<p>En <strong>la siempre calculada genialidad de Rosalía</strong>, la improvisación es un elemento que no tiende a encontrar su espacio. No la hay en los movimientos de las trabajadísimas coreografías que la catalana ejecuta con absoluta precisión ya desde su anterior gira. No lo hay, por supuesto, en los vocales con unos arreglos precisos al tono que corresponde en cada uno de los cuatro actos que componen su ópera remodernizada. Y, aún menos, la hay en la planificación. Que el <strong>Lux Tour</strong>, cuya estética transita por todos los estados de lo religioso, haga <strong>aparición en España en plena Semana Santa no solo no es casualidad </strong>sino que es una pieza más en el engranaje de todo lo que supone este proyecto.</p>
«Estoy muy feliz de estar en Madrid. La semana pasada estaba un poco delicadilla, pero ya estoy mucho mejor. Me encanta haber vuelto, quiero mucho a esta ciudad», dijo Rosalía, que ofreció un concierto imponente
<p>En <strong>la siempre calculada genialidad de Rosalía</strong>, la improvisación es un elemento que no tiende a encontrar su espacio. No la hay en los movimientos de las trabajadísimas coreografías que la catalana ejecuta con absoluta precisión ya desde su anterior gira. No lo hay, por supuesto, en los vocales con unos arreglos precisos al tono que corresponde en cada uno de los cuatro actos que componen su ópera remodernizada. Y, aún menos, la hay en la planificación. Que el <strong>Lux Tour</strong>, cuya estética transita por todos los estados de lo religioso, haga <strong>aparición en España en plena Semana Santa no solo no es casualidad </strong>sino que es una pieza más en el engranaje de todo lo que supone este proyecto.</p>
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