
La historia de la música occidental nos ha regalado momentos históricos en los que una extraña confluencia de talento humano y circunstancias externas propicias se tradujeron en un fogonazo de esplendor o en la llegada de cambios sustanciales que inauguraron una nueva época: sucedió en París a partir de mediados del siglo XII en torno a la catedral de Notre Dame de París, que vio nacer las primeras composiciones polifónicas; o en la Venecia de la primera mitad del siglo XVII, donde se pusieron los cimientos de la ópera como forma artística y como entretenimiento público; o en la Viena de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, en la que la tríada integrada por Haydn, Mozart y Beethoven conformó los principales géneros y llevó a su cenit el estilo clásico; o en el Darmstadt de la segunda posguerra mundial, desde donde un grupo de vanguardistas irredentos procedentes de varios países llevaron hasta el límite su afán experimentador y su celo destructor del viejo orden establecido; o, volviendo atrás, en el territorio de los actuales noreste de Francia y el Flandes belga, donde aquella primitiva polifonía de Notre Dame llegó a alcanzar en los siglos XV y XVI un nivel de complejidad y refinamiento técnico y expresivo insuperados gracias a una serie de compositores franco-flamencos que tuvieron por príncipe y por faro a Josquin des Prez.





El festival Laus Polyphoniae de la ciudad belga, centrado este año en la música europea en torno a 1600, se inaugura con el ‘Officium Defunctorum’ de Tomás Luis de Victoria 
La historia de la música occidental nos ha regalado momentos históricos en los que una extraña confluencia de talento humano y circunstancias externas propicias se tradujeron en un fogonazo de esplendor o en la llegada de cambios sustanciales que inauguraron una nueva época: sucedió en París a partir de mediados del siglo XII en torno a la catedral de Notre Dame de París, que vio nacer las primeras composiciones polifónicas; o en la Venecia de la primera mitad del siglo XVII, donde se pusieron los cimientos de la ópera como forma artística y como entretenimiento público; o en la Viena de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, en la que la tríada integrada por Haydn, Mozart y Beethoven conformó los principales géneros y llevó a su cenit el estilo clásico; o en el Darmstadt de la segunda posguerra mundial, desde donde un grupo de vanguardistas irredentos procedentes de varios países llevaron hasta el límite su afán experimentador y su celo destructor del viejo orden establecido; o, volviendo atrás, en el territorio de los actuales noreste de Francia y el Flandes belga, donde aquella primitiva polifonía de Notre Dame llegó a alcanzar en los siglos XV y XVI un nivel de complejidad y refinamiento técnico y expresivo insuperados gracias a una serie de compositores franco-flamencos que tuvieron por príncipe y por faro a Josquin des Prez.





Feed MRSS-S Noticias
