Hay días en los que los toros se viven desde lugares muy distintos, pero con la misma intensidad. Mientras Pablo Aguado apura las horas previas a su comparecencia en la Feria del Toro , su hermano Gonzalo ya ha sentido el pulso de San Fermín. Lo ha hecho sobre el adoquín, corriendo por primera vez un encierro. Y no uno cualquiera: el de los toros de Álvaro Núñez que, apenas unas horas después, esperarán al diestro sevillano en el ruedo pamplonés.Para Gonzalo era un sueño pendiente. Un reto que quiso cumplir precisamente el día en que su hermano está anunciado en una de las plazas con mayor personalidad del mundo. Lo hizo en el tramo comprendido entre el final de Estafeta y Telefónica, uno de los puntos donde la carrera se abre y los corredores buscan los últimos metros antes de la entrada al callejón.La realidad, sin embargo, poco tiene que ver con lo que se aprecia desde detrás de una pantalla.Noticia relacionada general No No San Fermín La espera de un joven, a horas del encierro: «Si no hubiera miedo, no seríamos capaces de correr» Alicia P. Velarde«He intentado aguantar para salir a correr a la par de los toros, pero la experiencia ha jugado su papel y me han pasado como aviones», relata a ABC. La velocidad de la manada y la tensión del momento terminaron provocando una caída. «He caído al suelo y ahí te das cuenta de que hay que estar mucho más pendiente de los corredores y de la gente que de los propios toros. Esa es la verdadera dificultad».En su estreno contó con un guía de excepción. Luis Miguel, un corredor que lleva dos décadas participando en los encierros, le acompañó durante toda la mañana y le transmitió algunos de esos conocimientos que solo se adquieren con los años.«Me atendió de manera espectacular. Me dio muchísimos consejos y me contó una cosa que me llamó mucho la atención: cuando los pastores llevan la vara levantada significa que la manada viene agrupada. Son detalles que desde fuera pasan desapercibidos, pero que allí tienen muchísimo sentido».Otra de las imágenes que más le impresionó fue descubrir cómo, en determinados momentos, los toros casi se intuyen antes por el reflejo de los flashes y de las cámaras que por el propio ruido del encierro.Con la adrenalina todavía recorriéndole el cuerpo, Gonzalo Aguado no esconde que la experiencia ha cambiado por completo la visión que tenía de San Fermín.«Esto es impresionante. Es algo que todo el mundo debería vivir al menos una vez en la vida. Pero tiene un problema: engancha. Igual que otras grandes pasiones, cuando lo pruebas quieres repetir».Y eso es precisamente lo que ya piensa hacer. «No descarto volver el año que viene y correr no uno, sino dos o tres encierros».La mañana terminó con un sueño cumplido y con la satisfacción de haber salido del recorrido. Horas después llegará el turno de Pablo Aguado. Los mismos toros a los que Gonzalo les ganó unos metros sobre el adoquín serán los que pondrán a prueba el concepto clásico y sereno del torero sevillano sobre la arena del coso de la Misericordia. En la familia Aguado, este viernes habrá dos maneras muy distintas de enfrentarse al toro, pero una misma emoción. Hay días en los que los toros se viven desde lugares muy distintos, pero con la misma intensidad. Mientras Pablo Aguado apura las horas previas a su comparecencia en la Feria del Toro , su hermano Gonzalo ya ha sentido el pulso de San Fermín. Lo ha hecho sobre el adoquín, corriendo por primera vez un encierro. Y no uno cualquiera: el de los toros de Álvaro Núñez que, apenas unas horas después, esperarán al diestro sevillano en el ruedo pamplonés.Para Gonzalo era un sueño pendiente. Un reto que quiso cumplir precisamente el día en que su hermano está anunciado en una de las plazas con mayor personalidad del mundo. Lo hizo en el tramo comprendido entre el final de Estafeta y Telefónica, uno de los puntos donde la carrera se abre y los corredores buscan los últimos metros antes de la entrada al callejón.La realidad, sin embargo, poco tiene que ver con lo que se aprecia desde detrás de una pantalla.Noticia relacionada general No No San Fermín La espera de un joven, a horas del encierro: «Si no hubiera miedo, no seríamos capaces de correr» Alicia P. Velarde«He intentado aguantar para salir a correr a la par de los toros, pero la experiencia ha jugado su papel y me han pasado como aviones», relata a ABC. La velocidad de la manada y la tensión del momento terminaron provocando una caída. «He caído al suelo y ahí te das cuenta de que hay que estar mucho más pendiente de los corredores y de la gente que de los propios toros. Esa es la verdadera dificultad».En su estreno contó con un guía de excepción. Luis Miguel, un corredor que lleva dos décadas participando en los encierros, le acompañó durante toda la mañana y le transmitió algunos de esos conocimientos que solo se adquieren con los años.«Me atendió de manera espectacular. Me dio muchísimos consejos y me contó una cosa que me llamó mucho la atención: cuando los pastores llevan la vara levantada significa que la manada viene agrupada. Son detalles que desde fuera pasan desapercibidos, pero que allí tienen muchísimo sentido».Otra de las imágenes que más le impresionó fue descubrir cómo, en determinados momentos, los toros casi se intuyen antes por el reflejo de los flashes y de las cámaras que por el propio ruido del encierro.Con la adrenalina todavía recorriéndole el cuerpo, Gonzalo Aguado no esconde que la experiencia ha cambiado por completo la visión que tenía de San Fermín.«Esto es impresionante. Es algo que todo el mundo debería vivir al menos una vez en la vida. Pero tiene un problema: engancha. Igual que otras grandes pasiones, cuando lo pruebas quieres repetir».Y eso es precisamente lo que ya piensa hacer. «No descarto volver el año que viene y correr no uno, sino dos o tres encierros».La mañana terminó con un sueño cumplido y con la satisfacción de haber salido del recorrido. Horas después llegará el turno de Pablo Aguado. Los mismos toros a los que Gonzalo les ganó unos metros sobre el adoquín serán los que pondrán a prueba el concepto clásico y sereno del torero sevillano sobre la arena del coso de la Misericordia. En la familia Aguado, este viernes habrá dos maneras muy distintas de enfrentarse al toro, pero una misma emoción. Hay días en los que los toros se viven desde lugares muy distintos, pero con la misma intensidad. Mientras Pablo Aguado apura las horas previas a su comparecencia en la Feria del Toro , su hermano Gonzalo ya ha sentido el pulso de San Fermín. Lo ha hecho sobre el adoquín, corriendo por primera vez un encierro. Y no uno cualquiera: el de los toros de Álvaro Núñez que, apenas unas horas después, esperarán al diestro sevillano en el ruedo pamplonés.Para Gonzalo era un sueño pendiente. Un reto que quiso cumplir precisamente el día en que su hermano está anunciado en una de las plazas con mayor personalidad del mundo. Lo hizo en el tramo comprendido entre el final de Estafeta y Telefónica, uno de los puntos donde la carrera se abre y los corredores buscan los últimos metros antes de la entrada al callejón.La realidad, sin embargo, poco tiene que ver con lo que se aprecia desde detrás de una pantalla.Noticia relacionada general No No San Fermín La espera de un joven, a horas del encierro: «Si no hubiera miedo, no seríamos capaces de correr» Alicia P. Velarde«He intentado aguantar para salir a correr a la par de los toros, pero la experiencia ha jugado su papel y me han pasado como aviones», relata a ABC. La velocidad de la manada y la tensión del momento terminaron provocando una caída. «He caído al suelo y ahí te das cuenta de que hay que estar mucho más pendiente de los corredores y de la gente que de los propios toros. Esa es la verdadera dificultad».En su estreno contó con un guía de excepción. Luis Miguel, un corredor que lleva dos décadas participando en los encierros, le acompañó durante toda la mañana y le transmitió algunos de esos conocimientos que solo se adquieren con los años.«Me atendió de manera espectacular. Me dio muchísimos consejos y me contó una cosa que me llamó mucho la atención: cuando los pastores llevan la vara levantada significa que la manada viene agrupada. Son detalles que desde fuera pasan desapercibidos, pero que allí tienen muchísimo sentido».Otra de las imágenes que más le impresionó fue descubrir cómo, en determinados momentos, los toros casi se intuyen antes por el reflejo de los flashes y de las cámaras que por el propio ruido del encierro.Con la adrenalina todavía recorriéndole el cuerpo, Gonzalo Aguado no esconde que la experiencia ha cambiado por completo la visión que tenía de San Fermín.«Esto es impresionante. Es algo que todo el mundo debería vivir al menos una vez en la vida. Pero tiene un problema: engancha. Igual que otras grandes pasiones, cuando lo pruebas quieres repetir».Y eso es precisamente lo que ya piensa hacer. «No descarto volver el año que viene y correr no uno, sino dos o tres encierros».La mañana terminó con un sueño cumplido y con la satisfacción de haber salido del recorrido. Horas después llegará el turno de Pablo Aguado. Los mismos toros a los que Gonzalo les ganó unos metros sobre el adoquín serán los que pondrán a prueba el concepto clásico y sereno del torero sevillano sobre la arena del coso de la Misericordia. En la familia Aguado, este viernes habrá dos maneras muy distintas de enfrentarse al toro, pero una misma emoción. RSS de noticias de cultura
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