Cuando se pregunta a los hosteleros por la paradoja de que Andalucía sea uno de los principales destinos turísticos de España y, al mismo tiempo, un elevado número de andaluces no pueda permitirse pasar unos días de vacaciones en su propia comunidad, las explicaciones son diversas. Algunas responden a motivos laborales, ya que muchos trabajadores del sector no pueden ausentarse en plena temporada alta; otras tienen que ver con circunstancias personales, como el cuidado de familiares o personas dependientes. Sin embargo, buena parte de las razones son económicas.Entre ellas figura el incremento de los precios en algunos de los principales destinos de sol y playa, especialmente en las costas de Cádiz, Málaga y Almería, impulsado por una demanda cada vez mayor de visitantes procedentes de Madrid y del País Vasco. Para muchos de esos turistas, acostumbrados a tarifas más elevadas en sus lugares de origen, pagar casi tres euros por una cerveza no supone un desembolso excesivo . En cambio, para numerosos andaluces ese mismo precio puede resultar disuasorio.En Cádiz, por ejemplo, el presidente de la patronal hostelera, Antonio de María, explica que alrededor del 30 % de los visitantes son extranjeros y el 70 % españoles. De estos últimos, aproximadamente la mitad procede de Madrid , mientras que entre el resto destacan los turistas llegados del País Vasco.Aunque hay opciones «para todos los bolsillos», no todos pueden permitírselas Pese a ello, De María rechaza que la hostelería gaditana sea cara y sostiene que existe una oferta adaptada a todos los bolsillos. «Se puede comer por diez euros, aunque el precio depende de la ubicación del establecimiento y de lo que se pida», señala. No cuesta lo mismo sentarse en un restaurante situado en el paseo marítimo que en un chiringuito a pie de playa, del mismo modo que unos calamares tienen un precio muy distinto al de un pescado al horno Además, defiende que ese mismo pescado sigue costando aproximadamente la mitad que en Madrid. «La frase que más escuchamos de los clientes es: ‘Usted se ha equivocado; esto es muy barato’», asegura.Junto a esa oferta más asequible convive otra orientada a un turismo de mayor poder adquisitivo. Los beach clubs, cada vez más presentes en el litoral andaluz , son el mejor ejemplo. En algunos establecimientos de la Costa del Sol una botella de champán puede alcanzar los 1.000 euros, mientras que reservar una cama balinesa durante toda la jornada puede costar hasta 500 euros.El aumento de los costes de las materias primas y de la energía también ha repercutido en los precios finales. Sin embargo, el presidente de los hosteleros de Málaga, Javier Frutos, considera que el principal problema no reside en la hostelería, sino en la pérdida de poder adquisitivo de muchas familias. «Las familias destinan dinero al ocio cuando tienen cubiertas sus necesidades básicas», afirma, al tiempo que recuerda que buena parte del incremento de los costes está siendo asumido por los propios establecimientos.Pese a ello, la facturación del sector continúa creciendo año tras año. Frutos sostiene que la relación calidad-precio de la hostelería andaluza sigue siendo competitiva tanto frente a otros destinos nacionales como internacionales. A su juicio, el verdadero desafío pasa por recuperar el poder adquisitivo de las familias. Además, defiende que el convenio colectivo de la hostelería andaluza se encuentra entre los mejores de España, lo que permite ofrecer salarios superiores a los de otros territorios.Desde las agencias de viajes comparten un diagnóstico similar. El vicepresidente de la federación andaluza, Carlos Martín, recuerda que el aumento de la demanda en destinos con una ocupación muy elevada acaba impulsando los precios. No obstante, sostiene que esa misma demanda favorece nuevas inversiones y la creación de más plazas turísticas , lo que contribuye a equilibrar el mercado.«Hay opciones para todos los bolsillos», afirma. Como ejemplo, señala que una semana de vacaciones en Chiclana puede encontrarse por unos 780 euros, aunque también existen establecimientos que superan los 2.500. La oferta es amplia y muy diversa, pero eso no significa que esté al alcance de todas las familias. Para muchos andaluces, incluso las alternativas más económicas siguen estando fuera de su presupuesto. Cuando se pregunta a los hosteleros por la paradoja de que Andalucía sea uno de los principales destinos turísticos de España y, al mismo tiempo, un elevado número de andaluces no pueda permitirse pasar unos días de vacaciones en su propia comunidad, las explicaciones son diversas. Algunas responden a motivos laborales, ya que muchos trabajadores del sector no pueden ausentarse en plena temporada alta; otras tienen que ver con circunstancias personales, como el cuidado de familiares o personas dependientes. Sin embargo, buena parte de las razones son económicas.Entre ellas figura el incremento de los precios en algunos de los principales destinos de sol y playa, especialmente en las costas de Cádiz, Málaga y Almería, impulsado por una demanda cada vez mayor de visitantes procedentes de Madrid y del País Vasco. Para muchos de esos turistas, acostumbrados a tarifas más elevadas en sus lugares de origen, pagar casi tres euros por una cerveza no supone un desembolso excesivo . En cambio, para numerosos andaluces ese mismo precio puede resultar disuasorio.En Cádiz, por ejemplo, el presidente de la patronal hostelera, Antonio de María, explica que alrededor del 30 % de los visitantes son extranjeros y el 70 % españoles. De estos últimos, aproximadamente la mitad procede de Madrid , mientras que entre el resto destacan los turistas llegados del País Vasco.Aunque hay opciones «para todos los bolsillos», no todos pueden permitírselas Pese a ello, De María rechaza que la hostelería gaditana sea cara y sostiene que existe una oferta adaptada a todos los bolsillos. «Se puede comer por diez euros, aunque el precio depende de la ubicación del establecimiento y de lo que se pida», señala. No cuesta lo mismo sentarse en un restaurante situado en el paseo marítimo que en un chiringuito a pie de playa, del mismo modo que unos calamares tienen un precio muy distinto al de un pescado al horno Además, defiende que ese mismo pescado sigue costando aproximadamente la mitad que en Madrid. «La frase que más escuchamos de los clientes es: ‘Usted se ha equivocado; esto es muy barato’», asegura.Junto a esa oferta más asequible convive otra orientada a un turismo de mayor poder adquisitivo. Los beach clubs, cada vez más presentes en el litoral andaluz , son el mejor ejemplo. En algunos establecimientos de la Costa del Sol una botella de champán puede alcanzar los 1.000 euros, mientras que reservar una cama balinesa durante toda la jornada puede costar hasta 500 euros.El aumento de los costes de las materias primas y de la energía también ha repercutido en los precios finales. Sin embargo, el presidente de los hosteleros de Málaga, Javier Frutos, considera que el principal problema no reside en la hostelería, sino en la pérdida de poder adquisitivo de muchas familias. «Las familias destinan dinero al ocio cuando tienen cubiertas sus necesidades básicas», afirma, al tiempo que recuerda que buena parte del incremento de los costes está siendo asumido por los propios establecimientos.Pese a ello, la facturación del sector continúa creciendo año tras año. Frutos sostiene que la relación calidad-precio de la hostelería andaluza sigue siendo competitiva tanto frente a otros destinos nacionales como internacionales. A su juicio, el verdadero desafío pasa por recuperar el poder adquisitivo de las familias. Además, defiende que el convenio colectivo de la hostelería andaluza se encuentra entre los mejores de España, lo que permite ofrecer salarios superiores a los de otros territorios.Desde las agencias de viajes comparten un diagnóstico similar. El vicepresidente de la federación andaluza, Carlos Martín, recuerda que el aumento de la demanda en destinos con una ocupación muy elevada acaba impulsando los precios. No obstante, sostiene que esa misma demanda favorece nuevas inversiones y la creación de más plazas turísticas , lo que contribuye a equilibrar el mercado.«Hay opciones para todos los bolsillos», afirma. Como ejemplo, señala que una semana de vacaciones en Chiclana puede encontrarse por unos 780 euros, aunque también existen establecimientos que superan los 2.500. La oferta es amplia y muy diversa, pero eso no significa que esté al alcance de todas las familias. Para muchos andaluces, incluso las alternativas más económicas siguen estando fuera de su presupuesto. Cuando se pregunta a los hosteleros por la paradoja de que Andalucía sea uno de los principales destinos turísticos de España y, al mismo tiempo, un elevado número de andaluces no pueda permitirse pasar unos días de vacaciones en su propia comunidad, las explicaciones son diversas. Algunas responden a motivos laborales, ya que muchos trabajadores del sector no pueden ausentarse en plena temporada alta; otras tienen que ver con circunstancias personales, como el cuidado de familiares o personas dependientes. Sin embargo, buena parte de las razones son económicas.Entre ellas figura el incremento de los precios en algunos de los principales destinos de sol y playa, especialmente en las costas de Cádiz, Málaga y Almería, impulsado por una demanda cada vez mayor de visitantes procedentes de Madrid y del País Vasco. Para muchos de esos turistas, acostumbrados a tarifas más elevadas en sus lugares de origen, pagar casi tres euros por una cerveza no supone un desembolso excesivo . En cambio, para numerosos andaluces ese mismo precio puede resultar disuasorio.En Cádiz, por ejemplo, el presidente de la patronal hostelera, Antonio de María, explica que alrededor del 30 % de los visitantes son extranjeros y el 70 % españoles. De estos últimos, aproximadamente la mitad procede de Madrid , mientras que entre el resto destacan los turistas llegados del País Vasco.Aunque hay opciones «para todos los bolsillos», no todos pueden permitírselas Pese a ello, De María rechaza que la hostelería gaditana sea cara y sostiene que existe una oferta adaptada a todos los bolsillos. «Se puede comer por diez euros, aunque el precio depende de la ubicación del establecimiento y de lo que se pida», señala. No cuesta lo mismo sentarse en un restaurante situado en el paseo marítimo que en un chiringuito a pie de playa, del mismo modo que unos calamares tienen un precio muy distinto al de un pescado al horno Además, defiende que ese mismo pescado sigue costando aproximadamente la mitad que en Madrid. «La frase que más escuchamos de los clientes es: ‘Usted se ha equivocado; esto es muy barato’», asegura.Junto a esa oferta más asequible convive otra orientada a un turismo de mayor poder adquisitivo. Los beach clubs, cada vez más presentes en el litoral andaluz , son el mejor ejemplo. En algunos establecimientos de la Costa del Sol una botella de champán puede alcanzar los 1.000 euros, mientras que reservar una cama balinesa durante toda la jornada puede costar hasta 500 euros.El aumento de los costes de las materias primas y de la energía también ha repercutido en los precios finales. Sin embargo, el presidente de los hosteleros de Málaga, Javier Frutos, considera que el principal problema no reside en la hostelería, sino en la pérdida de poder adquisitivo de muchas familias. «Las familias destinan dinero al ocio cuando tienen cubiertas sus necesidades básicas», afirma, al tiempo que recuerda que buena parte del incremento de los costes está siendo asumido por los propios establecimientos.Pese a ello, la facturación del sector continúa creciendo año tras año. Frutos sostiene que la relación calidad-precio de la hostelería andaluza sigue siendo competitiva tanto frente a otros destinos nacionales como internacionales. A su juicio, el verdadero desafío pasa por recuperar el poder adquisitivo de las familias. Además, defiende que el convenio colectivo de la hostelería andaluza se encuentra entre los mejores de España, lo que permite ofrecer salarios superiores a los de otros territorios.Desde las agencias de viajes comparten un diagnóstico similar. El vicepresidente de la federación andaluza, Carlos Martín, recuerda que el aumento de la demanda en destinos con una ocupación muy elevada acaba impulsando los precios. No obstante, sostiene que esa misma demanda favorece nuevas inversiones y la creación de más plazas turísticas , lo que contribuye a equilibrar el mercado.«Hay opciones para todos los bolsillos», afirma. Como ejemplo, señala que una semana de vacaciones en Chiclana puede encontrarse por unos 780 euros, aunque también existen establecimientos que superan los 2.500. La oferta es amplia y muy diversa, pero eso no significa que esté al alcance de todas las familias. Para muchos andaluces, incluso las alternativas más económicas siguen estando fuera de su presupuesto. RSS de noticias de espana/andalucia
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