Después de un julio de sobresaltos, que se despidió con los inversores tratando de descifrar las verdaderas intenciones de la Reserva Federal, los mercados se adentran en agosto, un mes en el que la escasa negociación y un flujo informativo más liviano suelen allanar el terreno para que la volatilidad campe a sus anchas. Aunque los focos de riesgo se multiplican, la abundante liquidez ha permitido hasta ahora a las Bolsas sortear con holgura las embestidas. La próxima semana, los resultados empresariales y referencias macroeconómicas de gran calado, como el dato de empleo de EE UU, permitirán medir la resistencia de la economía y volverán a poner a prueba la paciencia de los inversores. Todo ello con la vista puesta en Oriente Próximo y en la evolución de los precios del crudo, que desde finales de febrero se han consolidado como el principal termómetro geopolítico para los mercados.
La tensión en Oriente Próximo, las expectativas sobre los tipos de interés y los resultados empresariales marcarán una semana clave para calibrar la resistencia de los inversores
Después de un julio de sobresaltos, que se despidió con los inversores tratando de descifrar las verdaderas intenciones de la Reserva Federal, los mercados se adentran en agosto, un mes en el que la escasa negociación y un flujo informativo más liviano suelen allanar el terreno para que la volatilidad campe a sus anchas. Aunque los focos de riesgo se multiplican, la abundante liquidez ha permitido hasta ahora a las Bolsas sortear con holgura las embestidas. La próxima semana, los resultados empresariales y referencias macroeconómicas de gran calado, como el dato de empleo de EE UU, permitirán medir la resistencia de la economía y volverán a poner a prueba la paciencia de los inversores. Todo ello con la vista puesta en Oriente Próximo y en la evolución de los precios del crudo, que desde finales de febrero se han consolidado como el principal termómetro geopolítico para los mercados.
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