Pastora Ndong tiene 39 años y está agotada. “Todos los meses voy arrastrando deudas y siempre tengo esa angustia”, dice esta madre de seis hijos, de seis a 23 años, el pequeño de ellos con autismo y grandes necesidades de apoyo. Procede de Guinea Ecuatorial y vive en España desde hace 21 años. Cinco hijos viven con ella y dependen exclusivamente de sus ingresos. Esa angustia de saber que el alquiler se lleva casi el 60% de su presupuesto, de ir contando euro a euro, de pasarse el día corriendo para llegar a todo y sentir, sin embargo, que no llega a casi nada, amainó un poco el pasado agosto, cuando la despidieron de su trabajo y comenzó a cobrar el paro. Ahí hasta respiró, quién se lo iba a decir. Por primera vez tiene tiempo para cuidar. Aunque sigue haciendo encaje de bolillos para que haya comida en la nevera.
Tener hijos multiplica el riesgo de caer en la pobreza, que se dispara en familias monoparentales, migrantes y numerosas: “Voy arrastrando deudas y siempre tengo esa angustia”
Pastora Ndong tiene 39 años y está agotada. “Todos los meses voy arrastrando deudas y siempre tengo esa angustia”, dice esta madre de seis hijos, de seis a 23 años, el pequeño de ellos con autismo y grandes necesidades de apoyo. Procede de Guinea Ecuatorial y vive en España desde hace 21 años. Cinco hijos viven con ella y dependen exclusivamente de sus ingresos. Esa angustia de saber que el alquiler se lleva casi el 60% de su presupuesto, de ir contando euro a euro, de pasarse el día corriendo para llegar a todo y sentir, sin embargo, que no llega a casi nada, amainó un poco el pasado agosto, cuando la despidieron de su trabajo y comenzó a cobrar el paro. Ahí hasta respiró, quién se lo iba a decir. Por primera vez tiene tiempo para cuidar. Aunque sigue haciendo encaje de bolillos para que haya comida en la nevera.
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