El 18 de julio Nadia Chávez dio a luz a dos niñas gemelas. Coincidió con un sábado de sol inmisericorde. Entonces los termómetros ya lo vaticinaban: el mes acabaría convirtiéndose en el más cálido de la serie histórica en España. Las altas temperaturas acaparaban los diálogos obligados y en las redacciones se convertían en materia de crónica. Aún pesaba, eso sí, el incendio forestal de Los Gallardos , declarado hacía diez días en la provincia de Almería y que causó 13 víctimas mortales. En Madrid, los periódicos se hacían eco de la noticia con los dedos cruzados, esperando no tener que escribir algo así nunca sobre la región que habitan. Pero el 23 de julio, el fuego llamó a la movilización. A primera hora de la tarde de aquel jueves, un vehículo comenzó a arder en el arcén de la carretera M-501, en San Martín de Valdeiglesias. Lo que comenzó con unas chispas acabó calcinando 26.860 hectáreas, forzando la salida de doce municipios y el confinamiento de otros cuatro. Asimismo, más de 56.500 personas tuvieron que abandonar sus casas o permanecer bajo orden de confinamiento y 154 viviendas resultaron afectadas, 76 de ellas con daños estructurales o en estado de ruina. Chávez fue una de las damnificadas por los incendios de la Sierra Oeste de la Comunidad de Madrid, con la singularidad de que apenas unos días antes acababa de regresar a su casa, en Navas del Rey, tras dar a luz a dos niñas gemelas. «Nos desalojaron por humo, pero ya veíamos el resplandor naranja en el horizonte», cuenta desde el centro de salud de San Martín de Valdeiglesias, junto a las recién nacidas. El fuego la obligó a desalojar su casa apenas unos días después de regresar con las dos bebés, aunque su preocupación no se limitaba a ellas: tenía otras cuatro hijas, de entre cuatro y once años, a su cargo. «Les dije a las mayores que preparasen una mochila con lo imprescindible y un par de mudas de ropa. Nos llevamos muy pocas cosas convencidos de que regresaríamos pronto», explica. En su caso, permanecieron tres días en un hotel en Brunete para después refugiarse en una oficina de su padre en Villaviciosa de Odón.A la incertidumbre por el desalojo se sumó una dificultad añadida: mantener la lactancia con dos recién nacidas en medio de una situación de emergencia. Chávez, que lleva alrededor de diez años amamantando a sus hijas, percibió desde el primer momento que el estrés de aquellos días estaba afectando a la lactancia. «No producía la misma cantidad. De hecho, comencé a generar más leche una vez regresamos a casa», explica. A esta dificultad se sumó que una de las gemelas no conseguía realizar un buen agarre al pecho, por lo que tuvieron que recurrir temporalmente al biberón y al sacaleches hasta recuperar la normalidad.Presente en la conversación se encuentra Julia Viñuela, la única matrona que atiende desde hace cuarenta años a las mujeres de San Martín de Valdeiglesias, Colmenar del Arroyo, Chapinería, Pelayos de la Presa y Navas del Rey. Explica que en una situación así, la prioridad es coger ropa, pañales, un carrito y, si fuera necesario, una cuna plegable. «Y salir deprisa, porque lo prioritario es salvar vidas», resume. Recalca que la situación de la comarca complicó el acceso a la atención sanitaria habitual: con los centros de salud cerrados, la asistencia médica quedó concentrada en un puesto de la Unidad Militar de Emergencias (UME), con médicos y enfermeros.Nadia Chávez junto a su matrona Julia Viñuela en el centro de salud de San Martín de Valdeiglesias Ignacio GilDurante aquella semana, Viñuela quedó como única matrona disponible para las mujeres embarazadas y recién paridas de toda la zona. Su compañera de Cadalso de los Vidrios y Villa del Prado se encontraba de vacaciones, por lo que ella asumió la atención de gran parte de la Sierra Oeste. Había regresado de vacaciones el día 20. Cuatro días después, el fuego. «El 24 se desata la locura, nos envuelven las llamas y nos confinan sin saber por cuánto tiempo. Navas del Rey quedó inaccesible y tampoco podía desplazarme hacia la zona de Cadalso. Fueron dos días muy angustiosos», reconoce. La situación comenzó a normalizarse cuando el miércoles, día 29, abrieron las carreteras y pudo volver a desplazarse. Hasta entonces, el teléfono se convirtió en su principal herramienta de trabajo. «He hecho más citas telefónicas estos días atrás que en toda mi vida», apunta. Entre sus pacientes había varias mujeres próximas a dar a luz. Viñuela calcula que durante aquellos días unas siete embarazadas de su zona alumbraron, «además de atender tres pospartos en Cadalso y numerosos en Villa del Prado y Aldea del Fresno».La principal preocupación de las embarazadas era qué ocurriría si alguna se ponía de parto con las carreteras cortadas. A las mujeres que pudo localizar, especialmente a las que estaban ya de 38 semanas, les trasladó un mensaje de tranquilidad: «El puesto de la UME en San Martín de Valdeiglesias está preparado para cualquier eventualidad. En caso de emergencia podéis llamar al 112 y os evacuarán y escoltarán con los medios disponibles«. »A Dios gracias ningún parto tuvo que ser atendido en estas circunstancias. Pareciera que cualquier madre hubiera tenido un ángel de la guarda encima y la hubiera protegido hasta llegar al hospital«, señala. Lactancia en situaciones de estrésEn el caso de Chávez, la atención telefónica permitió mantener el contacto con su matrona durante aquellos días. De vuelta en Navas del Rey, pudo retomar poco a poco la rutina y la lactancia. Su experiencia también refleja uno de los problemas más habituales de las madres que amamantan. En su caso, el principal reto con las gemelas ha sido conseguir que se enganchen correctamente.Susana Martín, directora asistencial enfermera de la Dirección Asistencial Oeste, indica que las dudas más habituales son variadas: dificultades para el enganche, problemas digestivos o la vuelta al trabajo. Cada madre necesita resolver sus propias dificultades con el apoyo de la matrona, la enfermera y el pediatra. La atención primaria, explica, trabaja la lactancia durante la preparación al parto y continúa después del nacimiento con una consulta precoz, normalmente entre las 48 y 72 horas posteriores al alta. A ello se suman los grupos de lactancia materna y el programa del niño sano, con revisiones periódicas hasta los 14 años. «En grupo, las familias comparten situaciones similares y crear así redes de apoyo», explica. Cabe recalcar que la Comunidad de Madrid ha organizado a lo largo del primer semestre de este año cerca de 1.300 actividades educativas dirigidas a gestantes y madres sobre los beneficios de la lactancia. De estos talleres, 164 se han centrado específicamente en el aprendizaje del amamantamiento; 183, en el postparto y la crianza, en las que las madres acuden con sus hijos, y 946 en la preparación al alumbramiento. El 18 de julio Nadia Chávez dio a luz a dos niñas gemelas. Coincidió con un sábado de sol inmisericorde. Entonces los termómetros ya lo vaticinaban: el mes acabaría convirtiéndose en el más cálido de la serie histórica en España. Las altas temperaturas acaparaban los diálogos obligados y en las redacciones se convertían en materia de crónica. Aún pesaba, eso sí, el incendio forestal de Los Gallardos , declarado hacía diez días en la provincia de Almería y que causó 13 víctimas mortales. En Madrid, los periódicos se hacían eco de la noticia con los dedos cruzados, esperando no tener que escribir algo así nunca sobre la región que habitan. Pero el 23 de julio, el fuego llamó a la movilización. A primera hora de la tarde de aquel jueves, un vehículo comenzó a arder en el arcén de la carretera M-501, en San Martín de Valdeiglesias. Lo que comenzó con unas chispas acabó calcinando 26.860 hectáreas, forzando la salida de doce municipios y el confinamiento de otros cuatro. Asimismo, más de 56.500 personas tuvieron que abandonar sus casas o permanecer bajo orden de confinamiento y 154 viviendas resultaron afectadas, 76 de ellas con daños estructurales o en estado de ruina. Chávez fue una de las damnificadas por los incendios de la Sierra Oeste de la Comunidad de Madrid, con la singularidad de que apenas unos días antes acababa de regresar a su casa, en Navas del Rey, tras dar a luz a dos niñas gemelas. «Nos desalojaron por humo, pero ya veíamos el resplandor naranja en el horizonte», cuenta desde el centro de salud de San Martín de Valdeiglesias, junto a las recién nacidas. El fuego la obligó a desalojar su casa apenas unos días después de regresar con las dos bebés, aunque su preocupación no se limitaba a ellas: tenía otras cuatro hijas, de entre cuatro y once años, a su cargo. «Les dije a las mayores que preparasen una mochila con lo imprescindible y un par de mudas de ropa. Nos llevamos muy pocas cosas convencidos de que regresaríamos pronto», explica. En su caso, permanecieron tres días en un hotel en Brunete para después refugiarse en una oficina de su padre en Villaviciosa de Odón.A la incertidumbre por el desalojo se sumó una dificultad añadida: mantener la lactancia con dos recién nacidas en medio de una situación de emergencia. Chávez, que lleva alrededor de diez años amamantando a sus hijas, percibió desde el primer momento que el estrés de aquellos días estaba afectando a la lactancia. «No producía la misma cantidad. De hecho, comencé a generar más leche una vez regresamos a casa», explica. A esta dificultad se sumó que una de las gemelas no conseguía realizar un buen agarre al pecho, por lo que tuvieron que recurrir temporalmente al biberón y al sacaleches hasta recuperar la normalidad.Presente en la conversación se encuentra Julia Viñuela, la única matrona que atiende desde hace cuarenta años a las mujeres de San Martín de Valdeiglesias, Colmenar del Arroyo, Chapinería, Pelayos de la Presa y Navas del Rey. Explica que en una situación así, la prioridad es coger ropa, pañales, un carrito y, si fuera necesario, una cuna plegable. «Y salir deprisa, porque lo prioritario es salvar vidas», resume. Recalca que la situación de la comarca complicó el acceso a la atención sanitaria habitual: con los centros de salud cerrados, la asistencia médica quedó concentrada en un puesto de la Unidad Militar de Emergencias (UME), con médicos y enfermeros.Nadia Chávez junto a su matrona Julia Viñuela en el centro de salud de San Martín de Valdeiglesias Ignacio GilDurante aquella semana, Viñuela quedó como única matrona disponible para las mujeres embarazadas y recién paridas de toda la zona. Su compañera de Cadalso de los Vidrios y Villa del Prado se encontraba de vacaciones, por lo que ella asumió la atención de gran parte de la Sierra Oeste. Había regresado de vacaciones el día 20. Cuatro días después, el fuego. «El 24 se desata la locura, nos envuelven las llamas y nos confinan sin saber por cuánto tiempo. Navas del Rey quedó inaccesible y tampoco podía desplazarme hacia la zona de Cadalso. Fueron dos días muy angustiosos», reconoce. La situación comenzó a normalizarse cuando el miércoles, día 29, abrieron las carreteras y pudo volver a desplazarse. Hasta entonces, el teléfono se convirtió en su principal herramienta de trabajo. «He hecho más citas telefónicas estos días atrás que en toda mi vida», apunta. Entre sus pacientes había varias mujeres próximas a dar a luz. Viñuela calcula que durante aquellos días unas siete embarazadas de su zona alumbraron, «además de atender tres pospartos en Cadalso y numerosos en Villa del Prado y Aldea del Fresno».La principal preocupación de las embarazadas era qué ocurriría si alguna se ponía de parto con las carreteras cortadas. A las mujeres que pudo localizar, especialmente a las que estaban ya de 38 semanas, les trasladó un mensaje de tranquilidad: «El puesto de la UME en San Martín de Valdeiglesias está preparado para cualquier eventualidad. En caso de emergencia podéis llamar al 112 y os evacuarán y escoltarán con los medios disponibles«. »A Dios gracias ningún parto tuvo que ser atendido en estas circunstancias. Pareciera que cualquier madre hubiera tenido un ángel de la guarda encima y la hubiera protegido hasta llegar al hospital«, señala. Lactancia en situaciones de estrésEn el caso de Chávez, la atención telefónica permitió mantener el contacto con su matrona durante aquellos días. De vuelta en Navas del Rey, pudo retomar poco a poco la rutina y la lactancia. Su experiencia también refleja uno de los problemas más habituales de las madres que amamantan. En su caso, el principal reto con las gemelas ha sido conseguir que se enganchen correctamente.Susana Martín, directora asistencial enfermera de la Dirección Asistencial Oeste, indica que las dudas más habituales son variadas: dificultades para el enganche, problemas digestivos o la vuelta al trabajo. Cada madre necesita resolver sus propias dificultades con el apoyo de la matrona, la enfermera y el pediatra. La atención primaria, explica, trabaja la lactancia durante la preparación al parto y continúa después del nacimiento con una consulta precoz, normalmente entre las 48 y 72 horas posteriores al alta. A ello se suman los grupos de lactancia materna y el programa del niño sano, con revisiones periódicas hasta los 14 años. «En grupo, las familias comparten situaciones similares y crear así redes de apoyo», explica. Cabe recalcar que la Comunidad de Madrid ha organizado a lo largo del primer semestre de este año cerca de 1.300 actividades educativas dirigidas a gestantes y madres sobre los beneficios de la lactancia. De estos talleres, 164 se han centrado específicamente en el aprendizaje del amamantamiento; 183, en el postparto y la crianza, en las que las madres acuden con sus hijos, y 946 en la preparación al alumbramiento. El 18 de julio Nadia Chávez dio a luz a dos niñas gemelas. Coincidió con un sábado de sol inmisericorde. Entonces los termómetros ya lo vaticinaban: el mes acabaría convirtiéndose en el más cálido de la serie histórica en España. Las altas temperaturas acaparaban los diálogos obligados y en las redacciones se convertían en materia de crónica. Aún pesaba, eso sí, el incendio forestal de Los Gallardos , declarado hacía diez días en la provincia de Almería y que causó 13 víctimas mortales. En Madrid, los periódicos se hacían eco de la noticia con los dedos cruzados, esperando no tener que escribir algo así nunca sobre la región que habitan. Pero el 23 de julio, el fuego llamó a la movilización. A primera hora de la tarde de aquel jueves, un vehículo comenzó a arder en el arcén de la carretera M-501, en San Martín de Valdeiglesias. Lo que comenzó con unas chispas acabó calcinando 26.860 hectáreas, forzando la salida de doce municipios y el confinamiento de otros cuatro. Asimismo, más de 56.500 personas tuvieron que abandonar sus casas o permanecer bajo orden de confinamiento y 154 viviendas resultaron afectadas, 76 de ellas con daños estructurales o en estado de ruina. Chávez fue una de las damnificadas por los incendios de la Sierra Oeste de la Comunidad de Madrid, con la singularidad de que apenas unos días antes acababa de regresar a su casa, en Navas del Rey, tras dar a luz a dos niñas gemelas. «Nos desalojaron por humo, pero ya veíamos el resplandor naranja en el horizonte», cuenta desde el centro de salud de San Martín de Valdeiglesias, junto a las recién nacidas. El fuego la obligó a desalojar su casa apenas unos días después de regresar con las dos bebés, aunque su preocupación no se limitaba a ellas: tenía otras cuatro hijas, de entre cuatro y once años, a su cargo. «Les dije a las mayores que preparasen una mochila con lo imprescindible y un par de mudas de ropa. Nos llevamos muy pocas cosas convencidos de que regresaríamos pronto», explica. En su caso, permanecieron tres días en un hotel en Brunete para después refugiarse en una oficina de su padre en Villaviciosa de Odón.A la incertidumbre por el desalojo se sumó una dificultad añadida: mantener la lactancia con dos recién nacidas en medio de una situación de emergencia. Chávez, que lleva alrededor de diez años amamantando a sus hijas, percibió desde el primer momento que el estrés de aquellos días estaba afectando a la lactancia. «No producía la misma cantidad. De hecho, comencé a generar más leche una vez regresamos a casa», explica. A esta dificultad se sumó que una de las gemelas no conseguía realizar un buen agarre al pecho, por lo que tuvieron que recurrir temporalmente al biberón y al sacaleches hasta recuperar la normalidad.Presente en la conversación se encuentra Julia Viñuela, la única matrona que atiende desde hace cuarenta años a las mujeres de San Martín de Valdeiglesias, Colmenar del Arroyo, Chapinería, Pelayos de la Presa y Navas del Rey. Explica que en una situación así, la prioridad es coger ropa, pañales, un carrito y, si fuera necesario, una cuna plegable. «Y salir deprisa, porque lo prioritario es salvar vidas», resume. Recalca que la situación de la comarca complicó el acceso a la atención sanitaria habitual: con los centros de salud cerrados, la asistencia médica quedó concentrada en un puesto de la Unidad Militar de Emergencias (UME), con médicos y enfermeros.Nadia Chávez junto a su matrona Julia Viñuela en el centro de salud de San Martín de Valdeiglesias Ignacio GilDurante aquella semana, Viñuela quedó como única matrona disponible para las mujeres embarazadas y recién paridas de toda la zona. Su compañera de Cadalso de los Vidrios y Villa del Prado se encontraba de vacaciones, por lo que ella asumió la atención de gran parte de la Sierra Oeste. Había regresado de vacaciones el día 20. Cuatro días después, el fuego. «El 24 se desata la locura, nos envuelven las llamas y nos confinan sin saber por cuánto tiempo. Navas del Rey quedó inaccesible y tampoco podía desplazarme hacia la zona de Cadalso. Fueron dos días muy angustiosos», reconoce. La situación comenzó a normalizarse cuando el miércoles, día 29, abrieron las carreteras y pudo volver a desplazarse. Hasta entonces, el teléfono se convirtió en su principal herramienta de trabajo. «He hecho más citas telefónicas estos días atrás que en toda mi vida», apunta. Entre sus pacientes había varias mujeres próximas a dar a luz. Viñuela calcula que durante aquellos días unas siete embarazadas de su zona alumbraron, «además de atender tres pospartos en Cadalso y numerosos en Villa del Prado y Aldea del Fresno».La principal preocupación de las embarazadas era qué ocurriría si alguna se ponía de parto con las carreteras cortadas. A las mujeres que pudo localizar, especialmente a las que estaban ya de 38 semanas, les trasladó un mensaje de tranquilidad: «El puesto de la UME en San Martín de Valdeiglesias está preparado para cualquier eventualidad. En caso de emergencia podéis llamar al 112 y os evacuarán y escoltarán con los medios disponibles«. »A Dios gracias ningún parto tuvo que ser atendido en estas circunstancias. Pareciera que cualquier madre hubiera tenido un ángel de la guarda encima y la hubiera protegido hasta llegar al hospital«, señala. Lactancia en situaciones de estrésEn el caso de Chávez, la atención telefónica permitió mantener el contacto con su matrona durante aquellos días. De vuelta en Navas del Rey, pudo retomar poco a poco la rutina y la lactancia. Su experiencia también refleja uno de los problemas más habituales de las madres que amamantan. En su caso, el principal reto con las gemelas ha sido conseguir que se enganchen correctamente.Susana Martín, directora asistencial enfermera de la Dirección Asistencial Oeste, indica que las dudas más habituales son variadas: dificultades para el enganche, problemas digestivos o la vuelta al trabajo. Cada madre necesita resolver sus propias dificultades con el apoyo de la matrona, la enfermera y el pediatra. La atención primaria, explica, trabaja la lactancia durante la preparación al parto y continúa después del nacimiento con una consulta precoz, normalmente entre las 48 y 72 horas posteriores al alta. A ello se suman los grupos de lactancia materna y el programa del niño sano, con revisiones periódicas hasta los 14 años. «En grupo, las familias comparten situaciones similares y crear así redes de apoyo», explica. Cabe recalcar que la Comunidad de Madrid ha organizado a lo largo del primer semestre de este año cerca de 1.300 actividades educativas dirigidas a gestantes y madres sobre los beneficios de la lactancia. De estos talleres, 164 se han centrado específicamente en el aprendizaje del amamantamiento; 183, en el postparto y la crianza, en las que las madres acuden con sus hijos, y 946 en la preparación al alumbramiento. RSS de noticias de espana
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