Durante años, la imagen permaneció en silencio, aparentemente intacta, mientras por dentro era consumida lentamente . Cuando llegó al taller sevillano del imaginero y restaurador Manuel Ángel Fernández Escobar, la Virgen con el Niño apenas conservaba su esencia: una fina piel de policromía y yeso sostenida sobre un interior prácticamente vacío.«Lo que quedaba era la policromía y el yeso, pero madera, muy poca», explica a ABC. El diagnóstico fue claro: un ataque de termitas, mucho más destructivo que la carcoma y, sobre todo, más difícil de detectar. A diferencia de esta última, que deja pequeños orificios visibles, la termita actúa desde el interior , evitando la luz, hasta dejar la pieza al borde del colapso.La escultura, procedente de Cardiel de los Montes (Toledo), había perdido ya parte de la espalda y el deterioro avanzaba hacia los laterales. «Si se llega a tardar un poco más, habría alcanzado el frontal y la imagen se habría perdido completamente », advierte el restaurador.Noticia relacionada No No La catedral de Toledo desvela sus tesoros ocultos Javier GuayerbasEl proceso comenzó con una fase imprescindible: la desinsectación en una cámara sin oxígeno para eliminar por completo la plaga. Tal y como hace unos meses se hizo con Nuestra Señora de la Esperanza Macarena de Sevilla . Solo entonces pudo evaluarse el alcance real de los daños. El interior de la talla estaba atravesado por galerías construidas por las termitas con serrín y excrementos, una red que había debilitado la estructura hasta extremos críticos.«Había zonas que eran como un hojaldre , capas finísimas de madera separadas por galerías», describe el experto formado en la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Madrid y en el taller del escultor e imaginero Antonio Joaquín Dubé de Luque (Sevilla, 1943-2019). La intervención ha requerido una limpieza minuciosa de todo ese entramado interno antes de iniciar la consolidación, un proceso destinado a devolver la cohesión a una madera prácticamente inexistente.Conservar el originalA partir de ahí, el trabajo se ha centrado en rellenar grietas profundas y reconstruir la estabilidad de la pieza. Todo ello con un objetivo claro: conservar al máximo el material original . «Estoy recolocando todas las piezas sueltas que han llegado al taller. La idea es mantener todo lo posible de la imagen», señala.La talla posee, además, un notable valor artístico e histórico. Fernández Escobar la sitúa entre el Renacimiento y el Barroco, probablemente del siglo XVI con intervenciones posteriores . Su estructura lo confirma, y es que está realizada a partir de un tronco ahuecado, una técnica propia de épocas antiguas, anterior al uso generalizado de ensamblajes con tablones.La restauración encara ahora su siguiente fase, que no es otra que la reintegración volumétrica de las partes perdidas, un paso clave para devolver a la imagen su presencia original sin alterar su esencia.El trabajo de Manuel Ángel Fernández no es ajeno a la provincia de Toledo, donde el imaginero cuenta con varias obras y restauraciones, como María Santísima de la Esperanza Nazarena , en Talavera de la Reina, una imagen de una dolorosa de candelero o de vestir que se bendijo en mayo de 2021. También ha intervenido en la Santa Mujer Verónica y en Nuestro Padre Jesús Nazareno. Tallas antiguas. Estas tres obras se encuentran en la parroquia de Santiago Apóstol.Su huella también está presente en Fuensalida, donde ha restaurado a Jesús Nazareno y donde se venera otra imagen de su autoría, La Borriquita .Mientras tanto, en su taller de Sevilla, la Virgen de Cardiel de los Montes comienza a recuperar lo que estuvo a punto de perder para siempre. Un proceso lento, casi invisible, que devuelve la vida a una obra que durante años estuvo condenada a desaparecer en silencio y desde dentro. Durante años, la imagen permaneció en silencio, aparentemente intacta, mientras por dentro era consumida lentamente . Cuando llegó al taller sevillano del imaginero y restaurador Manuel Ángel Fernández Escobar, la Virgen con el Niño apenas conservaba su esencia: una fina piel de policromía y yeso sostenida sobre un interior prácticamente vacío.«Lo que quedaba era la policromía y el yeso, pero madera, muy poca», explica a ABC. El diagnóstico fue claro: un ataque de termitas, mucho más destructivo que la carcoma y, sobre todo, más difícil de detectar. A diferencia de esta última, que deja pequeños orificios visibles, la termita actúa desde el interior , evitando la luz, hasta dejar la pieza al borde del colapso.La escultura, procedente de Cardiel de los Montes (Toledo), había perdido ya parte de la espalda y el deterioro avanzaba hacia los laterales. «Si se llega a tardar un poco más, habría alcanzado el frontal y la imagen se habría perdido completamente », advierte el restaurador.Noticia relacionada No No La catedral de Toledo desvela sus tesoros ocultos Javier GuayerbasEl proceso comenzó con una fase imprescindible: la desinsectación en una cámara sin oxígeno para eliminar por completo la plaga. Tal y como hace unos meses se hizo con Nuestra Señora de la Esperanza Macarena de Sevilla . Solo entonces pudo evaluarse el alcance real de los daños. El interior de la talla estaba atravesado por galerías construidas por las termitas con serrín y excrementos, una red que había debilitado la estructura hasta extremos críticos.«Había zonas que eran como un hojaldre , capas finísimas de madera separadas por galerías», describe el experto formado en la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Madrid y en el taller del escultor e imaginero Antonio Joaquín Dubé de Luque (Sevilla, 1943-2019). La intervención ha requerido una limpieza minuciosa de todo ese entramado interno antes de iniciar la consolidación, un proceso destinado a devolver la cohesión a una madera prácticamente inexistente.Conservar el originalA partir de ahí, el trabajo se ha centrado en rellenar grietas profundas y reconstruir la estabilidad de la pieza. Todo ello con un objetivo claro: conservar al máximo el material original . «Estoy recolocando todas las piezas sueltas que han llegado al taller. La idea es mantener todo lo posible de la imagen», señala.La talla posee, además, un notable valor artístico e histórico. Fernández Escobar la sitúa entre el Renacimiento y el Barroco, probablemente del siglo XVI con intervenciones posteriores . Su estructura lo confirma, y es que está realizada a partir de un tronco ahuecado, una técnica propia de épocas antiguas, anterior al uso generalizado de ensamblajes con tablones.La restauración encara ahora su siguiente fase, que no es otra que la reintegración volumétrica de las partes perdidas, un paso clave para devolver a la imagen su presencia original sin alterar su esencia.El trabajo de Manuel Ángel Fernández no es ajeno a la provincia de Toledo, donde el imaginero cuenta con varias obras y restauraciones, como María Santísima de la Esperanza Nazarena , en Talavera de la Reina, una imagen de una dolorosa de candelero o de vestir que se bendijo en mayo de 2021. También ha intervenido en la Santa Mujer Verónica y en Nuestro Padre Jesús Nazareno. Tallas antiguas. Estas tres obras se encuentran en la parroquia de Santiago Apóstol.Su huella también está presente en Fuensalida, donde ha restaurado a Jesús Nazareno y donde se venera otra imagen de su autoría, La Borriquita .Mientras tanto, en su taller de Sevilla, la Virgen de Cardiel de los Montes comienza a recuperar lo que estuvo a punto de perder para siempre. Un proceso lento, casi invisible, que devuelve la vida a una obra que durante años estuvo condenada a desaparecer en silencio y desde dentro. Durante años, la imagen permaneció en silencio, aparentemente intacta, mientras por dentro era consumida lentamente . Cuando llegó al taller sevillano del imaginero y restaurador Manuel Ángel Fernández Escobar, la Virgen con el Niño apenas conservaba su esencia: una fina piel de policromía y yeso sostenida sobre un interior prácticamente vacío.«Lo que quedaba era la policromía y el yeso, pero madera, muy poca», explica a ABC. El diagnóstico fue claro: un ataque de termitas, mucho más destructivo que la carcoma y, sobre todo, más difícil de detectar. A diferencia de esta última, que deja pequeños orificios visibles, la termita actúa desde el interior , evitando la luz, hasta dejar la pieza al borde del colapso.La escultura, procedente de Cardiel de los Montes (Toledo), había perdido ya parte de la espalda y el deterioro avanzaba hacia los laterales. «Si se llega a tardar un poco más, habría alcanzado el frontal y la imagen se habría perdido completamente », advierte el restaurador.Noticia relacionada No No La catedral de Toledo desvela sus tesoros ocultos Javier GuayerbasEl proceso comenzó con una fase imprescindible: la desinsectación en una cámara sin oxígeno para eliminar por completo la plaga. Tal y como hace unos meses se hizo con Nuestra Señora de la Esperanza Macarena de Sevilla . Solo entonces pudo evaluarse el alcance real de los daños. El interior de la talla estaba atravesado por galerías construidas por las termitas con serrín y excrementos, una red que había debilitado la estructura hasta extremos críticos.«Había zonas que eran como un hojaldre , capas finísimas de madera separadas por galerías», describe el experto formado en la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Madrid y en el taller del escultor e imaginero Antonio Joaquín Dubé de Luque (Sevilla, 1943-2019). La intervención ha requerido una limpieza minuciosa de todo ese entramado interno antes de iniciar la consolidación, un proceso destinado a devolver la cohesión a una madera prácticamente inexistente.Conservar el originalA partir de ahí, el trabajo se ha centrado en rellenar grietas profundas y reconstruir la estabilidad de la pieza. Todo ello con un objetivo claro: conservar al máximo el material original . «Estoy recolocando todas las piezas sueltas que han llegado al taller. La idea es mantener todo lo posible de la imagen», señala.La talla posee, además, un notable valor artístico e histórico. Fernández Escobar la sitúa entre el Renacimiento y el Barroco, probablemente del siglo XVI con intervenciones posteriores . Su estructura lo confirma, y es que está realizada a partir de un tronco ahuecado, una técnica propia de épocas antiguas, anterior al uso generalizado de ensamblajes con tablones.La restauración encara ahora su siguiente fase, que no es otra que la reintegración volumétrica de las partes perdidas, un paso clave para devolver a la imagen su presencia original sin alterar su esencia.El trabajo de Manuel Ángel Fernández no es ajeno a la provincia de Toledo, donde el imaginero cuenta con varias obras y restauraciones, como María Santísima de la Esperanza Nazarena , en Talavera de la Reina, una imagen de una dolorosa de candelero o de vestir que se bendijo en mayo de 2021. También ha intervenido en la Santa Mujer Verónica y en Nuestro Padre Jesús Nazareno. Tallas antiguas. Estas tres obras se encuentran en la parroquia de Santiago Apóstol.Su huella también está presente en Fuensalida, donde ha restaurado a Jesús Nazareno y donde se venera otra imagen de su autoría, La Borriquita .Mientras tanto, en su taller de Sevilla, la Virgen de Cardiel de los Montes comienza a recuperar lo que estuvo a punto de perder para siempre. Un proceso lento, casi invisible, que devuelve la vida a una obra que durante años estuvo condenada a desaparecer en silencio y desde dentro. RSS de noticias de espana
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