Se cumple un año del incendio en la Mezquita-Catedral. Son jornadas en las que recuerdo el doble vuelco que me dio el corazón al saber que un fuego se había desatado en ella: el profesional, que me llevó a dejar en la mesa sin probar el plato de quinoa con atún que me había preparado para purgar mis excesos de las vacaciones y salir corriendo a la redacción, y el personal, como cordobés adoptivo que soy.Cuando las llamas se apagaron y se comprobó que los daños eran limitados —se ciñeron fundamentalmente a la capilla de la Encarnación, de menor valor patrimonial que otras—, se extinguió la angustia colectiva. Y entre las cenizas ya brilló incluso algo positivo: constatar que este monumento, parte indisoluble de nuestra historia y un chorro de fondos importantísimo para la economía local, está en buenas manos. Así lo evidenció la actuación del personal del templo y de los bomberos, que lograron que el fuego no lo devorara mientras toda nuestra tierra tenía en mente el infierno que asoló a Notre Dame. El trabajo previo conjunto de prevención del Cabildo y del Servicio de Extinción de Incendios municipal, incluidos simulacros, salvaron a esta joya histórica.Y la entidad eclesiástica responsable de este bien Patrimonio de la Humanidad sigue trabajando en mejorar su seguridad, aunque el riesgo cero nunca existe con el fuego. Lo último es el inicio de los trabajos próximamente para implantar un innovador sistema de agua nebulizada en parte de él. Evita lanzar sobre la Mezquita-Catedral manguerazos: el peso del agua puede dañarla. De hecho, este último fue uno de los factores que influyó en que se viniera abajo la cúpula de la capilla de la Encarnación. En este año, también hemos visto los reconocimientos que han recibido nuestros bomberos por su brillante actuación, lo que sofoca el miedo a que algún día le pueda pasar algo malo al alma de Córdoba.Hoy, sigue la excelente restauración de la zona afectada. Estará lista a final de año y la herida se habrá cerrado del todo. Nos quedará una cicatriz en el recuerdo, que miraremos con el alivio de saber que nuestra mayor joya tiene los mejores custodios: el Cabildo y nuestro Servicio de Extinción de Incendios. Se cumple un año del incendio en la Mezquita-Catedral. Son jornadas en las que recuerdo el doble vuelco que me dio el corazón al saber que un fuego se había desatado en ella: el profesional, que me llevó a dejar en la mesa sin probar el plato de quinoa con atún que me había preparado para purgar mis excesos de las vacaciones y salir corriendo a la redacción, y el personal, como cordobés adoptivo que soy.Cuando las llamas se apagaron y se comprobó que los daños eran limitados —se ciñeron fundamentalmente a la capilla de la Encarnación, de menor valor patrimonial que otras—, se extinguió la angustia colectiva. Y entre las cenizas ya brilló incluso algo positivo: constatar que este monumento, parte indisoluble de nuestra historia y un chorro de fondos importantísimo para la economía local, está en buenas manos. Así lo evidenció la actuación del personal del templo y de los bomberos, que lograron que el fuego no lo devorara mientras toda nuestra tierra tenía en mente el infierno que asoló a Notre Dame. El trabajo previo conjunto de prevención del Cabildo y del Servicio de Extinción de Incendios municipal, incluidos simulacros, salvaron a esta joya histórica.Y la entidad eclesiástica responsable de este bien Patrimonio de la Humanidad sigue trabajando en mejorar su seguridad, aunque el riesgo cero nunca existe con el fuego. Lo último es el inicio de los trabajos próximamente para implantar un innovador sistema de agua nebulizada en parte de él. Evita lanzar sobre la Mezquita-Catedral manguerazos: el peso del agua puede dañarla. De hecho, este último fue uno de los factores que influyó en que se viniera abajo la cúpula de la capilla de la Encarnación. En este año, también hemos visto los reconocimientos que han recibido nuestros bomberos por su brillante actuación, lo que sofoca el miedo a que algún día le pueda pasar algo malo al alma de Córdoba.Hoy, sigue la excelente restauración de la zona afectada. Estará lista a final de año y la herida se habrá cerrado del todo. Nos quedará una cicatriz en el recuerdo, que miraremos con el alivio de saber que nuestra mayor joya tiene los mejores custodios: el Cabildo y nuestro Servicio de Extinción de Incendios. Se cumple un año del incendio en la Mezquita-Catedral. Son jornadas en las que recuerdo el doble vuelco que me dio el corazón al saber que un fuego se había desatado en ella: el profesional, que me llevó a dejar en la mesa sin probar el plato de quinoa con atún que me había preparado para purgar mis excesos de las vacaciones y salir corriendo a la redacción, y el personal, como cordobés adoptivo que soy.Cuando las llamas se apagaron y se comprobó que los daños eran limitados —se ciñeron fundamentalmente a la capilla de la Encarnación, de menor valor patrimonial que otras—, se extinguió la angustia colectiva. Y entre las cenizas ya brilló incluso algo positivo: constatar que este monumento, parte indisoluble de nuestra historia y un chorro de fondos importantísimo para la economía local, está en buenas manos. Así lo evidenció la actuación del personal del templo y de los bomberos, que lograron que el fuego no lo devorara mientras toda nuestra tierra tenía en mente el infierno que asoló a Notre Dame. El trabajo previo conjunto de prevención del Cabildo y del Servicio de Extinción de Incendios municipal, incluidos simulacros, salvaron a esta joya histórica.Y la entidad eclesiástica responsable de este bien Patrimonio de la Humanidad sigue trabajando en mejorar su seguridad, aunque el riesgo cero nunca existe con el fuego. Lo último es el inicio de los trabajos próximamente para implantar un innovador sistema de agua nebulizada en parte de él. Evita lanzar sobre la Mezquita-Catedral manguerazos: el peso del agua puede dañarla. De hecho, este último fue uno de los factores que influyó en que se viniera abajo la cúpula de la capilla de la Encarnación. En este año, también hemos visto los reconocimientos que han recibido nuestros bomberos por su brillante actuación, lo que sofoca el miedo a que algún día le pueda pasar algo malo al alma de Córdoba.Hoy, sigue la excelente restauración de la zona afectada. Estará lista a final de año y la herida se habrá cerrado del todo. Nos quedará una cicatriz en el recuerdo, que miraremos con el alivio de saber que nuestra mayor joya tiene los mejores custodios: el Cabildo y nuestro Servicio de Extinción de Incendios. RSS de noticias de espana/andalucia
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