No conoció la corrupción del sepulcro. Su cuerpo y su alma se elevan en la bella tarde del 15 de agosto , día de mantillas blancas para acompañar a la que no tuvo mancha, solo gracias. En su joven rostro se ha borrado todo signo de llanto y sufrimiento, solo hay placidez con una leve sonrisa. El momento en el que todo el que puede escoge estar en este lugar a su lado a esta misma hora llega pronto, cuando el calor todavía ni piensa en retirarse. Son las ocho de la tarde ante la impoluta fachada de la parroquia de San Basilio y no se sabe cómo en la ciudad aparentemente desierta todo el que desea estar aquí ha abandonado su refugio, ya sea un chalet, un piso o un hotel, y ha ido dirigiendo sus pasos para llegar a este punto. Ha venido en coche o andando porque la llamada de la tradición para cumplir con el rito es más fuerte que todos los tipos de pereza juntos.Momento de volver por unos instantes a la infancia o a la juventud para unos y rabioso presente como niños para otros, la procesión de Nuestra Señora del Tránsito asentada en la base de los siglos siempre ofrece belleza, es un claro canto a la perfección de María. El radiante dorado de la urna y los respiraderos, la considerable altura del paso son el marco donde se acuna y mece a la Madre del Salvador, que aguarda dormida ajena a la música y a todo el movimiento que hay a su alrededor. El blanco está en las varas de nardos que perfuman constantemente a Nuestra Señora del Tránsito y, si la música pudiera pintarse de un color, las marchas alegres en este hermoso camino hacia la Catedral que le ofrece la banda de música Tubamirum, de Cañete de las Torres , también rebosaría un tono de claridad y luz. Las obras ‘Mi Esperanza’ y ‘Triana’ son las iniciales a la salida y en la calle de Enmedio. En este punto una nube pasajera deja caer unas pocas gotas de lluvia , escasos minutos en los que el paso ha permanecido bajo el arco de Caballerizas Reales. A las 20.23 horas se ha proseguido con el júbilo de ‘Triana de Esperanza’. Mucho más adelante no faltan ‘Tránsito, flor de nácar’ y el Himno del Tránsito.Blanco el mullido almohadón donde reposa la cabeza poblada de cabello oscuro que enmarca el pálido rostro de mejillas rosadas, las manos unidas rodeadas por varios rosarios hacen única a esta imagen atribuida al círculo del artista cordobés Alonso Gómez de Sandoval. La corona sobre la mantilla de tul y el terno marfil bordado en oro fino recuerdan su condición de Reina. Todo creyente al cruzarse con Ella durante la procesión no puede sino rezarle por tantas y tantas causas, las particulares y las generales de un mundo en constante convulsión, ausente de la calma que Ella sí emana. Son sus manos un asidero al que acogerse cuando la tierra tiembla y el emigrante sueña una vida mejor.El camino, pleno de belleza en cada uno de los rincones, deja este año la insólita imagen del Triunfo de San Rafael andamiado , y lleva al cortejo casi sin que nadie se dé cuenta ante la Puerta de Santa Catalina. Poco después ya pisa el Patio de los Naranjos. Este entorno y todos los que allí se reúnen la abrazan porque cada procesión en este lugar adquiere la dimensión eterna de ser única y efímera, tan parecida y tan distinta a la de cada 15 de agosto. Mucho tiempo ha pasado desde que se forjó su devoción, pero continúa adaptada al paso de los días como una de las salidas de gloria insustituibles.Blancas lucen las casas del barrio en que la Virgen descansa todo el año, que ya intuyen por el murmullo y la música lejana que el regreso al barrio de la Virgen de Acá, pasadas unas pocas horas, está cercano, siempre con un toque más íntimo que la ida. Es una multitud la que acude por la noche con el afán de alargar lo más posible esta jornada porque la luz va decayendo y las estrellas quieren asomarse para hacer brillar a la Virgen del Tránsito. No conoció la corrupción del sepulcro. Su cuerpo y su alma se elevan en la bella tarde del 15 de agosto , día de mantillas blancas para acompañar a la que no tuvo mancha, solo gracias. En su joven rostro se ha borrado todo signo de llanto y sufrimiento, solo hay placidez con una leve sonrisa. El momento en el que todo el que puede escoge estar en este lugar a su lado a esta misma hora llega pronto, cuando el calor todavía ni piensa en retirarse. Son las ocho de la tarde ante la impoluta fachada de la parroquia de San Basilio y no se sabe cómo en la ciudad aparentemente desierta todo el que desea estar aquí ha abandonado su refugio, ya sea un chalet, un piso o un hotel, y ha ido dirigiendo sus pasos para llegar a este punto. Ha venido en coche o andando porque la llamada de la tradición para cumplir con el rito es más fuerte que todos los tipos de pereza juntos.Momento de volver por unos instantes a la infancia o a la juventud para unos y rabioso presente como niños para otros, la procesión de Nuestra Señora del Tránsito asentada en la base de los siglos siempre ofrece belleza, es un claro canto a la perfección de María. El radiante dorado de la urna y los respiraderos, la considerable altura del paso son el marco donde se acuna y mece a la Madre del Salvador, que aguarda dormida ajena a la música y a todo el movimiento que hay a su alrededor. El blanco está en las varas de nardos que perfuman constantemente a Nuestra Señora del Tránsito y, si la música pudiera pintarse de un color, las marchas alegres en este hermoso camino hacia la Catedral que le ofrece la banda de música Tubamirum, de Cañete de las Torres , también rebosaría un tono de claridad y luz. Las obras ‘Mi Esperanza’ y ‘Triana’ son las iniciales a la salida y en la calle de Enmedio. En este punto una nube pasajera deja caer unas pocas gotas de lluvia , escasos minutos en los que el paso ha permanecido bajo el arco de Caballerizas Reales. A las 20.23 horas se ha proseguido con el júbilo de ‘Triana de Esperanza’. Mucho más adelante no faltan ‘Tránsito, flor de nácar’ y el Himno del Tránsito.Blanco el mullido almohadón donde reposa la cabeza poblada de cabello oscuro que enmarca el pálido rostro de mejillas rosadas, las manos unidas rodeadas por varios rosarios hacen única a esta imagen atribuida al círculo del artista cordobés Alonso Gómez de Sandoval. La corona sobre la mantilla de tul y el terno marfil bordado en oro fino recuerdan su condición de Reina. Todo creyente al cruzarse con Ella durante la procesión no puede sino rezarle por tantas y tantas causas, las particulares y las generales de un mundo en constante convulsión, ausente de la calma que Ella sí emana. Son sus manos un asidero al que acogerse cuando la tierra tiembla y el emigrante sueña una vida mejor.El camino, pleno de belleza en cada uno de los rincones, deja este año la insólita imagen del Triunfo de San Rafael andamiado , y lleva al cortejo casi sin que nadie se dé cuenta ante la Puerta de Santa Catalina. Poco después ya pisa el Patio de los Naranjos. Este entorno y todos los que allí se reúnen la abrazan porque cada procesión en este lugar adquiere la dimensión eterna de ser única y efímera, tan parecida y tan distinta a la de cada 15 de agosto. Mucho tiempo ha pasado desde que se forjó su devoción, pero continúa adaptada al paso de los días como una de las salidas de gloria insustituibles.Blancas lucen las casas del barrio en que la Virgen descansa todo el año, que ya intuyen por el murmullo y la música lejana que el regreso al barrio de la Virgen de Acá, pasadas unas pocas horas, está cercano, siempre con un toque más íntimo que la ida. Es una multitud la que acude por la noche con el afán de alargar lo más posible esta jornada porque la luz va decayendo y las estrellas quieren asomarse para hacer brillar a la Virgen del Tránsito. No conoció la corrupción del sepulcro. Su cuerpo y su alma se elevan en la bella tarde del 15 de agosto , día de mantillas blancas para acompañar a la que no tuvo mancha, solo gracias. En su joven rostro se ha borrado todo signo de llanto y sufrimiento, solo hay placidez con una leve sonrisa. El momento en el que todo el que puede escoge estar en este lugar a su lado a esta misma hora llega pronto, cuando el calor todavía ni piensa en retirarse. Son las ocho de la tarde ante la impoluta fachada de la parroquia de San Basilio y no se sabe cómo en la ciudad aparentemente desierta todo el que desea estar aquí ha abandonado su refugio, ya sea un chalet, un piso o un hotel, y ha ido dirigiendo sus pasos para llegar a este punto. Ha venido en coche o andando porque la llamada de la tradición para cumplir con el rito es más fuerte que todos los tipos de pereza juntos.Momento de volver por unos instantes a la infancia o a la juventud para unos y rabioso presente como niños para otros, la procesión de Nuestra Señora del Tránsito asentada en la base de los siglos siempre ofrece belleza, es un claro canto a la perfección de María. El radiante dorado de la urna y los respiraderos, la considerable altura del paso son el marco donde se acuna y mece a la Madre del Salvador, que aguarda dormida ajena a la música y a todo el movimiento que hay a su alrededor. El blanco está en las varas de nardos que perfuman constantemente a Nuestra Señora del Tránsito y, si la música pudiera pintarse de un color, las marchas alegres en este hermoso camino hacia la Catedral que le ofrece la banda de música Tubamirum, de Cañete de las Torres , también rebosaría un tono de claridad y luz. Las obras ‘Mi Esperanza’ y ‘Triana’ son las iniciales a la salida y en la calle de Enmedio. En este punto una nube pasajera deja caer unas pocas gotas de lluvia , escasos minutos en los que el paso ha permanecido bajo el arco de Caballerizas Reales. A las 20.23 horas se ha proseguido con el júbilo de ‘Triana de Esperanza’. Mucho más adelante no faltan ‘Tránsito, flor de nácar’ y el Himno del Tránsito.Blanco el mullido almohadón donde reposa la cabeza poblada de cabello oscuro que enmarca el pálido rostro de mejillas rosadas, las manos unidas rodeadas por varios rosarios hacen única a esta imagen atribuida al círculo del artista cordobés Alonso Gómez de Sandoval. La corona sobre la mantilla de tul y el terno marfil bordado en oro fino recuerdan su condición de Reina. Todo creyente al cruzarse con Ella durante la procesión no puede sino rezarle por tantas y tantas causas, las particulares y las generales de un mundo en constante convulsión, ausente de la calma que Ella sí emana. Son sus manos un asidero al que acogerse cuando la tierra tiembla y el emigrante sueña una vida mejor.El camino, pleno de belleza en cada uno de los rincones, deja este año la insólita imagen del Triunfo de San Rafael andamiado , y lleva al cortejo casi sin que nadie se dé cuenta ante la Puerta de Santa Catalina. Poco después ya pisa el Patio de los Naranjos. Este entorno y todos los que allí se reúnen la abrazan porque cada procesión en este lugar adquiere la dimensión eterna de ser única y efímera, tan parecida y tan distinta a la de cada 15 de agosto. Mucho tiempo ha pasado desde que se forjó su devoción, pero continúa adaptada al paso de los días como una de las salidas de gloria insustituibles.Blancas lucen las casas del barrio en que la Virgen descansa todo el año, que ya intuyen por el murmullo y la música lejana que el regreso al barrio de la Virgen de Acá, pasadas unas pocas horas, está cercano, siempre con un toque más íntimo que la ida. Es una multitud la que acude por la noche con el afán de alargar lo más posible esta jornada porque la luz va decayendo y las estrellas quieren asomarse para hacer brillar a la Virgen del Tránsito. RSS de noticias de espana/andalucia
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