JAÉN.- Con motivo de la celebración de la Fiesta de la Catedral —conmemorada cada 10 de marzo—, el Archivo Histórico Provincial de Jaén abre sus puertas a una exposición singular que interroga los cimientos mismos de uno de los monumentos más esplendorosos del Renacimiento español. «Las canteras de la Catedral» trasciende la mera contemplación de la arquitectura para internarse en los secretos de su materialización: la cantera es la madre del templo, y descubrir sus historias es desentrañar los hilos invisibles de una empresa monumental.
La fecha de celebración, el 10 de marzo, no es caprichosa. Precisamente aquel día de 1553, se contrató a Andrés de Vandelvira, el maestro de cantería que trazó los planos y encauzó la visión arquitectónica. Ochenta y un años después, el 10 de marzo de 1634, se formalizó la contratación de Juan de Aranda Salazar, quien proporcionó el impulso definitivo a una construcción que parecía avanzar con la parsimonia del tiempo geológico. Aranda Salazar heredó una catedral naciente; con su dirección, la catedral adquirió velocidad, propósito y forma.
La presente exposición, que permanecerá abierta al público hasta el 31 de mayo de 2026, revela la magnitud de un proceso que la mirada contemporánea tiende a pasar por alto. Construir una catedral en el siglo XVI no era obra de magos ni de arquitectos solitarios, sino de una «orquesta» coordinada de maestros canteros, peones, carreteros, escribanos y comerciantes. Los documentos del Archivo —conservados en los protocolos notariales y escrituras de la época— cuentan historias de logística, de negociación, de fracasos y triunfos cotidianos.
«La Catedral no surgió de la pluma del genio, sino del sudor de cientos de manos trabajando en armonía»
Las canteras del Mercadillo, ubicadas en las sierras que rodean Pegalajar y Cambil, fueron las principales proveedoras de sillería. Pero la red de abastecimiento era vastamente más amplia. De Carchelejo también llegaba piedra de calidad. En el propio término de Jaén capital —en los parajes de Capuchinos, Jabalcuz y Fuente del Peral—, se extraían materiales. Más lejos, Guadix y Luque contribuían con sus piedras características. Y cuando la demanda alcanzaba su cenit, los maestros recurría a las célebres canteras de los Filabres, en las proximidades de Macael, depósitos geológicos de fama secular.
Pero la piedra era apenas el componente principal de un complejo alquímico. Los documentos del Archivo revelan transacciones de arena, cal y yeso, minerales igualmente esenciales para morteros, enlucidos y acabados. Cada material emanaba de canteras específicas, cada transporte demandaba negociación, cada entrega exigía verificación ante escribanos. Los carros de bueyes transitaban lentamente por los caminos de tierra, transportando bloques de varias toneladas rumbo a la Plaza de Santa María, donde se depositaban temporalmente antes de ser trabajados, alzados con complejos sistemas de poleas y grúas, instalados en sus ubicaciones definitivas.
La exposición ha contado con la colaboración de la Diócesis de Jaén y el Cabildo Catedralicio, cuyo Deán, Francisco Juan Martínez Rojas, presidió la inauguración. Mención especial merece la participación de Manuel Titos, antiguo profesor de Cantería en la Escuela de Arte José Nogué, quien ha cedido generosamente herramientas históricas y material pedagógico que enriquece la experiencia expositiva. Gracias a estas contribuciones, el visitante no solo contempla documentos y planos, sino que accede a la dimensión táctil, instrumental, del oficio que construyó la Catedral.
En nuestro tiempo, acostumbrado a cálculos de productividad y proyecciones digitales, es fácil olvidar que las grandes obras humanas florecen sobre fundamentaciones de paciencia colectiva, sabiduría transmitida de maestro a aprendiz, y una fe inquebrantable en que la empresa, aunque tardía, será perpetua. La Catedral de Jaén existe porque cientos de vidas, algunas cuyos nombres se perdieron para siempre, trabajaron con precisión y dedicación. «Las canteras de la Catedral» es un homenaje a esa red silenciosa de excelencia.

JAÉN.- Con motivo de la celebración de la Fiesta de la Catedral —conmemorada cada 10 de marzo—, el Archivo Histórico Provincial de Jaén abre sus puertas a una exposición singular que interroga los cimientos mismos de uno de los monumentos más esplendorosos del Renacimiento español. «Las canteras de la Catedral» trasciende la mera contemplación de
JAÉN.- Con motivo de la celebración de la Fiesta de la Catedral —conmemorada cada 10 de marzo—, el Archivo Histórico Provincial de Jaén abre sus puertas a una exposición singular que interroga los cimientos mismos de uno de los monumentos más esplendorosos del Renacimiento español. «Las canteras de la Catedral» trasciende la mera contemplación de la arquitectura para internarse en los secretos de su materialización: la cantera es la madre del templo, y descubrir sus historias es desentrañar los hilos invisibles de una empresa monumental.
La fecha de celebración, el 10 de marzo, no es caprichosa. Precisamente aquel día de 1553, se contrató a Andrés de Vandelvira, el maestro de cantería que trazó los planos y encauzó la visión arquitectónica. Ochenta y un años después, el 10 de marzo de 1634, se formalizó la contratación de Juan de Aranda Salazar, quien proporcionó el impulso definitivo a una construcción que parecía avanzar con la parsimonia del tiempo geológico. Aranda Salazar heredó una catedral naciente; con su dirección, la catedral adquirió velocidad, propósito y forma.
La presente exposición, que permanecerá abierta al público hasta el 31 de mayo de 2026, revela la magnitud de un proceso que la mirada contemporánea tiende a pasar por alto. Construir una catedral en el siglo XVI no era obra de magos ni de arquitectos solitarios, sino de una «orquesta» coordinada de maestros canteros, peones, carreteros, escribanos y comerciantes. Los documentos del Archivo —conservados en los protocolos notariales y escrituras de la época— cuentan historias de logística, de negociación, de fracasos y triunfos cotidianos.
«La Catedral no surgió de la pluma del genio, sino del sudor de cientos de manos trabajando en armonía»
Las canteras del Mercadillo, ubicadas en las sierras que rodean Pegalajar y Cambil, fueron las principales proveedoras de sillería. Pero la red de abastecimiento era vastamente más amplia. De Carchelejo también llegaba piedra de calidad. En el propio término de Jaén capital —en los parajes de Capuchinos, Jabalcuz y Fuente del Peral—, se extraían materiales. Más lejos, Guadix y Luque contribuían con sus piedras características. Y cuando la demanda alcanzaba su cenit, los maestros recurría a las célebres canteras de los Filabres, en las proximidades de Macael, depósitos geológicos de fama secular.
Pero la piedra era apenas el componente principal de un complejo alquímico. Los documentos del Archivo revelan transacciones de arena, cal y yeso, minerales igualmente esenciales para morteros, enlucidos y acabados. Cada material emanaba de canteras específicas, cada transporte demandaba negociación, cada entrega exigía verificación ante escribanos. Los carros de bueyes transitaban lentamente por los caminos de tierra, transportando bloques de varias toneladas rumbo a la Plaza de Santa María, donde se depositaban temporalmente antes de ser trabajados, alzados con complejos sistemas de poleas y grúas, instalados en sus ubicaciones definitivas.
La exposición ha contado con la colaboración de la Diócesis de Jaén y el Cabildo Catedralicio, cuyo Deán, Francisco Juan Martínez Rojas, presidió la inauguración. Mención especial merece la participación de Manuel Titos, antiguo profesor de Cantería en la Escuela de Arte José Nogué, quien ha cedido generosamente herramientas históricas y material pedagógico que enriquece la experiencia expositiva. Gracias a estas contribuciones, el visitante no solo contempla documentos y planos, sino que accede a la dimensión táctil, instrumental, del oficio que construyó la Catedral.
En nuestro tiempo, acostumbrado a cálculos de productividad y proyecciones digitales, es fácil olvidar que las grandes obras humanas florecen sobre fundamentaciones de paciencia colectiva, sabiduría transmitida de maestro a aprendiz, y una fe inquebrantable en que la empresa, aunque tardía, será perpetua. La Catedral de Jaén existe porque cientos de vidas, algunas cuyos nombres se perdieron para siempre, trabajaron con precisión y dedicación. «Las canteras de la Catedral» es un homenaje a esa red silenciosa de excelencia.

Jaén – Hora Jaén
