La gran sequía europea no solo ha convertido en áridos secarrales lo que siempre fueron verdísimos parques. Ha desencadenado una compleja cascada de emergencias con múltiples efectos que caen como fichas de dominó en innumerables sectores, desde el precio de los alimentos al transporte de mercancías, llegando hasta la producción de energía y las previsiones de (de)crecimiento de las grandes economías, con el PIB continental jugándose un buen pellizco: el golpe económico a corto plazo será de al menos 50.000 millones de euros. La falta de agua que marchita el corazón del continente en este verano de temperaturas extremas ha llevado la bajada de caudales de los ríos y la escasez de recursos hídricos a unos niveles históricos.
Millones de europeos sufren limitaciones inéditas en el acceso al agua por la falta de lluvias. El escaso caudal de los grandes ríos frena el comercio, lastra la producción de energía y diezma cultivos básicos como el maíz, el arroz, el trigo y la soja
La gran sequía europea no solo ha convertido en áridos secarrales lo que siempre fueron verdísimos parques. Ha desencadenado una compleja cascada de emergencias con múltiples efectos que caen como fichas de dominó en innumerables sectores, desde el precio de los alimentos al transporte de mercancías, llegando hasta la producción de energía y las previsiones de (de)crecimiento de las grandes economías, con el PIB continental jugándose un buen pellizco: el golpe económico a corto plazo será de al menos 50.000 millones de euros. La falta de agua que marchita el corazón del continente en este verano de temperaturas extremas ha llevado la bajada de caudales de los ríos y la escasez de recursos hídricos a unos niveles históricos.
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