros pasos», cuenta sobre el futuro.«Soy hermano de la Caridad por mi abuelo y esto lo hago por devoción y por Dios. He hecho bastantes amigos» Manuel RamírezSon quienes aseguran el futuro de las trabajaderas, pero también de las cofradías, en general. Eduardo Suárez tiene una larga lista de pasos desde los 16 años: el Mayor Dolor, las Angustias y la Alegría, pero también es nazareno del Santo Sepulcro . «Mi padre empezó en las Angustias y me ayudó bastante conociendo a gente. Se retiró hace dos años, pero es un orgullo». Su mundo son las hermandades, porque el cien por cien de su grupo de amigos son cofrades y lo viven todos los días del año. «En la Compañía, de nazareno, todo es distinto, porque sabes a lo que vas, lo que has prometido ese año», dice. En su historia, como en la de los demás, no hay nada del tópico del costalero que no sabe ser otra cosa. Sergio Barbudo creció viendo a su padre ponerse un costal o un traje negro. Cuando él llegó a adolescente, su padre, Antonio Barbudo, ya era capataz del paso de la Virgen de las Angustias , de la cofradía de su familia, y también del Dulce Nombre o de la Caridad. Sorprende su confesión: «Nunca me inculcó nada». Aprendieron del ejemplo, de aquello que veían en él y lo pidieron. Tiene 19 años y empezó en 2022, cuando volvió la Semana Santa después de la pandemia.Santiago Gallardo Capdevila ha sido nazareno de la Buena Muerte , su cofradía de cuna, y no olvidará la túnica en un armario, porque sabe que volverá a ella. A sus 18 años debutará este año debajo de su Cristo. Ninguno ha cumplido los veinte años y como otros muchos jóvenes de Córdoba, quizá una cuarta parte en algunas de las cuadrillas que harán moverse los pasos en la Semana Santa, ya saben lo que es ceñirse la faja , hacerse la ropa y soportar el peso. Lo vieron de sus padres, costaleros de la primera generación.Sus casos no son excepcionales: los capataces de la Semana Santa de Córdoba ya han constatado que en los últimos años el mundo del costal está en auge. Hay igualás en las que quienes llegan y no consiguen sitio son casi tan numerosos como los que consiguen entrar a formar parte de la cuadrilla. Los años de escasez han pasado a la historia: las cofradías tienen una amplia cantera y la mayor parte de los pasos tienen dos cuadrillas distintas e incluso picos, con lo que el número de costaleros supera el doble de los que caben debajo del paso. Noticia relacionada galeria No No Fotogalería Los jóvenes irrumpen bajo los pasos de la Semana Santa, en imágenes Fran PérezEn eso tienen gran importancia los jóvenes de la generación Z, los que ahora están alrededor de los veinte años, que están tomando el relevo y garantizando que el crecimiento de cofradías tiene sustento debajo de las imágenes. ABC ha hablado con ellos.La mañana del domingo ha amanecido nublada en los últimos coletazos de los días inestables. El ensayo de la cuadrilla de Nuestra Señora de las Angustias se ha mantenido y el cielo les ha dado la razón y permite ensayar. Sergio Barbudo empezó muy joven, pero se sentía en buenas manos: «Estoy supervisado por mi padre y controlado por él, así que tengo mucha confianza». «Es como me lo imaginaba. El 100% de mi grupo de amigos son cofrades. Cada año hay menos huecos en los pasos» Eduardo SuárezSu padre fue el primero que le puso un costal en las manos, pero no en las Angustias, la cofradía de toda la familia, sino para el palio de María Santísima de la Caridad, la titular del Buen Suceso . Antonio Barbudo nunca dijo a sus dos hijos que tenían que ser costaleros. No se lo inculcó. Dejó que vieran su ejemplo y el de su hermano. Sergio Barbudo será este año costalero de cinco pasos: la Virgen del Dulce Nombre, el misterio de la Coronación de Espinas, la Virgen de la Caridad, la Virgen de las Angustias y la Virgen de la Alegría. En tres de ellos su padre es el capataz y en el misterio de la Merced su tío, otro gran ejemplo, forma parte del equipo que lleva el paso: «Él también es un referente para mí». La tarea de costalero es la misma, pero no la forma en unos sitios y en otros. «En las Angustias lo vivo muchos más. Aunque esté en otros pasos, aquí vengo a disfrutar conmigo mismo, a otra cosa», revela.«Debuté con la Virgen de los Dolores en la Magna y como vengo de Pozoblanco, me sorprendió tanta gente» David AvilésHoy, dice, el capataz es su propio padre, pero él se podría cambiar a la túnica «perfectamente». Cuenta lo mismo Santiago Gallardo Capdevila. «La Buena Muerte es mi hermandad, mi cuna, de varias generaciones». En la foto de su perfil de whatssapp aparece vestido con la túnica de nazareno, junto a su padre, delante de Nuestra Señora Reina de los Mártires. «No paso al costal por descontento, ni por una mala experiencia. Al contrario: es por el deseo de querer portar a mis titulares, alguna vez, y puedo después volver», dice.«Me ha gustado salir de nazareno, pero quería saber cómo es llevar a mis titulares de la Buena Muerte» Santiago Gallardo CapdevilaEste año irá debajo del Cristo de la Buena Muerte y también en el paso de palio de la Virgen de la Palma, en la mañana del Domingo de Ramos. Del mundo de abajo le gusta «esa complicidad del capataz con el costalero y también la complicidad con la cuadrilla, el trabajo de llevar a los titulares».¿Cómo es para adolescente, alguien todavía joven, decirlo a los padres? Sus padres, dice, lo felicitaron, para empezar porque él también lo había hecho. Había sido costalero del paso de palio en la Madrugada y no tenía problema alguno para ponerse en su pellejo, algo que Santiago Gallardo, que estudia Segundo de Bachillerato y se prepara para entrar en la carrera que quiere, define como «una necesidad ».MentalidadEl cuerpo de un joven todavía está en formación, pero hay algo importante que también es necesario, y es el «esfuerzo mental». «No vale sólo ir debajo, sino que es necesario estar a lo que hay que estar. No se te puede ir el santo al cielo, ni molestar a los los compañeros», resume. No es lo más complicado del mundo, pero precisa de «una templanza», primero en los ensayos y más tarde en la estación de penitencia. Todavía no la ha vivido, pero ya se está preparando para la Madrugada, quizá porque sí la ha hecho con la túnica: «Caerán las horas, el frío y el silencio y esa queja interna y ese luchar contra el cansancio».A la concentración hay que aprender y por eso quiere tomar nota de lo que hacen los demás. «En el primer ensayo de la Buena Muerte quise estar atento y por eso me importaba más que la carga física. Hay que evitar que el paso vaya descuadrado, que no se generen las ondas por la falta de concentración». En la Palma, dice, todo es más alegre, quizá menos exigente, «y hay gente que se mete por ir con el capataz, Curro, a otros pasos».«Hay que estar metido en el trabajo y la cabeza debe estar concentrada, porque si no, el cuerpo no funciona bien» Óscar TorcuatoAlgo más: en la Buena Muerte el capataz no puede arengar ni hablar. Es cofradía de silencio y eso añade «complicación mental». Para eso tiene que luchar y armarse de «responsabilidad, devoción y fervor, y con eso se anima a sí mismo para seguir». Ha querido empezar con el Señor porque, dice, buscaba «darle ese tributo», pero su gran devoción es la Virgen, la Reina de los Mártires, y espera hacerlo en el futuro, porque su altura le permite entrar en los dos pasos.El domingo por la tarde, cuando la ciudad está tranquila, en la plaza de Capuchinos también hay ambiente de trabajo y de juventud. Como en otros pasos, bajo la Virgen de los Dolores hay una veintena de jóvenes, casi adolescentes, que tienen la responsabilidad de llevar a la Señora de Córdoba. Allí atiende Óscar Torcuato, que lleva, en sus propias palabras, dos años ejerciendo «esta magnífica profesión». Se empezó a formar en algunos pasos menos comprometidos, como el de San Juan Bosco en la procesión del colegio de los Salesianos, hasta que se estrenó por la puerta grande, en un gran paso de misterio: el de la Presentación al Pueblo. «Mi padre nunca me lo inculcó, pero cuando lo veía a él y a mi hermano pensaba que disfrutaría y así fue» Sergio BarbudoEn realidad su idea era haberlo hecho en el Señor Rescatado, su cofradía desde niño y cuya túnica de nazareno viste, pero aunque lo sigue intentando todos los años, «allí es difícil entrar, porque la cuadrilla está cerrada», pero sí lo logró con 16, debajo del Señor de los Afligidos en su Presentación al Pueblo. No parecía lo más fácil, pero tuvo el apoyo de su madre, que le daba consejos para cuidar de su salud: «Me decía que fuera con mucho cuidado, que me puedo hacer daño». Es un paso grande y con un recorrido largo desde hace dos años, cuando comenzó a ir a la Catedral. Diez horas en la calle y era el costalero más joven, aunque con una altura más que respetable que lo hacía idóneo para un paso de misterio: 182 centímetros. Su motivación es espiritual. «Tengo pasión y además creo mucho en Dios . Eso para mí va por encima de todo. Ese entusiasmo y esa pasión son necesarios para añadir a la fuerza». Sabe que el misterio de Cañero es difícil, porque una mala postura puede causar lesiones severas. La abundancia de gente hace posible relevarse cada poco tiempo y dejar el cuerpo descansar.Una familia«En la Presentación al Pueblo somos una gran familia, de barrio. Estaremos unos quince entre 18 y 22 años », dice. Porque con su experiencia ya sabe que «sacar un paso no es ir de perol, sino que necesita estar metido en el trabajo, todo el rato concentrado. Si la cabeza no está centrada, el cuerpo no funciona bien». Su capataz, José Rodríguez Alarcón, ha sido su mejor maestro y con él llegó a la Virgen de los Dolores, en que el trabajo es distinto: «Se sufre mucho, porque es un andar muy corto y cualquier error se nota enseguida».En el pasado Vía Crucis Magno se estrenó también bajo la Virgen de los Dolores David Avilés , un joven de Pedroche que empezó a ser costalero con 17 años en Pozoblanco, en la Amargura y en la Borriquita, y que llega desde allí con su profesor, también apasionado de este mundo. «Probé, me metí y me empezó a gustar, tenía mucha ilusión». Notó mucho el salto en la magna, con tanta gente. Manuel Ramírez cumple a los 19 años un sueño desde niño. Va el Jueves Santo con la Caridad, la cofradía de su abuelo, que le enseñó a entrar en el mundo de la Semana Santa. Ahora lleva a Presentación y los Dolores. «Lo hago por devoción y por Dios y me planteo dar el salto a otros pasos», cuenta sobre el futuro.«Soy hermano de la Caridad por mi abuelo y esto lo hago por devoción y por Dios. He hecho bastantes amigos» Manuel RamírezSon quienes aseguran el futuro de las trabajaderas, pero también de las cofradías, en general. Eduardo Suárez tiene una larga lista de pasos desde los 16 años: el Mayor Dolor, las Angustias y la Alegría, pero también es nazareno del Santo Sepulcro . «Mi padre empezó en las Angustias y me ayudó bastante conociendo a gente. Se retiró hace dos años, pero es un orgullo». Su mundo son las hermandades, porque el cien por cien de su grupo de amigos son cofrades y lo viven todos los días del año. «En la Compañía, de nazareno, todo es distinto, porque sabes a lo que vas, lo que has prometido ese año», dice. En su historia, como en la de los demás, no hay nada del tópico del costalero que no sabe ser otra cosa. RSS de noticias de espana/andalucia
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