<p>Laponia es una región del norte de Europa que, a decir de la wikipedia, ocupa una parte de Noruega, otra de Suecia, otra de Finlandia y hasta un trozo de Rusia. Pero lo esencial a retener es que en Laponia hace frío. No todo el año, pero como si sí. Además, más datos irrelevantes, allí las casas son de madera y allí, en un lugar remoto de su geografía, viven Papa Noel, sus duendes y unos cuantos renos de nariz roja y brillante. <strong>No todo lo anterior es cierto, pero, quizá por pereza, o por conveniencia, o por, quién sabe, hacer feliz a alguien que queremos mucho nos lo creemos o hacemos que los demás se lo crean.</strong> Y así, en efecto, es cómo surgen las mentiras y cómo las mentiras se hacen fuertes en nuestra complacencia, nuestra ignorancia, nuestra comodidad o simplemente nuestro interés. Decía el filósofo que lo peor de una mentira no es la falsedad en sí de su enunciado, sino la certeza de que jamás volveremos a creer a su autor. Y así.</p>
David Serrano lleva a la pantalla la inofensiva obra de teatro homónima firmada por Marc Angelet y Cristina Clemente de manera tan esforzada como pulcra
<p>Laponia es una región del norte de Europa que, a decir de la wikipedia, ocupa una parte de Noruega, otra de Suecia, otra de Finlandia y hasta un trozo de Rusia. Pero lo esencial a retener es que en Laponia hace frío. No todo el año, pero como si sí. Además, más datos irrelevantes, allí las casas son de madera y allí, en un lugar remoto de su geografía, viven Papa Noel, sus duendes y unos cuantos renos de nariz roja y brillante. <strong>No todo lo anterior es cierto, pero, quizá por pereza, o por conveniencia, o por, quién sabe, hacer feliz a alguien que queremos mucho nos lo creemos o hacemos que los demás se lo crean.</strong> Y así, en efecto, es cómo surgen las mentiras y cómo las mentiras se hacen fuertes en nuestra complacencia, nuestra ignorancia, nuestra comodidad o simplemente nuestro interés. Decía el filósofo que lo peor de una mentira no es la falsedad en sí de su enunciado, sino la certeza de que jamás volveremos a creer a su autor. Y así.</p>
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