La Generalitat Valenciana invertirá 70 millones de euros en una serie de proyectos para la modernización de regadíos y otras infraestructuras con una apuesta a medio y largo plazo para el sector agrario ante las perspectivas de más sequías y más duraderas debido a los fenómenos meteorológicos extremos.Estas subvenciones están previstas para la mejora de recursos de almacenamiento, transporte y distribución del agua, así como a la implantación de tecnologías que permitan optimizar el uso del recurso hídrico. Entre las actuaciones previstas se incluyen la construcción o mejora de balsas de regulación, la renovación de conducciones, la instalación de sistemas de telecontrol y automatización del riego y la incorporación de energías renovables para alimentar las infraestructuras hidráulicas.«Modernizar el regadío significa aprovechar mejor el agua disponible; no se trata de aumentar la superficie de regadío, sino de gestionar el recurso de forma más inteligente y sostenible», explica el conseller de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca de la Generalitat Valenciana, Miguel Barrachina, para quien esta línea de financiación apunta al «futuro» del campo en este territorio.Estas mejoras deben permitir reducir pérdidas en las redes de distribución y ajustar con mayor precisión las necesidades hídricas de los cultivos, además de cumplir un «objetivo clave»: disminuir los costes energéticos que soportan las comunidades de regantes y los agricultores.En los últimos años, el incremento del precio de la electricidad ha supuesto un importante desafío para muchas explotaciones agrícolas, especialmente para aquellas que dependen de sistemas de bombeo para distribuir el agua.A tal fin, una parte importante de las ayudas está destinada a fomentar la instalación de energías renovables, especialmente plantas fotovoltaicas, que permitan alimentar los sistemas de riego. «El coste energético es uno de los grandes retos del regadío actual, apostar por energías renovables nos permite reducir gastos, mejorar la competitividad de las explotaciones y avanzar hacia un modelo más sostenible», afirma el conseller.Reutilización de caudalesAdemás de abaratar esa factura, estas iniciativas contribuyen a reducir la huella de carbono del sector agrícola, alineados con los objetivos europeos de transición energética, otro elemento con plena vigencia en esta celebración del Día Mundial del Agua, el 22 de marzo.En la Comunitat Valenciana, donde la agricultura depende en gran medida del regadío y donde la sequía forma parte de la realidad meteorológica, esta gestión del recurso hídrico se convierte en trascendental y aparte del criterio estrictamente de la rentabilidad, hay que «fortalecer la sostenibilidad del sector por el cambio climático».De hecho, muchos profesionales han hecho de la necesidad virtud, por ejemplo, en la zona alicantina, donde se depende del trasvase Tajo-Segura y se alcanzan los mayores niveles de España y Europa en reutilización de los caudales, en ocasiones por encima del 90% del volumen aprovechado para un segundo uso. «Nuestros regantes son un ejemplo internacional de eficiencia y gestión responsable del agua, y con estas inversiones queremos reforzar ese modelo», subraya Barrachina.Cultivos de nísperos en Callosa d’En Sarrià (Alicante) Juan Carlos SolerOtra infraestructura que permite las transferencias hídricas, en este caso dentro de la región, se ha hecho realidad recientemente después de muchos años de espera, el trasvase Júcar-Vinalopó, y queda pendiente de la Administración central el respaldo para el ‘Vertido cero’, un ambiciosa idea de depuración global de todas las aguas residuales generadas en la ciudad de Alicante y que se canalizará hasta el Campo de Elche, una de las más extensas y con cultivos con denominación de origen como la granada mollar.El protagonismo de los proyectos de la Conselleria en estos planes de futuro subvencionados se canalizará a través de la Agencia Valenciana de Fomento y Garantía Agraria (AVFGA) y las comunidades de regantes, que desempeñan un papel fundamental, «con siglos de tradición en algunos casos», se encargan de administrar y distribuir el agua entre miles de agricultores.De esta inversión dependen en buena medida cultivos emblemáticos como los cítricos, las hortalizas, los frutales o el arroz, ya que el cambio climático ya está provocando una mayor irregularidad en las precipitaciones y episodios de sequía más prolongados. Y también influirá en propiciar un relevo generacional cada vez más incierto en el campo, si no se mantienen unas perspectivas de negocio suficientes. La Generalitat Valenciana invertirá 70 millones de euros en una serie de proyectos para la modernización de regadíos y otras infraestructuras con una apuesta a medio y largo plazo para el sector agrario ante las perspectivas de más sequías y más duraderas debido a los fenómenos meteorológicos extremos.Estas subvenciones están previstas para la mejora de recursos de almacenamiento, transporte y distribución del agua, así como a la implantación de tecnologías que permitan optimizar el uso del recurso hídrico. Entre las actuaciones previstas se incluyen la construcción o mejora de balsas de regulación, la renovación de conducciones, la instalación de sistemas de telecontrol y automatización del riego y la incorporación de energías renovables para alimentar las infraestructuras hidráulicas.«Modernizar el regadío significa aprovechar mejor el agua disponible; no se trata de aumentar la superficie de regadío, sino de gestionar el recurso de forma más inteligente y sostenible», explica el conseller de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca de la Generalitat Valenciana, Miguel Barrachina, para quien esta línea de financiación apunta al «futuro» del campo en este territorio.Estas mejoras deben permitir reducir pérdidas en las redes de distribución y ajustar con mayor precisión las necesidades hídricas de los cultivos, además de cumplir un «objetivo clave»: disminuir los costes energéticos que soportan las comunidades de regantes y los agricultores.En los últimos años, el incremento del precio de la electricidad ha supuesto un importante desafío para muchas explotaciones agrícolas, especialmente para aquellas que dependen de sistemas de bombeo para distribuir el agua.A tal fin, una parte importante de las ayudas está destinada a fomentar la instalación de energías renovables, especialmente plantas fotovoltaicas, que permitan alimentar los sistemas de riego. «El coste energético es uno de los grandes retos del regadío actual, apostar por energías renovables nos permite reducir gastos, mejorar la competitividad de las explotaciones y avanzar hacia un modelo más sostenible», afirma el conseller.Reutilización de caudalesAdemás de abaratar esa factura, estas iniciativas contribuyen a reducir la huella de carbono del sector agrícola, alineados con los objetivos europeos de transición energética, otro elemento con plena vigencia en esta celebración del Día Mundial del Agua, el 22 de marzo.En la Comunitat Valenciana, donde la agricultura depende en gran medida del regadío y donde la sequía forma parte de la realidad meteorológica, esta gestión del recurso hídrico se convierte en trascendental y aparte del criterio estrictamente de la rentabilidad, hay que «fortalecer la sostenibilidad del sector por el cambio climático».De hecho, muchos profesionales han hecho de la necesidad virtud, por ejemplo, en la zona alicantina, donde se depende del trasvase Tajo-Segura y se alcanzan los mayores niveles de España y Europa en reutilización de los caudales, en ocasiones por encima del 90% del volumen aprovechado para un segundo uso. «Nuestros regantes son un ejemplo internacional de eficiencia y gestión responsable del agua, y con estas inversiones queremos reforzar ese modelo», subraya Barrachina.Cultivos de nísperos en Callosa d’En Sarrià (Alicante) Juan Carlos SolerOtra infraestructura que permite las transferencias hídricas, en este caso dentro de la región, se ha hecho realidad recientemente después de muchos años de espera, el trasvase Júcar-Vinalopó, y queda pendiente de la Administración central el respaldo para el ‘Vertido cero’, un ambiciosa idea de depuración global de todas las aguas residuales generadas en la ciudad de Alicante y que se canalizará hasta el Campo de Elche, una de las más extensas y con cultivos con denominación de origen como la granada mollar.El protagonismo de los proyectos de la Conselleria en estos planes de futuro subvencionados se canalizará a través de la Agencia Valenciana de Fomento y Garantía Agraria (AVFGA) y las comunidades de regantes, que desempeñan un papel fundamental, «con siglos de tradición en algunos casos», se encargan de administrar y distribuir el agua entre miles de agricultores.De esta inversión dependen en buena medida cultivos emblemáticos como los cítricos, las hortalizas, los frutales o el arroz, ya que el cambio climático ya está provocando una mayor irregularidad en las precipitaciones y episodios de sequía más prolongados. Y también influirá en propiciar un relevo generacional cada vez más incierto en el campo, si no se mantienen unas perspectivas de negocio suficientes. La Generalitat Valenciana invertirá 70 millones de euros en una serie de proyectos para la modernización de regadíos y otras infraestructuras con una apuesta a medio y largo plazo para el sector agrario ante las perspectivas de más sequías y más duraderas debido a los fenómenos meteorológicos extremos.Estas subvenciones están previstas para la mejora de recursos de almacenamiento, transporte y distribución del agua, así como a la implantación de tecnologías que permitan optimizar el uso del recurso hídrico. Entre las actuaciones previstas se incluyen la construcción o mejora de balsas de regulación, la renovación de conducciones, la instalación de sistemas de telecontrol y automatización del riego y la incorporación de energías renovables para alimentar las infraestructuras hidráulicas.«Modernizar el regadío significa aprovechar mejor el agua disponible; no se trata de aumentar la superficie de regadío, sino de gestionar el recurso de forma más inteligente y sostenible», explica el conseller de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca de la Generalitat Valenciana, Miguel Barrachina, para quien esta línea de financiación apunta al «futuro» del campo en este territorio.Estas mejoras deben permitir reducir pérdidas en las redes de distribución y ajustar con mayor precisión las necesidades hídricas de los cultivos, además de cumplir un «objetivo clave»: disminuir los costes energéticos que soportan las comunidades de regantes y los agricultores.En los últimos años, el incremento del precio de la electricidad ha supuesto un importante desafío para muchas explotaciones agrícolas, especialmente para aquellas que dependen de sistemas de bombeo para distribuir el agua.A tal fin, una parte importante de las ayudas está destinada a fomentar la instalación de energías renovables, especialmente plantas fotovoltaicas, que permitan alimentar los sistemas de riego. «El coste energético es uno de los grandes retos del regadío actual, apostar por energías renovables nos permite reducir gastos, mejorar la competitividad de las explotaciones y avanzar hacia un modelo más sostenible», afirma el conseller.Reutilización de caudalesAdemás de abaratar esa factura, estas iniciativas contribuyen a reducir la huella de carbono del sector agrícola, alineados con los objetivos europeos de transición energética, otro elemento con plena vigencia en esta celebración del Día Mundial del Agua, el 22 de marzo.En la Comunitat Valenciana, donde la agricultura depende en gran medida del regadío y donde la sequía forma parte de la realidad meteorológica, esta gestión del recurso hídrico se convierte en trascendental y aparte del criterio estrictamente de la rentabilidad, hay que «fortalecer la sostenibilidad del sector por el cambio climático».De hecho, muchos profesionales han hecho de la necesidad virtud, por ejemplo, en la zona alicantina, donde se depende del trasvase Tajo-Segura y se alcanzan los mayores niveles de España y Europa en reutilización de los caudales, en ocasiones por encima del 90% del volumen aprovechado para un segundo uso. «Nuestros regantes son un ejemplo internacional de eficiencia y gestión responsable del agua, y con estas inversiones queremos reforzar ese modelo», subraya Barrachina.Cultivos de nísperos en Callosa d’En Sarrià (Alicante) Juan Carlos SolerOtra infraestructura que permite las transferencias hídricas, en este caso dentro de la región, se ha hecho realidad recientemente después de muchos años de espera, el trasvase Júcar-Vinalopó, y queda pendiente de la Administración central el respaldo para el ‘Vertido cero’, un ambiciosa idea de depuración global de todas las aguas residuales generadas en la ciudad de Alicante y que se canalizará hasta el Campo de Elche, una de las más extensas y con cultivos con denominación de origen como la granada mollar.El protagonismo de los proyectos de la Conselleria en estos planes de futuro subvencionados se canalizará a través de la Agencia Valenciana de Fomento y Garantía Agraria (AVFGA) y las comunidades de regantes, que desempeñan un papel fundamental, «con siglos de tradición en algunos casos», se encargan de administrar y distribuir el agua entre miles de agricultores.De esta inversión dependen en buena medida cultivos emblemáticos como los cítricos, las hortalizas, los frutales o el arroz, ya que el cambio climático ya está provocando una mayor irregularidad en las precipitaciones y episodios de sequía más prolongados. Y también influirá en propiciar un relevo generacional cada vez más incierto en el campo, si no se mantienen unas perspectivas de negocio suficientes. RSS de noticias de espana
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